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Hoy, primer día de clase, el ectoplasma de Xirinacs adoctrina a todos los escolares catalanes en las madrassas virtuales de la Consejería de Educación de la Generalidad (la lección magistral del mosén se puede seguir en el margen izquierdo de la pantalla, justo debajo de la hagiografía oficial)
El gobierno de Rodríguez Zapatero pretende convertir (más aun) la educación pública en un sistema de adoctrinamiento.
Debe de ser, pienso yo, que Rosa Díez tiene otra idea diferente de lo que significan los términos derecha, izquierda, libertad y progreso, porque su llamamiento fue hecho “a la derecha de progreso y la izquierda liberal, o a la derecha liberal y la izquierda de progreso”. Lo cual, traducido, me parece que querrá decir que todo es bueno para el convento. Que conste que lo entiendo muy bien y que me parece lógico, pero sólo desde esta clave utilitaria, porque conceptualmente, lo que se dice conceptualmente, lo que hace doña Rosa es un gazpacho intelectual que no sé, no sé si será muy estimulante.
Vía The Big Picture llego a un video de una discusión surrealista mantenida entre una serie de “analistas” que debaten un estudio en el que se afirma que la distancia entre los “ricos” y los “super-ricos” se está agrandando. Y debaten si debe ser así, o si no, qué puede hacerse…
El modelo Baumol-Tobin ofrece una predicción muy concreta: el profesor (que pone como ejemplo) debería extraer del cajero 1.200 dólares tres veces al año y llevar en el bolsillo un saldo medio de 600 dólares.
El presidente Zapatero no tiene culpa alguna de que los asesinos maten o de que los nacionalistas sean incapaces de encontrar un lugar en el mundo racional. Su culpa, su ingenua vanidad adolescente, fue pensar que un asesino puede dejar de matar sin dejar de ser un asesino o que un nacionalista puede comportarse racionalmente sin dejar de ser nacionalista. Fiar la resolución del misterio ontológico/práctico de la Santísima Trinidad de sus amigos al otorgado, mágico e intenso poder de su mirada.
JCR
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