9 de Mayo de 2008 - 08:23:08 - Pío Moa
He hablado en otras ocasiones de ello, pero propongo ahora medidas prácticas para abrir un nuevo frente contra la oleada liberticida: el de la historia. La importancia del mismo es absolutamente crucial, por cuanto la seudo memoria histórica zapotesca constituye la base ideológica de todo su programa político.
En el plano intelectual, los enemigos de la democracia y de España han perdido ya la partida, como certifica el carácter irrisorio, cuando no mafioso, de sus réplicas a los estudios serios que llaman "revisionistas". Pero falta derrotarles en el plano de la opinión popular, lo que solo puede conseguirse difundiendo de forma simplificada el contenido de los estudios mencionados. A ese fin es preciso crear algún organismo flexible capaz de llegar a los medios y directamente a la gente. Propongo tratar el tema con más detenimiento.
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El País acusa al Gobierno de "laicidad equívoca" y pide más presión contra la Iglesia
Se trata del típico reparto de papeles entre matones: uno comete la fechoría y el otro amenaza con que no es bastante, a fin de intimidar a la víctima y obligarla a contentarse.
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El matonismo, que no debe confundirse con la energía, suele provocar la complicidad de los viles y la flojera moral de los débiles. Zapo llegó desde el principio en plan matón y Rajoy no ha cesado de mostrar su flojera ante él. Dentro del PP, Rajoy se ha puesto en plan matón, y sus oponentes están haciendo toda una exhibición de la misma flojera moral.
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Pumpido dice ahora que va a "perseguir a los terroristas y a quienes los amparan". Tendría que empezar por meter en la cárcel al gobierno y a sí mismo. Seguro que lo hace, este hombre decente y honrado.
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Le está dando Zapo mucho bombo a Calvo Sotelo, y creo hay en ello una parte de gratitud: Calvo acabó de hundir la UCD y allanó el terreno al PSOE; luego lo lamentó, pero era ya tarde. Por eso a la gratitud se une el sarcasmo. Cebrián habrá sabido apreciarlo.
Los "hombres de estado".
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La fiscal Valeyá acusa de manipulación a los periodistas que critican la sentencia sobre el 11-m. Tiene razón: la matanza fue perpetrada por unos mindundis que coincidieron por casualidad y decidieron llevar a cabo el atentado sin ninguna causa ni objetivo preciso. El hecho --entre otros-- de que varios de ellos fueran confidentes de la policía o gente controlada por los servicios secretos, carece por completo de relevancia. Los periodistas y los ciudadanos tienen la obligación de creérselo, porque el juicio fue dirigido por un "enérgico" juez próximo a Zapo.
Ah, y El Egipcio. ¿Recuerdan cómo felicitó a Zapo y se congratuló de su política?
La justicia y la política en la España Chikilicuatre.
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A considerar:
"Esta independencia de la dirección cultural con respecto al poder político fue uno de los factores más importantes que produjo la libertad y la actividad dinámica de la cultura occidental. La historia europea es la historia de una serie de renacimientos, de restauraciones espirituales e intelectuales que nacían de modo independiente y en general bajo influencias religiosas, y que se transmitían mediante un proceso espontáneo de libre comunicación (...) Se podría objetar que todo esto no es algo peculiar de la cultura occidental, porque siempre y en todas partes pertenece a la esencia misma del desarrollo y cambio culturales. Pero si bien toda cultura produce elementos de cambio, y aunque muchas de ellas han experimentado movimientos religiosos o intelectuales originados y transmitidos por la libre actividad espiritual de los individuos, no ha habido ninguna en la que la vida entera de la cultura se haya incorporado al movimiento transformador hasta el punto de identificarse con él. Todas las antiguas culturas orientales estaban basadas en la concepción de un orden sagrado que regulaba todos los aspectos de la vida del hombre y que debía preservarse sin cambio ni mutilación para que la sociedad sobreviviera. La civilización china es la más típica y próspera de esas culturas (...)
Sólo en la Europa occidental el tipo cultural se encuentra en continua sucesión y alternancia de libres movimientos espirituales. Por eso cada siglo de su historia muestra un cambio de nuevas fuerzas espirituales, crea nuevas ideas e instituciones, produciendo un movimiento ulterior de cambio social.
Sólo una vez en la historia de Europa occidental se observa el intento de crear un orden unitario, absorbente y sagrado, comparable al de la cultura bizantina o a los del mundo oriental: es el caso del Imperio carolingio, concebido como una sociedad de todo el pueblo cristiano bajo el control de una monarquía teocráticas que intentó regular todos los detalles de la vida del pensamiento –incluso el método del canto eclesiástico y las reglas de las órdenes monásticas—por medio de decretos legislativos y la inspección gubernamental. Pero constituyó un breve y estéril episodio que se destaca en agudo contraste con el curso general de la historia occidental, y aun así sus éxitos culturales dependieron en gran medida de la contribución de elementos independientes venidos desde fuera del Imperio, como Alcuino desde Inglaterra, Juan Escoto desde Irlanda y Teodulfo desde España".
(C. Dawson, La religión y el origen de la cultura occidental, Eds. Encuentro)
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Sr. Presidente de la Asociación
de Milicias Navales Universitarias
c/ Mayor, 16 – 1º
28013 Madrid
Distinguido y estimado amigo:
La decisión de pedir la baja en esa Asociación a la que he tenido el honor de pertenecer es una de las pocas medidas a mi alcance para mostrar mi disconformidad con el envilecimiento de todo cuanto signifique milicia en el lamentable sistema político que padece nuestra patria. La pasividad con la que las Fuerzas Armadas o lo que quede de ellas aceptan que se vulnere la Constitución no es algo que resulte cómodo ni grato a quienes tenemos a honra haber jurado bandera en tiempos en que la unidad de España no era ni "discutida ni discutible".
En la seguridad de que te harás cargo de mi estado de ánimo, recibe un cordial saludo de
Aquilino Duque
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8 de Mayo de 2008 - 10:21:06 - Pío Moa
Muchos sueñan con un voto de castigo al PP en las próximas elecciones. Esto y nada es lo mismo. Y no solo por la sospecha de que la mayoría de los que así hablan serán fácil presa, una vez más, del timo del “voto útil”, sino porque si gana en el PP la línea de la nena angloparlante, por dejadez o cobardía de los políticos que debieran hacerle frente, da igual que ese partido saque más o menos votos, aparte del tiempo perdido. Si ahora la oposición interna en el PP es incapaz de plantear una alternativa razonada y ordenada, más allá de la simple expresión de malestar, solo podrá ayudar a la descomposición del partido. Sorprendentemente el bando de la nena angloparlante está demostrando muchos más redaños que el contrario.
Lo que se plantea hoy es muy sencillo: o la reacción dentro del PP elabora una línea política más acorde con los retos que hoy sufre el país, o deberá aparecer un nuevo partido que regenere a la derecha, tal como UPD puede (ojalá) hacerlo con la izquierda. Ese partido encontraría una feroz oposición de los medios de masas y los partidos anticonstitucionales, pero probablemente hallaría más comprensión entre millones de españoles, si sabe explicar bien las cosas y se dota de un liderazgo adecuado.
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Un gobierno anticonstitucional es un gobierno delincuente. Se plantea entonces el problema de si prevalecerá la ley o los delincuentes. En las democracias serias se impone la primera, en las bananeras los segundos. Y esto es gran parte de lo que nos estamos jugando.
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“Las mujeres en el I Guerra Mundial” (texto difundido en centros de enseñanza):
“La I Guerra Mundial (1914-1919) supuso un trauma social de gran envergadura en todos los países contendientes. Los gobiernos se vieron obligados a ordenar a los varones jóvenes que dejaran sus trabajos y vistiesen el uniforme para ir a combatir al frente. Por tanto, las mujeres fueron “invitadas” a hacerse cargo de los asuntos políticos y económicos de las naciones implicadas; ello supuso incorporarse al trabajo en las fábricas para continuar con la producción de todo tipo de bienes, proporcionar una educación a sus hijos, organizar las clínicas y hospitales, conducir ambulancias y transportes públicos, ocupar cargos en la administración y en los bancos, ocupaciones que hasta entonces les habían estado vedadas. Al mismo tiempo, se les insistía en su labor fundamental, la reproductiva, para hacer posible el reemplazo de la población.
Esta nueva situación marcó un punto de inflexión en la lucha por la conquista de los derechos del sexo femenino. A la vista de estas nuevas condiciones, la teoría de que las mujeres debían hacer lo que “tradicionalmente” habían hecho debido a su falta de capacitación ya no se sostenía. Se había provocado un cambio trascendental y es que, implícitamente, se había autorizado a las mujeres a ocupar el ámbito público que hasta entonces se les había negado. Terminada la guerra, las ciudadanas de todos los países consideraron que ya habían acumulado suficientes méritos como para que se las considerase habitantes de pleno derecho y se les otorgase el derecho a voto. Al mismo tiempo habían demostrado fehacientemente que su papel de madres no era irreconciliable con su participación en la esfera pública”.
El texto es una completa manipulación del lenguaje y de la historia. Invito a los lectores a descubrir sus trampas.
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7 de Mayo de 2008 - 11:50:45 - Pío Moa
La libertad solo puede concebirse por relación al mal deliberado (la falsedad, el crimen, la calumnia…). El mal deliberado impregna todas las relaciones humanas, por encima y por debajo de las leyes, desde las pequeñas trampas de escasa trascendencia en la vida cotidiana hasta las grandes matanzas políticas; pero sin él no existiría la libertad. Si nos comportásemos “bien” de forma instintiva, ni siquiera podríamos conocer nuestra bondad, por falta de contraste, y la condición humana no diferiría de la animal, ilusión y objetivo de todas las utopías.
Esta consideración nos permite, por una parte, valorar el esfuerzo, tan penoso a menudo, por combatir el mal, y por otra nos hace entender el miedo tan extendido a la libertad y el continuo intento de aplastarla… para aplastar con ella el mal. Empeño inútil –que además se convierte en malévolo él mismo– porque el mal deliberado resurge inevitable y misteriosamente. Queda bien expuesto en el mito de Prometeo y mejor aún en el de Adán y Eva: el hombre ha entrado en el reino del bien y el mal, pero la ciencia del mismo se le escapa, tantas veces una cosa se convierte en la contraria... Las acciones humanas tienen siempre consecuencias imprevisibles y sin embargo deben llevarse a cabo.
Un caso curioso: los regímenes marxistas creyeron eliminar a la burguesía (el mal) incluso físicamente. Al poco tiempo sus líderes se peleaban entre ellos acusándose de burgueses.
La libertad permanece incluso en condiciones de esclavitud y no debe confundirse con la ausencia de castigo legal por tales o cuales acciones (tal ausencia es solo un aspecto de la libertad, aunque políticamente muy relevante). Solo el marco de la libertad hace posible la lucha interminable contra el mal. En un sentido complementario pretender que la libertad no tiene riesgos constituye un camino más hacia la tiranía.
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La aún débil objeción a la educación para el despotismo
La llamada “educación para la ciudadanía” significa, y no puede significar otra cosa, que la imposición de la ideología de un partido utilizando el poder de forma fraudulenta. Su misma concepción es totalitaria, se vista con los ropajes que se vista, y responde de lleno al despotismo seudodemocrático que ya previó Tocqueville.
Por consiguiente debería dar lugar a un rechazo generalizado, y en una sociedad que realmente apreciase los valores democráticos así ocurriría. Pero en España el rechazo sigue siendo escaso, si juzgamos por el lento crecimiento de la objeción de conciencia a esa basura.
¿A qué se debe eso? Fundamentalmente a que en la mayoría de los centros llamados públicos domina el profesorado progre. Y a que los directores y directoras de los centros concertados, religiosos en su mayoría, acatan a los liberticidas. Ponen la excusa de que ya ellos darán a la asignatura los contenidos adecuados. No es así: estos centros llevan muchos años difundiendo, precisamente, la “educación para la ciudadanía” en las asignaturas de ética, religión y ciencias sociales. En la mayoría de los casos los textos no se diferencian de los del progresismo más tosco, eso sí, acompañados de una peculiar ñoñería que, si algún efecto tiene es el de alejar a la gente joven de la religión. Para ideología progre la muchachada ya tiene la de Prisa y el PSOE, algo menos empalagosa, además.
Son los padres y no esos directores quienes deben enterarse y organizarse contra el despotismo. Es preciso intensificar la lucha contra él, y ello requiere una asociación especial, como la AVT, DENAES, etc.
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Hoy, a las 19.00, en la Librería Castellana 45, firma-coloquio del libro de César Alonso de los Ríos Yo tenía un camarada, con presencia del autor y de Víctor Márquez Reviriego.
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Antón Saavedra: "El secuestro del socialismo":
“Que existía el dinero lo confirma el propio Luis Yáñez cuando recuerda el viaje realizado por Felipe González, Pablo Castellano y Nicolás Redondo a México, en el año 1976: "El presidente Echeverría nos trató magníficamente, nos ofreció una recepción y a su término quiso hacernos un regalo: era un maletín lleno de billetes... No sabíamos qué hacer con aquello, y por otra parte era un riesgo salir del país con un maletín cargado de dólares, así que se decidió dejar el dinero a Rafael Fernández para que lo administrara".
”Rafael Fernández regresaría muy pronto de aquel exilio dorado para convertirse en senador por Asturias y más tarde primer presidente del primer Gobierno del Principado de Asturias, cargo del que sería descabalgado por Fernández Villa y su camarilla de pandilleros sindicales. Éste –resulta curioso– había sido su protegido precisamente en la época en que actuaba como chivato privilegiado del jefe superior de la temida e inolvidable brigada político-social del franquismo en Asturias, Claudio Ramos. Hoy ocupa los cargos de senador y secretario general del sindicato minero asturiano de UGT a pesar de gozar de una pensión en su máxima cuantía como consecuencia de un accidente minero que nunca existió, en un cambalache fraudulento cometido contra la Seguridad Social en connivencia con la dirección de la empresa minera Hunosa en 1995, de la cual forma parte como miembro del Consejo de Administración en representación de la Junta General del Principado de Asturias... Todo ello al margen de sus cargos en las ejecutivas regionales y nacional del partido, así como la presidencia de alguna que otra "fundación".
”Pero a pesar de las inmensas cantidades de dinero recibidas por el PSOE, al acabar el año 1977 éste estaba prácticamente en bancarrota. Sus dirigentes gastaban el dinero de forma eufórica, pensando en un triunfo electoral y las tarjetas Visa ya circulaban de manera cotidiana por los grandes restaurantes y los hoteles de lujo, incluyendo los más elegantes puticlubs, donde la empleaban para llevarse chicas a la cama como ha quedado demostrado públicamente. Se habían abierto cientos de sedes sin militantes y además la contabilidad del partido estaba en manos inexpertas, o, mejor, acostumbradas a manejar el partido como cuando éste cogía entero en un autobús".
”Jugaban con una multicopista "secreta" y fabricaban panfletos incendiarios contra el régimen franquista y contra el Monarca, al que llamábamos Juan Carlos el Breve. Se trataba de aquella leva de estudiantes rebeldes, con pantalón y chaqueta de pana rayada, lectores tardíos de Machado que husmeaban en la trastienda de librerías buscando "La peste" de Albert Camus mientras daban clases en la Universidad Laboral de Sevilla por recomendación de Girón de Velasco (caso concreto de Guerra), o aquellos otros como Felipe González...".
”También el PSP de Tierno Galván recibía fuertes cantidades de dinero procedentes de la socialdemocracia alemana y venezolana, así como del Gobierno libio de Gadafi. Lo primero respondía sólo para mantener otra opción socialista con la que amenazar al PSOE en caso de resistencias internas al proceso de socialdemocratización. Pero el dinero a chorros para el PSP de Tierno procedía de Libia. De hecho, la ayuda recibida para financiar la campaña de las elecciones de junio de 1977 se evaluó en más de 60 millones de pesetas y su motivo no era crear obstáculos al PSOE, con el que tenía establecidos suculentos negocios a través del banco libio Aresbank, sino contribuir a la creación de un partido socialista marxista, sin compromisos con el Estado de Israel y decidido a establecer sólidos contactos con los países árabes".
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5 de Mayo de 2008 - 15:34:00 - Pío Moa
Dice Eugenio Trías que el siglo XXI será el siglo de las mujeres, lo cual queda simbolizado, asegura, con la tiorrilla frivolona como ministra de defensa. ¡Simbolización inmejorable, por cierto! El amigo Trías no es, desde luego, original: esas cosas se vienen diciendo desde hace muchos años, ya las pronosticaba la señora Hite, entre otros prodigiosos intelectos feministas.
En realidad todos los siglos desde que existe el ser humano han sido de las mujeres. Y de los hombres, claro. Pero quizá nuestro intelectual quiere decir que en el siglo XXI ellas dominarán la política, perspectiva que parece encantar al cantamañanas, pero claramente antidemocrática. Dirán algunos: "¡Ya era hora, pues hasta hoy la política la han acaparado los varones!" Cierto. Como que la política ha sido también una creación masculina. Es el argumento de los chorizos del PSOE cuando llegaron al poder para apoderarse del fruto del trabajo ajeno: "¡Por fin, ahora es la nuestra!". Cantinela permanente en el siglo pasado con comunistas, socialistas, nazis, fascistas, anarquistas y demás, convencidos también, todos ellos, de que "el futuro es nuestro".
Lo que en el fondo quiere decir el filósofo es que las mujeres se "emanciparán" abandonando la familia, vieja aspiración revolucionaria. Tal vez. Pero los costes ya los estamos pagando. Por cierto que también aseguraba que la teoría de la plusvalía de Marx era la mejor explicación del capitalismo.
En fin, por algo el señor Trías es catedrático de filosofía: hay tonterías que no están al alcance de cualquiera, requieren años de estudio y profundas reflexiones. El señor Trías merecía ser ministro de filosofía. Cambiándose de sexo, se entiende.
Véase al señor Mosterín, otro filósofo en plena acción de razonar: "Las tendencias innatas de nuestra psicología suelen tener una razón evolutiva. Por ejemplo, todos los padres saben que los bebés suelen ser extremadamente latosos, y raro es el que no ha sentido alguna vez el impulso espontáneo de tirarlos por la ventana. Pero quienes cedieron a ese impulso se quedaron sin descendencia hace miles de años: todos nosotros, los humanos actuales, descendemos de padres que controlaron su impulso y no tiraron al bebé por la ventana. Esto explica que sintamos una ternura espontánea hacia los bebés, o incluso hacia cualquier cachorro de otra especie". ¿A que esto no se le ocurre a una persona sin estudios?
No sugiero que todos nuestros filósofos sean iguales, desde luego, pero, como decía el otro, "¡manda carallo!"
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(Salvo que son los dignos herederos de Franco. Más bien del Frente Popular)
"LENGUA Y POLÍTICA.
Parece que, al menos en Baleares, tenemos dos problemas. Uno de carácter lingüístico, se refiere a si las modalidades lingüísticas baleares derivan del catalán. Lengua madre que, supuestamente, nos trajeron los catalanes cuando se produjo la conquista de Mallorca. El otro problema es de carácter político. Se trata del ataque a las libertades ciudadanas por parte de los nacionalistas y socialistas. En este caso, libertades lingüísticas.
PRIMERO.
Jaume I fue rey de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona y rey de Mallorca (1229/1276). Para nuestros efectos, las tropas aragonesas, catalanas y otras, desembarcaron en Santa Ponsa (13 de Septiembre de 1229) y vencieron a los musulmanes en la batalla de Portopí. En unos pocos meses conquistaron el resto de la isla...
Según los catalanistas, y compañeros de viaje, los conquistadores catalanes (aunque ellos prefieren no llamarles ‘conquistadores’) que se establecieron en Mallorca nos dieron un preciado tesoro, la lengua catalana. Lo que hablamos los mallorquines, menorquines, ibicencos, serían formas dialectales de una lengua madre, la lengua catalana.
Para los no catalanistas, entre los que me cuento, Baleares fue romana durante más de setecientos años. Mallorca y Menorca fueron conquistadas entre los años 123/121, antes de Cristo, por Cecilio Metelo, que era comandante en jefe, o Cónsul. Ibiza fue incorporada mediante Pacto. Debido a la conquista de las Baleares, Cecilio Metelo fue apodado como el ‘Baleárico’.
Siguiendo la costumbre romana, numerosos soldados y colonos se establecieron en la isla. Más de cinco mil. Dispusieron de tierras y fundaron pueblos. En resumen, conquistaron, se asentaron y colonizaron Baleares. ¿Qué hablaban los romanos? Latín, más o menos vulgarizado. Pero mucho más importante es que la cultura romana impregnó todas las áreas de la vida balear. Desde la economía a las artes.
En el año 903, el emirato de Córdoba ocupó Mallorca. También perteneció a la taifa de Denia, a los almorávides y a los almohades. Y, como se ha dicho, en 1229, el rey Jaume I conquista Mallorca. ¿Qué hablaban los baleáricos de entonces?
Álvaro Santamaría dice, en ‘Repoblación y sociedad en el Reino de Mallorca (1230-1243)’:
‘Analizando las fuentes se comprueba que apellidos como Amat, Bord, Castells, Durán, Ferrer, Fontanes, Fornells, Mas, Petit, Prat, Sabater, Vaquer, Vilanova o Vilella y un larguísimo etcétera, existían en los siglos XII y XIII –antes de la conquista de Baleares- en una amplia área geográfica que por lo menos va de Provenza a Navarra y de comarcas del Bajo Aragón, del sur del Ebro a comarcas lemosinas y auvernienses del Norte del Garona. Tal fenómeno pienso que pudiera relacionarse con el ‘nivel de evolución lingüística a partir del tronco común’, la lengua latina, alcanzado por las modalidades lingüísticas romances todavía casi nacientes en los siglos XII y XIII, detectable en nombres y en formas de expresión’.
No parece, pues, que los catalanes nos regalaran la lengua catalana. Tampoco parece que las modalidades lingüísticas de nuestras islas sean hijas de la lengua madre catalana. Por el contrario, parece que cuando llegaron los conquistadores los habitantes de nuestras islas hablaban formas romances derivadas del latín. Algo parecido sucedió con el valenciano.
SEGUNDO.
El aspecto que más me interesa y que más me preocupa, es el político. ¿Por qué? Porque afecta a la libertad, a nuestra libertad. Es cierto que Franco (que no era demócrata) expulsó al catalán de la vida pública. Pero es igualmente cierto que los nacionalistas catalanistas (que oficialmente son demócratas) expulsan al castellano de la vida pública, la lengua oficial del Estado. No conformes con esta tropelía, expulsan las formas lingüísticas propias de nuestras islas e imponen un catalán estándar. ¿Por qué? Para unificar lingüísticamente los territorios que ellos consideran suyos. Porque, además, son excluyentes y sectarios.
Esto es propio de las mentalidades totalitarias, como la de los nacionalistas catalanistas. Pero la responsabilidad no es sólo suya. Han tenido y tienen el apoyo, explícito o implícito del Partido Socialista Obrero español y del Partido Popular. El PP ha tenido una actitud de ‘hacerse perdonar’ no se sabe qué. A tal efecto promulgó un Decreto, en 1990, que dejaba la puerta abierta a la exclusión del castellano de la vida pública. Y su actitud, en general, ha sido la de hablar en voz baja y no defender la libertad de los ciudadanos, en general, y de los padres, en particular. Penoso. Son gente acomplejada, como Núñez Feijoo, en Galicia, que expone el programa político de su partido solamente en gallego.
El Partido Socialista Obrero Español, digamos ‘El Partido’, no tiene complejos, como los tiene el PP. Dado que la izquierda, en general, asume gozosa que tiene superioridad moral sobre los demás, no tiene problemas. Con su típica caradura apoyan cualquier tropelía nacionalista con tal de mantenerse en el poder. Además, pueden decir las mentiras que quieran. Mucha gente les cree y les sigue votando. Lo hemos visto con la crisis económica (con perdón), o con el trasvase que no es un trasvase. Es la ventaja de la superioridad moral.
En el Partido Popular, excepto Carlos Delgado, los demás son unos acomplejados, incapaces de defender, con firmeza, la libertad de los ciudadanos. Al menos en la cuestión lingüística. No merecen el apoyo de los votantes populares. De los socialistas ya sabemos lo que podemos esperar. Nada bueno. Ahora el Gobierno Balear (dirigido por el socialista Antich) impone el catalán y elimina el español de la vida pública. La directora de Política Lingüística, Margalida Tous, dice que ‘el bilingüismo ha de ser sustituido por el monolingüismo a favor del catalán’. Son los dignos herederos de Franco. Si la gente lo acepta es que está a su altura. Y si es así, no hay nada que hacer.
Rosa Díez, por su parte, presentará una batería de preguntas al Gobierno sobre la imposición del catalán en Baleares, e iniciativas para defender la libertad y la lengua oficial. ¿No les cae la cara de vergüenza a los peperos?
Sebastián Urbina.
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4 de Mayo de 2008 - 13:49:39 - Pío Moa
Decir
Nihil nisi bonum, solo lo bueno, recomendaban los romanos al hablar de los muertos, piadosa intención que fácilmente cae en la exageración hipócrita, en especial por parte de quienes más amargaron la vida al difunto.
A Calvo Sotelo le tocó recomponer los muebles rotos del 23-f, derivación desastrosa de un plan calificable de golpista con implicación del PSOE y el rey, como prácticamente se sabe. Calvo, hombre de refinamiento intelectual y un tanto snob, hizo su tarea sin brillantez ni lucimiento, pero con suficiente habilidad como para restablecer la continuidad democrática. Y facilitar, lamentablemente, el acceso del PSOE al poder con mayoría absoluta… para dedicarse desde el primer momento (los socialistas) a robar, literalmente, Rumasa, a desacreditar el Tribunal Constitucional, a ahondar la tumba de Montesquieu e imponer una corrupción desatada: cien años de honradez en acción, más la sustitución del totalitarismo marxista por no se sabe bien qué. En esto no tuvo culpa Calvo Sotelo, pero tampoco un mérito especial.
En fin, “ha muerto un gran hombre de Estado”, ha exagerado el rey. Gallardón, hombre siempre sincero y ponderado, ha coincidido.
Mayor Oreja se ha referido a la “generación que ha forjado la España que hoy conocemos”. No estoy seguro de si es un gran elogio.
Soraya opina que Calvo sabía "transmitir toda su sabiduría y toda su experiencia con una gran visión de futuro". ¿Se la habrá transmitido a la chica?
Chaves también se ha deshecho en elogios, aunque viniendo de él… Lo mismo Llamazares, el demócrata, ponderando la contribución del finado a la democracia. Mienmano… ¿pero qué iba a decir Mienmano?
Otros han hablado de su contribución al avance de la democracia en España. ¿Avanzó, realmente, con el PSOE en el poder?
La mejor frase, sin duda:
"La democracia es grande si reconoce y homenajea a sus grandes hombres". Palabra de Zapo.
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Derrochando simpatía.
SE CUMPLEN DOS AÑOS DEL CHIVATAZO POLICIAL
El PP ve en el soplo a ETA "uno de los casos más graves de la democracia".
Pues no. Es solo un detalle de los muchísimos que ha producido la colaboración de Zapo y su banda con la ETA. Casi una minucia al lado del estatuto catalán. O del asalto al Tribunal Constitucional. O de la campaña permanente para silenciar a la COPE o expulsar de ella a Federico. O de las maniobras de acoso y división contra las víctimas del terrorismo. O de la entrega a la ETA del censo de los ciudadanos de Vascongadas. O de la mentira sistemática a la opinión pública sobre los negocios que se traían con los héroes del tiro en la nuca. O, en fin, de la legalización del asesinato como método político, y el premio a los asesinos.
Hace bien el grupo de Rajoy en recordar el chivatazo, pero si lo utiliza para pasar por alto cosas mucho más graves, se convierte en cómplice de todas estas jugadas… Realmente lo es. Aunque al Futurista le parezca increíble, o haga como que se lo parece, son muchos y muy importantes los lazos entre el gobierno actual y los pistoleros: unos y otros se proclaman “rojos” y socialistas: son profundamente “antifranquistas”; consideran, abierta o implícitamente, que cuanto procede del franquismo (la monarquía y la democracia, en definitiva) carece de legitimidad; denuncian las “injusticias del capitalismo” en el mundo; simpatizan con “los pueblos oprimidos” y las “civilizaciones”, como llaman a las cleptocracias tercermundistas; son feministas y amantes del “progreso”; tienen en poco a España, su unidad y carácter nacional, por no decir que los desprecian… Hay, realmente, muchas y sólidas coincidencias ideológicas entre Zapo y De Juana Chaos, entre la vice y Ternera, que permiten un amplio abanico de negocios y diálogos.
El Futurista cree, o lo finge, que hay más coincidencias entre él y Zapo: ¿no son los dos, por encima de todo, demócratas? No lo son. Por desgracia, la democracia se hizo en España con serias debilidades, y en los últimos años éstas se han acentuado gravemente. La política del gobierno va tan a favor de separatistas y terroristas como contra la democracia española. Y la política del Futurista le sigue los pasos. Derrochando simpatía. A cada cual sus responsabilidades.
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"La diferencia entre materia y espíritu, comenzó Andrade, vacilante... Es como si estuviéramos comiendo pulpo á feira, y disfrutando de una conversación ingeniosa y y elevada, y riéndonos mucho... El pulpo viene a ser la materia y la conversación el espíritu".
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Blog de Arcadi Espada:
"Sólo faltaba el gas. Ahora leo que la policía investiga la posibilidad de que el presunto criminal Fritzt tuviera planeado abrir la espita de su zulo. Hace un par de días un periodista de The Times aludía a la relación entre la Austria nazi, la infancia de Josef Fritzl y sus presuntos crímenes. Este periódico titulaba su pieza: «Austria se sienta en el diván». La competencia prefería el participio: «Un país sentado en el diván». La cuestión puede parecer humorística. No lo es, en absoluto. El mismísimo presidente del país se sentía obligado a negar que éste fuera «un crimen austríaco». Esta mañana leo: “Barcelona: Detienen a un hombre de 53 años por violar a su madre octogenaria en un geriátrico”. Pas mal, ciertamente. Lo leo y me acomete un inevitable temblor de sinécdoque: ¿Será éste un crimen muy barcelonés?. ¿Ya lo ha negado el alcalde?".
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30 de Abril de 2008 - 13:00:16 - Pío Moa
El Niñato Rojo es, aparte de sus fechorías políticas, el personaje más grotesco, más esperpéntico que ha pasado por el poder en España desde, al menos, la república (la primera). ¿Qué habrían hecho con él Valle Inclán o Muñoz Seca? Evidentemente, falta talento: a un lado titiriteros, al otro casi nada.
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Si Mayor, Aguirre, Vidal Quadras y otros no dan el paso ahora, si se dejan laminar en silencio por Rajoy y sus mequetrefes, adquirirán una responsabilidad histórica ciertamente grave.
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La continuidad del blog:
Parece que la continuidad del blog interesa a más gente de lo que yo creía. Muchas gracias a todos ellos. Bien, trataré de hacer un esfuerzo por mantenerlo, aunque a un ritmo algo menor. E insistiendo: la pasividad es la actitud peor ante los desmanes de un gobierno anticonstitucional y por ello delincuente. Como decía Julián Marías, no debemos preguntarnos "qué va a pasar", sino "qué puedo hacer". Cada cual encontrará respuestas si se lo plantea en serio.
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"El Duque de Alba, Fadrique, había destacado en la guerra contra el reino de Granada y luego había expulsado a los franceses del Rosellón. En 1512 conquistó Navarra con gran rapidez, con apoyo de gran parte de la población y abundantes voluntarios aragoneses y guipuzcoanos. Pero el rey de Navarra, Juan de Albret (bisabuelo del que sería Enrique IV de Francia) volvió enseguida a la carga con el apoyo del rey francés y un ejército con numerosos alemanes y albaneses, además de franceses y navarros partidarios suyos; pero fracasó en su intento. En 1516 lanzaron los franceses otra campaña, también baldía. Más peligrosa fue la de 1521, aprovechando la crítica situación interna de Castilla debida a la guerra de los Comuneros. En el sitio de Pamplona fue herido Ignacio de Loyola, y los franceses llegaron a Logroño, pero fueron vencidos en Noaín y tuvieron que retirarse.
El caso de Navarra ofrece algunas similitudes con el de Borgoña. El rey legítimo era Juan de Albret, de la misma manera que el señorío de Borgoña correspondía a Carlos V. Este exigió a Francisco I, cuando lo tuvo preso en Madrid, que le devolviera aquella región, lo que el francés incumpliría, alegando la afinidad territorial, humana e histórica de Borgoña con el resto de Francia, argumentos por así decir modernos que, en relación con España, valían igualmente para Navarra".
(Nota en Bravuconadas de los españoles, de Brantôme, editorial Áltera).
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29 de Abril de 2008 - 17:06:34 - Pío Moa
Hoy, en El Economista:
EL CASO DEL YATE VITA
Mucha gente ha oído hablar del yate Vita, pero he podido constatar que muy pocos tienen idea clara del célebre asunto. Lo he tratado en Los mitos de la guerra civil y en Años de hierro, y lo resumiré aquí: una de las primeras medidas del socialista Negrín como ministro de Hacienda de Largo Caballero, ya en 1936, consistió en organizar el saqueo sistemático de bienes públicos y privados, desde el tesoro artístico e histórico nacional o las monedas de oro y plata de los museos hasta las alhajas depositadas en los montes de piedad por gente de pocos recursos, pasando por las cajas de seguridad de los bancos, que hizo descerrajar, literalmente. El inmenso expolio incluyó los cuadros del Museo del Prado, disfrazado como "salvamento".
Al terminar la guerra, gran parte de esos inmensos tesoros pasó a Francia, otra parte fue destruida y una tercera (los cuadros de El Prado, sobre todo) volvió a España. Negrín consignó para México una masa cuantiosa de los bienes robados, transportándola en el yate Vita, antigua posesión de Alfonso XIII con el nombre de Giralda. Pero del asunto supieron Prieto –también socialista y rival de Negrín– y el PNV, y ambos trataron de apoderarse del tesoro. Lo consiguió Prieto de acuerdo con el corrupto presidente mexicano Cárdenas, sin duda con suculenta mordida por medio.
El interés del tesoro, aparte del enriquecimiento personal, consistía en la posibilidad de controlar políticamente el exilio con vistas a un retorno triunfal a España. Negrín, furioso, intentó recobrar "sus" caudales y hubo un intercambio epistolar en extremo revelador entre él y Prieto, por el cual conocemos lo esencial del negocio (aunque algunos aspectos siguen en la sombra). Una de sus derivaciones, ya la comenté en otro artículo, llegaría a la Banca Catalana, de los Pujol.
Suceso en verdad novelesco, que espera su historiador y del que hablaré más.
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LA MINISTRA DEL RAMO TIRA AL MONTE
Leo con asombro en la prensa, que la señora ministra del ramo ha prohibido a los militares leer ciertas cosas en Internet en horas de cuartel y leo con más asombro aun que todo el mundo protesta por ello.
Lo que ha hecho la ministra aunque muy suyo, ha odiado siempre al Ejército y no se lo ha callado, es tirarse al monte, una cerdada muy coherente.
Es evidente que la mayoría de los militares y de los funcionaros civiles, faltaría más, no pierden el tiempo en horas de trabajo.
El remitir y publicar una circular como esta a los militares, hace suponer que, la indocumentada ministra, está segura o cree que los militares durante su trabajo pierden el tiempo con esas cosas.
Eso está muy bien que lo piense de sus compañeros de partido, de ella y hasta de su señor padre, y seguramente tendrá razón, pero no de un colectivo de gente honrada, sea éste el que sea.
Lo hace con intención de humillar y que todo el mundo piense que los militares son unos vagos y la muy grande ministra los va a poner a trabajar por fin.
¿Por qué nuestros ministros serán tan memos? ¡No paran! Y cada vez lo son más, incluido el ¿militar? Que tuvimos.
Parecen insuperables, viene el siguiente. ¡Y son muy superables! Lo que nos queda por ver.
Todos los militares saben que eso está prohibido, ¿a qué la circular?
Hay en el Ejército un método mucho más honrado aunque menos vistoso.
Es fácil, un militar lee en horas de trabajo algo que no sea propio del servicio, se le arresta. ¿Sencillo, no?
¡Pero amigo! Solo se entera él, sus compañeros y la inútil ministra no hace el numerito, que era lo que se pretendía.
Hay una asociación de militares próxima a la UGT, la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) que es la que más me ha asombrado, ¿seguro serán militares o serán "emboscaos" (que se decía en Asturias en los años cuarenta)?
No critica que se pretenda con la circular humillar a sus compañeros, seguramente le parecerá muy bien si no son de la UGT, sino que la ministra "Prohíba en horario laboral el acceso a páginas de internet deportivas y de ocio por considerar que la medida pone de manifiesto que trata al militar como a «un ciudadano de segunda», al tiempo que equiparó la restricción con los «filtros» que se ponen a los niños para que no ingresen en páginas inadecuadas".
Eso ya estaba muy bien prohibido por las Ordenanzas, ya desde 1768.
Les recuerdo a mis compañeros de la AUME:
Artículo 72
El oficial cuyo propio honor y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien, vale muy poco para el servicio; el llegar tarde a su obligación, aunque sea de minutos; el excusarse con males imaginarios o supuestos a las fatigas que le corresponden; el contentarse regularmente con hacer lo preciso de su deber, sin que su propia voluntad adelante cosa alguna, y el hablar pocas veces de la profesión militar, son pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas.
«Valoramos negativamente esa iniciativa porque todo lo que sea establecer filtros o censuras previas a los militares no entendemos que tenga justificación»,
"todo lo que sea establecer filtros o censuras" si es en horas de labor está pero que muy bien.
Francisco Alamán Castro.
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Volviendo con Ansón, que dice: "En un país democrático como España puede ser ministro de Defensa un militar o un civil, un hombre o una mujer, un homosexual o una lesbiana, un joven de dieciocho años o un anciano de noventa, un cristiano o un budista, un inmigrante negro nacionalizado o una inmigrante china también nacionalizada. No puede producirse según la Constitución española discriminación alguna por razón de sexo, raza o religión."
Insisto: puede, pero no debe ser homosexual ni lesbiana, ni mujer, ni budista, ni inmigrante, ni muchacho ni anciano. A menos, naturalmente, que no existan personas de valía suficiente entre las, en principio, más indicadas. Que todo podría ser, y más en estos tiempos.
En todo caso, no nos equivoquemos, el caso de la tiorrilla frivolona, la del Rubianes, se trata simplemente de una provocación, una más, del Niñato Rojo (nada mejor que nazi) a la sociedad española.
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Ya dicho:
"Como gallego me parece excelente el cultivo del idioma regional, y más si en él se escriben obras interesantes. Lo mismo digo del catalán y el vascuence. Pero es obvio que no debemos exagerar: se trata de idiomas regionales de difusión y utilidad muy limitadas, y los intentos de imponerlos más allá de sus condiciones y tratando de excluir el español común como idioma “impropio”, foráneo, van contra el sentido común más elemental, contra los derechos de las personas y contra los intereses de los propios vascos, catalanes y gallegos, a quienes, entre otras cosas, pretenden mutilar de parte esencial de sus culturas. Sin ser presionados por nadie, los escritores de estas tres regiones se han expresado tradicional y mayoritariamente en el español común, mientras que los separatistas llenan de auténtica basura sus idiomas regionales".
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28 de Abril de 2008 - 14:38:38 - Pío Moa
Echo un vistazo a un texto de Ética para alumnos de secundaria. Nada de ética, muy al contrario, un compendio de adoctrinamiento político, mal escrito, reiterativo, elaborado como un lavado de cerebro, una sarta interminable de palabrería ajena a cualquier elemento crítico o de experiencia histórica. Los alumnos tienen que aprenderse de memoria todas esas sandeces. Abundantes artículos ilustrativos de… El País. Esta es la educación para la ciudadanía, vieja ya de bastantes años y que ahora quieren, por lo visto, intensificar. ¿Creen ustedes que me refiero a algún libro sociata? De ningún modo: es de ediciones SM, de la religiosa Sociedad Marianista que, compruebo, ha perpetrado otros textos semejantes. Sorprendentemente, la Iglesia ha sido una de las principales vías de transmisión de la ideología progre, y todavía no se observa una reacción suficiente.
El fondo de toda esa basura es totalitario, el "despotismo democrático" (antidemocrático, propiamente), analizado por Tocqueville con visión profética y que hay que denunciar sin tregua, porque es el gran enemigo de la libertad bajo su fraseología buenista: un poder, un adoctrinamiento que "se asemejaría a la autoridad paterna si, como ella, tuviera por objeto preparar a los hombres para la edad viril, pero, por el contrario, no persigue más objeto que fijarlos irrevocablemente en la infancia".
De ahí la juventud del botellón, la droga, el puterío y el voto a Zapo, y también a Rajoy. Todo va junto.
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Un nacionalismo español
Pío Moa
En España no se produjo una elaboración nacionalista algo sistemática, al estilo de las intentadas por los nacionalistas vascos y catalanes. La razón es que la existencia de España se daba por un hecho obvio, opuesto sólo a otras naciones europeas, y su obviedad no exigía construcciones teóricas más allá de la defensa del "honor de la patria" frente a los ataques de franceses o ingleses.
Aun en ese terreno el nacionalismo español, si así se le puede llamar, fue mucho menos extremista que el inglés o el francés, y, como observa W. Maltby, nunca fabricó contra esas naciones acusaciones comparables a las que ellas difundieron contra España en la Leyenda Negra.
Pero a finales del siglo XIX tomó forma un tipo de nacionalismo español ante el reto del desastre del 98, y, secundariamente, de la crítica de los nacionalismos vasco y catalán. De éstos, el segundo simplemente negaba la existencia de una nación llamada España, mientras que el primero la admitía, pero como ajena y enemiga de "Euzkadi" (palabreja inventada por Arana y sin sentido en vascuence). Los teóricos de esos nacionalismos, Arana y Prat de la Riba, se aplicaron a demostrar que los vascos y los catalanes constituían naciones y a exaltar sin tasa cuanto pudiera llenar a sus paisanos de orgullo desmedido y hundir el prestigio hispano. De paso, la historia anterior de vascos y catalanes quedaría reducida a una miseria bajo el yugo infame de España o de "Castilla", fomentando un victimismo tan desmesurado como aquel orgullo. Nacionalismos ambos realmente exacerbados y excluyentes.
El nacionalismo español que surge por aquellos años bajo el nombre genérico de "regeneracionismo" recuerda a estos dos, como ya señalé en otro trabajo, por su ataque feroz al pasado español, visto como una suma de errores y miserias, como una "anormalidad" o una "enfermedad"; por el ataque no menos furioso al régimen liberal de la Restauración; y por un europeísmo vago y desigual, pero a veces vehemente.
El regeneracionismo fue más un estado de espíritu que una doctrina, y no originó un movimiento homogéneo, aunque influyera en diversos partidos, de izquierda y de derecha. Uno de ellos sería la Unión Patriótica, de Primo de Rivera, para la cual José Pemartín y José María Pemán elaboraron algo parecido a una doctrina nacionalista.
Esta doctrina recogía de Costa la idea del "cirujano de hierro" que, ante la incapacidad de la política parlamentaria, reconduciría al país a la prosperidad y la grandeza por medios autoritarios. Sin embargo difería del regeneracionismo en considerar a España no una nación frustrada o plagada de vilezas, sino una nación con un gran pasado, fundamental en el devenir de la humanidad, de Europa y América especialmente, aunque con períodos de profunda decadencia, como el de Carlos II o la más próxima Restauración, o al menos los últimos treinta años de ella. Por otra parte, unía la nación española al catolicismo: si en el pasado glorioso habían ido juntas nación y religión, revitalizar la alianza garantizaría el resurgir hispano. Otro punto más: la monarquía también era declarada consustancial con el ser nacional.
Esta construcción teórica tiene un aire arcaizante, y ha sido objeto de burlas y ataques, tanto desde los nacionalismos balcanizantes como desde ideas republicanas o revolucionarias, que, sin embargo, han solido ser mucho más primarios en sus teorizaciones. Las de Arana o Prat de la Riba llegan a ser realmente simples. Por otra parte, algunas ideas expuestas por Pemán, sin ser originales no dejan de tener interés.
Según él, "o se admite que el hombre es sociable por naturaleza y, por tanto, que la sociedad es un hecho natural (teoría tradicional cristiana), o se admite que el hombre no es sociable por naturaleza y, por tanto, que la sociedad es un hecho artificial (teoría del paco social de Rousseau)". En el primer caso habría algo esencial en la sociedad, por debajo de sus aspectos cambiantes. En el segundo, la sociedad puede concebirse arbitrariamente, según "la amplitud y variedad de las voluntades que pactan".
La nación, como sociedad, es natural: "No es un agregado amorfo de individuos cuya organización depende de nosotros. No; la Patria es un ser natural, una criatura con una forma propia (…) no una mole, sino un organismo; no un simple agregado de individuos, sino un agregado de Sociedades subalternas que son otros tantos seres vivos con su correspondiente inmanencia vital".
En este sentido opone el patriotismo al nacionalismo, el cual recibe una dura crítica: "el individualismo del siglo pasado pasó un rodillo nivelador sobre la sociedad, destruyó todo lo que era perfil y estructura de ella —municipio, clase, corporación, gremio— y no dejó más que un conjunto amorfo y desorganizado de individuos que se decían soberanos" (p. 28). De ahí que, "concebida la Sociedad-Nación como un producto contractual de las soberanas voluntades individuales que la forman, se supone que esas voluntades, al pactar, transmiten su soberanía a la Sociedad Nación, quedando ésta, en consecuencia, investida de un poder absoluto. Desaparecen, por tanto, todos los límites y contenciones de la Nación; por abajo desaparecen todas esas contenciones orgánicas formadas por las sociedades inferiores y autónomas que la Nación comprende; por arriba desaparecen todas las contenciones espirituales de la Iglesia y todas las contenciones internacionales del orden mundial y humano de que la Nación forma parte. El nacionalismo es, en definitiva la deificación de la Nación". Resultado de tales excesos habría sido la I Guerra Mundial.
También los nacionalismos de Arana y de Prat de la Riba se decían informados por el catolicismo. Pero Arana ve en la nación vasca algo más o menos divino, y él mismo sería considerado por muchos seguidores como "el Jesús vasco". Y los catalanes proclamaban en sus folletos de adoctrinamiento masivo que su doctrina "tiene por Dios a la Patria". Debe admitirse que el nacionalismo español al estilo primorriverista era mucho más razonable o, si se prefiere, menos mesiánico que los otros dos, o que los surgidos en Galicia, Andalucía y otras regiones.
La crítica se extiende al estado. Si la nación es una sociedad natural, el estado no pasa de ser "la organización jurídica de la Nación", dedicada a "tutelar, completar y armonizar" la vida de las también naturales sociedades intermedias (desde la familia al municipio, la región, el sindicato, etc.), "sin invadirlas ni ahogarlas". Pero el individualismo aboca a lo contrario. Los individuos, indefensos a causa de la destrucción de las sociedades intermedias, debían confiarlo todo al estado como supuesta concreción de su voluntad contractual. Y "el Estado, como un dios, lo invadió todo", y convirtió todo en política". De aquí nació el Municipio político, la enseñanza oficial, la Universidad centralizada, etc. Hasta la familia quedaría politizada.
Pemán ve ahí una seria desviación: "El estatismo es una tesis brillante y peligrosa en estos días en que los hombres están hambrientos de orden y autoridad" (55), pero opuesta a "la tesis social cristiana", según la cual "la sociedad es para el individuo, no el individuo para la sociedad". El estatismo amenazaría "una de las mayores conquistas cristianas [que] fue la conquista de la dignidad humana". Algunas aspiraciones del socialismo podrían realizarse, pero sólo "en el marco de la propiedad y el orden racionalmente utilizados".
La crítica atañe a nacionalismos del tipo del vasco o el catalán, así como al socialismo, cuya raíz encuentra en el individualismo liberal. Sin embargo, los pensadores liberales también habían previsto el peligro de una democracia degenerada en despotismo bajo la protección omnímoda de un estado en apariencia benévolo. Ese peligro podía salvarse mediante la vertebración social en una multitud de asociaciones particulares, desde las cuales los individuos pudieran defender sus intereses. Según Pemán, son estas libertades individuales las que empujan al nacionalismo extremo y al despotismo, al arrasar las "sociedades intermedias". Pero éstas no sólo no quedan arrasadas, aunque puedan cambiar en muchos aspectos, sino que, por el contrario, las libertades multiplican todo tipo de nuevas sociedades culturales, comerciales, políticas, recreativas etc., que vertebran la sociedad de modo mucho más complejo y efectivo que las tradicionales del Antiguo Régimen a las que, con ciertas modernizaciones, parecían adherirse estos críticos de la Restauración.
Ciertamente el nacionalismo primorriverista, luego prolongado en el franquismo, nos parece hoy arcaico, pero vale la pena señalar que, incluso como versión extrema de un nacionalismo español, al que tanto atacan los Pujol, Arzallus y compañía, resulta mucho más moderado y menos totalitario que el que éstos profesan.
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27 de Abril de 2008 - 10:42:09 - Pío Moa
(De un viejo artículo)
Los seguidores de Arana aspiraban lisa y llanamente a apartar a las Vascongadas y Navarra del resto del país, en función de una invocada y exaltada especificidad racial, cultural y religiosa en peligro de contaminación por la relación con Maketania. Los partidarios de Prat, en cambio, rechazaban un centralismo liberal cuya realidad y efectos exageraban, y le oponían una idea de España como confederación sumamente laxa de "naciones", cada una con sus leyes, idioma oficial, sistema fiscal y hasta milicias propias. Pintaban de color de rosa esa perspectiva, con promesas de una España más viable y más "grande", y el chantaje implícito de que, de otro modo, terminarían separando a Cataluña. En el fondo de ese ideal latía una contemplación romántica de la Edad Media, y resultaba difícilmente viable, pues su "España grande" podría romperse casi con cualquier pretexto. Si, por ejemplo, los nacionalistas catalanes consideraban su influencia en el conjunto inferior al nivel que ellos estimaran adecuado, ¿qué pasaría? No obstante, esta visión de España, expresada por lo común vagamente, iba a extenderse a buena parte de la izquierda e incluso a sectores conservadores, oponiéndola a la idea liberal de España como una nación unificada y centralizada con mayor o menor flexibilidad.
Los teóricos del nacionalismo suelen resaltar el auge de estos nacionalismos como la prueba de que el nacionalismo español había fracasado en sus medidas centralizadoras en el siglo XIX. En parte –sólo en parte– es cierto, pero aún es más cierto que esos nacionalismos periféricos fracasaron, y no en parte, sino a lo largo de todo el siglo XX, en sus intentos de romper la unidad española o reducirla a un formalismo ineficiente.
¿Por qué no cumplió plenamente sus objetivos el liberalismo en el siglo XIX? Creo que se debió en buena medida al persistente apego de la población hacia las divisiones del Antiguo Régimen. Ese apego nacía del modo como penetró el liberalismo en España, como secuela de una invasión napoleónica signada por mil atrocidades, tropelías contra la Iglesia, e intentos de dividir el país. Por ello mucha gente descalificó al liberalismo por "extranjero" y "anticatólico". En todo caso no se le encontraba una clara legitimidad, y las nuevas ideas arraigaron sólo en el ejército y en capas estrechas de la población. En cambio, el antiguo régimen, incluyendo sus tradicionales divisiones entre reinos, diversidad de normas, etc., fue identificado por grandes masas con la defensa de la patria y la religión. No otra cosa significó el carlismo. La reivindicación de los viejos reinos y regiones sería recogida por los románticos y transformada en separatismo por los nacionalistas a finales del siglo.
Pese a todo, la España liberal alcanzó un éxito considerable, porque su proyecto de unificación más estricta y moderna partía de un hecho real, la unidad muy anterior del país, sentida de manera general por sus habitantes. Por encima de las divisiones heredadas de la Edad Media existía una común autoidentificación como españoles. De otro modo la tentativa centralizadora habría zozobrado en cuanto chocase con las fuerzas disgregadoras. Que no ocurriera así revela el fracaso mucho mayor de estas últimas.
La incompleta victoria del liberalismo dio como fruto una tensión persistente entre dos ideas de España a lo largo del siglo XIX, la liberal y la carlista, y entre el proyecto de España y el de su destrucción durante el siglo XX. Esas tensiones han sido un aspecto muy importante, aun si no el más importante, de la historia del país en estos dos siglos.
La Restauración pudo, tal vez, haber afrontado sin demasiado temor al conjunto de sus enemigos, y así pareció por unos años. Pero el "Desastre" del 98 tuvo otros efectos, a la larga desintegradores del sistema. Un éxito de la Restauración había sido la superación del golpismo militar, propiciado antaño por los liberales extremistas o jacobinos mediante los pronunciamientos. La época del protagonismo político del ejército –promovido generalmente por los partidos–, parecía superada, pero después del 98 se expandió por el país, fomentado por los grupos radicales, un ambiente de desprecio y aversión hacia los militares, y en éstos una reacción peligrosa y desestabilizadora, como se vería en algunos momentos.
Aún más grave, seguramente, fue la defección o la hostilidad hacia el régimen por parte de una alta proporción de intelectuales, en particular los de mayor influencia sobre la opinión pública, en el fenómeno de gran alcance que solemos llamar –sin muchas aspiraciones de precisión– "regeneracionismo". Esta palabra se puso de moda, indicando algo más profundo que la mera decadencia, una degeneración previa de España, de la que urgía salir con medidas drásticas.
Ya de antes venían alzándose voces, como las de Mallada, Ganivet o el cardenal Cascajares, en pro de cambios orientados a impulsar la prosperidad y el orden, y a cerrar con presteza la brecha entre España y "Europa", es decir, la Europa rica. A su manera también el nacionalismo de Prat –no así el de Arana– tenía algo de regeneracionista para el conjunto de España. Pero después del 98 la exigencia de regeneración se convirtió en un clamor en medios intelectuales y políticos, hasta hacerse una de las actitudes más características de la época. Hubo un "regeneracionismo" del propio régimen, muchos de cuyos políticos comprendieron la necesidad de reformas para hacer frente a las exigencias de la nueva época; pero la corriente decisiva, de carácter sobre todo intelectual, tuvo distinto carácter.
La opción regeneracionista
Los regeneracionistas no formaron un movimiento propiamente dicho, aunque hubo algunos intentos al respecto. Más bien crearon un estado de opinión o una actitud difusa, pero reconocible, sobre España y sus problemas. El principal teorizador de esta corriente fue Costa, y en ella entran muchos de los más dotados intelectuales de la época, como Ortega, Azaña o Maeztu, aunque la evolución de unos y otros siguieran rumbos diferentes. Había al menos cuatro puntos de coincidencia: necesidad de construir o reconstruir la nación española, condena del pasado español, identificación de "Europa" como panacea o bálsamo a las heridas del país, y hostilidad extrema hacia la Restauración y su ideología liberal.
Cada uno de estos puntos merece atención. Hasta entonces la "nación española" o la "patria española" se habían presentado como ideas evidentes, apenas necesitadas de comentario; pero los regeneracionistas, o buena parte de ellos, hacían pasar el concepto de nación a primer plano, aun sin definirlo con mucha claridad (hasta ahora no existe un acuerdo unánime sobre lo que es una nación); y el nacionalismo debía sustituir al patriotismo, sentimiento tenido a veces por vago y arcaico. En rigor, la nación apenas habría existido antes, lo cual, en el sentido dado al término desde la Revolución francesa, pero sólo en ese sentido, tenía algo de verdad, y por tanto urgía formarla o reformarla de arriba abajo.
En cuanto al segundo punto –concluía un Costa conmocionado por el "Desastre"–, la historia española constituía una fundamental desviación del que debiera haber sido su camino, por lo que había desembocado en "una nación frustrada". En consecuencia preconizaba "fundar España otra vez, como si no hubiera existido". Aunque sus recetas, resumidas en lemas como "Escuela y despensa", no dejaban de sonar razonables, también algo simples, se envolvían en una visión de la historia española dramatizada y caricaturizada hasta extremos pueriles. Ortega, Azaña y muchos más coincidían en considerar al país una nación sin formar, o deformada, o anormal. Se puso de moda especular sobre lo que debía haber sido España o cuándo había empezado la desviación o la pérdida de la "normalidad". Azaña opinaba que desde la derrota de los comuneros en Villalar, en el siglo XVI, todo había ido a tuertas; otros renegaban del rumbo euroamericano tomado en aquel siglo por la política española la cual, argüían, debiera haberse volcado en África, su campo de expansión "natural". No faltaba quien llevaba el origen de la desviación hasta el siglo VI, con la conversión del rey godo Recaredo al catolicismo, engendradora de la nefasta alianza entre la oligarquía y el clero. Dentro del racismo de los tiempos –harto diluido en España–, no faltaban avisos descorazonantes sobre la escasez del elemento "ario" en el país. Esas estériles lucubraciones pasaban por ejercicios intelectuales de envergadura.
Las antaño consideradas gestas y glorias hispanas, como el descubrimiento de medio mundo, la conquista y colonización de América, la evangelización, la fundación de ciudades y universidades, el establecimiento de relaciones entre todos los continentes habitados, la Reforma católica, la contención de los turcos y de los protestantes, etc., eran miradas con desprecio o con burla, o simplemente ignoradas por los refundadores del país. Para ellos, España había sido el país de la Inquisición y de los genocidios, de la miseria, el oscurantismo y la superstición, y las supuestas glorias debieran más bien avergonzarnos. Los "buenos" habían sido, precisamente, los enemigos de España, empezando por los cultos y refinados musulmanes. La cultura del Siglo de Oro suscitaba despego, exceptuando de él a algunos autores prestigiosos, en particular Cervantes, a quienes se pretendía convertir en precursores de las ideas de los críticos. Para concluir, España y sus clases dirigentes habían estado "enfermas" durante siglos, aseguraba Ortega, y nada debía esperarse de sus tradiciones. Azaña llegaría a comparar estas últimas, ya en 1930 y sin protesta de nadie, con la sífilis hereditaria. Por suerte, y gracias a su labor esclarecedora, "los españoles estaban vomitando las ruedas de molino que durante siglos estuvieron tragando".
El desdén por lo español alcanzó tales cotas que Menéndez Pelayo, quizá el investigador y ensayista más notable de su tiempo, protestó en sus conocidas frases: "Presenciamos el lento suicidio de un pueblo que, engañado por gárrulos sofistas (…) emplea en destrozarse las pocas fuerzas que le restan (…), hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada momento las sombras de sus progenitores, huye de todo contacto con su pensamiento, reniega de cuanto en la Historia hizo de grande, arroja a los cuatro vientos su riqueza artística y contempla con ojos estúpidos la destrucción de la única España que el mundo conoce, la única cuyo recuerdo tiene virtud bastante para retardar nuestra agonía (…) Un pueblo viejo no puede renunciar (a su cultura) sin extinguir la parte más noble de su vida y caer en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil". Sin embargo, la voz de Menéndez Pelayo quedó aislada. Desde luego, muchos otros pensaban como él, pero callaban ante el ímpetu, la seguridad y el derroche de indignación moral con que los regeneradores envolvían sus diatribas.
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A partir de ahora escribiré en la última página de Epoca. Este es el primer artículo:
PARA ENTENDER LO QUE PASA
Dado el ruido que origina la política en el día a día, mucha gente termina sin entender casi nada de lo que ocurre. Veámoslo muy en resumen.
Cuando el PSOE ganó las elecciones de 2004, estaba en vigor el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. El mismo sentaba las bases de un acuerdo de los grandes partidos nacionales en cuestiones de estado, para impedir la desestabilización de la democracia y afrontar las principales amenazas a ella: el separatismo y su manifestación más radical, el terrorismo. Curiosamente, fue la dirección del PSOE quien propuso el Pacto y también, como hoy sabemos, quien procedió a traicionarlo en secreto, buscando el acuerdo con los terroristas.
Ganadas las elecciones por ZP tras el mayor atentado de la historia de España –cuya autoría intelectual sigue desconocida y la material dudosa, tras un proceso dirigido por un juez politizado–, el nuevo gobierno lanzó un programa político que invertía radicalmente el sentido del Pacto. Sus puntos básicos pueden resumirse así:
a) “Proceso de paz” consistente en el acuerdo con la ETA y el aislamiento del PP so pretexto de un “final de la violencia”… mediante el socavamiento de la Constitución y del estado de derecho. La clave, el Estatuto de Cataluña: reducción del estado central a “residual”, división de la nación, de hecho o de derecho, en un conglomerado de “naciones” al gusto de los ambiciosos políticos locales, y transformación ilegal del régimen español en una confederación. “Diálogo” con los asesinos, silenciamiento de sus víctimas directas, que intentó aplicar Peces Barba, e intimidación de la sociedad: denunciar el ataque a la Constitución supondría “crispar”, impedir “la paz”, etc.
b) “Alianza de civilizaciones”, entendimiento con las tiranías del Tercer Mundo y claudicación ante el despotismo marroquí, que probablemente apunta a la entrega de Ceuta y Melilla.
c) “Memoria histórica”, falseamiento sistemático del pasado, deslegitimación de cuanto proceda del franquismo y legitimación de las checas, el maquis y, nuevamente, la ETA. Los socialistas, comunistas, separatistas, etc., habrían defendido en 1936 la democracia bajo la batuta de Stalin, falsedad palmaria impulsada a través de la manipulación de los medios de masas y de una universidad degradada, culminada en una ley de corte totalitario, que trata de imponer desde el poder una versión partidista de la historia. Torpedo contra la reconciliación ratificada en la transición y contra la democracia y la monarquía actuales, pues ambas proceden claramente del franquismo.
d) Ataque a la igualdad ante la ley en nombre de la “igualdad de sexos” o “de género”. El marxismo negaba la igualdad ante la ley, base de la democracia, pretendiendo que lo importante era la “igualdad económica”. De ello resultó el atraso y brutales dictaduras en muchos países. Abandonado –pero no sustituido– el marxismo por el PSOE, la maniobra contra la democracia se efectúa invocando la igualación utópica de sexos, afortunadamente desiguales por físico, temperamento e inclinaciones. Uno efecto evidente es la corrosión de la familia, con sus secuelas de desintegración moral, violencia “de género”, etc. Tema necesitado de análisis en profundidad, como el realizado con el utopismo económico, que la izquierda ha debido dejar de lado.
Y esto pasa. De todo ello habrá mucho que hablar.
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LOS PROBLEMAS DE RAJOY
Frente a Zapo, Rajoy invocó "los problemas que preocupan a los españoles", "los intereses de los españoles", ya saben ustedes, las hipotecas y hablar inglés, básicamente, o sea, la nena angloparlante que el señor Futurista llevaba en el corazón y la cabeza. Parece que los españoles, incluido un alto porcentaje de los votantes del PP, pensaron de otro modo sobre sus propios problemas e intereses. Pero el Futurista no se da por vencido, y frente a la oposición interna del partido vuelve a la carga con el argumento. No hay ideas que debatir, porque él, desde luego, no las tiene, y sus posibles contrincantes no osan expresarlas ni argumentarlas: apelan a la democracia pero son incapaces de hacer uso de ella.
La línea de Rajoy y los suyos está ya lo bastante clara, me parece, hasta para los más ingenuos. La presión del descontento en el propio partido le obligará probablemente a algunas maniobras y concesiones aparentes, pero el asunto no tiene vuelta de hoja. Rajoy no representa la integración de diversas corrientes en el PP, sino el triunfo de una de ellas, casi seguro la más minoritaria, mediante una especie de golpe palaciego, o genovés).
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En El economista, el martes pasado:
CUESTIONES DE TÁCTICA
Señalaba Stanley Payne que comunistas y fascistas han empleado tácticas distintas para conquistar el poder. Los primeros han preferido el asalto revolucionario, mientras que los nazis optaron por llegar al poder legalmente para desde él destruir las bases de la democracia, explotando sus normas en un proceso de apariencia legal. Así procedió Hitler, especialmente, y así procede el actual gobierno de España. No otra cosa es su proceso de destrucción de la Constitución (“proceso de paz”), su alianza con las dictaduras del Tercer Mundo (“Alianza de civilizaciones”), su socavamiento de las bases de la monarquía y la democracia, a base de falsificar el pasado (“Ley de memoria histórica”), o su ataque a la igualdad ante la ley en nombre de la “igualdad de género”.
En la “cultura” socialista española los valores democráticos nunca han tenido ningún peso, aunque se invocaran a menudo, como se han invocado unos “cien años de honradez” perfectamente imaginarios. Marxista hasta hace relativamente poco, el PSOE renunció muy tardíamente a esa ideología, la más totalitaria del siglo XX; pero lo hizo solo porque los socialdemócratas alemanes le indicaron que con ella no alcanzaría el poder. No hizo ningún análisis teórico ni histórico ni sustituyó el marxismo por otra cosa. Y se ha inventado un pasado como si tal ideología no hubiera tenido ningún efecto; es más, como si hubiera tenido un efecto positivo.
Una política así exige métodos como el adoctrinamiento ideológico desde la infancia (“educación para la ciudadanía”), la eliminación de la independencia judicial (“entierro de Montesquieu”), el acuerdo con separatistas y terroristas, más el acoso y silenciamiento de sus víctimas directas o la intimidación de la sociedad (protestar significa “crispar”, oponerse a “la paz”) Etc.
Todo ello empuja nuestro sistema de libertades hacia una democracia bananera.
Después…
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26 de Abril de 2008 - 11:36:15 - Pío Moa
(Consideración al margen: ¿se han percatado ustedes de cómo el señor Rajoy lleva tiempo empleando como argumento, incluso como el principal, que él “está en plena forma para ser presidente”, que “quiere ser presidente”, que está decidido a ello y que lo haría muy bien, en suma? Argumentario infantil y contraproducente, alejamiento de la realidad y atisbo de una salud mental no tan en plena forma. La política, en cualquier caso, no se hace así. Rajoy ha sido un personaje nefasto que puede diluir al PP en la nada ideológica y llevarlo a la disgregación. Mientras, los Mayor Oreja, Aguirre y compañía, empeñados en disputar a los Arriolos y Sorayos los favores de Rajoy, en lugar de elaborar y establecer una alternativa. No se han percatado aún de que Rajoy es Arriola y Soraya ¡Qué perspicacia y altura política! Dan por perdida la batalla antes de empezarla)
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Hace semanas el recogenueces Ibarreche fue a dar una conferencia en una universidad useña. Se levantaron protestas entre españoles de allá, que al final terminaron en nada. De lo que se trata es de aprovechar tales eventos para lanzar una campaña de información a la opinión pública, en este caso useña. He aquí el texto de una conferencia que di en centreos universitarios de Varsovia y Cracovia, y que podría servir, probablemente. Pues la mayor parte de la gente, en la misma España, apenas sabe nada de las doctrinas e historia de estos nacionalismos, pese a su creciente peligro.
LOS NACIONALISMOS CATALÁN Y VASCO EN LA HISTORIA
Razones de su expansión
Trataré aquí de sintetizar las ideas de estos movimientos, así como su actuación a través de ciertos sucesos clave que manifiestan su carácter y papel político. Tales nacionalismos se definen, lógicamente, en relación con España, tenida por el enemigo a derrotar en el nacionalismo vasco, y negada simplemente en el catalán. Son un fenómeno históricamente reciente, pues nació a finales del siglo XIX, cobró impulso con el "Desastre" de 1898 y desde entonces se configuró en Cataluña y en Vascongadas como un factor importante en la vida política española, excepto durante las dictaduras que ocupan casi la mitad del siglo.
Estos movimientos derivan de los regionalismos, productos del Romanticismo del siglo XIX, con su exaltación de algunas tradiciones, del "espíritu popular" y de la Edad Media. Los regionalismos arraigaron en varias partes de España, pero sin tono antiespañol, y sólo en Cataluña y País Vasco derivaron en nacionalismos fuertes. ¿Por qué ocurrió así, y no prendió algo similar en Galicia --donde el nacionalismo ha tenido poco empuje--, o en Valencia, Baleares, Andalucía, Canarias, etc., donde el nacionalismo pudo haber explotado motivos lingüísticos u otros? Una explicación suele hallarse en el empuje industrial vasco y catalán. Sin embargo es obvio que el nacionalismo no tuvo nada que ver con las industrializaciones, ambas anteriores a él, y que las habrían perjudicado seriamente, al romper el mercado español. La burguesía catalana mostraba celo españolista en pro del mercado, y el nacionalismo vasco exaltó más bien una idealizada sociedad rural y bucólica. La industrialización influyó, pero lo hizo de modo indirecto, como un sentimiento de superioridad bien explotado por los nacionalistas. Como observa Cambó, "El rápido enriquecimiento de Cataluña (…) dio a los catalanes el orgullo de las riquezas improvisadas, cosa que les hizo propicios a la acción de nuestras propagandas"(1). Es decir, los nacionalismos fomentaron y explotaron ese sentimiento de orgullo, combinándolo con otro de victimismo, pero no fueron, desde luego, los causantes de aquella riqueza.
Otra explicación podría estar en la memoria de los antiguos fueros. Pero en realidad de ellos quedaba en Cataluña, en el siglo XIX, poco más que un rescoldo sentimental, y su abolición por Felipe V había derivado algo más tarde en la recuperación económica catalana, al abrirle de lleno los mercados del resto de España y de América. En Vascongadas, la abolición de los fueros en 1876, a causa de la guerra carlista, también facilitó la expansión industrial vasca, y, como muestra Juaristi (2), la reivindicación foral tuvo escaso eco inmediato. No obstante, como motivo sentimental y político invocado a posteriori, no dejó de tener también cierta relevancia.
Suele aludirse asimismo a las peculiaridades culturales e históricas, a los "hechos diferenciales". Pero esas diferencias preexistían de largo tiempo atrás, y también en otras regiones, y no habían dado pie a tales movimientos. El catalán o el vasco corrientes, aunque conscientes de esas diferencias, se sentían españoles. Como recuerda Cambó, todavía en 1898, "cuando salíamos del Círculo de la Lliga de Catalunya, encendidos de patriotismo catalán, nos sentíamos en la calle como extranjeros, como si no nos hallásemos en nuestra casa, porque no había nadie que compartiese nuestras aspiraciones"(3). Aún más expresivo resulta Sabino Arana, con sus imprecaciones y amenazas a los malos bizkaínos: "El yerro de los bizkaínos de fines del siglo pasado y del presente (…) es el españolismo". "Nuestros padres vertieron su sangre en Padura (se refiere a una supuesta batalla de hace once siglos) para salvar a Bizkaya de la dominación española, por la libertad de la raza, por la independencia nacional. Nosotros ¡miserables! hemos vendido el fruto de esa sangre a los hijos de sus enemigos y hemos escupido al sepulcro de nuestros padres. ¡No sabían los bizkaínos del siglo noveno que con la sangre que derramaban por la Patria, engendraban hijos que habían de hacerle traición!". "Vosotros, cansados de ser libres, habéis acatado la dominación extraña" "Si no queréis abandonar esos caminos por donde os llevan los enemigos de Bizkaya; si os obstináis en ayudar al verdugo de Bizkaya (…) ¡Que vuestros nietos os maldigan y os execren!". "¡Cuándo llegarán los bizkaínos a mirar como a enemigos a todos los que les hermanan con los que son extranjeros y enemigos naturales suyos!" Y así sucesivamente. Arana nunca defrauda.
Observemos, además, que el ancestral sentimiento español de vascos y catalanes marca una diferencia clave con nacionalismos como los de Europa central, donde las minorías integradas en los imperios austríaco, turco o ruso, como los checos, los serbios, los búlgaros o los polacos nunca se sintieron austríacos, turcos o rusos. La integración del País Vasco o de Cataluña en España tampoco procede de invasiones o conquistas, como las de aquellos pueblos centroeuropeos, o la de Irlanda, Quebec, etc.
Por tanto, los factores señalados no explican gran cosa. Los nacionalistas supieron aprovecharlos, pero no conducían de por sí a una idea de separación. La impresión de que existía un caldo de cultivo muy favorable a los nacionalismos en Cataluña y Vasconia es difícil de sostener. Los apóstoles de las nuevas ideas trataban de oponer el sentimiento vasco o catalán al sentimiento español, cuando antes la gente no encontraba esas cosas contrarias, y, en realidad, desarraigar o debilitar en parte importante de los vascos y los catalanes el sentimiento hispano, requirió un esfuerzo muy arduo y una habilidad muy notable.
La tarea exigía dirigentes capaces y entregados, y creo que en buena medida el éxito de ambos nacionalismos se debe precisamente a eso, a que encontraron sus profetas, sus líderes fervorosos e iluminados, consagrados en cuerpo y alma a una misión a su juicio redentora. No encontramos en el nacionalismo gallego u otros a personajes tan enérgicos y diestros como Arana, Prat de la Riba o Cambó. Una tradición ya larga explica la historia por causas materiales más o menos cuantificables, pero en cuanto indagamos los hechos topamos siempre con imponderables como el carácter de los dirigentes. Por ejemplo, sin Lenin resulta inimaginable la revolución rusa, socialista en un país agrario y sumamente atrasado, cuando la mayoría de los propios jefes bolcheviques vacilaba ante el golpe revolucionario, si es que no lo rechazaba. El caso interesa porque son precisamente los marxistas quienes más han insistido en la primacía de las llamadas "condiciones materiales" u “objetivas”.
Tanto Arana en Vasconia como Prat de la Riba en Cataluña, muestran en sus escritos la convicción absorbente de haber descubierto una nueva luz destinada a alumbrar en lo sucesivo la marcha de los vascos y los catalanes. Cambó resolvió siendo joven consagrar sus energías y su notable inteligencia a la causa nacionalista, al punto de renunciar al matrimonio en aras de ella. Ese espíritu exaltado lo sintetizará Prat de la Riba en su célebre frase: "La religión catalanista tiene por Dios a la patria". Arana deploraba "cuán difícil y penosa es la labor que nos hemos impuesto, de soltar la venda que ciega los ojos de los bizkaínos!", pero advirtió en su discurso de Larrazábal que, si fracasara, abandonaría Vizcaya, y "si tan triste caso llegara, juro (…) dejaros también un recuerdo que jamás se borre de la memoria de los hombres". No sabemos qué recuerdo sería, aunque en su intención debía de ser terrible. En cualquier caso no cabe dudar de su determinación.
El antiespañolismo en Arana y en Prat de la Riba
Los métodos para desespañolizar a catalanes y vascos se parecieron. Un ataque inclemente a España o a Castilla, más una historia de agravios y, simultáneamente, un halago desmesurado a lo autóctono: "Había que saber que éramos catalanes y que no éramos más que catalanes", dice Prat, para lo cual debían combinarse "los transportes de adoración" a Cataluña con el odio a los supuestos causantes de sus males, los castellanos, pese a que Castilla había dejado hacía mucho de representar un poder hegemónico o director en España. "La fuerza del amor a Cataluña, al chocar contra el obstáculo, se transformó en odio, y dejándose de odas y elegías a las cosas de la tierra, la musa catalana, con trágico vuelo, maldijo, imprecó, amenazó". Había que "resarcirse" de una supuesta "esclavitud pasada". "Tanto como exageramos la apología de lo nuestro, rebajamos y menospreciamos todo lo castellano, a tuertas y a derechas, sin medida". O, como observa más sobriamente Cambó, "El rápido progreso del catalanismo fue debido a una propaganda a base de algunas exageraciones y de algunas injusticias: esto ha pasado siempre y siempre pasará, porque los cambios en los sentimientos colectivos no se producen nunca a base de juicios serenos y palabras justas y mesuradas" (4).
En resumen, escribe Prat: "Son grandes, totales, irreductibles, las diferencias que separan a Castilla y Cataluña, Cataluña y Galicia, Andalucía y Vasconia. Las separa, por no buscar nada más, lo que más separa, lo que hace a los hombres extranjeros unos de otros, lo que según decía San Agustín en los tiempos de la gran unidad romana, nos hace preferir a la compañía de un extranjero la de nuestro perro, que al fin y al cabo, más o menos, nos entiende: les separa la lengua". De creer a Prat, nadie entendía el español común fuera de Castilla, si acaso Andalucía o Canarias, y un catalán preferiría --o más bien debía preferir, de acuerdo con la nueva doctrina-- la compañía de su perro a la de un castellano, un gallego o un vasco. Su visión histórica resalta cuando opone "el gótico y el románico de nuestros monumentos" a "la Alhambra o la Giralda", como si a Cataluña la caracterizasen el gótico y el románico, y al resto de España la tradición árabe. Para él, "Bien mirados los hechos, no hay pueblos emigrados, ni bárbaros conquistadores, ni unidad católica, ni España, ni nada". Debía erradicarse lo que él llama la “monstruosa bifurcación de la conciencia catalana”, que hacía sentirse español al catalán. España no pasaba de ser un aparato estatal, sin sustancia de nación.
Tanto Prat como Arana se consideraban católicos fervientes, pero Arana va más allá que Prat, y exclama indignado: "¡Católica España! Y ¡afirmarlo ahora que cualquiera (…) lee periódicos y libros! (…) No es posible, en breve espacio, mencionar siquiera concisamente los hechos pasados y presentes que prueban bien a las claras que España, como pueblo o nación, no ha sido antes jamás ni es hoy católica".
Arana decía ver en la mayoría de los españoles "el testimonio irrecusable de la teoría de Darwin, pues más que hombres semejan simios poco menos bestias que el gorila: no busquéis en sus rostros la expresión de la inteligencia humana ni de virtud alguna; su mirada solo revela idiotismo y brutalidad". Ante tan lamentable hecho, el inteligente y virtuoso Arana clamaba entre asombrado y furioso: "euskerianos y maketos ¿forman dos bandos contrarios? ¡Ca! Amigos son, se aman como hermanos, sin que haya quien pueda explicar esta unión de dos caracteres tan opuestos, de dos razas tan antagónicas". Estas frases condensan el programa aranista: sustituir la amistad y fraternidad por una dura hostilidad. Así advierte al vasco renuente a sus doctrinas: "si el maketo, penetrando en tu casa, te arrebata a tus hijos e hijas para quitar a aquellos su lozana vida y prostituir a éstas… entonces, no llores". La raza bizkaína, "singular por sus bellas cualidades, pero más singular aún por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española, ni con la francesa (…) ni con raza alguna del mundo", "la nación más noble y más libre del mundo", sufría "humillada, pisoteada y escarnecida por España, esa nación enteca y miserable". Y fulminaba a sus paisanos: "Habéis mezclado vuestra sangre con la española o maketa, os habéis hermanado y confundido con la raza más vil y despreciable de Europa". En fin, "era antes vuestro carácter noble y altivo, a la vez que sencillo, franco y generoso; y hoy vais haciéndoos tan viles y pusilánimes, tan miserables, falsos y ruines como vuestros mismos dominadores", concluye con nobleza y generosidad peculiares.
No extrañará que Arana contestara con desprecio a los primeros tanteos fraternos del nacionalismo catalán: “Cataluña es española por su origen, por su naturaleza política, por su raza, por su lengua, por su carácter y por sus costumbres”. “Ustedes, los catalanes, saben perfectamente que Cataluña ha sido y es una región de España”. Por tanto, señala sin piedad: “Maketania comprende a Cataluña”, y para más claridad, “Maketo es el mote con que aquí se conoce a todo español, sea catalán, castellano, gallego o andaluz”. En consecuencia, aclaraba a lo nacionalistas catalanes, “jamás haremos causa común con las regiones españolas”. Naturalmente no excluía “entendernos en la acción definitiva” contra España, pero en todo caso, “jamás confundiremos nuestros derechos con los derechos de región extranjera alguna”.
Así pues, si España no existía, según Prat, o era tan irrisoriamente inepta y ruin como decía creer Arana, la misión que ambos se atribuían debía haber resultado muy cómoda. Y muy difícil, en cambio, explicar dónde había estado durante siglos Cataluña, o cómo se había producido la supuesta sumisión de los vascos. Pero estas dificultades nunca les preocuparon mucho. Sea como fuere, el halago exaltado a un grupo social, combinado con el señalamiento de un enemigo culpable de todos los males, sugestiona fácilmente a mucha gente, si se insiste en ello con tenacidad
*. Y así fue.
A estas campañas ayudó de forma decisiva el "desastre" del 98, como recordaba Cambó. Si en el terreno económico aquella derrota tuvo poco efecto, y el desarrollo español incluso se aceleró luego, supuso en cambio una profunda quiebra moral y psicológica, que dio alas a los movimientos radicales, desde el socialismo revolucionario y el anarquismo a los nacionalismos. Así fue posible que a los pocos años Prat asegurase, con alguna base: "Hoy ya, para muchos, España es sólo un nombre indicativo de una división geográfica".
Los programas del nacionalismo vasco y el catalán
Aun con estas similitudes, y con un nivel intelectual no muy destacable en ambos naconalismos, existen fuertes diferencias entre el programa nacionalista de Prat y el de Arana. El primero anhelaba "más que la libertad para mi patria. Yo quisiera que Cataluña (…) comprendiera la gloria eterna que conquistará la nacionalidad que se ponga a la vanguardia del ejército de los pueblos oprimidos (…) Decidle que las naciones esclavas esperan, como la humanidad en otro tiempo, que venga el redentor que rompa sus cadenas. Haced que sea el genio de Cataluña el Mesías esperado de las naciones". Ello no le impedía proclamar al mismo tiempo una vocación imperialista, pues el imperialismo "es el período triunfal de un nacionalismo: del nacionalismo de un gran pueblo". Cataluña debía convertirse en el elemento hegemónico de un imperio ibérico extendido desde Lisboa al Ródano, para luego "expandirse sobre las tierras bárbaras".
Claro que este programa, aparte de resultar ya anacrónico y, en su aspecto mesiánico, un tanto pintoresco, traería fuertes tensiones, quizá incluso bélicas, con Portugal y con Francia. Además, ¿qué autoridad moral podían tener los nacionalistas catalanes, tras proclamarse tan radicalmente distintos, para dirigir al resto de los españoles? Prat invoca “sentimientos de hermandad”, lo cual lo lleva por otro camino a la “monstruosa bifurcación” de la conciencia catalana que él quería eliminar. Y siendo tan diferentes y no habiendo recibido más que males de Castilla, ¿por qué no volcaban su entusiasmo fraternal con los franceses, en lugar de con los españoles? Por otra parte, ¿qué pasaría si el resto de España no aceptaba el liderazgo del nacionalismo catalán? Porque aunque Cataluña era la región con una economía más dinámica, no dejaba de ser una parte menor del país, y si veía al idioma español común como extranjero renunciaba al principal cauce de influencia. Sólo quedaba, en última instancia, intentar liderar y liberar a los llamados “países catalanes”, aunque los valencianos y baleares no mostrasen mucho entusiasmo al respecto.
A Arana, desde luego, ni se le ocurría pensar en los catalanes como vanguardia de los "pueblos oprimidos" o de cualquier otra cosa. Su plan, al revés del de Prat, propugnaba el autoencierro para el "pueblo más noble y más libre del mundo". La mayor distinción de los vascos, sería, después de la raza, el vascuence, "broquel de nuestra raza, y contrafuerte de la religiosidad y moralidad de nuestro pueblo", pues "donde se pierde el uso del Euzkera, se gana en inmoralidad". Por eso, "Tanto están obligados los bizkaínos a hablar su lengua nacional como a no enseñársela a los maketos o españoles". Nada, pues, de moralizar por vía lingüística a los maketos: "Muchos son los euzkerianos que no saben euzkera. Malo es esto. Son varios los maketos que lo hablan. Esto es peor" "Si nuestros invasores aprendieran el euzkera, tendríamos que abandonar éste, archivando cuidadosamente su gramática y su diccionario, y dedicarnos a hablar el ruso, el noruego". Etc.
Con todo su entusiasmo por el vascuence, la lengua materna de Arana era el castellano. De ella renegó, aunque la escribiera con no mal estilo. Dada la dificultad del idioma vernáculo, no debió de llegar a dominarlo, como indica su creación de la palabra Euzkadi, juzgada por sus seguidores un hallazgo genial. Según el político nacionalista Eguileor "el anhelo" de la "raza más vieja de la tierra (…) se condensa maravillosamente en una sola palabra, la que no acertó a sacar durante cuarenta siglos nuestra raza del fondo de su alma, palabra mágica creada también por el genio inmortal de nuestro Maestro: ¡Euzkadi!". El filólogo vasco Jon Juaristi observa que el término es un dislate, compuesto de “una absurda raíz euzko, extraída de euskera, euskal, etc., a la que Arana hace significar "vasco", y del sufijo colectivizador -ti /-di, usado sólo para vegetales. Euzkadi se traduciría literalmente por algo parecido a bosque de euzkos, cualquier cosa que ello sea". Ya Unamuno criticó la "grotesca y miserable ocurrencia" de un "menor de edad mental", que equivaldría a cambiar la palabra España por "Españoleda, al modo de pereda, robleda…" (5)
Y lejos del imperio ibérico de Prat, enseñaba Arana: "Si a esa nación latina la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo". Deseo lógico porque "aborrecemos a España no solamente por liberal, sino por cualquier lado que la miremos".
Otra diferencia es que el nacionalismo vasco será siempre muy derechista, salvo pequeñas variedades, hasta que en los años 60 del siglo XX se asiente una rama de izquierdas, en torno a ETA. En cambio al nacionalismo catalán, también de derechas al comienzo, le nacería pronto un sector más izquierdista, violento y radical. Con el tiempo, el nacionalismo de Cambó encontraría "en el patriotismo español la ampliación natural y complemento necesario del patriotismo catalán", en expresión de Valls Taberner en 1934 (6). Por el contrario, la izquierda acentuaba el talante separatista o al menos exclusivista.
También difería el estilo de las propagandas: bronco el de Arana, más solapado el de Prat, como él mismo advierte: "Evitábamos todavía usar abiertamente la nomenclatura propia, pero íbamos destruyendo las preocupaciones, los prejuicios y, con calculado oportunismo, insinuábamos en sueltos y artículos las nuevas doctrinas". En Prat y sus seguidores predominó un victimismo algo quejumbroso y sentimental, que conmemoraba derrotas históricas reales o supuestas, junto con un sentimiento de superioridad ultrajada. Este último sentimiento destacaba más en los sabinianos, con menos victimismo y mayor agresividad: Arana inició su predicación recordando nebulosas victorias bélicas o “glorias patrias” contra "el invasor español", y llamando con mucha claridad a renovar aquellas hazañas, aunque al mismo tiempo venía a privar a los vascos de otras glorias más demostrables, alcanzadas por ellos como parte de España y españoles.
Las ideas de Prat y las de Arana sobre España y sobre sus respectivas regiones son el substrato permanente de ambos nacionalismos, aunque los años les hayan traído matices o aditamentos. Por ejemplo, invocar el racismo se volvió tan impopular después de la II Guerra Mundial, que el PNV suele evitarlo, pero ese componente sigue muy vivo bajo algunas apariencias externas. También ha sido la teorización de Prat la que ha dado al nacionalismo catalán su ambivalencia y vaivén entre la idea de dirigir al conjunto de España y la de retraerse en exclusiva a Cataluña o a los “països catalans”.
Pese a los éxitos nacionalistas, el sentimiento español era y es muy persistente, por basarse en una historia compartida de muchos siglos, en una profunda mezcla demográfica y cultural, en el tronco católico de su cultura, en una densa interrelación económica, y en la conciencia de que la lengua común, pese a su origen castellano, no es patrimonio de ninguna región, pues todas han contribuido a darle forma. Además, la lengua común permite a las regiones comunicarse entre sí y ampliar a muchos países las relaciones y empresas de todo tipo. No extrañará que el propio Arana admita: "Hemos convencido a muchas inteligencias; hemos persuadido a pocos corazones. Lo cual demuestra, en último término, que ya no hay corazones en Euskeria. ¡Pobre Patria!". En cuanto a los nacionalistas catalanes, su flojera en varios momentos cruciales demostrará lo mucho que había de pose en sus maldiciones, imprecaciones y amenazas, que decía Prat.
La consecuencia inmediata de estos nacionalismos es doble. Por una parte tienden a separar y crear hostilidad entre los vascos o los catalanes y el resto de los españoles, y por otra dividen a vascos y catalanes en "buenos" y "malos", según acepten o no sus doctrinas, al modo como ciertos falangistas usaban el mismo criterio para distinguir entre buenos y malos españoles. Los nacionalistas se proclaman automáticamente representantes del pueblo, piense lo que quiera la mayoría de él. Ello tiene, desde luego, poca relación con la democracia tal como normalmente se concibe. Con tal enfoque, las elecciones, por ejemplo, son un método aprovechable, pero nunca serán admitidas las votaciones adversas. Ocurre algo parecido con los comunistas, autoproclamados representantes del proletariado, voten lo que voten los obreros, y que utilizan las elecciones de modo similar.
Estos nacionalismos no sólo alientan un sentimiento contra España, sino también contra el liberalismo: "antiespañol y antiliberal es lo que todo bizkaíno debe ser", adoctrinaba Arana, y el nacionalismo catalán fraguó en buena medida en círculos eclesiales que veían en el liberalismo una amenaza. Hubo también una raíz más o menos carlista., pues tanto en las Vascongadas como en Cataluña tuvo el carlismo fuerte influencia, y ante el triunfo liberal, algunos derivaron hacia el nacionalismo como una forma de salvar lo salvable del antiguo régimen. Sin embargo no debemos olvidar que el carlismo era muy españolista, y defendía los viejos fueros como propios de la unidad española, en contraste con el centralismo traído de Francia. Por lo demás, no hubo evolución nacionalista en Navarra, Álava y otras regiones y provincias donde el carlismo tenía profundas raíces.
También influyó en el antiliberalismo la llegada de trabajadores de otras regiones, a menudo desarraigados e ignorantes, alejados de la religión por el debilitamiento o pérdida de lazos familiares, la explotación y las condiciones de vida, con frecuencia miserables. En ellos prendieron las doctrinas socialistas y anarquistas que les prometían un mundo feliz y les señalaban un enemigo. Muchos vascos y catalanes de clase media veían en esa inmigración una fuente de inmoralidad, subversión y violencia, y, si bien se beneficiaban de ella, le oponían un pasado ideal de catolicidad y moralidad estrictas, aún persistentes en sus regiones, pero supuestamente perdidas en el resto de España. Buena parte del clero desempeñó un papel importante en el auge nacionalista en las dos comunidades.
En Vasconia, el PNV mantuvo un intenso antiliberalismo, que, en una rama de él, la ETA, concluyó en un revolucionarismo de tipo marxista. En Cataluña la evolución siguió otro rumbo: el nacionalismo liderado por Cambó evolucionó lentamente hacia un regionalismo españolista, y sus contradictorias aspiraciones, imperialistas y emancipadoras de los "pueblos esclavos", derivaron hacia un liberalismo templado. También hubo en Arana una evolución españolista hacia el final de su vida, pero quedó neutralizada por sus seguidores. El nacionalismo catalán de izquierda, de irregular trayectoria, cuajará en 1931, al fusionarse tres partidos menores en la Esquerra Republicana de Catalunya. Al comenzar la República, la Esquerra desbancó al catalanismo de derecha, y acentuó su nacionalismo hasta, a veces, un separatismo abierto. La Esquerra tomó un tinte jacobino, un liberalismo inspirado en la Revolución francesa, exaltadamente anticatólico y muy distinto del liberalismo conservador, de raíces más bien anglosajonas, por simplificar de algún modo.
Etapas en la historia de los nacionalismos
Repasaré ahora, aunque muy someramente, la historia de estos nacionalismos, transcurrida a través de cinco etapas generales: el régimen liberal de la Restauración, hasta 1923, la dictadura de Primo, hasta 1930, poco después la República y la guerra, hasta 1939; luego la dictadura de Franco, hasta 1975, y finalmente la democracia actual.
La Restauración permitió el nacimiento, expresión y organización de los nacionalismos. Entonces cobró protagonismo sobre todo la Lliga catalana, liderada por Cambó, con el programa de Prat de la Riba: dominar en Cataluña para convertir España en una confederación ibérica e impulsarla a un nuevo imperialismo. Pero el plan se mostró irrealizable. Lejos de dominar Cataluña, los nacionalistas se dividieron, y gran parte de la población apoyó a los anarquistas o a los republicanos, mientras que la participación en la política general española apareció pronto como una necesidad para la derechista Lliga, la cual influyó notablemente en la vida del país y participó en gobiernos. Alfonso XIII llegó a ver en Cambó un posible salvador de la monarquía liberal.
Con todo, el nacionalismo catalán jugó más bien como disolvente de la Restauración, desestabilizándola a veces, incluso en conjunción con grupos extremistas. Desde la crisis revolucionaria de 1917, el régimen sufrió un progresivo e imparable deterioro, acelerado por el desastre de Anual en Marruecos y el auge del terrorismo. Pero los enemigos de la Restauración, incluyendo al nacionalismo catalán, no ofrecían una verdadera alternativa a aquel régimen. Al final, como reconocerá Cambó, "se había destruido un artificio y no se había creado ni una realidad ni otro artificio que viniera a sustituirlo" (7).
Por su parte el nacionalismo vasco desplegó por entonces su propaganda y organización, desentendiéndose del resto de España. Su historia, en contraste con la del nacionalismo catalán, es más bien doméstica. Surgió en él una tendencia más autonomista, llamada "euzkalerriaca", que relegaba la secesión a un tiempo lejano, y otra más radical, llamada "sabiniana", pese a la última evolución españolista del fundador.
En 1923 la situación del régimen se hizo insostenible. Según Cambó, "toda la sociedad española vivía en plena indisciplina ", y los gobiernos y partidos habían perdido el respeto de la población, porque no eran respetables. Fue la crisis definitiva, y dio entrada a una nueva época, la dictadura de Primo de Rivera. Esta dictadura, dice el líder catalanista, fue causada "por la incapacidad de los poderes constitucionales para cumplir su misión". Más concretamente: "La dictadura española nació en Barcelona, la creó el ambiente de Barcelona, donde la demagogia sindicalista tenía una intensidad y una cronicidad intolerables. Y ante la demagogia sindicalista fallaron todos los recursos normales del poder, todas las defensas normales de la sociedad" (8). Quedó de relieve, pues, que los grupos antiliberales, incluyendo a los nacionalistas, habían logrado hacer la vida imposible al régimen que les permitía desarrollarse, pero no alzar una alternativa frente a él.
Siempre ha habido la convicción de que la Lliga catalanista impulsó o alentó el golpe de Primo. Pero después Cambó rehusó colaborar con la dictadura, aunque tampoco se le opuso, y el dictador reprimió los nacionalismos. Fue una represión suave, como la sufrida por otros partidos, salvo el comunista y en algunos casos el anarquismo. El PSOE colaboró con Primo. Éste admitió una amplia libertad de expresión, y no puso obstáculos a la publicación en catalán. Bajo la dictadura, se pasó de siete a diez diarios en catalán y aumentó considerablemente la publicación de libros en ese idioma. La célebre institución del "día de Sant Jordi", con el libro y la rosa, data también de la dictadura. En Madrid se produjo un movimiento de apoyo a la literatura y el idioma catalán. En el País Vasco fue proscrito el PNV, pero no la Comunión nacionalista, algo más moderada (9).
La resistencia u oposición nacionalista a la dictadura de Primo fue prácticamente nula, aunque hubo en Cataluña lo que algunos, exagerando mucho, han llamado "nacionalismo insurreccional", materializado en algún proyecto de atentado contra el rey, fácilmente desarticulado, y, sobre todo, en el suceso de Prats de Molló, preparado por Macià. Éste era un personaje apasionado y teatral, antiguo coronel muy españolista, convertido al secesionismo. Formó el partido Estat Catalá, y buscó apoyo en Moscú. Pero protestaron varios ricos catalanes emigrados en América, que le pasaban fondos, y el fogoso ex coronel hubo de distanciarse de los comunistas. Reclutó entonces un grupo de nacionalistas, anarquistas e italianos, a quienes concentró en noviembre de 1926 en Prats de Molló, cerca de la frontera, con el supuesto fin de invadir Cataluña y arrastrar a la población a la lucha. Arrestados sin problema por los guardias franceses, el juicio subsiguiente en París sirvió para promover un gran escándalo contra la España "negra" e "inquisitorial". En conjunto puede decirse que el nacionalismo en Cataluña, o en el País Vasco, apenas molestó a la dictadura y ésta tampoco lo reprimió gran cosa.
Los nacionalismos y la II República
La marcha del dictador, en 1930, provocó en toda España una carrera entre los grupos políticos por reorganizarse y conquistar posiciones. El movimiento principal fue la unidad en torno a la alternativa republicana, encabezada por los conservadores y ex monárquicos Alcalá-Zamora y Miguel Maura. La unidad tomó forma en el Pacto de San Sebastián, en agosto de 1930, suceso muy significativo, porque marca el comportamiento básico de ambos nacionalismos. El PNV permaneció al margen del Pacto, quizás por influjo del poco republicano obispo de Vitoria, Mateo Múgica. También se abstuvo Cambó, tras pronosticar a Ortega y Gasset que la república solo traería convulsiones.
Quienes sí asistieron fueron tres grupos catalanistas de izquierda, entre ellos Estat Català, de Macià, y dieron lugar a un primer encontronazo. Un enviado nacionalista, Carrasco i Formiguera, planteó la autodeterminación de Cataluña en cuanto la república se instaurase. Maura trató de demostrar a los nacionalistas "algo que estoy seguro que tenían bien sabido: que por tal camino se iba derecho a la guerra civil" (10). El acuerdo final, un "pacto de caballeros", preveía la autonomía a través de las Cortes, previo referendum en la región. En realidad, los catalanistas no creían que del pacto saliera la república
Sin embargo la república llegó, un tanto por sorpresa, en abril de 1931. Y de inmediato los nacionalistas vulneraron los acuerdos. Macià se había convertido en una especie de héroe popular, por efecto de una hábil propaganda, de redoblada eficacia en momentos de vuelco político. Su aventura en Prats de Molló no había tenido la menor repercusión en Cataluña, pero de pronto, dice Cambó, "Macià, a quien nadie tomaba en serio cuando hacía ridículas maniobras en Francia, se convirtió en un símbolo. La ida a Prats de Molló, que consistió en embarcar un día unas docenas de jóvenes uniformados en París, debidamente vigilados por la policía, para hacerse detener en Perpiñán, se presentaba como una gesta heroica a las cabezas calenturientas y las masas revoltosas" (11). Y fue Macià, cuyo partido se había unido a otros dos para formar la Esquerra, quien tomó el poder en Barcelona al caer la monarquía. Entonces, aprovechando el vacío de poder y la emocionalidad del momento, rompió el Pacto de San Sebastián y proclamó la República Catalana dentro de una imaginaria Federación Ibérica, se arrogó poderes de jefe de estado y nombró autoridades afectas. Tras nerviosas idas y venidas desde Madrid, el héroe de Prats de Molló renunció a la República Catalana, pero no a las medidas para imponer allí su poder efectivo. Prieto y otros sintieron el hecho como una grave deslealtad.
Un apoyo fundamental del nuevo poder en Cataluña fue la anarquista CNT, a la cual, a cambio, le fue permitido aplicar una sangrienta persecución contra obreros de otras ideologías. Sin embargo la luna de miel entre la CNT y la Esquerra se trocaría en odio y persecuciones al mostrarse los ácratas inmanejables.
Las primeras elecciones republicanas dieron una gran victoria a la Esquerra. La Lliga de Cambó sufrió una dura derrota, y aunque dos años después superará a la Esquerra en las elecciones generales, ya no tuvo ocasión de representar un papel decisivo en Cataluña.
El nacionalismo vasco siguió entonces una vía contraria al catalán de izquierdas, en su mayoría jacobino y anticristiano. El PNV reforzó su clericalismo ante los ataques a la religión comenzados apenas instaurada la república. Ello le atrajo el voto de muchos vascos de convicciones católicas, pero no especialmente nacionalistas, que vieron en aquel partido una defensa de sus convicciones más eficaz que en la dispersa derecha tradicional.
En el País Vasco la población se dividió en tres sectores, aproximadamente iguales: los nacionalistas, la derecha tradicional, muy a menudo carlista, y los socialistas, con grupos menores republicanos, ácratas, etc. El equilibrio entre los tres sectores permaneció estable en los años siguientes. En Cataluña hubo una división similar, entre el nacionalismo moderado y proespañol de la Lliga, el nacionalismo mucho más extremo de la Esquerra, y una masa de población ácrata. Los viejos partidos republicanos perdieron la mayor parte de su influjo, y los socialistas apenas lograron afianzarse. Entre los partidos menores, uno de ellos daría lugar al semitrotskista POUM.
La República provocó, en suma, un auge repentino de los nacionalismos catalán y vasco, por razones que no analizaremos aquí, pero muy relacionados, evidentemente, con la emocionalidad del momento y el descalabro moral y político de las derechas tradicionales. A ese auge le correspondió en el resto de España el de los republicanos de izquierda y el del PSOE. Este último resultó el verdadero árbitro del régimen, por ser el partido más fuerte y estructurado, gracias, paradójicamente, a su anterior colaboración con Primo de Rivera. Fue también un período de expansión del anarquismo.
La situación inicial de la república cambió en sólo dos años y medio. En las elecciones de noviembre de 1933 las nuevas derechas, agrupadas en la CEDA, más los republicanos moderados de Lerroux, ganaron ampliamente las elecciones. También la Lliga se rehízo y superó en diputados a la Esquerra. Pero la izquierda no aceptó la victoria derechista. Azaña y otros propiciaron un golpe de estado para impedir la reunión de las nuevas Cortes. La Esquerra, en retroceso frente a la Lliga, se colocó "en pie de guerra", como decía un editorial de su diario La Humanitat (12).
En los meses siguientes el PSOE y la Esquerra organizaron un golpe de fuerza contra el poder legítimo. El golpe se produjo a principios de octubre de 1934, al entrar en el gobierno tres ministros de la CEDA. Ésta, como partido más votado, tenía derecho no ya a participar, sino a presidir el gobierno, pero hasta entonces había renunciado, por calmar las tensiones políticas. Sólo decidió gobernar cuando la situación se volvió crítica y preinsurreccional, y aun entonces lo hizo en tres ministerios secundarios y con políticos que tranquilizasen a las izquierdas. Sin embargo éstas pretextaron que la entrada de la CEDA constituía un "golpe fascista", cosa falsa como ellos sabían de sobra, y se lanzaron a una sangrienta rebelión, que, antes de fracasar, causó numerosos muertos, sobre todo en Asturias, y un número considerable en Barcelona, Madrid y otros lugares, hasta un total de más de 1.300. Para desencanto de la Esquerra, la casi totalidad de los catalanes ignoró sus apasionados llamamientos a las armas y apoyó de hecho la legalidad constitucional.
Esa rebelión marcó la ruina de la república. Fue la ruptura del orden democrático y de la convivencia social, es decir, fue el comienzo de la guerra civil, como bien vio G. Brenan. Tras la derrota, la Esquerra y el PSOE pretendieron que se había tratado de una rebelión popular espontánea, en la que ellos habían desempeñado un papel secundario. Esa versión invertía la realidad, pues había sido la población la que espontáneamente había desoído el llamamiento bélico de los partidos. Hoy conocemos bastante bien los minuciosos preparativos insurreccionales de unos y otros. La Esquerra utilizó fraudulentamente las instituciones autonómicas para organizar una larga serie de acciones subversivas, y provocar entre la población un estado de ánimo propicio a la revuelta. También el PNV colaboró en las maniobras de desestabilización previas a octubre, formándose una extraña alianza práctica entre un partido en extremo clerical y otros dos en extremo antirreligiosos. Tal alianza se volvería a formarse en 1936, al reanudarse la guerra. Quedan pocas dudas, pues, de que la Esquerra contribuyó decisivamente a la destrucción del orden democrático y republicano, y que el PNV participó en esa destrucción en medida considerable.
Pese a su derrota de 1934, ni la Esquerra ni el PSOE cambiaron de modo significativo los planteamientos que les habían llevado a la rebelión. Al ganar el Frente Popular las elecciones de febrero del 36, los partidos de izquierda trataron de suprimir políticamente a la derecha, aunque cada uno con objetivos diferentes. Los republicanos de Azaña y los socialistas de Prieto querían reducir a la CEDA a la impotencia, a un papel testimonial y seudolegitimador del sistema, mientras los comunistas presionaban al gobierno para que aplastasen definitivamente a la derecha, lo que abriría las compuertas de la revolución. Por su parte, los socialistas de Largo Caballero veían en el Frente Popular una palanca para imponer cuanto antes la llamada dictadura proletaria. Estas actitudes se tradujeron en oleadas de asesinatos, asaltos a locales políticos y periódicos conservadores, quema de iglesias, desfiles intimidatorios de milicias, etc. Los líderes derechistas Gil-Robles y Calvo Sotelo fueron amenazados de muerte en pleno Parlamento cuando pidieron que el gobierno aplicase la ley y no permitiera la ley de la calle. Todo esto rompía la legalidad y la convivencia. Un sector del ejército fue preparando una rebelión. El 13 de julio, un equipo de policías y milicianos socialistas asesinó a Calvo Sotelo, escapando Gil-Robles por los pelos. Unos días después la derecha se sublevó, recomenzando la guerra. España quedó dividida en dos zonas, en las dos se vino abajo la república y las dos tuvieron que poner en pie sendos estados y ejércitos nuevos. El Frente Popular se proclamó republicano, por oportunismo político, pero nada tenía en común con la república del 14 de abril (13).
Los nacionalismos y la guerra civil
Como el golpe iniciado el 17 de julio dejó a los sublevados en pésima situación, las fuerzas izquierdistas y nacionalistas, dando por segura la victoria, comenzaron una pugna entre ellas por asegurarse cada una posiciones de poder frente a sus socios. Azaña narra en sus diarios cómo la Esquerra, nuevamente aliada con los anarquistas, usurpó los órganos del poder, rompiendo el estatuto e implantando algo muy próximo a la secesión: "Los abusos, rapacerías, locuras y fracasos de la Generalidad y consortes, aunque no en todos sus detalles de insolencia, han pasado al dominio público", escribe el 29 de julio del 37. Algunos nacionalistas han presentado estos actos como un modo de salvar la legalidad republicana, pretensión tan improbable como sus explicaciones, ya aludidas, sobre la rebelión de octubre de 1934.
Al PNV se le presentó un dilema: apoyar a los rebeldes, católicos como él, o al Frente Popular, que había desatado la más sangrienta persecución contra el cristianismo desde el Imperio romano. Un sector del partido optó p