14 de Mayo de 2008 - 10:13:38 - Pablo Kleinman
Una semana después de las primarias Demócratas en Indiana y Carolina del Norte, a partir de las cuales la prensa internacional declaró a Obama virtual ganador de la nominación, Hillary Clinton volvió a la carga en Virginia Occidental, derrotando contundentemente a Barack Obama por el mayor margen hasta ahora visto en las primarias Demócratas del corriente año: Clinton: 67%, Obama: 26%.
Virginia Occidental no es un estado promedio. Constituido por los antiguos condados no esclavistas del Estado de Virginia, West Virginia es el único estado que se formó por la secesión de parte de otro estado y uno de los dos que se constituyeron durante la Guerra Civil. Es también el único que se encuentra completamente dentro de la cordillera de los Apalaches, región que se caracteriza por su población rural y empobrecida, altamente suceptible a los vaivenes de la economía nacional.
En Virginia Occidental no había plantaciones y, por ende, casi no había esclavos. Como consecuencia de esto, los negros hasta el día de hoy constituyen una parte ínfima de la población. Sin el voto automático de un gran contingente negro, en un estado poco progre, Obama no la tenía tan fácil como en otras partes.

Virginia Occidental es mayoritariamente Demócrata y esto se refleja en la orientación política de sus senadores y diputados y en su gobernador. Pero en las elecciones presidenciales, está considerado como uno de los tan mentados “estados veleta”: esos que van para donde sopla el viento electoral y determinan el ganador de las elecciones presidenciales. En todas las elecciones desde el año 1916 a la fecha, ningún Demócrata ha alcanzado la presidencia sin ganar en Virginia Occidental. Bill Clinton lo ganó dos veces. Al Gore y John Kerry lo perdieron. Y allí es adonde se complican las cosas para Obama, ya que la mitad de los votantes en la primaria dijo que no confía en él y solo alrededor de la mitad de los que votaron por Hillary Clinton dijo que votaría por Obama de ser él el nominado.
Algunos periodistas norteamericanos han decidido utilizar el resultado electoral de este estado 95% blanco para exclamar racismo y así justificar la derrota estrepitosa de Obama. A mí me parece más adecuado plantear una pregunta diferente: ¿cuáles son las posibilidades verdaderas de Obama en estados en los que no cuenta con un contingente importante de votantes negros que le vota simplemente por su color de piel? De los doce estados casi totalmente blancos en los que compitió, Obama ganó en cinco, lo que no está nada mal y no indica mucho racismo que digamos. Pero esas primarias tuvieron lugar casi todas antes de las revelaciones acerca de su pastor racista y de su entorno de extremistas.
En los estados en los que la composición racial claramente sí influyó en el resultado, Obama ganó. Su amplio margen de victoria en Carolina del Norte, por ejemplo, se debió a que un 40% de los Demócratas en el estado son negros y casi todos ellos le votaron sin pensarlo dos veces. Algo similar sucedió en Carolina del Sur, Virginia y Georgia. ¿Racismo? Puede ser. ¿Pero el racismo blanco del que habla la prensa?
A medida que pasa el tiempo y se sabe más acerca de Obama, las dudas entre una parte importante del electorado se multiplican y muchas de estas tienen que ver con cuestiones raciales. Lo que sucede es que lejos de ser un candidato post-racial, Obama y su equipo han explotado su color para ganar elecciones y para amedrentar a sus críticos, tildándolos de racistas. Pero los verdaderos racistas parecen estar en el campo de Obama e incluyen a muchos de los cientos de miles que le votan simplemente por compartir su color de piel, a su guía espiritual durante dos décadas, el escandaloso Reverendo Wright, y, según algunos documentos que se empiezan a dar a conocer, a su propia mujer Michelle Obama.
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11 de Mayo de 2008 - 21:19:49 - Alberto Acereda
A menos de seis meses para las presidenciales, y más allá de quién sea finalmente el candidato Demócrata, se hace difícil predecir el desenlace de noviembre. Con todo, lo que uno observa desde aquí no promete demasiadas cosas buenas para los Republicanos. Lo que conocemos como seguro es, por un lado, la incansable estrategia de los Demócratas para acabar con la derecha conservadora norteamericana, el único sector de la derecha que da aquí la batalla de las ideas y no muere en el oficialismo de salón. Por otro lado, conocemos la insoportable levedad de McCain, que al margen del título del libro de Kundera, alude aquí a la inconstancia de ánimo en su campaña y a la peligrosa ligereza con que McCain y el Partido Republicano están afrontando estas elecciones.
De lo primero, reconozcamos que el Partido Demócrata ha cocinado a su manera aquella original Declaración de la Independencia de EEUU. Tanto Obama como la Clinton sostienen como evidentes aquellos principios de 1776, pero en el fondo los guisan a su conveniencia: afirman que todos los hombres son creados iguales, pero a sus solas promueven que algunos sean especiales (Obama, por ser negro y la Clinton, por ser mujer); sostienen también que todos somos dotados por nuestro Creador de ciertos derechos inalienables, pero en su progresía mental lo aplican sólo a quienes entienden que dicho Creador sólo existe en su catecismo secular de escándalos o en los guiños a falsos santurrones como Wright o Ayers. También sostienen como verdad el inalienable derecho a la vida, aunque en la práctica se nieguen a conceder ese derecho a los cientos de miles de bebés indefensos en el vientre de su madre y todavía por nacer. Finalmente, aunque dicen defender lo de la libertad y la búsqueda de la felicidad, tales utopías las entienden sólo si se cocinan con una masiva subida de impuestos y la consiguiente creación de una masa ciudadana dependiente y victimizada.
De lo segundo, la insoportable levedad de McCain se comprueba en lo hecho en los últimos tres meses por este candidato: poco o nada, aparte de alienar a los conservadores y tocar el bombo con los cantamañanas del calentamiento global. Esa inconstancia de McCain contrasta con la incansable acción de los Demócratas, tal y como prueba la recaudación de más dinero y más votantes para las campañas Demócratas, en un ascenso que –aunque esperado por los ciclos electorales- se verifica también en el triunfo sobre los Republicanos en recientes elecciones especiales de plazas tradicionalmente ganadas por el GOP. La insoportable levedad de McCain es paradigma de la carencia de una verdadera maquinaria Republicana de ataque. Al enajenar a tantos conservadores, McCain y el Partido Republicano pierden fuerza porque es precisamente en esa base conservadora donde se hallan los mejores y más lúcidos activistas, comentaristas y asesores políticos. Esa es la maquinaria conservadora de supervivencia que necesita McCain si quiere ganar: la misma que gracias a grupos y verdades como las vertidas en 2004 por el “Swift Vote Veterans” –por ejemplo- logró desvelar la farsa de John F. Kerry hasta derrotarlo. Con Obama y con la Clinton, McCain necesita algo similar, pero se empeña en despreciar a su base.
No vale engañarse ante el expolio que generan las políticas de estos Demócratas de caviar y el peligroso y general absentismo de McCain. Mal harán éste y su partido en no dar la batalla en todos los frentes y con especial liderazgo de la base conservadora. Porque no cabe confiar en que las peleas entre la Clinton y Obama puedan servirle a McCain para ganar votos entre indecisos o independientes. Clinton ganará todavía varias primarias, como West Virginia, Kentucky y Puerto Rico y aguantará el tipo hasta que pueda. Pero Obama irá sumando apoyos, en honor a esa falsa condición mesiánica suya; podrá usar la raza cuanto quiera y cuando le convenga unirá fuerzas con quien sea -incluida la Clinton- contra McCain. Y cuando éste mencione con razón y verdad el apoyo expreso y público dado el pasado abril por el terrorismo de Hamás a la candidatura de Obama, éste quedará libre y puro para salir en la CNN para
desprestigiar a McCain, para insinuar su vejez y hasta para afirmar que el caduco senador está perdiendo la orientación. Y no pasará nada porque Obama y su mujer Michelle tienen a su lado ya al grueso de los medios de comunicación… Y porque todos saben que McCain, a decir de él mismo y de su propia esposa
Cindy McCain, no desea entrar en una campaña “sucia”. Es esta levedad y tibieza de estos republicanos sólo de nombre como McCain lo que más preocupa. Mucho más que Obama, que la Clinton, o que los dos juntos.
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9 de Mayo de 2008 - 11:26:16 - David Jiménez
Comenta uno de nuestros lectores que, tras las primarias del martes de Carolina del Norte e Indiana, todos los periódicos españoles daban por nominado a Obama y descartada a la Clinton. Esto se debe a que en lo que se refiere a estas primarias, los periódicos españoles se limitan a repetir lo que dicen los periódicos americanos (sin darse cuenta de que el periodismo en todos los países crea opinión más que reflejarla), y aquí todos (hasta los menos Obamitas, como el Wall Street Journal) ya otorgan la victoria al bebé mesiánico de Illinois. Dicen que la propia Hillary entiende que no va a ganar y que está esperando el momento adecuado para retirar su candidatura. Dicen que el número de voces dentro de su campaña que la animan a seguir han ido disminuyendo hasta ser básicamente una: la de Bill. El mensaje con el que cierran todos los artículos sobre las primarias del martes es la cita repetida en ambas campañas de “estaremos unidos en noviembre”, un mensaje que esconde la opinión de que ya está empezando el proceso de reunificación del partido.
Todo esto demuestra lo que ya lleva siendo evidente desde hace tiempo, que es que los medios de comunicación americanos se han decantado por Obama y están intentando provocar la retirada de Hillary. Y ya que las urnas no pueden decidir el vencedor, están intentando crear el “momentum” que tanto aprecian los americanos a favor de su candidato. Un momentum ficticio (Hillary ha ganado tres de las últimas cuatro primarias importantes) que pondría tanta presión sobre la Clinton que la obligaría a retirarse antes del 3 de junio.
Es indudable que Hillary tiene poquísimas posibilidades de conseguir la nominación. Le es casi matemáticamente imposible conseguir los suficientes delegados en las pocas primarias que quedan como para alcanzar a Obama, y cada vez más superdelegados (hasta algunos que le habían dado su apoyo) se decantan por Obama y le piden públicamente que se retire por el bien del partido. Pero los milagros (o las catástrofes) existen en la política, y mañana le puede estallar un escandalazo a Obama que cause un vuelco electoral y cambie el signo de la lucha por la nominación a favor de la ex primera dama. Además, si hay un tándem político que sabe crear y/o aprovechar este tipo de milagros, es el formado por Bill y Hillary. Los medios norteamericanos, sin embargo, no conceden esta posibilidad porque no quieren. Quizás tiene algo que ver con la cantidad de “liberals” de los suburbios y de la Ivy League que llenan sus oficinas. Si estuvieran regidos por los amargados habitantes de las zonas rurales de Estados Unidos, quizá otro gallo cantaría.
Sea como fuere, lo cierto es que la lucha entre Hillary y Obama le está viniendo de perlas a McCain, sobre todo si acaba enfrentándose al segundo. Parte de la magia de Obama era que parecía inexpugnable, que no tenía ningún escándalo en su pasado que pudiera dañar su imagen, y que podía atraer a todo tipo de votantes. El gran problema de Hillary ha sido no encontrar una estrategia de ataque hasta muy tarde, pero esto no ha sido tanto incompetencia por parte de su equipo como el hecho de que hasta hace dos meses Obama no parecía tener ningún punto débil (¡cómo iba a tenerlo, si hasta hace un año nadie había oído hablar de él!). Ahora, sin embargo, todos sabemos que Obama estuvo veinte años escuchando los sermones de un pastor racista, que tiene grandes dificultades para atraer el voto hispano y que divide tanto a la gente como el resto de los políticos. Aunque, como va demostrando su lucha con la Clinton, mucho va a depender de si los periódicos admiten estos problemas de su candidato o le siguen haciendo la campaña.
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7 de Mayo de 2008 - 08:03:54 - Pablo Kleinman
El último martes importante de las primarias presidenciales ha pasado, pero no hay mayor certeza que ayer acerca de quién será el candidato presidencial Demócrata en noviembre. Podemos decir, con algo de ironía, que dos estados más han votado y las cosas siguen como si nada hubiera sucedido. Los Demócratas, en su conjunto, no se deciden. Lo que es bastante malo para Hillary Clinton, que va perdiendo, pero tampoco tan bueno para Barack Obama que va ganando por un pelo.
Barack Obama ganó cómodamente en Carolina del Norte, con un 56% de los votos contra un 42% de la Señora Clinton. En el caso de Indiana, el otro estado en el que se votó ayer, Hillary Clinton ganó raspando, con un 51% contra el 49% de Obama, en una noche de suspenso, particularmente porque el condado Lake, que en la práctica es un suburbio de Chicago con una importante población negra, demoró varias horas en presentar los resultados y lo hizo de manera errática. Chicago es legendaria en lo que hace al fraude electoral (muchos sostienen que fue gracias al fraude en Chicago que Kennedy le ganó a Nixon en 1960) y la manera en la que Lake County fue difundiendo los resultados (finalmente ganó Obama) fue claramente irregular. Periodistas y analistas llegaron a sugerir que funcionarios del condado estaban esperando a ver cuántos votos necesitaba Obama antes de presentar los totales, aunque al final Clinton igual ganó en el estado.
Una conclusión interesante de la elección en Carolina del Norte es que Hillary Clinton obtuvo nada más que un 6% del voto negro en un estado con una importante población de dicha raza. De no ser por el apoyo casi unánime de los negros a Barack Obama, seguramente no hubiera ganado el estado, considerando que entre la población no-negra Obama obtuvo nada más que un tercio de los votos. La victoria de Clinton en Indiana, por otra parte, se debió al apoyo masivo que cosechó entre los mayores de 65 años y que hizo la diferencia.
En las encuestas de boca de urna, porcentajes altísimos (entre un tercio y la mitad) de simpatizantes tanto de Clinton como de Obama, indicaron que si su candidato perdía la nominación, no votarían por el otro en las generales. En el caso de los votantes de Clinton, un gran número de éstos indicó que en vez de votar por Obama votaría por el candidato Republicano, John McCain. Si bien estamos todavía a seis meses de las elecciones presidenciales y mucho va a cambiar una vez que se confirme el candidato Demócrata, estos datos seguramente son fuente de alarma para el partido. También estamos a meses de la Convención Nacional partidaria, que será a finales de agosto, y todo indica que se acercan varias semanas traumáticas de indecisión y decisiones para los Demócratas.
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5 de Mayo de 2008 - 06:15:15 - Alberto Acereda
En medio de las importantes primarias Demócratas en Indiana y Carolina del Norte este martes, en el lado Republicano se vienen ya barajando varios nombres para ocupar el puesto de vicepresidente en la candidatura que acompañe a John McCain. Para la Convención Nacional Republicana del próximo agosto McCain no tiene prisa todavía en elegir a su compañero de viaje, pero deberá hacerlo sin mucha demora en las próximas semanas, pase lo que pase con Obama o la Clinton. Varios nombres de gobernadores, otros tantos de senadores y algunas figuras más conocidas -como la actual Secretaria de Estado, Condoleezza Rice- se barajan como posibles entre los analistas políticos norteamericanos. Con todo, si McCain aspira realmente a ganar en noviembre, no haría mal en valorar la importante figura política de su más cercano oponente en las primarias Republicanas: Mitt Romney, el ex-gobernador de Massachussetts.
Romney sería una de las mejores soluciones para McCain a fin de atraer a una buena parte de la base electoral conservadora, una base ciudadana importante en fuerza y en número que sigue algo escéptica ante la figura del “maverick” disidente por el que se conoce a McCain todavía a estas alturas de campaña, y pese a las meteduras de pata de Obama . En las encuestas, McCain goza de apoyo entre votantes “independientes” y “moderados”, pero no tanto así entre los que se definen como “conservadores”. Por otra parte, Romney goza de la estima de los conservadores y tuvo el acierto de retirarse como un caballero de las primarias, tras el famoso “supermartes” de febrero. A la vista de los constantes líos e indecisiones internas de los aspirantes en el seno del Partido Demócrata, McCain haría bien aprovechando el actual tirón favorable y contar con Romney para crear un dúo verdaderamente ganador. Juntos cubrirían la necesaria experiencia en materia militar y de seguridad nacional (McCain) y la cada vez más importante cuestión económica (Romney). Como prueban las últimas declaraciones de Howard Dean, el líder del Comité Nacional Demócrata, Romney es un político ganador que inquieta seriamente a los Demócratas.
Afortunadamente, McCain no ha descartado nunca la posibilidad de contar con Romney como vicepresidente. Desde su salida de las primarias, además, Romney ha apoyado fielmente a McCain para la nominación y para la presidencia. Romney es así coherente con lo que dijo al dejar la campaña: que iba a ayudar a que el Partido Republicano ganara las elecciones y que, por el bien de Estados Unidos, haría lo posible para impedir la elección de Barack Obama y/o de Hillary Clinton. Romney supo ver a tiempo la imposibilidad de ir él solo contra la maquinaria del GOP…. y supo salirse de la carrera esperando la debida oportunidad. Repostó gasolina, sabedor de que quizá podría volver en el coche de McCain y con el agradecimiento y apoyo de la maquinaria Republicana.
Por último, Romney en la vicepresidencia ayudaría a despejar las dudas sobre McCain al encarnar aquél una figura más fresca en la política norteamericana, con un perfil de éxitos de gestión individual tanto en el ámbito privado como en el público. Romney, además, contaría con la ventaja de no provenir del entorno de Washington como ocurre con los actuales tres aspirantes, todos ellos senadores (McCain, Obama y/o la Clinton). En cualquier caso, sea o no Romney el elegido como vicepresidente, no cabe duda de que –como buen estratega de los negocios- Romney se está posicionando para ello y también, de paso, para las próximas generales en 2012… o en 2016. Tiene tiempo. Y dinero... Si McCain pierde en las generales de noviembre, Romney se presentará solito en 2012. Si gana McCain, Romney podría estar de vicepresidente y optar también en 2012, si es que McCain -ya entonces con 76 años- optara sólo por un turno presidencial.
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3 de Mayo de 2008 - 08:55:22 - Pablo Kleinman
Un par de semanas son como una eternidad en la volátil primaria Demócrata del 2008. Antes se decía que el reloj favorecía a Obama y que a medida que iba pasando el tiempo, aumentaba su popularidad. Es así que logró consolidarse como favorito por sobre Hillary Clinton y ganar una decena de primarias consecutivas. Ahora, sin embargo, a medida que se destapan asuntos escabrosos relacionados con el candidato medioblanco, su apoyo comienza a desplomarse, al menos entre quienes no le votan por motivos raciales (es decir, los votantes que no son negros). El problema para Hillary Clinton es que quedan muy pocas votaciones por delante y Obama va ganando.
Es por eso que Barack Obama, que va ganando por un gol, se niega a hacer pases, especulando con que se termine el segundo tiempo sin que su rival, que está jugando muy bien últimamente, pueda hacerse con la pelota. De tal manera, se ha negado a participar de otro debate y ha limitado sus contactos con la prensa a un mínimo para así evitar cometer otra gaffe como las que recientemente le han causado tantos dolores de cabeza a sus asesores. Se trata de una estrategia riesgosa, puesto que andaba a la defensiva, tratando de contener el desmadre producido por las declaraciones de su “ex pastor”, a quien hasta hace poco llamaba su "guía espiritual" y que resultó ser un racista pirado. Pero quizás sea más riesgoso para Obama mostrarse sin libreto frente a cualquiera que le pueda hacer alguna pregunta difícil. Nada de debate sin moderadores, como había propuesto su rival. Nada de contactos espontáneos con la prensa. Obama cuenta los minutos, los segundos, y aprieta los dientes: si llegara a mantener la ventaja actual, debería ganar.

Este martes se vota en Indiana y en Carolina del Norte. En el primer estado, la Clinton parece contar con una leve ventaja y se trata de un must-win para ella: si perdiera Indiana sus posibilidades disminuirían drásticamente. En Carolina del Norte, sin embargo, Obama contaba con una cómoda ventaja hace unos días (debido a que alrededor de la mitad de los Demócratas en ese estado son negros y éstos son casi todos incondicionales de Obama) pero las últimas encuestas muestran una diferencia a su favor mucho más ajustada. Es poco probable que Hillary Clinton gane allí, pero si Barack Hussein gana por poco, será beneficioso para ella. Claro que si la Clinton llegara a ganar en Carolina del Norte, se trataría un revés durísimo para Obama: Carolina del Norte es el décimo estado en población y uno de los puntos que los clintonistas esgrimen en contra de Obama es que supuestamente no puede ganar en ningún estado grande.
Otra señal de que la fantasía Obama se empieza a desvanecer la obtenemos de la última encuesta de Gallup, publicada ayer, que muestra que mientras que McCain y Clinton están virtualmente empatados (McCain 46%, Clinton 45%), el candidato Republicano ha abierto una brecha prometedora frente a Obama y, hoy por hoy, le ganaría por seis puntos (48% a 42%). Hace unas semanas, los Republicanos preferían que Hillary representara a los Demócratas porque parecía más fácil de derrotar que un candidato mágico como Obama, pero como todo lo que tiene que ver con esta campaña, ahora la opinión predominante es otra.
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30 de Abril de 2008 - 07:56:59 - David Jiménez
Todo el mundo está de acuerdo en que vivimos una de las carreras presidenciales más extrañas que se recuerdan. Quizás vale la pena dar un paso atrás para mirar con algo de humor el panorama electoral, y apuntar algunas de las paradojas que nos están deparando estas primarias. Por ejemplo:
1) Gran parte de las primarias, y gran parte del futuro del país, se decidieron en… Iowa y New Hampshire, que en total tienen alrededor de cuatro millones y medio de habitantes. Pennsylvania, que en lo que a los medios respecta no ha tenido casi ninguna importancia, tiene más de doce millones.
2) Hace menos de un año, Hillary iba a ser la candidata Demócrata, gozaba de una popularidad más que considerable y se preveía que alcanzara la Casa Blanca sin grandes problemas en un año en que todo favorecía a los Demócratas. Entonces llegó Obama e inició una guerra interna que amenaza con costar a su partido las generales. Pero es a Hillary a quien acusan de no pensar en el bien del partido.
3) Dicen de McCain que no cae bien a las bases Republicanas. Dicen de Obama que no le cae bien a la mitad de su partido. Dicen de Hillary que no le cae bien a la otra mitad. Así que, ¿quién va a estar contento en noviembre?
4) El candidato con mayores recursos financieros, el que más dinero ha logrado recaudar, el que más se está gastando en anuncios es… Barack Obama. La segunda, Hillary. El tercero, el candidato del “partido del privilegio,” John McCain.
5) Hillary es descendiente de inmigrantes ingleses y galeses, ha sido miembro de una iglesia Metodista durante toda su vida, se licenció en la prestigiosísima Yale Law School, fue primera dama del estado de Arkansas, luego fue primera dama de Estados Unidos y en los últimos ocho años ha ingresado un total de 109 millones de dólares. ¿Quiénes se identifican más con ella que con Obama? Los hispanos, los trabajadores industriales, y los mayores preocupados por sus pensiones y la seguridad social. ¿Quiénes se identifican más con Obama? Entre otros, los universitarios y los “liberals” de los suburbios.
6) El partido del cambio, el partido que quiere modernizar América, el partido que apuesta por un futuro distinto y esperanzador… puede acabar decidiéndose por un candidato que fue vicepresidente de 1992 al 2000 y fue derrotado en las urnas hace ocho años.
7) Un hombre que estuvo en la Marina 22 años, que realizó 23 misiones de bombardeo durante la guerra de Vietnam, que sobrevivió a un fuego que se llevó por delante su fragata, que sobrevivió a una caída sobre la selva vietnamita, que sobrevivió a las bayonetas de una muchedumbre enfurecida, que prefirió pasar cinco años como prisionero de guerra antes que volver a casa gracias a las influencias de papá, que perdió 25 kilos en mes y medio y contrajo disentería, que prefirió recibir palizas tres veces por semana antes que firmar declaraciones contra su país… es demasiado “blandito” para las bases de su partido.
8) El candidato que recibe más acusaciones de racismo y elitismo es… el único candidato negro.
Aunque claro, cabe preguntarse si algunas de estas situaciones son tan paradójicas como parecen a primera vista…
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28 de Abril de 2008 - 05:11:09 - Alberto Acereda
Aunque a algunos pueda sorprenderles este título, viene éste a cuento porque la actual descomposición ideológica de la derecha española anidada en el PP cabe hacerla también extensiva, al menos en una pequeña porción, a un sector de la derecha norteamericana, particularmente al entorno de John McCain. Por eso, a lo de “McCain, McRajoy, McGallardón…”, cabría añadir “y otros macpeperos y gringos de la misma condición”. Más allá de la broma, el asunto no es banal. Sería injusto, es verdad, equiparar del todo la diarrea ideológica en el seno del PP en España con la empanada mental que aquí muchos observamos atónitos también en las filas del GOP, o sea el Partido Republicano. Mas, por lo mismo, sí es justo señalar ciertos paralelos entre ambos escenarios políticos en la derecha transatlántica.
McCain –como McGallardón siempre y como McRajoy últimamente- personifica mejor que nadie esa actitud de continuo guiño y hasta obediencia intelectual a la progresía. Conocidos son los constantes abrazos de McCain a los senadores del actual Partido Demócrata, que es una especie de PSOE aunque algo mejorado pero igualmente giliprogre y demagógico. Y también, como el PSOE, poco democrático, según prueba el fiasco que se viene con los “superdelegados” que es otra farsa del sistema de primarias “Demócrata”, como veremos todavía en las próximas semanas en la lucha Obama-Clinton. Volviendo a McCain: tanto y tan sublime es el amor maccainita por esos “Demócratas”, “moderados” e “independientes” que a ellos habla y a ellos se dirige mientras ningunea a los conservadores que –por el voto cautivo- no tienen otra opción. Un poco, en fin, como en España... aunque sin suspiros. Y es que, con esos mismos progres estuvo McCain ya a punto de acostarse en el 2000 tras perder las primarias y con esos también estuvo casi listo para mudarse de chaqueta e irse de vicepresidente con John F. Kerry, a petición de éste, según han dado cuenta varios diarios hace unas semanas.
Durante los días previos al “supermartes” de febrero algunos no dejamos de escribir sobre la más que dudosa coherencia ideológica de McCain respecto a la derecha conservadora norteamericana. Afirmamos entonces, como ahora, que McCain podrá ganar posiblemente la presidencia pero que será difícil que lleve adelante iniciativas reales. Y no sólo por la más que posible mayoría Demócrata en las dos cámaras, sino también porque McCain tiene en poca estima el ideario conservador. Si en España ya McRajoy y McGallardón han renunciado a los principios de Thatcher o Reagan para atacar a quienes se mantienen fieles a esos principios, valga decir que en Estados Unidos, también McCain –que es el padre fundador del servilismo y la derecha idiotizada y progre en esta orilla- también se dedica a despreciar en cuanto puede a los conservadores de su propio partido. Así lo confirma el último episodio en Carolina del Norte, al hilo de un anuncio contra Obama elaborado por parte del GOP estatal, condenado y casi censurado por el buenismo majadero de McCain. Y eso, a la vez que aprovechaba un viajecito a Nueva Orleáns para criticar a estas alturas a Bush por lo del huracán Katrina… e ignorar a quienes le exigimos un ticket electoral con vicepresidente conservador.
Ya sabemos que las comparaciones no pueden nunca resultar exactas pues ya quisiera el PP para sí buena parte de las personas que hoy mueven el movimiento conservador en el Partido Republicano. Sin embargo, lo cierto es que aquí en Estados Unidos, como allá en España, cada vez resulta más visible y preocupante la creciente importancia de estos capitostes de la derecha idiota y acomplejada y su fractura con la base votante ciudadana: la que busca soluciones e iniciativas reales sobre el cimiento de un ideario plenamente ubicado en principios como los de Thatcher o de Reagan. McCain, cierto es, siempre será mejor que McRajoy y McGallardón juntos. Aun así, todos estos figurones –como muchos meapilas de su círculo- siguen ignorando -por un lado- el reclamo verdaderamente conservador de un amplio sector de su base social y -por otro-prosiguen babeando ante su idílica y errada visión de la progresía.
Hoy entendemos bien que ni McRajoy ni McGallardón son lo que necesita la derecha española. También sabemos, sin que el paralelo sea exacto, que McCain no es tampoco el mejor líder para la derecha norteamericana: ahí están sus adulterios con la izquierda al despreciar inicialmente y votar en contra de la rebaja de impuestos de Bush; allá recordamos sus esfuerzos por liderar la banda de los catorce filibusteros en el asunto de la nominación judicial del juez Alito; por ahí aparecen sus recientes ataques a Bush por lo de Katrina o la cantinela contra la base de Guantánamo y el tema de la supuesta tortura; por allá se airea su locura progre con la farsa del calentamiento global a lo Gore, aparte de sus constantes dudas a la hora de enfrentarse con fuerza a Obama o a la Clinton. En suma, que detrás del viejo veterano de guerra, McCain es también un maricomplejines a lo gringo. Con distintas modulaciones y caretas, este abandono de principios constituye la gran tragedia de la derecha ideológica, aquí y allá, nos guste o no. Lo bueno es que aquí al menos –gane o pierda McCain- su figura pasará y volverá a haber primarias dentro de cuatro u ocho años…Lo mismo sería deseable para España... y cuanto antes, mejor.
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25 de Abril de 2008 - 19:35:35 - Pablo Kleinman
Se suponía que los Demócratas la tenían fácil este año. Al fin y al cabo, las cosas no se ven (o al menos no se sienten) tan bien en estos momentos en los Estados Unidos, más allá de si es o no culpa de Bush. La economía pasa por momentos difíciles, y el asunto de la guerra de Irak sigue dividiendo a la sociedad y generando mucho descontento entre la mayoría.
Sin embargo, el partido fascinado con el estado sobredimensionado, el de las reglas complicadas y arbitrarias, el que siempre que puede se encarga de engordar las filas de la burocracia, el que reserva para la clase política -- porque creen que saben mejor lo que es bueno para todos -- un rol decisivo y tutor sobre los destinos de la sociedad, se ha encargado de meterse solito en una situación más que complicada de la cual no podrá salirse totalmente ileso.
En vez de organizar un sistema de selección sencillo y justo, los Demócratas se las han ingeniado para armarse un engendro electoral con una raza superior de delegados – Superdelegados les llaman – que supuestamente deben actuar de árbitros finales, capaces de subvertir la decisión de los afiliados si su supercriterio así lo indicara. Además de eso, en lugar de otorgar los delegados mediante un sistema claro y sencillo como los Republicanos, los Demócratas han armado una ensalada de representación proporcional que premia a ganadores y perdedores y que impide que el proceso se defina de manera clara.
Si los delegados Demócratas se adjudicaran de la misma manera que los Republicanos, Hillary Clinton ya habría conseguido la nominación. Si los delegados en todos los estados se eligieran por votación popular – en vez del sistema de “caucus” que rige en muchas jurisdicciones – Hillary Clinton ya contaría con el número clave para ganar las primarias. Pero no: ¿para qué hacer algo sencillo cuando puede ser más complejo... más "iluminado"? ¿Y cómo podrían los Demócratas confiar en lo que votan los electores de a pie sin reservarle la última palabra a los jerarcas del partido, que siempre saben lo que es mejor para la gente? Para terminar de complicarlo todo, decidieron penalizar a Florida y Michigan por haber tenido la osadía de adelantar sus primarias, privándoles así de sus delegados en la convención (los Republicanos, nuevamente más cautelosos, les redujeron el número de delegados pero les mantuvieron la representación).
Así que llegamos a finales de abril y mientras los Republicanos tienen candidato desde hace rato, los Demócratas se desangran y no se deciden. Obama gana en los estados más pequeños, Hillary en los más grandes. Obama lidera muy levemente en la votación popular (si no se cuentan los votos de Florida y Michigan, que sino pierde) y lidera en el número de delegados, gracias al sistema de representación proporcional y de haber tenido una mejor estrategia en los caucus. Pero los estados en los que Obama ganó las primarias son los estados en los cuales los Demócratas generalmente pierden en las generales y los jerarcas del partido lo saben y andan muy nerviosos por ello.
¿Qué harán finalmente entonces para escoger entre ambas opciones? ¿Terminarán las primarias Demócratas con más votos para Clinton y más delegados para Obama?
Claramente, lo decidan como lo decidan, los Demócratas acabarán alienando a muchos votantes que les son indispensables para ganar en las generales. Si eligen a la Clinton, seguramente provocarán gran descontento entre los negros, colectivo sin el cual los Demócratas no pueden ganar. Si eligen a Obama, lo más probable es que muchísimos votantes moderados, asqueados por el entorno de Obama y por su historial hiperprogre, terminen votando por McCain. Si finalmente se cuentan los delegados de Florida y Michigan, la gente de Obama clamará fraude, pero si no los cuentan, ¿cómo podrán pretender contar con el apoyo de millones de votantes ignorados en ambos estados?
Los Demócratas la tienen muy complicada cuando podría haber sido una elección de lo más sencilla y con vientos huracanados a favor. La culpa de todo es de ellos mismos, que como tantas veces en el pasado, no pueden sobreponerse a su propia ineptitud.
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24 de Abril de 2008 - 06:24:11 - Alberto Acereda
El último debate televisado en Filadelfia anunció ya el desvarío político y personal en el que estaba entrando Barack Obama. Su actitud ante ciertas preguntas del debate y su quejica reacción posterior auguraba ya mal futuro. Aquellos síntomas se han presentado ya como enfermedad en las últimas primarias de Pennsylvania, ganadas por la Clinton a pulso y como confirmación de su derecho a seguir en campaña, pese a los que quieren echarla. Los diez estados más poblados de Estados Unidos son California, Florida, Michigan, Texas, Nueva York, Ohio, Pennsylvania, Illinois, Georgia y Carolina del Norte. Entre todos suman más de la mitad de la población norteamericana. Obama sólo ha podido ganar en dos de ellos –uno siendo su propio estado de Illinois-y está por ver aún si ganará en Carolina del Norte.
Lo visto en las últimas semanas en estas primarias Demócratas confirma que el aparente resfriado se ha hecho ya gripe en plena primavera anunciando el caos que recorre a día de hoy en el corazón del Partido Demócrata. Sin un candidato asegurado, con Obama expuesto en su mediocridad e incompetencia al faltarle el teleprómpter con el que leer sus discursos y con la artificial e inventada condición semi-mesiánica puesta al descubierto, la Clinton ha vuelto a escena. Será difícil quitarle la nominación a Obama, pero con los Clinton nunca se sabe y con los Demócratas, tampoco. Los ataques desde San Francisco a los supuestos amargados pueblerinos y devotos de Pennsylvania le han pasado justa y dura factura a Obama. Y lo mismo aquellos siniestros lazos fraternales con el reverendo Wright y el dinamitero Ayers.
Cierto es que la Clinton tampoco convence al electorado y en esas decenas de delegados que separan a uno y a otro aspirante se halla una distancia que tardará aún varias semanas más en clarificarse por parte de los superdelegados, asunto que preocupa mucho a la camarilla de Howard Dean, sobre todo porque verifica la incompetencia de los dos aspirantes en liza. Entretanto y sin apenas despeinarse, McCain tiene ahora mismo la carrera presidencial muy bien orientada. Si no comete errores, podría derrotar sin dificultad a cualquiera de estos dos chapuzas, versión Demócrata de Pepe Gotera y Otilio, mediocres a domicilio. Pero más allá de lo que pase en las nueve primarias restantes, la cuestión no radica ya tanto en saber quién será el candidato de los Demócratas.
Lo importante ahora mismo es conocer si realmente McCain será capaz -en caso de ganar- de ser un Presidente que no se doblegue a la más que posible mayoría Demócrata en las dos cámaras del Congreso. Porque a día de hoy parece que, paradójicamente, los Demócratas aumentarán su mayoría en la Cámara de Representantes y aun en el Senado. De alcanzar éstos de cinco a siete senadores más, la mayoría necesaria de sesenta votos en el Senado se pondría del lado Demócrata y haría de McCain un presidente con escaso poder de maniobra. Ante eso, de poco valdrían las nominaciones de jueces, los planes fiscales y otras tantas promesas electorales. Por eso importa tanto que, desde ahora mismo, McCain y los Republicanos aprovechen el caos de sus oponentes. Y, sobre todo, que no le pierdan la cara a los principios y valores que definen de verdad a la derecha conservadora norteamericana. Sí, la de Reagan.
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