9 de Mayo de 2008 - 09:14:56 - Juan Manuel Rodríguez
No es Frank Rijkaard, que también, el agotado sino Joan Laporta. No ha sido Rijkaard, que tampoco, quien no ha sabido meter en cintura a un vestuario descompuesto, sino el presidente del club. El reconocimiento público de culpa es sólo papel mojado, palabras que se lleva el viento, no sirve para nada ni tiene ningún valor si no va además acompañado por la dimisión. ¿Cómo se entiende, si no, que Laporta insista en que él es el máximo responsable de la situación y quien salga despedido a continuación sea el entrenador?... Si Laporta creyera de verdad en lo que dice, echaría a Rijkaard y luego se iría él, asumiendo en primera persona, que es lo que toca en estas circunstancias, las consecuencias del fracaso de su proyecto deportivo, pero el problema es que está fingiendo. Laporta no cree en absoluto que él sea responsable de lo que pasa en el club. El responsable es Rijkaard. Los responsables son los jugadores. El responsable es el director deportivo. Todos son responsables salvo él. Laporta es un incomprendido.
Para intentar quitarse el hollín de la crisis, Laporta asciende de Tercera a Primera al chico más culé y catalanista de la clase, el acompañante ideal de Zapatero (¡todavía no le has invitado al
sanedrín, José Ramón!) a lo largo de sus viajes por todo el mundo, el nuevo hombre de moda. Pep Guardiola, que así se llama el chico, era un proyecto de entrenador a largo plazo y, quien más quien menos, sabía que tarde o temprano daría el salto al primer equipo. Yo creo que el Barcelona le estaba cuidando con mimo y esmero para el día, todavía lejano, en que ascendiera por fin. Pero los dos años en blanco, agravados por el palizón del otro día en el estadio Santiago Bernabéu, han precipitado las cosas y, con objeto de salvarse él, Laporta ha expuesto al niño a la primera línea de fuego. Silban las balas y, aunque él no lo sepa todavía, Pep Guardiola es
carne de cañón. Todo sea por el presidente de la República Independiente del Barça.
Pep no sólo llega al equipo en una situación deportiva muy peliaguda sino con todas y cada una de las encuestas publicadas en su contra. Si alguien de la junta directiva se planteó soltar su nombre como un
globo sonda, lo cierto es que el globo se ha pegado una costalada importante. A favor tiene que es barato y está a mano, no hay que ir a buscarle por ahí lejos. Es lo que en el argot se conoce como un
hombre de la casa. La gente le quiere, ¡cómo no habría de quererle!, y por eso mismo piensa que esto es otra añagaza más de Laporta para salvar su propio trasero. En Canaletas gritan a Polichinela, pero éste no se entera o bien prefiere no enterarse y, al final, el villano vuelve a ganar otra vez. Laporta sobrevive y el resto acaba magullado y en la calle. La presentación del chico será cuando acabe la Liga, que para el Barça lleva acabada desde el 0-1 contra el Madrid en el Camp Nou. Yo pensaría en hacerla a lo grande. Estoy pensando, por ejemplo, en que podrían soltar al
probe Pep en paracaídas sobre el estadio. Carne de cañón desde el primer día. Laporta refugiado en su despacho. Y Rosell al acecho. De manual.
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8 de Mayo de 2008 - 12:52:55 - Juan Manuel Rodríguez
Fue precisamente el escritor francés Stendhal quien, tras sufrir vértigo, confusión, taquicardias y alucinaciones en el transcurso de una visita a la Basílica de Santa Cruz en Florencia, dio nombre al síndrome que, dos siglos después, todavía continúa conociéndose así: síndrome de Stendhal. Simplemente sucedió que el autor de Rojo y Negro, expuesto a una sobredosis de belleza, no pudo aguantar y acabó reventado. En 1979, la psiquiatra Graziella Magherini observó y describió más de cien casos similares entre turistas y visitantes de Florencia, especialmente cuando paseaban por la famosa Galería de los Uffizi. Había veces que, como en el caso de Stendhal, los turistas, expuestos a un repentino goce artístico, alucinaban y tenían que ser rápidamente evacuados. A puntito estuvieron los madridistas que se dieron cita anoche en el estadio Santiago Bernabéu de sufrir el síndrome futbolístico de Stendhal.
El Real Madrid, campeón de Liga con tres jornadas aún por disputarse, recibía al Barcelona, eliminado de la Champions y con el único reto por delante de acabar segundo para no tener que jugar la fase previa de la Liga Europea de Campeones. Los merengues, que habían conseguido matemáticamente el título tres días antes, fueron, además, beneficiarios del famoso pasillo. Esta tradición, un gesto inocente y que demuestra el fair play entre los contendientes, se convierte en perverso y humillante cuando de Madrid y Barça se trata, de ahí que varios jugadores se borrasen adrede del partido. El Madrid sólo podía hundir un poquito más al Barcelona, y a ello se aplicó con inusitado interés el equipo de Bernd Schuster desde el primer minuto de juego. El pasillo se convirtió en paseíllo, y a punto estuvo a punto de sonar aquello de "¡Marcial eres el más grande, se ve que eres madrileño!"...
Así que, con Ronaldinho hundido, Eto'o tocado, Deco huído, Rijkaard desesperado, el de las chaquetillas espantosas desaparecido en combate, Gaspart escondido y Laporta lo suficientemente atascado como para entregarle su próximo proyecto deportivo a Pep Guardiola, ese chico tan majete, tan culé, tan serio y tan limpio que lleva entrenando unos meses en la Tercera División, Raúl marcó el primero, Robben hizo el segundo, Higuaín el tercero y Van Nistelrooy el cuarto. Fue entonces, justo en aquel instante mágico, cuando el personal empezó a pedir a gritos el quinto de la noche, pero la cosa paró ahí, quien sabe si debido a las extraordinarias relaciones que mantienen Calderón y Laporta desde que el primero, según La Razón, le regalara al presidente de la República Independiente del Barça un peluco de diez mil euros de vellón. De existir el síndrome futbolístico de Stendhal, éste se produjo sin dudarlo ayer. No habría tenido divanes suficientes la doctora Magherini para recostar a tanto madridista extasiado, confuso, alucinado y con el corazón acelerado. Fue el día perfecto para los blancos. Uno de los peores de la historia culé. El acabose. Demasié, que diría un castizo.
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7 de Mayo de 2008 - 18:12:08 - Juan Manuel Rodríguez
Volvemos con el paripé de la altura. Ni que Madrid fuera Pachuca de Soto o Toluca de Lerdo. Aquí están el Gobierno, las Cortes, la residencia oficial de los Reyes, la Organización Mundial del Turismo, FITUR, el Museo del Prado y el Reina Sofía, el estadio Santiago Bernabéu, el Vicente Calderón, el Palacio de los Deportes y Vistalegre y, que yo sepa, nunca sufrió nadie ese mal de altura del que nos previenen con tanto ahínco los jugadores. Nuestras ocho primeras raquetas del ranking de la ATP, encabezadas por Emilio Sánchez Vicario, han redactado en Roma una carta en la que ponen como
chupa de dómine a Pedro Muñoz, caballero a quien no tengo el gusto de conocer pero de quien me están contando auténticas perrerías en las últimas veinticuatro horas. El presidente de la federación podrá ser malo, muy malo, malísimo, el peor de todos los tiempos, pero han sido los jugadores quienes han elegido el motivo y el momento adecuados para exponer sus quejas, y resulta que la capital de España vuelve a salir, una vez más, mal parada. Eso es lo que pasa cuando uno mete por la noche al zorro en el gallinero, que cuando se levanta por la mañana sólo queda pollo picantón o tomatero.
Los tenistas dicen, por un lado, que para ellos "no es una cuestión, como erróneamente e interesadamente se quiere plantear, de Madrid sí o Madrid no", pero, por otro, toman partido por otras candidaturas y exponen que se "ha engañado a algunas, si no a todas, las sedes candidatas a albergar la eliminatoria dado que en ningún momento han tenido una opción real de acoger como sede la misma". Dicen que su "único objetivo es y siempre será el de representar en las mejores condiciones posibles y con el máximo de garantía a España", pero luego advierten que han sido "continuamente engañados en las decisiones tomadas desde el inicio de su mandato", refiriéndose al citado Muñoz. Es decir que el jaleo viene de lejos, ("desde el inicio de su mandato") pero los jugadores han decidido esperar hasta este momento, justo cuando se trata de Madrid, para reivindicarse ante los aficionados: aprovechando que el Manzanares pasa por la capital, Vicario y sus chicos le dan una patada al presidente de la federación en el culo de los madrileños. Por supuesto que se trata de Madrid sí o Madrid no, naturalmente que se trata de eso. ¿Para qué quieren jugar al nivel del mar? ¿Para vigilar las toallas y el
after sun?... Tampoco tenemos playa en Madrid cuando se juega el Masters Series y entonces sí que vienen.
Si Muñoz, que será lo que sea pero que hace muy bien en no dejarse presionar para que discrimine de nuevo a Madrid con el cuentito chino de la altura, tiene problemas con los ocho primeros del ranking de la ATP, aquí le dejo la lista de otros compatriotas nuestros que estarían encantados de jugar en Madrid en el mes de septiembre contra los Estados Unidos de América:
Número 54 del ranking de la ATP: Marcel Granollers
68: Albert Montañés
76: Oscar Hernandez
86: Santiago Ventura
96: Guillermo García-López
120: Iván Navarro
125: Daniel Gimeno-Traver
137: Alberto Martín
146: Rubén Ramírez Hidalgo
167: Pablo Andújar
174: Adrián Menéndez
178: Fernando Vicente
181: Daniel Muñoz-De La Nava
219: Gabriel Trujillo-Soler
238: Pere Riba
253: David Marrero
262: Marc Fornell
277: Miguel Angel López Jaén
300: José Antonio Sánchez de Luna
318: Carlos Poch-Gradin
327: Héctor Ruiz-Cadenas
337: Pablo Santos-González
338: Gorka Fraile
341: Bartolomé Salva-Vidal
385: Javier Genaro-Martínez
y así hasta el 1816: Miguel Olaso-de la Rica
Y ahora que les hablen de la altura a Manuel Santana, Andrés Gimeno y Manuel Orantes. Y a mí, háblame del mar, marinero, dime si es verdad lo que dicen de él, desde mi ventana no puedo yo verlo, desde mi ventana el mar no se ve.
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6 de Mayo de 2008 - 16:46:00 - Juan Manuel Rodríguez
Pepu Hernández, que tanto ha hecho por la selección española de baloncesto, se equivocó el viernes al anunciar con alevosía y nocturnidad, mientras José Luis Sáez veía el partido de semifinales del Tau en la
Final Four, que abandonaría el puesto a la finalización de los Juegos de Pekín. Emilio Sánchez Vicario, el eterno
hermanísimo, erró al plantearle el sábado a Pedro Muñoz que dejaría la capitanía de Copa Davis si el presidente insistía en tomar él sólo la decisión de elegir una sede para la semifinal contra Estados Unidos del próximo mes de septiembre. Semejante reacción era imprevisible en un hombre que, como Pepu, se ve obligado a tomar muy rápidamente muchas decisiones, y la mayoría con criterio, durante un partido; sí es cierto que, a la conclusión del Europeo del año pasado, salieron a la luz diferencias que a todos, salvo a los principales protagonistas, se nos antojaron insalvables.
Hernández probablemente tenía razón en 2007 y es posible que Sáez la tenga en 2008. Pepu está pensando en sí mismo cuando dice que se va (probablemente para fichar por Unicaja o Barcelona), pero que quiere seguir hasta después de los Juegos, y Sáez está pensando en la necesaria concentración con la que se debe blindar a un equipo que debe asumir un reto tan importante en el mes de agosto. En el caso de Pepu, el incendio del viernes se veía venir desde 2007, pero en el caso de Vicario se preveía desde hace dieciocho años. En 1990, Emilio Sánchez Vicario, su hermano Javier y Sergio Casal, asesorados todos por William
Pato Alvarez, protagonizaron un escándalo que todavía se recuerda hoy. El actual, salvo que se haya ido ya, capitán de Copa Davis, por aquel entonces jugador, lideró una revuelta que tenía como principal damnificado a don Manuel Orantes. Vicario se plantó y exigió que la federación destituyera al capitán: "o él o nosotros", fueron exactamente sus palabras. O él o nosotros.
El motivo de semejante plante no era otro que el de impedir que Sergi Bruguera, a quien Orantes consideraba imprescindible, volviera a jugar con España. ¿Por qué?... Porque Luis Bruguera, padre y entrenador de Sergi, se llevaba mal con Alvarez, preparador de los otros tres jugadores. Javier Gómez Navarro, por aquel entonces secretario de Estado para el Deporte, tuvo que convocar una reunión en el Consejo Superior, y Vicario tuvo que comérsela con patatas. Aquel incidente del 90 inhabilitaba, según mi opinión, a Emilio Sánchez Vicario para ocupar la capitanía del equipo español de Copa Davis; dieciocho años después, Vicario repite idéntico comportamiento y pone su cargo a disposición del presidente si finalmente éste decide que sea Madrid la sede de las semifinales. Muñoz, me cuentan, no cederá y decidirá lo que crea más conveniente. Creo que el deporte español, y en concreto nuestro equipo de Copa Davis, sabrá sobreponerse a la ausencia, si al final se confirma, de un hombre con tanto peso en el tenis mundial como nuestro actual capitán. Para sustituirle se me ocurre precisamente el nombre de quien él pidió la cabeza hace dieciocho años, don Manuel Orantes. Cuando Emilio era todavía Emilín y empezaba a sujetar con dificultad sus primeras raquetas, el señor Orantes ya había ganado un Open de Estados Unidos y un Torneo de Maestros. ¿Quién mejor que él para sustituir a Vicario?... En 1992, don Manuel, aburrido, tuvo que irse del equipo; Muñoz podría reparar ahora aquella tremenda injusticia.
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5 de Mayo de 2008 - 10:39:56 - Juan Manuel Rodríguez
Nos hemos tirado el último mes dándole pábulo al asunto del pasillo, que si le tocaba al Barça, que si no le tocaba, que si lo harían o lo dejarían de hacer, que si serían unos caballeros o se comportarían como unos auténticos cuatreros, que si los jugadores del Madrid preferían ganar la Liga ante Osasuna para que Eto'o y compañía les rindieran pleitesía a los campeones, y ahora parece que estemos destinados a debatir sobre si la Liga fue un regalo. ¿Ustedes ven que alguien regale algo? Si acaso, los hijos a las madres el primer domingo del mes de mayo, pero ¿el resto?... El lunes me llegó a casa una carta; en ella se me informaba de que, efectuado un sorteo en el que desconocía haber participado y después de la confirmación del señor notario allí presente, me habían tocado doscientos mil euros que debía ir a recoger lo más pronto posible, ya mismo, ayer a poder ser. La tiré a la basura. Nadie regala nada.
La Liga no ha sido en absoluto un regalo, no ha sido un descuido ni tampoco se la dejó olvidada en un taxi Joan Laporta. Estaría por asegurar que, de haber podido, se la habrían llevado a Barcelona en puente aéreo. De la Liga podrá decirse, con bastante razón por cierto, que ha sido realmente mediocre, muy mala, una de las peores de la última década en cuanto a su calidad futbolística se refiere, pero no que haya sido un obsequio de los admiradores del equipo merengue. Suficiente tiene el Real Madrid con preocuparse de su propia excelencia como para ocuparse de la del resto. El equipo de Schuster ha ganado el campeonato con una suficiencia aplastante; tanta ventaja han adquirido los madridistas con respecto a sus perseguidores que al final la única emoción, por llamarle algo, ha estado en esos últimos cinco minutos jugados sólo con diez, y a veces con nueve, a sangre y fuego en el territorio comanche del Osasuna de Pamplona, un campo tradicionalmente hostil para los blancos.
Pero la superioridad del Madrid no ha sido fruto de la generosidad de sus rivales sino de su ineptitud e incapacidad para animar el campeonato. Verguenza debería darles a los culés que el flamante campeón les saque 14 puntos. Viéndoles jugar anoche en el Reyno de Navarra tuve la sensación de que Schuster apremió a sus jugadores con la única finalidad de que Ramón Calderón no tuviera que gastarse otros doscientos mil euros del ala en el emparrillado montado por Gallardón en La Cibeles. Marcó Puñal el 1-0 en el minuto 82 y, justo a partir de ese preciso instante, los nueve jugadores de campo, que por momentos fueron ocho por la lesión de Heinze, se lanzaron como posesos hacia la portería osasunista; el pobre Ricardo, que ya suele ser un flan sin necesidad de que nadie le presione, no se había visto en otra desde que Alex Ferguson le arrojara una bota a la cara a David Beckham. Acabemos cuanto antes con el absurdo debate: la Liga no fue un regalo, del mismo modo que no lo fueron tampoco las treinta precedentes. De haberlo sido, Samuel Eto'o estaría aquí el miércoles como figurante y sin embargo se borró en el simulacro de partido contra el Valencia. No quiere el camerunés hacerle el pasillo a los merengues, eso se lo deja a Bojan, que por algo el chaval está empezando.
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4 de Mayo de 2008 - 18:07:51 - Juan Manuel Rodríguez
No fue hasta el año 1932 que el Real Madrid ganó su primera Liga. No puede decirse que pasara mucho tiempo hasta que conquistó su primer campeonato de la regularidad y más aún si tenemos en cuenta que nuestra Liga no se puso en marcha hasta la temporada 1928-1929. Tanto en la consecución de la primera como de la segunda tuvo mucho que ver la solidez defensiva de un equipo en el que destacaban sobre el resto Zamora, Ciriaco y Quincoces. El Madrid tuvo que luchar con el Athletic, campeón los dos años anteriores, a brazo partido, pero desde 1933 todo cambió y, pese a que el Real logró los tres siguientes subcampeonatos, no se celebraría otra Liga blanca en la capital hasta el año 1954, veintiún años después de la segunda. Es curioso que uno de los
mantras más repetidos por los antimadridistas durante toda la transición (nadie mínimamente serio se atreve a sostenerlo ahora) es que el Real Madrid se benefició del franquismo cuando fue justamente al revés: el régimen de Franco quiso utilizar al Real Madrid en su propio beneficio con la oposición hasta el límite de sus fuerzas de Santiago Bernabéu, un monárquico convencido. Desde 1936 y hasta 1953, año en el que Alfredo di Stéfano se vistió de blanco, el Real Madrid no ganó ni una sóla Liga mientras que el Barcelona consiguió cinco.
Es cierto que en ese año mágico, el de 1953, todo cambió, pero no sólo en España sino también en Europa; no en vano, el Real Madrid es el único club de fútbol del mundo que posee la Copa de Europa en propiedad después de haberla ganado en cinco ocasiones seguidas. El Madrid deslumbraba con su fútbol, y sus títulos tuvieron probablemente más que ver con la genialidad de Muñoz, Zárraga, Lesmes, Olsen, Mateos, Joseíto, Puskas, Gento, Kopa o el propio Di Stéfano que con la dictadura militar, tal y como quisieron hacer ver desde Barcelona como justificación para sus propios fracasos. Durante doce años seguidos aproximadamente, los madridistas se hartaron de ver buen fútbol y eso ha marcado inevitablemente la historia de este club. Desde entonces está mal vista la vulgaridad, el cuento chino, perder el tiempo o retrasarle el balón al portero, aunque el partido vaya 3-0. Con todos mis respetos a los
ye-yés, que fueron también unos jugadores magníficos, el siguiente aldabonazo llegaría con la
Quinta del Buitre, una generación irrepetible de futbolistas que, como sucedió en la etapa de Di Stéfano, tomó el testigo en un momento de crisis de identidad e indefinición.
¿Qué valor tiene una Liga?... El otro día charlaba en
El Tirachinas con Carlos Rexach y me decía lo que casi todo el mundo me dice, y es que nadie recordará dentro de cincuenta años si la Liga número treinta y uno del Real Madrid se consiguió jugando bien o mal al fútbol, pero ese (el de olvidar las cosas) es un lujo que no puede permitirse el mejor club del siglo XX según la FIFA. Dentro de cincuenta años probablemente no, pero dentro de veinte yo, que espero seguir aquí, sí recordaré que la Liga treinta y uno se consiguió jugando regular tirando a mal. Si me dieran a elegir entre la treinta, conseguida por Fabio Capello, y la treinta y uno, que a buen seguro obtendrá tarde o temprano -puede, incluso, que hoy mismo- el Madrid con Schuster, yo me quedo con la ramplona del italiano puesto que en ella al menos intervino el factor sorpresa y el Real la ganó cuando nadie daba un duro por él. El valor de una Liga para cualquier club de fútbol del mundo es enorme, pero el valor de una Liga para el mejor club de fútbol del mundo no puede ser el mismo. Vigilan, entre otros muchos, Zamora, Ciriaco, Quincoces y, por supuesto, Santiago Bernabéu, padres fundadores de uno de los mayores mitos deportivos de la historia.
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2 de Mayo de 2008 - 12:50:08 - Juan Manuel Rodríguez
El científico estadounidense Edward Lorenz, autor de la conocidísima
teoría del caos, se preguntaba lo siguiente en la presentación de su estudio respecto a los pronósticos meteorológicos: "¿Puede el aleteo de una mariposa en Brasil provocar un tornado en Tejas?"... Si Lorenz, muerto recientemente en su residencia de Cambridge, hubiera tenido ocasión de conocer en 1972 al actual Ronald Koeman, no habría dudado ni un instante: sí puede, por supuesto que puede, naturalmente que puede. Santi Cañizares, que se va, lo explicó todo muy bien anoche en
El Tirachinas, pero los efectos devastadores del sinsentido que supuso fijarse en este hombre para ocupar el banquillo en una etapa de bonanza del club (cuarto y a cuatro puntos del primero) convierten en impredecible cualquier pronóstico que podamos hacer a propósito del futuro inmediato de un club tan grande como el Valencia.
Se han roto tantas cosas en estos últimos cinco meses que no es de extrañar que un futbolista como Villa quiera salir pitando ante la perspectiva poco halagüeña de un proyecto deportivo que se viene abajo. Naturalmente que no puede achacársele a Koeman la exclusividad de la demolición y que el anterior presidente, que continúa siendo el máximo accionista, tuvo mucho que ver, pero el holandés le dio la puntilla al Valencia ganador, ejerció de matarife lobotomizando al vestuario después de extirpar a los jugadores potencialmente más peligrosos: o sea, a aquellos que tenían más carácter y podían liderar al resto. Goethe decía que el talento se educaba en la calma y el carácter en la tempestad; Cañizares nos confesó anoche que, en medio de la tempestad de despidos irracionales y que dejaban irremisiblemente tocado un proyecto exitoso, él alzó la voz y aquello sirvió para que le pusieran en la lista negra como hace el capataz con Emiliano Zapata al inicio de la magnífica película de Elia Kazan.
Por lo tanto no es de extrañar que Villa, probablemente el jugador franquicia del Valencia, quiera salir corriendo, ni tampoco que Juan Sánchez, el nuevo director deportivo, haya puesto en venta hasta al Tato, sin distinción de color, peso, altura o valor deportivo. El aleteo de Koeman en Amsterdam, que por su peso debería ser un quebrantahuesos más que una mariposa, provocará, si nadie lo remedia, un tornado en Valencia. Albelda, Angulo y Cañizares se irán, no sin antes resultar probablemente decisivos en el mantenimiento del equipo en Primera División, dejarán escapar a Villa o Silva y aterrizarán en Manises nuevas medianías. La reconstrucción se me antoja difícil salvo que se tire de gente que quiera al club y, sobre todo, que posea un fuerte carácter. Estaba pensando en Cañizares precisamente. Si yo fuera Agustín Morera le ofrecería algo, lo que fuera, en el organigrama del club. Al menos Cañete aletearía en la dirección correcta.
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1 de Mayo de 2008 - 13:31:06 - Juan Manuel Rodríguez
Dice Beguiristain que él ya tenía un
plan B ideado para el caso de que el Barcelona se estrellara con todo el equipo esta temporada. Eso es bueno y es malo a la vez; es bueno si decidimos mirar hacia el futuro porque al menos sabemos que el director deportivo de uno de los clubes más importantes y prestigiosos del mundo tiene una idea, pero también es malo si echamos la vista atrás y nos preguntamos por qué hubo que esperar a que se despeñara el actual proyecto. De sus declaraciones al final de la temporada pasada se dedujo que Laporta había entendido el mensaje y sabía muy bien lo que se traía entre manos y por dónde había que meter exactamente el bisturí, y ahora conocemos que Beguiristain, que es el paraguas del presidente, su Jorge Valdano para que nos entendamos, tenía ya en mente un
plan B por si Frank Rijkaard volvía a mostrarse incapaz de meter en cintura a sus jugadores.
Si ya sabían qué le pasaba al equipo y tenían otro proyecto en la cabeza, ¿por qué retrasarlo? ¿A santo de qué dilatarlo durante 365 días? El ritmo con el que Beguiristain tendrá que levantar ahora ese nuevo proyecto será distinto, mucho más rápido, precipitado y exigente, fruto sin duda de la necesidad imperiosa que el secretario técnico tiene de salvarle el trasero a Laporta y su junta directiva. ¿Por qué?... Muy sencillo: porque Sandro Rosell nunca duerme. Pero, como decía, tener una idea ya es importante. La del Fútbol Club Barcelona, como la del Real Madrid, siempre ha sido la misma: ganar partidos y títulos jugando bien al fútbol. Es fácil de decir, sencillísimo de escribir, pero muy difícil de llevar a la práctica. Y, en la situación actual del club, después de dos años de sequía que además han coincidido con dos Ligas del máximo rival, mucho más complicado aún. ¿Caerán Laporta y Beguiristain en la tentación y morderán la manzana del
resultadismo?... Si optaran por Mourinho, que es la manzana en cuestión, el tan cacareado
plan B de Beguiristain sólo podría interpretarse en clave electoral: el objetivo no sería otro que ganar como fuera, ganar algo rápidamente, ganar traicionando la historia del club con el fin último de salvaguardar el
laportismo después del propio Laporta. ¿Por qué?... Porque Rosell nunca duerme.
Iba a decir que el Barcelona se encuentra en una encrucijada pero no es así puesto que Beguiristain ya ha confesado que tienen tomada una decisión. El diario
Sport hizo ayer una encuesta entre los culés y el nombre de José Mourinho ganaba por goleada al resto, incluido, por supuesto, el propio Pep Guardiola. Guardiola es el barcelonismo en carne y hueso, un chaval que salió de la cantera para convertirse en la estrella del primer equipo, un estudioso y amante del buen fútbol, la prolongación del entrenador sobre el terreno de juego, quizás el último
reggista. A mí Guardiola siempre me pareció un poco místico, como Emilio Butragueño, pero estoy seguro de que los barcelonistas no le quemarían jamás en la pira por mucho que el equipo fuera a la ruina. Lo que nadie podrá quitarme de la cabeza es que, ya sea Mourinho o ya sea Guardiola, lo que busca Laporta es una excusa para seguir en el palco otro poquitito más. ¿Qué habrá hecho el Barcelona para merecer un presidente como ese? ¿Y qué habríamos dicho si, en vez de ser Laporta, hubiera sido Ramón Calderón el que saltaba el otro día en el palco de Old Trafford? Por delante del
plan B tendrían que poner en práctica el
plan A: todos a la calle. Pero ese no le gusta tanto a Laporta. ¿Por qué?... Muy fácil: porque Rosell nunca duerme.
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30 de Abril de 2008 - 09:10:59 - Juan Manuel Rodríguez
Coincide la depresión barcelonista con el apagón de Ronaldinho. El día anterior al partido más importante de la temporada para los azulgrana, Frank Rijkaard se descolgó con unas declaraciones en las que deseaba lo mejor al brasileño... fuera del Barça. Rijkaard no quería a Ronaldinho y luego hubo un tiempo en el que no supo exactamente dónde colocarle, pero en el preciso instante en que este futbolista se sintió cómodo y feliz sobre el campo, el Barcelona empezó a funcionar como una máquina de hacer fútbol. Y no paró de funcionar hasta que ganó la Champions. Ese deseo de bonanza (pero cuanto más lejos del Barcelona, mucho mejor) para Ronaldinho expresado públicamente por Rijkaard demuestra su rotundo fracaso a la hora de recuperar para la causa al mejor futbolista que sigue teniendo ese equipo. El entrenador no quería a Ronaldinho, luego no supo dónde colocarle y ahora le desea paz y felicidad en Milán, pero el jugador no puede ser un tuercebotas ya que Joan Laporta sigue pidiendo 40 millones de euros por él. ¿Es tonto Berlusconi?... Otras cosas sí será, pero tonto no parece.
Ahora pagarán todos el pato a excepción del presidente que ha convertido al club en una plataforma política al servicio de intereses personales y el director deportivo que ha planificado una temporada que vuelve a acabar con un saldo de cero de tres. Uno de los mayores pecados de Florentino Pérez, a quien valoro aún más si cabe después de oír a Mike Ríos despotricando contra él, consistió en consentir impasible el rearme moral y deportivo del barcelonismo. Por permitir, permitió incluso que Samuel Eto'o fichara por el máximo rival cuando pertenecían al Real Madrid una parte de los derechos del jugador camerunés. Laporta, que por aquel entonces aún no soñaba despierto con la República Independiente del Barça, contrató a jugadores de un escalón mediático más bajo que los
galácticos, pero con más hambre que los Zidane, Figo, Beckham y compañía. Deco y Giuly querían lo que ya tenían Raúl y Ronaldo, y se lo robaron a punta de pistola, así de crudo. La autocomplacencia mató a aquel Madrid de los Zidanes y Pavones; la autocomplacencia acabará con este Barcelona que olía a
dream team.
Como el Real Madrid gana y el Barcelona pierde, Laporta, que ya es un noventa por ciento político y un diez por ciento presidente del club, tirará abajo todo el edificio. Cuando, para contentar a los
periobarcelonistas, ya no quede piedra sobre piedra, intentará levantar otro edificio. Pero aquí no fallan los
ladrillos, que alguno potable habrá, sino el arquitecto. El proyecto de Laporta arrancó con un punto esencial en su programa, abrir las ventanas y dejar pasar el aire fresco. Hoy, definitivamente acartonado y prematuramente viejo, este proyecto huele a naftalina y a puertas cerradas a cal y canto. Por eso el botox de Huntelaar, Drogba o Lahm no funcionará si Laporta no se atreve a dar el paso adelante que dio en su día Florentino; la diferencia entre uno y otro es que, mientras el madridista tenía ACS, el culé no tiene aún lista su alcaldía. Mucho me temo que Laporta seguirá utilizando al Barcelona bajo el pretexto de que él fue elegido por cuatro años, pero, por muy pronto que se levante y muy tarde que se acueste, su idea del club se estrelló ayer en Old Trafford, el
teatro de las peores pesadillas culés. Ahora sólo falta que Ronaldinho triunfe en Italia.
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29 de Abril de 2008 - 13:06:33 - Juan Manuel Rodríguez
Si el Fútbol Club Barcelona no lograra salir esta noche airoso de Old Trafford habría cerrado una temporada desastrosa después de otra ciertamente lamentable. Si el Barça no consiguiera hoy empatar con goles o ganar al Manchester United, al minuto siguiente de salir por el túnel de vestuarios empezarían a filtrarse las famosas
listas negras y los nombres de los
craks que sustituirán a Ronaldinho, Deco y compañía. Si el equipo culé saliera hoy derrotado del
teatro de los sueños, compuesto y sin la guapísima novia de la Champions, abandonado a última hora en el altar y con el corazón
partío, despechado y hundido, roto en mil pedazos, empezarían a producirse los primeros codazos a lo Kurt Rambis para entrar en las quinielas de sucesores de Frank Rijkaard. Si el Barcelona que pudo ser la reedición del
dream team se despeñara, si saliera hoy de Inglaterra con el rabo entre las piernas, su desolación sería el paraíso para los merengues. El fútbol funciona así.
Joaquín Garrigues Walker diría eso de
"¿hablamos como caballeros o como lo que somos?"... ¿Qué quiere hoy el madridismo?... Si hablamos como caballeros, el madridismo quiere que un equipo español se clasifique para la final de la Champions; si hablamos como lo que somos, lo que quiere el madridismo es que el Barcelona, su enemigo natural, su adversario genético, su rival histórico, la otra cara deportiva de la moneda, se estrelle en todas y cada una de las competiciones que dispute, desde la Copa de Cataluña, pasando por la Copa de Europa o el torneo de la galleta. Porque al revés funcionaría exactamente igual. Porque es ley de vida. Porque de otra manera esto no tendría ninguna gracia. Porque, por lo mismo, a Enrique Cerezo le pitaron los oídos durante siete días por posar con una camiseta del Madrid. Porque lo contrario no se entiende o, si se entiende, es por puro fariseismo y gracias al imperio de lo políticamente correcto.
El diario
Sport titulaba ayer así:
"Calderón será culé por un día". Y los pajaritos cantan. Y las nubes se levantan. Achupé, achupé, sentadito me quedé. ¿Cuándo fue José Luis Núñez madridista por un día? ¿Cuándo lo fue Joan Gaspart, que en una ocasión llegó a decir que de las nueve Copas de Europa del Madrid sólo valían tres? ¿Cuándo ha sido madridista por un día, por una hora, por un minuto, por un segundo, por una décima de segundo, Joan Laporta?... La declaración de Calderón es la de un candidato a la presidencia del Gobierno, no la de un presidente del Real Madrid, y sólo sirve de mofa, burla y escarnio porque todo el mundo sabe que miente cuando dice que será culé por un día. ¿Irá a Moscú si el Barça se clasifica para la final? ¿Botará si los culés ganan la tercera? ¿Se fotografiará con el presidente en potencia de la República Independiente del Barça? ¿Se pondrá la camiseta de Messi?... ¿Hablamos como caballeros o como lo que somos?
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