Pío Moa

Despedida y cierre

19 de Diciembre de 2011 - 20:41:03 - Pío Moa - 0 comentarios

Amigos, la dirección de LD ha juzgado oportuno cerrar este blog.

   Muchas gracias a todos por vuestra atención y colaboración, y espero que pronto nos encontremos de nuevo en otro blog.

Salud social: La prostitución / César Vidal y el XIX español / Los hugonotes

19 de Diciembre de 2011 - 09:53:41 - Pío Moa - 62 comentarios

 Amigos, la dirección de LD ha juzgado oportuno cerrar este blog

   Muchas gracias a todos por vuestra colaboración y espero que nos encontremos probto en otro blog.

 

 

  (Sigo aquí la serie de artículos sobre salud social que venía escribiendo en la sección de columnas)  

La prostitución siempre ha existido y probablemente siempre existirá, como tantos otros fenómenos generalmente considerados indeseables, pero propios de la condición humana. Los intentos de erradicarla por completo siempre han sido vanos y contraproducentes, por lo que, a ciertos niveles, es probable que cumpla una función social equilibradora. Lo que permite caracterizar a  una sociedad como enferma en mayor o menor grado no  es la presencia de tales fenómenos inevitables,  sino su masividad. Leo en Por qué creo, de Vittorio Messori, que la prostitución es el mayor negocio actual, que mueve más dinero que el tráfico de drogas y el de armas juntos. No sé si se han hecho estudios serios al respecto, pero es seguro que en Occidente se ha convertido en un negocio gigantesco que incide sobre muchos otros, como la publicidad. Algunas oenegés han calculado unas 400.000 mujeres dedicadas a la prostitución en España, una proporción femenina muy considerable en las edades adecuadas para ejercer el oficio, y movería en pagos directos unos 18.000 millones de euros. Sin contar la prostitución masculina y homosexual, también en aumento. Dado el origen del dato, no son cifras muy fiables, pero es indicutible que la prostitución constituye un negocio en pleno auge desde hace bastantes años. 

   El negocio es en realidad mucho más amplio que el trato sexual directo y pagado. Va desde la pornografía o arte burdelario, y ciertos tipos de publicidad, al turismo sexual, el turismo pederasta, diversos tipos de cine y publicidad o gran parte de la telebasura;  y formas no detectables, pero muy reales, como la promoción profesional a cambio de favores sexuales. El negocio suele ir mezclado con los de la droga y diversos tipos de degradación y delincuencia.

  

    La expansión de la prostitución, como de la droga se ha debido en gran parte a la publicidad gratuita que le han ofrecido políticos, periodistas y formadores de opinión, que han querido aureolarla de un carácter “liberador”, “rompedor de tabúes”, de “inhibiciones”. La prensa “seria”, empezando por El País, obtiene considerables beneficios de la publicidad directa de la prostitución, así como del cine y la literatura más o menos pornográfica. La escritora Almudena Grandes ha sido convertida por los medios en una estrella artística, por poner un ejemplo, y lo mismo el director de cine Almodóvar. Lo sorprendentes es que se ofendan cuando se les define por lo que hacen, prueba de que no lo consideran tan normal y honorable como pretenden.

 

   La promoción indirecta de la prostitución opera ya desde la infancia en la educación progre, con la idea de que la sexualidad es básicamente una fuente de placer igualmente “normal” de cualquier modo que se la emplee. Obviamente, si va acompañada de un beneficio económico, miel sobre hojuelas, aunque esto no se explica abiertamente a los niños (es innecesario, una vez sentadas las premisas) . Desde el punto de vista “progresista”, la prostitución se limita a un contrato libre entre adultos, y el dinero “non olet”. Pero incluso la pederastia queda justificada, porque el placer sexual es perfectamente natural y legítimo y no puede perjudicar a nadie; los manuales de educación progresistas pueden considerarse una forma de promoción encubierta de la pederastia.

   

    Estas actitudes chocan directamente con la cultura cristiana, que siempre condenó la prostitución en nombre de la preservación de la familia y de la fidelidad conyugal, por lo que su extraordinaria expansión en la actualidad va de la mano con la descristianización social, así como, según  dije, de diversas formas de delincuencia, el aborto, etc.,  y más indirectamente de la degradación política. Dudo mucho de que la expansión masiva de la prostitución en todas sus formas, su presencia constante en la prensa y la publicidad y en las actitudes de muchos políticos y formadores de opinión, sean un buen índice de salud social o calidad de vida. Aunque se insiste mucho en lo contrario.

 

****http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/la-prostitucion-y-el-gobierno-56699/

 

 

****Observaciones sobre la pornografía anticatólica de Paz Vega.

 

1.-  Como dijo uno de los presentes, y coincido con él, se trata de una imagen pornográfica  (doblemente, diría yo, por tratar de mezclarse con la religión) La pornografía viene a ser “el arte de la prostitución”.

 

2.- La utilización del cuerpo por la actriz tiene el claro y deliberado propósito de ofender y provocar a los católicos en función de una ganancia publicitaria. Lógicamente, merece el mismo respeto que demuestra. Por otra parte los católicos y las personas con cierto sentido de la decencia debieran boicotear a la empresa productora del anuncio.

 

3.- La actriz ha cobrado por su desnudo ofensivo y pornográfico. Cuando hablé de putas, con lenguaje cervantino, me refería, más que a este caso concreto, a la amplitud de la costumbre de muchas mujeres de explotar comercialmente su cuerpo. Una industria, en la actualidad. Industria de prostitución que quiere presentarse como arte (y en cierto modo peculiar lo es, además de industria).

 

4.- Prefiero no extenderme sobre las observaciones de Cristina Cifuentes y Ester Esteban sobre la belleza del cuerpo de Paz Vega, como si ese fuera el tema, sobre que a una mujer no podía llamársele puta (¡! Según a qué mujer, claro)  o la reducción de la ofensa a “mal gusto”, pero exigiendo respeto para los ofensores… Cuando se respeta lo que no es respetable se pierde el respeto a lo que sí lo es, en una inversión de valores característica de nuestro tiempo. Así, es perfectamente lícito y habitual y premiable en especie, insultar a la Iglesia, a España, a la familia, a Franco… Y los insultones deben ser respetados.  Amén.

 

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Afirma  César Vidal: En no escasa medida, el siglo XIX español fue un desangramiento nacional provocado por el intento –no siempre feliz– de los liberales por crear un estado moderno y la insistencia de la iglesia católica por abortar esa posibilidad.

  

¿De verdad? El poco estimulante siglo XIX español fue un regalo de la invasión napoleónica, de carácter estrictamente contrario a la Iglesia. Hubo una resistencia no solo de gran parte de la Iglesia, sino popular, a unas reformas liberales bienintencionadas aunque sin mucho talento, que el pueblo identificaba con la Revolución y la invasión francesa, y sus destrozos. Por desgracia, en la mentalidad popular el liberalismo llegó a España como un acompañamiento de dicha destructiva invasión y en parte también del brutal comportamiento (saqueos, asesinatos, violaciones, destrucción de manufacturas) de los “aliados” protestantes ingleses. Por ello fue una tendencia muy minoritaria que tomó auge apoyándose fundamentalmente en el ejército y en capas minoritarias.

 

  Una muy dura guerra civil resolvió el asunto a favor de los liberales (las otras dos guerras carlistas tuvieron mucha menor importancia y las ganaron también los liberales). Por consiguiente, la inestabilidad de la época procedió en parte fundamental de las discordias entre la facción liberal moderada, más fructífera,  y la extremista, ansiosa de imitar a la Revolución francesa y autora de persecuciones y matanzas de religiosos. De ahí provino la plaga de los pronunciamientos, los espadones, las conspiraciones masónicas hasta derivar a una I República desastrosa que estuvo a un paso de destruir la nación española en una triple guera civil.

 

  El antagonismo creado entre amplios sectores de la Iglesia (y del pueblo) y los liberales, entró en vías de arreglo con la Restauración, un liberalismo moderado en relación bastante buena con la Iglesia y con el Vaticano. El “desangramiento” fue así contenido. Había sectores católicos muy reaccionarios, pero minoritarios y sin influencia política, a los que don César trata de dar un protagonismo definitorio, con poco respeto a la verdad.  Y la Restauración se vino abajo precisamente por el surgimiento de mesianismos ateos o ateoides, enemigos frontales de la Iglesia. Mesianismos inspirados, en gran medida, en la propaganda protestante de la Leyenda negra.

 

    Creo que don César debiera matizar algo más tanto sus esquemas históricos como su admiración un tanto beata y acrítica por el protestantismo, que, aunque a don César le cueste creerlo, tiene en su haber crímenes y desastres de cierta consideración.  Sin olvidar que hay cierto abuso en  hablar de protestantismo, cuando las doctrinas de Lutero han dado lugar a decenas o cientos de iglesias enfrentadas entre sí, a menudo violentamente y cuyo único común denominador es la aversión a la Iglesia católica, única institución, si no estoy equivocado, que ha permanecido dos mil años superando a menudo crisis extremas frente a mil enemigos. Solo por este hecho debiera ser enfocada esa Iglesia con más precaución y menos “alegría” de la que suelen haber tenido sus muchos enterradores; que han terminado al final enterrados.

 

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 Sobre el peligro del que salvó a España Felipe II, en Nueva historia de España:

Durante la década de los sesenta la expansión protestante se hizo más agresiva a través del calvinismo, que se convirtió en  una potencia dentro de Francia, Escocia y Flandes. Se trataba de un movimiento internacional muy eficiente, con miles de personas fanatizadas entregadas al proselitismo y una destreza agitativa extraordinaria (se lo compararía en el siglo XX con la Internacional Comunista o Comintern). Los calvinistas emplearon la imprenta como nadie,  y puede decirse que la propaganda política moderna nació entonces, y en alta medida como propaganda antiespañola. 

 

    Los calvinistas franceses o hugonotes formaban una fuerte minoría infiltrada en la nobleza, la administración y la misma Iglesia, un estado dentro del estado. Por su hostilidad a España procuraron la alianza de Francia  con los turcos, la rebelión de los moriscos y apoyaron el bandolerismo endémico de Cataluña, subproducto de la opresión señorial. En 1560 urdieron el secuestro del joven rey Francisco II,  para apartarlo de la influencia de la casa de Guisa y aniquilar a los consejeros católicos. El complot, auspiciado por Luis Condé, de la casa de Borbón, pro calvinista, fracasó, pero los hugonotes lanzaron en más de veinte ciudades una oleada de destrucción de estatuas, reliquias, custodias y obras de arte sagradas para los católicos, provocando represalias de estos. En 1562, unas prédicas protestantes en tierras del católico Duque de Guisa, en contravención de acuerdos previos, derivaron en un choque con muerte de 23 hugonotes (Masacre de Vassy). El mismo año los calvinistas asesinaron a más de 600 católicos en Montbrison, mientras pedían soldados y dinero a Inglaterra, ofreciendo a cambio la entrega de Calais y Le Havre. Comenzaron así las  guerras religiosas francesas, plagadas de matanzas mutuas y nacidas del intento calvinista de ganar el poder para imponer desde él su religión, según el modelo de Ginebra. Las guerras durarían, con intervalos, 36 años, y afianzaron en Felipe II el temor a la herejía, por lo que redobló la vigilancia de la Inquisición y dedicó grandes sumas a defender  el catolicismo francés.

   

Inglaterra, de la que Felipe había sido rey consorte, evolucionaba bajo Isabel I  hacia el choque con España. Mantuvo al principio la neutralidad, pues le preocupaba la hostilidad de Francia y de Escocia, donde surgió una guerra civil entre católicos y calvinistas presbiterianos. La católica María Estuardo, reina escocesa, también aspiraba al trono inglés, respaldada por Francia, por lo que Isabel envió a Escocia un ejército que resolvió la guerra civil a favor de los rebeldes presbiterianos, que tomaron allí la voz cantante. En 1567, María abdicó y huyó a Inglaterra, donde, tras acusaciones  de conspiración, fue encarcelada y veinte años después decapitada por orden de Isabel. Aunque la reina inglesa tuvo a raya a sus propios calvinistas --los puritanos--, desde muy pronto amparó a los  franceses, además de lo escoceses, pasó a hacer lo mismo en Flandes y a patrocinar como negocio real la piratería contra los mercantes españoles. (...)

 

En Francia crecía la posibilidad de una victoria calvinista. Si la Francia católica ya había causado mil problemas a España, un vecino calvinista se habría convertido en una pesadilla. De 1560 a 1584 habían tenido lugar siete guerras religiosas, iniciadas, como vimos,  por los hugonotes al intentar tomar el poder secuestrando al rey.  Para 1563 los católicos habían ganado, pero no por completo. Hubo una paz con más tolerancia para los calvinistas de la que estos permitían donde mandaban, y Francisco de Guisa había sido asesinado, con toda probabilidad a instancias del jefe protestante Coligny. Guisa era muy querido en el país por haber frustrado a los tercios de Carlos I la toma de Metz, y haber reconquistado Calais a los ingleses. En cambio Coligny, vencido en San Quintín, había ofrecido entregar Calais y Le Havre  a Inglaterra, en pago por su ayuda.

     

El 28 de septiembre de 1567, con Flandes al borde de la primera rebelión, y quizá en relación con ella, los hugonotes Coligny y el borbón  Luis de Condé,  intentaron de nuevo secuestrar al rey, ahora Carlos IX, aún adolescente, y a su madre Catalina de Médicis, que a duras penas escaparon. El episodio pasó a la historia como La sorpresa de Meaux. Volvía la táctica calvinista de ganar el poder para aplicar el principio de que el pueblo debía seguir la religión de su príncipe. Al día siguiente, en Nimes, antes de saber el fracaso de la “sorpresa”, los hugonotes perpetraron una matanza de católicos, al grito de “Matad a los papistas. Por un mundo nuevo”; y ocuparon la ciudad de La Rochela y otras. Catalina retiró las anteriores concesiones a los protestantes y volvió la guerra, en la que los católicos se sentían arteramente agredidos por una minoría sin escrúpulos (los hugonotes no pasarían de un millón, en un país de veinte).

   

En Jarnac en marzo de 1569, Coligny fue vencido y Condé, principal jefe hugonote, muerto. Sucedió a este Enrique de Borbón, un adolescente, por lo que la dirección efectiva la ejerció su madre Juana de Navarra, calvinista que prohibió el culto católico donde pudo. Curiosamente, Enrique aprendió tarde el francés, pues se educó en una lengua afín a la española, y en un castillo cuyo lema rezaba Lo que ha de ser, no puede faltar, en castellano. Tras la derrota, los hugonotes fortificaron La Rochela y saquearon Tolosa y el suroeste de Francia. Coligny ordenó obrar “por las armas, el fuego, el pillaje y el asesinato”, de lo que sufrieron mucho los franconavarros católicos. Entraron entonces 14.000 calvinistas teutones  financiados por Isabel de Inglaterra. Los alemanes arrasaron más de doscientos pueblos del Franco Condado, entonces español, y de igual modo siguieron por Borgoña, saqueando hasta el histórico monasterio de Cluny. En agosto de 1570 alcanzaron un París mal guarnecido y obligaron a Catalina a aceptar cuatro plazas fuertes calvinistas –reforzamiento de un estado dentro del estado-- libertad de culto protestante y un humillante trato de “buenos vecinos, parientes y amigos” a los príncipes extranjeros que habían expoliado y matado a mansalva en el país.

  

En busca de conciliación, Catalina  propuso casar a su hija católica (y ligera de cascos) Margarita con el calvinista Enrique de Borbón, mientras Carlos IX, ya capaz de reinar, rechazaba participar en la campaña de Lepanto y decidía intervenir en Flandes de acuerdo con Coligny, a quien se otorgó una rica abadía que convertía al hugonote en pensionado de la Iglesia. Francia se hallaba casi exangüe, pero Coligny calculaba que el ataque a España le daría más poder y, para financiarlo, pidió una provocadora expropiación de la Iglesia. Los tercios aniquilaron la expedición francesa y Carlos IX pidió a los españoles que ejecutasen como piratas a los prisioneros, idos allí en cumplimiento de sus órdenes. Alba, indignado, los devolvió a Francia, donde Carlos se encargó de exterminarlos.

  

En agosto de 1572 se celebró en la muy católica París la boda de Enrique y Margarita. Coligny introdujo tropas adictas en la ciudad y creyó que esta “pronto” sería suya, como proclamó con arrogancia. Pero el 22 de agosto sufrió un atentado que le hirió de poca gravedad. La acción procedió de la acosada Catalina de Médicis y del duque de Anjou, futuro rey Enrique III, y remitía a una situación en que volvía a ser inminente una “conjura de Amboise” o una “sorpresa de Meaux”. Catalina convenció al rey para prevenir el golpe protestante mediante una represión general contra los hugonotes, y de ahí,  el 24 de agosto, la Noche de San Bartolomé en París, seguida en otras ciudades, con muerte de, quizá, hasta diez mil protestantes. Coligny fue asesinado en venganza por el anterior asesinato de Francisco de Guisa. Con todo, bastantes jefes hugonotes fueron perdonados, y el clero evitó brutalidades aún mayores.

   

  Carlos IX murió dos años después y le sucedió Enrique III. En 1575 Enrique de Guisa, hijo de Francisco, solo pudo rechazar parcialmente una nueva invasión de teutones que, devastando de nuevo Borgoña y otras zonas, llegaron, junto con los hugonotes, a las puertas de París. Enrique III, como antes Catalina, hubo de aceptar condiciones vejatorias. La justicia pasó en parte bajo dominio hugonote y el monarca reconoció, como actos realizados “para nuestro servicio”, la oferta de entrega de Le Havre y Calais a Inglaterra, y la de Metz, Toul y Verdún -- ganados por Francisco de Guisa a Carlos I--, a los protestantes germanos. Prosperaron los nobles católicos llamados “políticos”, que colaboraban con los hugonotes con vistas a atacar a España, y creaban en Francia regiones casi independientes. "Políticos" y calvinistas obtuvieron plazas fuertes y cargos clave. Los alemanes exigieron la enorme suma de seis millones de libras por liberar a sus prisioneros católicos y, al no poder pagarse pronto, se llevaron a su país al superintendente regio de finanzas y  a los rehenes, saqueando de paso los pueblos. Obtendrían el rescate, aunque no de manos del rey o los hugonotes, sino de los católicos. Nunca habían sido humilladas de tal modo la monarquía y la misma Francia.

   

Los católicos rechazaron los acuerdos  y formaron una Liga Santa, capitaneada por  el popular Enrique de Guisa. La historiografía ha solido tratar muy mal a este Guisa y a la Liga, tildándolos de “ultracatólicos” y de arrojar a Francia en manos de Felipe II. Esta acusación se convertiría en el leit motiv con que hugonotes y políticos pretendían arrastrar a los franceses contra un peligro inexistente. Pues, observa J. Dumont, no hay prueba de las apetencias españolas, y en cambio los hugonotes obtuvieron siempre  dinero y tropas de Inglaterra y Alemania a cambio de trozos del territorio francés, y fueron en dos ocasiones los protestantes tudescos quienes, aparte de asolar regiones francesas, impusieron condiciones mortificantes a los reyes en París.

    

Con diversas alternativas continuaron  las guerras civiles. En 1580, Francisco de Anjou, católico político, hermano y heredero de Enrique III al no tener este hijos, planeó una ofensiva conjunta de las potencias protestantes y los turcos en el Atlántico, el Mediterráneo y Flandes, para hundir de una vez  a España. Ello pareció excesivo al rey, que hizo detener al agente hugonote enviado a Turquía. Pero continuó el plan europeo mediante el ya visto ataque por las Azores y, meses después, en febrero de 1583, por Amberes, en poder calvinista y en la retaguardia hispana. Sin declaración de guerra, doce mil hugonotes fueron llevados a la ciudad por la  armada inglesa; pero allí Isabel, vacilante, retiró los barcos y, por causas no claras, los franceses fueron mal acogidos. Y mientras esperaban barcos que los retirasen, la población de Amberes realizó una nueva matanza de San Bartolomé contra sus presuntos libertadores, lo que determinó la renuncia de Anjou a la soberanía holandesa ofrecida por el de Orange. (Hay otros relatos de este confuso hecho, en todo caso una catástrofe para los franceses políticos y para los hugonotes. Al año siguiente sitiaría Farnesio la ciudad).

 

El socialismo del PSOE / César Vidal disparata, lamentablemente / Una estafa de la transición

15 de Diciembre de 2011 - 16:29:24 - Pío Moa - 227 comentarios

 ****Esta noche  me parece que estaré en VEO 7, sobre las 11,45, para hablar de Alcalá-Zamora.

   Cuando señalo que una de las bases de la colaboración del gobierno con la ETA ha sido la común ideología socialista, surge siempre algún irritante “enterado” arguyendo que el PSOE no es socialista y que su única ideología consiste en el “el poder”  o “el dinero”,  y que funciona como una agencia de colocaciones. Naturalmente, eso es cierto –si quitamos lo de “única ideología”—, pero ello no lo diferencia en nada del PP, de CiU o de la misma ETA. En realidad son obviedades sin el menor contenido analítico. Como si dijera que los socialistas son españoles nacidos en el siglo XX.  Esta clase de tonterías no solo se oye a improvisadores de tasca, sino también a sesudos analistas, embrollados en tópicos y generalmente no muy al tanto de la historia.

   

A los socialistas les interesa el poder… de su partido; el dinero… para los suyos; y la colocación… de sus dirigentes y afiliados. Es decir, que hay unas señas  de identidad que diferencian a los suyos de los ajenos. He aquí algunas:

 

a) Identificación con un pasado mitificado, y da igual que los militantes lo conozcan en detalle o no (casi ninguno lo conoce realmente): desde “los cien años de honradez” a un carácter democrático y oposición a las dictaduras, rasgos que nunca tuvo realmente el PSOE. De modo similar, el sórdido historial de los héroes del tiro en la nuca se presenta a los suyos como una lucha épica “por la libertad de Euskadi”.

 

b) Identificación o “solidaridad” con “los obreros”, “los pobres” o “los marginados”, “las mujeres”, “los homosexuales”, “los explotados del Tercer Mundo”, etc. Lo cual no está en contradicción con la corrupción y la acreditada afición al lujo por parte de sus jefes. Esas identificaciones y solidaridades funcionan como reflejos condicionados en la mente de millones de personas, debido a la tradicional incapacidad de nuestra derecha para desmantelar tales discursos. Y ahí reside el apoyo electoral del que viven tanto el PSOE como la ETA.

 

c) Un programa máximo basado en la teoría marxista de la lucha de clases, la más totalitaria del siglo XX. Con notable ignorancia se arguye que el PSOE renunció al marxismo en 1979. Renunció solo parcialmente, como he expuesto en La Transición de cristal, y aun esa parte renunciada no fue sustituida por ideas democráticas sino por derivaciones de la anacrónica causa obrera hacia los  marginales, la mujer, etc. Es un error creer que el programa máximo, lo conozcan en detalle o no los militantes, está de simple adorno. De un modo claro u turbio según las ocasiones, orienta las concepciones básicas y la  política del partido, aunque sea con muchos bandazos y rodeos.

 

d) Las anteriores concepciones, oscuramente totalitarias o al menos equívocas, chocan con la democracia liberal, es decir, con la democracia. No es casual, por tanto, que el balance de los dos períodos socialistas recientes en España haya sido la corrosión sistemática de la separación de poderes, una intensa manipulación de la historia, la recuperación de viejos odios (“lucha de clases”), una corrupción extrema y un desastre económico. Y, claro, la colaboración con ese otro partido socialista que es la ETA.

   

Hay otros muchos rasgos socialistas, pero con estos bastan, creo, para definir la cuestión.

 

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****Señor Moa: sus respuestas a César Vidal aparecen solo durante un día, mientras que los artículos de Vidal permanecen toda la semana. No me parece justo ni liberal. Por otra parte llevo años leyendo LD y he reparado en que sus artículos de opinión, que empezaron expuestos en la primera línea han ido descendiendo a segunda, luego a tercera, y últimamente aparecen ya fuera del “cuadro de honor”, sin fotografía. Doy por supuesto que eso se debe a que son cada vez menos leídos, cosa que lamento mucho, porque siempre me han parecido muy interesantes (…) Antonio Margarit Ropero.

 

 Lo de las réplicas a César Vidal se debe a que los blogs van pasando a segunda línea según aparecen otros, aunque quizá convendría discriminar entre los que abordan en un momento dado cuestiones más de fondo y los más pasajeros. En cuanto a lo segundo, el progresivo descenso creo que no obedece a falta de lectores sino a otras razones, que no comparto, y por lo cual he decidido dejar de enviar artículos a la sección de opinión. El de este blog sobre el socialismo iba a salir este fin de semana, pero lo he anulado.  

 

 

****Una de las mayores y más dañinas estafas ideológicas de la transición fue la equiparación de antifranquismo y democracia. Insisto, el antifranquismo fue totalitario, incluso por parte de quienes no se presentaban como comunistas o terroristas, aunque no dudaban en acercarse a ellos y admiraban al Che, a Castro o simpatizaban con la URSS. Ya he citado varias veces el caso revelador de la visita de Solzhenitsin a España. Y los (escasos) presos políticos en las cárceles de Franco no tenían nada de demócratas. Estos prosperaban en aquel régimen, sin mayor oposición real.

 

La estafa, mucho peor que las económicas que tanto excitan la indignación de la gente, fue posible gracias a un personaje superficial e ignorante como Suárez. El individuo renunció sin decirlo a los dos principios marcados por don Torcuato: de la ley a la ley, y no fortalecer al antifranquismo. Él trató de hacer olvidar de dónde venía la democracia y se empeñó en promover, incluso con dinero, a unos partidos nada democráticos de los que esperaba que le legitimaran a él mismo como demócrata. Incluso jugó a hacerse el izquierdista, hecho que hizo saltar por los aires a su propio partido y crear la situación que dio lugar al 23-f. Luego Fraga, hombre voluble bajo su aparienza feroche,  siguió por el mismo camino. Creo haberlo detallado en La Transición de cristal.

 

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   Hace tiempo, César Vidal me preguntó por qué perdía el tiempo replicando a quienes me atacaban. Y era verdad, no me criticaban, sino que me atacaban, generalmente con malas artes. Pero aún así, le contesté, la réplica, si se mantiene en un terreno racional, ayuda a aclarar las cuestiones o a matizarlas. Por otra parte, el debate es connatural al liberalismo, que no presupone, como muchos afirman, que todas las ideas y opiniones valgan lo mismo, sino que la verdad es difícil de alcanzar, rara vez la tiene nadie por completo, y la investigación, y la confrontación de datos y argumentos ayuda a descubrirla o a aproximarse a ella. Acercarse a la verdad cuesta mucho esfuerzo.

   

Por estas razones he estado replicado a las posturas de César Vidal, a las que tiene todo derecho, faltaría más, pero que sin réplica quedarían como posturas, si no oficiales al menos oficiosas, de Libertad Digital, lo que me parece peligroso. Máxime cuanto que no se trata de estudios serios y respetuosos con la historia, ni siquiera bien argumentados, como vamos viendo, sino de colecciones de tópicos del más rancio protestantismo ligado a la Leyenda Negra. De ahí, también, que me haya cansado un tanto recordar cosas que debían ser archisabidas a estas alturas. Por tanto me limitaré ahora a enlazar una crítica detallada de don Bruno Moreno, en que trata casi frase por frase los artículos de don César. Por otra parte, muchos comentarios en los artículos de don César y otros de lectores de este mismo blog me parecen  suficientemente explicativos:   

 

http://infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/1112130429-cesar-vidal-y-el-prejuicio-an

 

    También expondré próximamente un trozo de Nueva historia de España, donde hablo de las guerras religiosas en Francia organizadas por los hugonotes, de las que el gran rey Felipe II supo salvar a España... y en gran parte a la misma Francia.

 

 

****  http://historiademonesterio.blogspot.com/2011/12/promocion-de-navidad-2011-de-mi-libro.html

 

Significación de Gibraltar / En qué consiste la reconciliación

13 de Diciembre de 2011 - 14:08:11 - Pío Moa - 155 comentarios

 

   La jornada anunciada en este blog se publicitó con la reproducción de una pintura de  Augusto Ferrer Dalmau, considerado, dentro y fuera de España, como un gran pintor de paisajes urbanos y como el mejor pintor de batallas español actual, en una línea que cuenta en Cataluña con otros ilustres artistas, en particular José Cusachs. Como él mismo ha dicho certeramente, "Gibraltar tiene un pasado que la mayoría de la juventud desconoce –y lo que es peor, nada le importa--. Un pasado español que debemos recuperar en la conciencia de la gente",  a fin de asegurar un futuro en que esta espina no siga reduciéndonos a una posición vergonzosa en el contexto internacional.  

    Hubo intervenciones interesantes e inteligentes por parte de los ponentes, empezando por la de Santiago Velo de Antelo, analista político especializado en asuntos internacionales,  director de la revista Diplomacia siglo XXI  y autor del libro Llamada a una patria dormida, quien expuso la necesidad de aprovechar oportunidades de presión como la común pertenencia a la OTAN y a la UE o el Tratado de Lisboa, que la diplomacia española apenas ha explotado, y la necesidad de entender el posible arreglo como una negociación exclusiva con Londres, ya que los llanitos carecen de legitimidad histórico-política en la cuestión y, por razones obvias, siempre preferirán la situación privilegiada que les ofrece Inglaterra en perjuicio de España.

El historiador José Luis Orella hizo un detallado análisis   de una posible solución “china” para Gibraltar, semejante a la que ha llevado a la devolución de Hong Kong, poniendo de relieve su perfecta viabilidad y la hipocresía con que la diplomacia británica intenta en todo momento embarullar el asunto para impedir cualquier avance (antaño era el "régimen autoritario" de Franco, como si tales cosas hubieran importado a Londres más que como pretexto), en desafío arrogante a España y a las resoluciones de la ONU. Una línea casi contraria a la seguida por la diplomacia española, sobre todo con Zapatero (verdadero delincuente de alta traición –esto lo digo yo).

José María Manrique, coronel de artillería en la reserva y autor de numerosos libros sobre aspectos técnico militares y de historia reciente, el último de ellos sobre la persecución inicua al Valle de los Caídos, desgranó el interminable rosario de agresiones inglesas, el incumplimiento de todos los pactos y acuerdos (la “primacía de la ley”, que dice César Vidal) desde el mismo tratado leonino de Utrecht cocinado entre Londres y París. Agresiones que continúan hoy con absoluta impunidad y con expansión del territorio por aguas españolas. Sin olvidar el muy probable arsenal nuclear en que ha convertido Inglaterra la colonia. Hechos todos ellos prácticamente desconocidos por la opinión pública española, debido a la actitud de los políticos y de los medios de masas (más interesados en promocionar todo género de basura –esto lo digo yo)

   Guillermo Rocafort, doctor en economía y abogado, autor de estudios históricos medievales, expuso los condicionantes económicos, es decir, cómo el peñón es hoy un emporio de todo tipo de tráficos, contrabando de tabaco y de drogas, en paraíso fiscal con más compañías registradas que habitantes, haciendo de gran número de sus habitantes gente adinerada con propiedades en la España próxima --sin reciprocidad--, vacaciones en urbanizaciones de lujo, etc., una verdadera colonización económica del entorno partiendo de unos privilegios ilegales.

   Por mi parte insistí en que se trata de una cuestión de fuerza, no necesariamente militar, pero sí diplomática y política. Inglaterra puede insultar permanentemente a España porque los políticos españoles --exceptuando el cierre de la verja de Gibraltar durante el franquismo-- nunca han demostrado la menor voluntad real de recuperar el peñón ni de utilizar los muy numerosos medios de presión a su alcance.

Algunas intervenciones trataron de centrar el problema en la actitud de los llanitos y la conveniencia de “ganárselos” de algún modo. Esto, insistí, significa caer en la trampa tendida por Inglaterra e impedir de una vez por todas la descolonización y vuelta a España. Los llanitos deben ser tenidos en cuenta, pero no son en absoluto el punto central del problema y deben quedar al margen de la negociación bilateral, aceptando simplemente que no sufrirán persecución ni merma de sus derechos, bien sea a declararse españoles o ingleses (y entonces en calidad de extranjeros). Se habló del odio a España que manifiestan constantemente los llanitos, atribuyéndolo al cierre de la verja. El hecho real es que esa población no quiere en modo alguno la devolución de la colonia, y que cualquier medida seria que tome España a ese fin suscitará su odio más furibundo.

  Leí asimismo los puntos expuestos hoy en el suplemento de  Exteriores:

http://exteriores.libertaddigital.com/la-significacion-de-gibraltar-1276239673.html

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   Los irreconciliables.

    Una de las demagogias fariseas empleadas por la izquierda (¡y muchos de derecha!) para destruir el carácter del Valle de los Caídos es que debe ser convertido un monumeto de reconciliación y recuerdo de los caídos de ambos bandos, y para ello expulsar de allí los restos de Franco, que “no fue un caído”.

    Pero Franco fue quien ideó e hizo construir el grandioso monumento, que lo fue primero a la victoria sobre la revolución y luego a la reconciliación. Pero, ¿qué es la reconciliación? De ninguna manera puede consistir en una fraudulenta equiparación de quienes estuvieron muy cerca de destruir España y convertirla en un régimen a la soviética, con quienes, precisamente, salvaron a la nación y la base cultural cristiana. La reconciliación consiste en que los vencedores ofrecen a los vencidos la anulación  penal de las responsabilidades de la guerra y la integración en una labor común de reconstrucción y progreso del país. Las responsabilidades fueron anuladas poco después de la ejecución del chekista Julián Grimau, y ya mucho antes se había integrado en el esfuerzo común la masa de los vencidos, que no querían saber nada de una vuelta a las “delicias” del Frente Popular experimentadas en su carne. Al propio Valle de los Caídos fueron trasladados, con permiso de las familias como norma general, los restos de numerosos caídos del bando contrario.

    Por supuesto, siempre hubo irreconciliables, pero bajo el franquismo obtenían (mos) muy escaso eco popular, incluso en la época de mayores privaciones y represión, como demostró el nulo éxito del maquis. Los politicastros izquierdistas y separatistas nunca se reconciliaron, y gracias a la indecente renuncia de la derecha, desde Suárez, a la clarificación histórica  e ideológica, han conseguido crear un ambiente artificial de demagogia y una “ley de memoria histórica” totalitaria en su misma concepción, y de carácter pro comunista y pro etarra.  Y aún así, todo es un montaje artificial, como la campaña de los años 30 sobre la represión de Asturias, que envenenó al país y que he analizado en El derrumbe de la república.

   Al efecto me escribe Jesús Saiz:

 

Hablas de los " muchos inocentes entre los represaliados de la posguerra " (más o menos textual ). Pienso que ese sí que sería un trabajo encomiable de " memoria histórica " y no dedicarse a elogiar a los asesinos de la brigadas internacionales, los asesinos chequistas o los asesinos del maquis. ¿ Se podría hacer algo en este sentido ? ¡ Sería un contragolpe luminoso a la tergiversación y sectarismos suciatas-comunistas-marxistas !

 

Se podría partir de las reclamaciones creíbles y publicadas de las familias de los afectados. Es curioso el escaso número de descendientes que reivindican la inocencia de sus parientes en condenas injustas, algunos militares fieles a la república, algunos curas trabucaires desinformados, algún conocido notario...son la excepción. Incluso los descendientes de comisarios políticos,chequistas, brigadistas, maquisards y demás justamente enjuiciados y condenados por delitos de sangre, nunca protestan la bondad e inocencia de sus deudos, claros actos fallidos freudianos, nunca se refieren a un juicio injusto o a revanchas personales, hablan de " juicios sumarísimos " ( obviamente, jurisdicción excepcional en tiempos excepcionales como en todos los países ) " represión franquista o fascista ", " represión antidemocrática " o " contra los demócratas de la legalidad republicana ", " justicia sin garantías"...pero, insisto, las palabras inocencia y probidad no las usan.

  

Sería muy bueno para la " memoria histórica " que los casos de evidente inocencia y condena deleznable por motivos espúreos en la república, guerra civil y postguerra por el bando nacional, salieran a la luz con la correspondiente reivindicación de los atropellados y también, con la condena, siquiera simbólica , de los canallas que hollaron la justicia condenando a seres inocentes. Ya conocemos algunos sobre los que además se han escrito libros, pero faltaría un trabajo más amplio. Insisto en que un buen punto de partida, quizás el único a estas alturas, sería la propia queja de los afectados recogida espontáneamente o solicitada públicamente( " cuente usted su caso...", perdón por la pequeña frivolidad) conozco al menos cuatro jóvenes colegas historiadores y juristas que seguro que se unirían con gusto a esta investigación. de los " mayores " ya sabemos con quién se puede contar.

 

Jornada sobre Gibraltar / Debate (IX) Por qué yerra César Vidal / Autoridades judías y Holocausto

8 de Diciembre de 2011 - 11:03:15 - Pío Moa - 568 comentarios

 

 

El Instituto CEU de Estudios Históricos tiene organizado para el próximo lunes 12 una jornada dedicada a Gibraltar, con el siguiente programa:

18:30 a 18:40. Presentación de la Jornada por Pío Moa, Historiador y Ensayista

18:45 a 19:25. Presentación del número extraordinario de la revista Diplomacia Siglo XXI (Grupo Intereconomía) y el cuadro El último de Gibraltar del pintor Augusto Ferrer Dalmau y

1ª Conferencia-Mesa Redonda. Gibraltar tras el Tratado de Lisboa: Una situación anacrónica, por D. Santiago Velo de Antelo, director de la revista Diplomacia y autor del libro "Llamada a una Patria dormida". Vocales: D. Guillermo Rocafort, doctor en economía y abogado, y D. Lucas Molina, economista y doctor en historia, director del grupo Gallandbooks

19:30 a 20:00. Conferencia: Una solución “china” para Gibraltar, por D. José Luis Orella. Profesor de Historia Contemporánea (U. San Pablo-CEU) y director del periódico digital diarioYa.es

20:05 a 21:00. 2ª Mesa Redonda: “Gibraltar hoy y mañana” Presidente de Mesa: D. Luis Togores. Vocales: - S. Velo - J.L. Orella - Pío Moa- G. Rocafort - L. Molina

El 12 diciembre, 18:30 H, en el salón de actos de la Facultad de Humanidades de la Universidad San Pablo-CEU - C/. Juan XXIII nº 6, 8 y 10 (Metro: Metropolitano). Madrid

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Por qué yerra César Vidal

 

  La verdad es que no logro entender por qué César Vidal persiste en desacreditarse intelectualmente y perjudicar otros trabajos suyos más valiosos con esta serie de artículos disparatados, en los que revuelve topicazos, se despreocupa de las realidades históricas y sus cambios, saca conclusiones arbitrarias de la literatura y de las anécdotas, y muestra hacia algunos países una admiración tan beata como desprecio injustificado por el suyo. Todo para sostener que  el protestantismo constituye un cúmulo de bienes sin mezcla de mal alguno y el catolicismo, en especial el español, lo contrario. El problema es que incide en tópicos extendidos desde hace mucho tiempo, basados en la ignorancia sobre Europa, cuando no sobre nuestra propia cultura e historia, en la propaganda protestante de la Leyenda Negra y similares. Tópicos que debieran estar superados hace ya mucho tiempo, pero que persisten, como el de la lucha de clases del que sigue viviendo el PSOE, adheridos a la mentalidad común como la yedra que ahoga al árbol.

 

   Y no es que las denuncias de don César no tengan una base de verdad. Por supuesto, la tienen. Pero los defectos y vicios que él señala son universales y no es cierto que  sean exclusivos de España o que aquí se den de forma especialmente grave o que no haya, aquí y en todas partes, abundantes aspectos positivos que los compensan. Ni es cierto que sean una constante, pues cambian con la historia y los países.

 

   Por mostrar las carencias del método de don César, expondré unas experiencias particulares. Cuando tenía 17 años fui  haciendo autostop a Inglaterra donde trabajé en la recogida del lúpulo, de las patatas y en una fábrica. Sentía gran admiración por aquel país  y desdén hacia nuestras malas costumbres. Allí el lechero dejaba la leche a la puerta de las casas y nadie la hurtaba. ¡Qué pasaría en España…! Lo primero que me llamó la atención, ya en la descreída París, fueron anuncios en algunos lugares recomendando atención a los carteristas. ¡Caramba! ¿Tantos carteristas había en Francia? En Inglaterra no me sorprendieron menos los anuncios advirtiendo de robos en casas y la abundancia de medidas de seguridad. ¿Tanto robaban allí? No podía creerlo. En mi ingenuidad no me importaba sacar el dinero del bolsillo  a la vista de cualquiera, ¿cómo iba un inglés a pensar siquiera en…? Pero me robaron dos veces,  una mientras dormía en un albergue, aunque había allí muchos alemanes y franceses y no puedo saber sus autores. La segunda vez fue en mi taquilla, y tuve la casi seguridad de que se trató de dos ingleses, aunque no pude probarlo ante una policía que apenas se tomó interés (tendría más cosas que hacer).

 

Recuerdo que incluso en poblaciones pequeñas, al anochecer no había casi nadie por las calles, salvo grupos de jovenzuelos de los que convenía apartarse, ya que si pasabas a su lado te golpeaban o empujaban porque sí, valientes en grupo. Las muy escasas mujeres que transitaban a esas horas –no muy avanzadas--, andaban deprisa, y varias veces, al acercarme para preguntarles una dirección, me miraban con miedo, pese a mi aspecto poco intimidante, y aceleraban el paso. Aquello me dejaba perplejo. ¿Sería posible que en España hubiera cosas mejores que en Inglaterra?  No podía ser. Pero hasta las doce de la noche y más, aquí podía verse a mujeres circulando libremente y sin temor, y no cabía esperar que grupos de gamberros la emprendiera a empujones y zancadillas con los viandantes aislados. ¡Ah, y las peleas tumultuarias entre mods y rockers, o las escenas de histeria femenina ante los cantantes…! ¡Coño, esas cosas no pasaban en España, donde las peleas de bandas se limitaban a las "batallas" a pedradas de la infancia, y las chicas parecían más sensatas!

 

   Yo sabía que Inglaterra era un gran país de lectores, en contraste con España: solo había que ver la tirada enorme de sus periódicos. Pero al fijarme en  esa prensa de gran tirada, comprobé que se trataba panfletuchos ínfimos, sensacionalistas, de un lenguaje torpe e insidioso, centrados en crímenes, escándalos sexuales y miserias varias. También gran parte de los libros a la venta compartían tan curiosas virtudes. ¡Rediez! Mi admiración por aquel anglicano-puritano país descendió bastantes grados. ¿Es que tanto crimen y miseria sexual había, o la masa de la población inglesa no tenía otras preocupaciones?

  

Y me llamó la atención, asimismo, el contraste entre el talante más animado de los españoles, por ejemplo en el metro de Madrid, y el indiferente y a menudo tristón que pude obervar en el metro de París o el de Londres. No parecía muy feliz aquella gente. Es una observación subjetiva, desde luego, pero que también han hecho bastantes otros, incluidos extranjeros. 

  

También tenía el prejuicio de que los ingleses no mentían. Hasta que uno me propuso cambiar por un día mis excelentes botas españolas, para probarlas,  por un calzado suyo bastante inferior. Llegado un momento, el honrado chico desapareció con mis botas y no me fue posible encontrarlo. He presenciado otras mentiras e hipocresías de ese estilo.

    

    Por supuesto, tuve experiencias mucho más positivas, y aun aquellas me parecieron interesantes en mi afán de conocer el mundo. Pero a menudo las malas anécdotas nos causan mayor impresión, y de acuerdo con ellas y siguiendo al señor Vidal, podría concluir que los ingleses son rateros, embusteros, obsesos sexuales, abusones, violentos y agresivos hacia las mujeres. Y si fuera católico al modo como él es protestante, atribuiría tan lamentables rasgos a su mezcla de anglicanismo y puritanismo, después de haber aplastado con tremenda brutalidad a los católicos en el siglo XVI.  Pero creo que hay métodos de análisis de las sociedades algo más objetivos.

 

   Tiene razón don César, desde luego, cuando  señala que aquí  la mentira rampante de los políticos apenas es castigada. Pero su visión  al respecto de los países protestantes resulta demasiado beatífica. Aquí y en todas partes la política es en buena medida el arte de mentir o de provocar falsas sugerencias a la opinión pública, un arte rebuscado e hipócrita. Creer que en Suecia o en Usa o Inglaterra no mienten es de una ingenuidad infantil. Y no me refiero solo a la instrumentación por  la prensa de “gran tirada”, sino también a la seria. La manera en que la BBC, por ejemplo, miente sobre España, y aun más lo hacía en la época de Franco, es tradicional. Estoy dispuesto a admitir que nuestra clase política tiene mucho de chusma, sin por eso compartir la actitud reverente de don César hacia la de los protestantes. Y atribuirlo al catolicismo, cuando la inmensa mayoría de los políticos y periodistas se declaran irreligiosos y admiran casi tanto como don César a los países protestantes, resulta cómico. “La calumnia y la mentira, de Dios provocan la ira”, nos enseñaban en épocas más católicas.  

 

   En fin, estoy publicando algunos artículos sobre la salud social de España por comparación con otros países, y está claro que la mayoría de los protestantes nos superan en delincuencia, abortos, crisis matrimonial y familiar, etc.  Le conviene a don César explorar más esas estadísticas en lugar de repetir lugares comunes y tratar de convertir en  verdad absoluta su particular interpretación de la Biblia.

 

   ¿Y qué decir de la literatura? Ahí la distorsión y la caricatura alcanzan altas cimas. Don César cree que el género picaresco es solo español y define a  la España católica. ¿Pero es que este señor no ve el cine ni lee la literatura inglesa y useña? El crimen, el terror, el fraude, la pornografía y la golfería constituyen, cada uno de ellos, un género con abundantísima producción literaria y cinematográfica. Si uno siguiera el método de don César  concluiría impepinablemente que esas sociedades están moralmente estragadas sin remedio.      

   

   Un inciso sobre el respeto a la propiedad ajena y  la Desamortización, que recuerda algunas conductas protestantes. No olvidemos que el protestantismo se impuso expropiando violentamente tierras  y bienes que no pertenecían a sus señores, y en Irlanda el poder inglés se basó en el robo puro y simple de las tierras de los irlandeses. Cosas que nunca ocurrieron en España, al menos con tal violencia y con tan terribles efectos. La Desamortización no fue una expropiación ordenada e indemnizada, no fue liberal, por tanto, sino un simple expolio estatista por la fuerza, aunque con menos violencia que los protestantes. Y llenó el país de mendigos, lumpen  y bandoleros, aparte de provocar destrucciones sin cuento en el patrimonio histórico y artístico nacional –una tradición de nuestros “progresistas”, por lo demás--. Algo de ello he expuesto en Nueva historia de España.  Lamenta don César que posteriormente, como compensación y en distintas épocas,  el Estado haya ayudado a mantener el clero. Pero olvida, poco cristianamente, que la Iglesia ha sido durante mucho tiempo, y aún hoy, el único seguro de los pobres, huérfanos y enfermos para no caer en total abandono y morir de miseria. Y ello a un coste muy inferior al que suele emplear el estado en obras de ese género.

 

   Y pese a su aversión a la mentira, me temo que don César cae un poco en ella, como se muestra en esta crítica. Una lástima, y créanme que lo siento:   http://infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/1112071018-cesar-vidal-y-el-prejuicio-an#more14678

 

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**** Interpretaciones de Ansón:  http://blogs.periodistadigital.com/bokabulario.php/2011/12/07/p306602#more306602

 

 

 

**** Después de meternos en el euro y abocarnos a esta crisis ruinosa, todos predican que salir de él sería mucho peor. “Como una guerra”, auguran catastrofistas. Como si dentro del euro no hubiéramos llegado a esta ruina. Seguramente tendríamos que sufrir mucho, quizá más que permaneciendo en el euro, aunque pudiera ocurrir que tuviéramos que salirnos de él velis nolis. A cambio recobraríamos nuestra soberanía. Perderíamos lentejas a cambio de derechos. Una catástrofe inimaginable para nuestros políticos.

 

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Un problema moral.

 

   Hace tiempo tratamos por encima en el blog la colaboración de las autoridades judías en la Shoá, un complejo problema moral señalado por Hannah Arendt. Leo ahora en  El pianista del gueto de Varsovia, de Wladyslaw Szpilman:

 

 “Se proclamaba que los judíos teníamos que trabajar dos años en campos de concentración, donde recibiríamos “la formación social adecuada” que nos redimiera de ser “parásitos en el organismo sano de los pueblos arios”.  Tenían que ir los hombres entre los doce y los sesenta años, y las mujeres entre los catorce y los cuarenta y cinco. En el segundo decreto se establecía el método para inscribirnos y trasladarnos. Para ahorrarse molestias, los alemanes encargaron la tarea al Consejo Judío, que se ocupaba de la administración de la comunidad. Debíamos asistir a nuestra propia ejecución, preparar nuestra caída con nuestras propias manos, cometer una especie de suicidio legalizado. Los transportes tenían que salir en primavera.

 

   El Consejo decidió actuar de modo que se salvaran la mayoría de los intelectuales. Pagando mil zlotis por cabeza, el Consejo enviaba a un miembro de las clases trabajadoras judías como sustituto de la persona supuestamente registrada. Claro que no todo el dinero iba al bolsillo de los pobres sustitutos: los funcionarios del Consejo tenían que vivir , y vivir bien, con vodka y alguna que otra exquisitez”.

  

   Otra descripción del gueto de Varsovia:

 

En Nowoczesna podía ver todos los días esos productos de contrabando. Era un café frecuentado por ricos, que acudían allí cargados de joyas de oro y diamantes. Entre taponazos de champaña, busconas de llamativo maquillaje ofrecían sus servicios a los especuladores, sentados ante mesas repletas.  Perdí dos ilusiones en ese café: mi fe en nuestra solidaridad  judía y en su musicalidad. En el exterior de Nowoczesna no se permitían los mendigos. Los ahuyentaban gruesos porteros armados con porras. A menudo llegaban rickshaws cargados de hombres y mujeres ataviados con costosas lanas en invierno, y con suntuosos sombreros de paja y sedas francesas en verano. Antes de llegar a la zona protegida por las porras de los porteros, los propios clientes apartaban a la muchedumbre a bastonazos con expresión colérica. No daban limosna; en su opinión, la caridad solo servía para desmoralizar a la gente. Quien trabajara tanto como ellos ganaría lo mismo que ellos: cualquiera podía hacerlo y si alguien no sabía cómo ganarse la vida era culpa suya.

 

    Cuando por fin se sentaban a los veladores del amplio café, que solo visitaban por negocios, comenzaban a quejarse de la dureza de los tiempos y la falta de solidaridad que mostraban los judíos estadounidenses. ¿Qué se creían? Aquí estaba muriendo gente por no tener nada que llevarse a la boca. Sucedían las cosas más espantosas y la prensa estadounidense no decía ni palabra, y los banqueros del otro lado del charco no hacían nada por conseguir que Estados Unidos declarara la guerra a Alemania, aunque estaban en condiciones de presionar en ese sentido si así lo querían.

 

   Nadie prestaba atención a mi música en Nowoczesna. Cuanto más alto tocaba, más alto hablaban los asistentes mientras comían y bebían, y cada día mi público y yo competíamos por ver quién se imponía...”.

 

Dejo a los lectores las consideraciones que les sugieran estos párrafos sobre la condición humana –que no la judía--. Y mi aplauso a Israel.

 

 http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/holocausto-colaboracion-judia-y-los-aliados-el-fanatismo-no-rectifica-d-a-documental-ruso-10135/

Franco, dictador / Franco y el Valle / Ricardo de la Cierva / Realidad y Futuro de la UE.

5 de Diciembre de 2011 - 09:09:13 - Pío Moa - 321 comentarios

  

Autorizo, es más, animo a mis lectores, a difundir por diversos medios estos artículos, a sus círculos de conocidos, en otros blogs, etc.  Hace tiempo me propusieron valerme de Facebook o de Twitter, pero encontré que me quitaban demasiado tiempo. Ahora bien, muchos lectores pueden hacerlo por mí con mayor facilidad, si les place. Lean también la nota dedicada a Ricardo de la Cierva.  

                                                  ***

Pocas cosas más irritantes que la cretinada con que pretenden resolver la cuestión de Franco las antidemocráticas izquierdas igual que muchos derechistas: “Fue un dictador”. Pues sí, Franco fue un dictador  que venció a otros mucho más dictadores que él y que estaban llevando a España a una ruina total. Después de la desastrosa experiencia republicana, agravada al extremo por  el Frente Popular, prácticamente no quedaban demócratas en España. No hubo demócratas en las cárceles de Franco. Ni siquiera al final de su régimen había apenas demócratas en todo el país y los pocos que había solo hacían oposición de boquilla, vivían muy bien, prosperaban y eran tolerados por un régimen que restringía las libertades políticas (no las anulaba, como hacían los comunistas, que tanto gustaban entonces a casi todos los antifranquistas, incluyendo muchos clérigos), y permitía una libertad personal en varios sentidos superior a la de ahora, cuando un estado desorbitado y omnipresente se mete a regular hasta la moral privada de la gente. La oposición antifranquista real respondía al Frente Popular: eran (éramos) totalitarios. Y eso no ha cambiado: la democracia viene del franquismo y todas las amenazas a ella vienen del antifranquismo. Si por este fuera, no habría democracia posible.

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   En un programa de televisión señalé que los de la “comisión de expertos” sobre el Valle de los Caídos eran una banda de golfos, aunque solo fuera por haber aceptado un encargo del gobierno que ha llevado a España a la crisis institucional, nacional, moral y económica más grave desde el Frente Popular. Del mismo modo que Peces Barba se mostró en toda su abyección cuando aceptó servir a la ETA tratando de acallar a sus víctimas.

   Y que son unos golfos se revela en sus conclusiones:

a) Hay que sacar a Franco de allí, so pretexto de que no es una víctima de la guerra civil. ¡Parece como si el monumento lo hubieran construido ellos y así tuvieran autoridad moral para decidir quién debe estar y quién no! Esto es un nuevo acto hipócrita de latrocinio, en este caso moral e histórico, porque Franco fue quien ideó, promovió y, en definitiva, creó el grandioso monumento. Y le dio su carácter, primero de victoria sobre la revolución y la desmembración de España, y después de reconciliación. ¿Cómo pueden estos servidores de un gobierno sin la más mínima autoridad moral ni política, al que cabe calificar de banda de ladrones en más de un sentido y que ha llevado a España a la ruina, proponer este robo incalificable? Pero está en la tradición de quienes se identifican ideológica o políticamente con los que desvalijaron a media España durante la guerra civil. El monumento significa lo que significa históricamente y nadie es quien para apropiárselo y usurparlo, y menos aún una chusma política que reproduce todos los rasgos que detectaron Azaña y Lerroux en la de su tiempo (http://libros.libertaddigital.com/el-personal-republicano-1276231219.html)

 

b) Hay que restaurar el monumento, que está muy degradado. En efecto, pero esa degradación proviene del abandono y auténtico sabotaje a que lo ha sometido un gobierno de delincuentes, que además ha privado al monumento de sus visitantes, pisoteando derechos civiles elementales; y de ingresos, causándole (y al país) un grave perjuicio económico. Lo cual tendría que ser objeto de demandas judiciales. Pero los “expertos” (¿en qué?) se han abstenido, en su complicidad, de denunciar estos hechos.

 

c) Los “expertos” también olvidan la campaña de mentiras e intoxicaciones a la opinión pública y propuestas talibanescas que tan a la perfección retratan la bellaquería infinita de  este gobierno colaborador de la ETA y causante de la ruina de España.

 

d) También debe denunciarse la postura del PP, de meter el asunto en un cajón y parlotear de que “no interesa a los españoles”. Que sí interesa a los españoles lo revela el hecho de que en cuanto sale a colación saltan chispas por todas partes. Es a ciertos políticos a quienes no interesa, como no les interesa poner al descubierto mil corrupciones. Y desde sus posiciones de poder intentan dictar a los demás lo que conviene y lo que no.

 

e) Hago desde aquí un llamamiento –y no importa si, como es probable, cae en el vacío: la denuncia queda ahí—a crear alguna asociación para mantener vivo este problema y reivindicar  la figura de Franco desde un punto de vista democrático, distinto del que siempre exhibe la extrema derecha.

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El caso Ricardo de la Cierva.

 

Hace años escribí sobre Ricardo de la Cierva: http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/ricardo-de-la-cierva-el-erradicado-12021/  El caso refleja la miseria de la vida intelectual española en el páramo –este sí, de verdad— en que estamos metidos. Ricardo de la Cierva siempre contó con un número muy considerable de lectores, pero sus turbios enemigos han conseguido ir encerrándole en una especie de gueto. Las izquierdas mediante campañas de insidias y silencios, y la derecha mediante el ninguneo y diatribas como las de Javier Tusell, uno de los historiadores a la vez más trabajadores y más necios e inquisitoriales, que marcaba el rumbo a la derecha. Pero la causa fundamental del éxito de esa maniobras es otra:  la pasividad de sus lectores. En sumo contraste con la empeñada actividad de la izquierda por ganar a la opinión pública para sus monsergas, que terminan por convertirse en “verdades oficiales” y tópicos irrebatibles, gracias al apocamiento o apatía de quienes defienden, o se espera que lo hagan, versiones políticas e históricas más próximas a la verdad.

 

 

 

****Necesidad de asociaciones cívicas. La asociación de víctimas del 11-m, distinta de la subvencionada por el gobierno proetarra y encabezada por una comunista (nada mejor que nazi), se encuentra en graves dificultades económicas. Es precisa una reacción para impedir que se venga abajo después de su importantísima labor, que está muy lejos de concluir.

   Más arriba he indicado la necesidad de una asociación en torno a Franco y el Valle de los Caídos. Y sería muy conveniente otra en torno a Gibraltar. 

 

 

****Aznar liga la existencia de la Unión Europea a la supervivencia del euro.  Más bien es al revés: si no se desprende del euro, la UE quizá no sobreviva. Y si no sobrevive, tampoco  es ninguna catástrofe. Europa existió antes, durante y existirá después de la UE, que en cierto modo es un intento de barrer la verdadera historia y cultura europeas.

 

 

****Sarkozy anuncia un pacto con Merkel para “repensar y refundar” Europa”. Esto es la UE, no se equivoquen. Ellos son los que mandan y España, por ejemplo, no pasa de satéite de ese eje. La excepción es Inglaterra, mucho más segura de sí misma y tradicionalmente desconfiada de lo que se cuece entre Alemania y Francia.

 

 

La importancia de Franco / Debate César Vidal (VIII) ¿Primacía de la ley?

1 de Diciembre de 2011 - 09:21:42 - Pío Moa - 250 comentarios

   No podían despedirse personajes tan indignantemente  abyectos como el Zapo y su gente, causantes de la ruina de España,  sin perpetrar un último o penúltimo delito, propuesto por su comisión de “expertos”… en indecencias. Quieren trasladar a Franco, en contra de toda legalidad y legitimidad, de su tumba en el Valle de los Caídos alegando que no era un caído. El instinto de latrocinio está enormemente desarrollado entre esa gente, como han demostrado hasta la saciedad. El Valle de los Caídos es un creación de Franco, símbolo de su obra de reconstrucción y reconciliación nacional después de la orgía de odios, estupideces y crímenes que fue la república (lean a Azaña) y sobre todo el Frente Popular. Los que han llevado a España a la quiebra y colaborado con el terrorismo, quieren ahora robarle el grandioso monumento y su carácter, apoyándose en la auténtica industria de la mentira que es su antifranquismo impostado (pues los socialistas no hicieron oposición al franquismo, sino que prosperaron en él). Una sociedad que tolera tal mentira sistemática es una sociedad envilecida por unos políticos viles.

    Afirman estos antidemócratas y antiespañoles que tenemos al respecto una “asignatura pendiente” y la necesidad de la “memoria histórica”, mientras la derecha escurre el bulto diciendo que hay otras cosas de qué ocuparse. Pues bien, la memoria histórica, si así quiere llamarse, es muy necesaria, y de ella quienes van a salir peor parados, son precisamente los socialistas, principales responsables de la guerra civil entre otras muchas enormes fechorías. Sus monsergas solo pueden mantenerlas edificando un embuste sobre otro con apoyo de medios de masas que también son medios basura. En cuanto a la derecha, también es cierto que hay muchas cosas de las que ocuparse. Pero una de ellas, y muy importante, consiste en situar al franquismo en la historia real como factor de la victoria sobre la revolución y el maquis guerracivilista, y tantos otros beneficios, extraordinarios en varios siglos de decadente historia de España, sin los cuales la democracia no habría sido posible. Una democracia atacada sin tregua por terroristas, corruptos, enemigos de Montesquieu, separatistas y similares. Todos ellos, curiosamente, antifranquistas radicales cuando ya no existe Franco. El antifranquismo no es más que el disfraz del ataque fanático a España y a la libertad.

 

   Dicen que Franco es ya historia. Pues no: es plena actualidad, como se está demostrando. Y la sociedad seguirá enferma mientras no le reconozca sus méritos, insisto que extraordinarios en los  cuatro siglos últimos, y de los que tanto sigue beneficiándose el país entero: la paz, la unidad nacional, la prosperidad, la reconciliación y en último extremo la democracia. Justamente las cosas que intentan echar abajo los antifranquistas, desde De Juana Chaos a su afín ideológico y favorecedor  el Zapo, pasando por incontables bergantes y farsantes.  Los autores, repito, de la actual ruina de España.

 

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****Las cadenas españolas crecen en el exterior. ¿Son españolas? ¿Es española Zara? Si lo español tiene algún sentido, este es político o cultural. Culturalmente, la mayoría  no son empresas  españolas, sino anglosajonas, o lacayas. “Llanitas”, propiamente.

 

 

****Señor Moa:  oigo en varias emisoras parlotear a diversos “entendidos” sobre las últimas noticias del Valle de los Caídos, y me asombro que no le llamen a usted. Emisoras de la derecha, digo. En cambio parlotean, le repito, una serie de auténticos cantamañanas que no saben de qué hablan. ¿Cómo es posible? (…) Antonio Martínez.

 

  Bueno, me han llamado en TV13, en el programa de Nieves Herrero. Pero comprenda usted que en España hay miles y miles de expertos en Franco, la democracia y tantas cosas más. A los medios les resulta difícil elegir entre tal abundancia. 

 

 

****Rosa Díez: "Debemos reivindicar con naturalidad el nombre de España". Claro, porque nunca lo han hecho. En realidad las izquierdas, siempre juntitas con los separatistas, han hecho exactamente lo contrario. Denigrar y socavar a España.

 

 

****Los cineastas españoles elevan a la categoría de género las películas feministas. Género ínfimo, naturalmente. Como el resto del cine de los artistas de la zeja. Hacen bien.

 

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Es una verdadera lástima que César Vidal, que a menudo hace análisis políticos e históricos inteligentes, se vaya por los cerros de Úbeda en cuanto  sale a relucir el protestantismo. Dice, por ejemplo: No pocos españoles, a diferencia de la generalidad de los ciudadanos de esas naciones donde triunfó la Reforma, normalmente, siempre encuentran excusas para sí o para el sector al que pertenece a la hora de no someterse al imperio de la ley. Esta visión beatífica de sometimiento a la ley en los países protestantes puede constatarse mediante las estadísticas de la delincuencia. ¿Se atreverá don César a afirmar que hay en España más delincuencia que en países protestantes (o ex protestantes) como Alemania o Inglaterra? He expuesto en los artículos sobre la salud social, que España cuenta con una de las poblaciones penales más altas de Europa, sin que ello suponga que la tasa de delincuencia sea más alta que en otros países. ¿Significa ello más o menos "imperio de la ley"? En la admirada Usa protestante de César Vidal, el número de delitos y presidiarios es asombrosamente elevado. ¿Prueba el dato mucho respeto a la ley en esa sociedad, o lo contrario? ¿Y los índices en Inglaterra o Alemania?  Don César, además, no tiene en cuenta, como de costumbre, los cambios que se producen con el tiempo. No hace tantos años (unos 35), España era uno de los países del mundo con menos delincuencia y menos presos, muchos menos que los de los países "donde triunfó la Reforma". ¿Qué le parece?

  

Y ciertamente en España existe un desprecio por la ley, lo vemos a diario, y más en unas épocas que en otras, como ocurre en todos los países. Más acentuada en los últimos treinta años, supongo que los ejemplos están en la mente de todo el mundo y he puesto algunos en La Transición de cristal. Pero no siempre fue así. En la época de Franco, contra lo que don César sugiere enarbolando algunos hechos particulares, la ley se aplicaba de forma más segura que ahora. Y, repito, con mucha menos delincuencia y muchísima menos población penal no solo que ahora, sino que en los países protestantes.

 

  Asegura don César que el aporte jurídico de los españoles ha sido "el apaño". Esto no es una injusticia sino una sandez malintencionada, pues no creo que provenga de la ignorancia, y no vale la pena dedicarle más espacio. Cae asimismo don César en el mal método, que he señalado en Nueva historia de España, de utilizar obras literarias (El alcalde de Zalamea, Fuenteovejuna) dándoles un sentido socio-histórico totalmente fuera de lugar (los marxistas también lo han hecho a menudo). La literatura  trata generalmente sucesos no corrientes, extraordinarios, en los que se describe la condición humana; por eso una obra literaria lograda sigue teniendo el mismo valor en una época que en otra, así la Ilíada, por poner un caso, que ofrece una visión muy distorsionada de la sociedad micénica y al mismo tiempo nos dice mucho sobre el ser humano entonces y ahora.  Y por ese camino, don César podría plantearse por qué las novelas policíacas han nacido y se han desarrollado especialmente en los países protestantes, para narrar crímenes, utilizaciones fraudulentas de la ley, corrupciones, abusos y apaños de los poderosos, etc. ¿Indica ello que en esos países abundan especialmente  tales plagas? No estoy seguro. En cuanto a los crímenes de estado que atribuye a Felipe II, tengo la impresión de que han sido más habituales, precisamente, entre los protestantes. En Nueva historia de España recuerdo algunos, de los hugonotes o en Holanda, por no hablar de los de Inglaterra.

 

  Sus explicaciones sobre la actitud de Lutero hacia los judíos… Bueno, solo pueden  convencer a los ya muy convencidos.  Y la expulsión que proponía Lutero, en plan de aplastar a los perros rabiosos, no se pareció en nada al modo como se hizo la expulsión en España, infinitamente más legal y considerada que otras expulsiones en otros países. O que otras expulsiones no de judíos practicadas por los protestantes  Puede consultar el señor Vidal a Luis Suárez, a quien cito en Nueva historia de España. Es cierto que siguió habiendo judíos en los países protestantes, pero a menudo recluidos en guetos y privados de derechos cívicos (como lo fueron los católicos hasta tiempos recientes).

 

 Sobre la defensa de los judíos por los protestantes en la II Guerra mundial, pone el caso de Dinamarca, donde había pocos judíos; pero en Holanda, donde había más, la deportación y colaboración con los nazis alcanzó altas proporciones. Y en la propia Alemania, ¿dónde arraigó más el nazismo si no en las regiones protestantes, como bien sabe el señor Vidal?  Y quien más judíos salvó fue el Vaticano; por cierto que la católica España de Franco tmbién hizo su importante contribución al salvamento. 

 

     Don César nos dice, asombrosamente, que Calvino impuso la primacía de la ley. ¿Qué ley? “La Biblia”,  aclara. Lo cual significa tomar las Escrituras al modo del Corán por los musulmanes . Pero ¿cómo puede utilizarse la Biblia como ley, si ella admite muchas interpretaciones, y más en virtud del libre examen? Solo podía servir de ley si UNA interpretación, obviamente la de Calvino, se imponía como LEY.  Esa supuesta primacía permitió a Calvino quemar a Miguel Servet y a otras gentes,  en especial a gran número de “brujas” La quema de brujas se extendió masivamente en territorios protestantes y algunos católicos, pero la Inquisición las cortó rápidamente en España.  ¿Primacía de la ley?  ¿De qué ley? Aparte de que su interpretación de la Biblia le llevaba a proscribir el teatro (Shakespeare, por ejemplo, tuvo problemas para representar, por parte de los puritanos de Londres), el baile y hasta hizo sospechosa la risa. Cuando se habla de la ética del trabajo calvinista se olvida su carácter neurótico, obsesivo, nacido de una interpretación particular de la gracia.

 

   Pero vamos a mencionar algunos otros hechos que  don César pasa sistemáticamente por alto. En la patria del protestantismo, Alemania, la nueva religión no se impuso en modo alguno mediante ninguna primacía de la ley, sino mediante la rebeldía de numerosos grandes señores, estimulados por Lutero con la perspectiva de adueñarse de los bienes eclesiásticos, lo que hicieron con la mayor violencia y asesinatos. ¿Primacía de la ley? Pero cuando los campesinos sometidos a un yugo infernal se sublevaron, Lutero encontró que conculcaban la ley, puesto que se rebelaban contra sus señores, y llamó a exterminarlos con frases de increíble ferocidad. ¿Primacía de la ley? Y de nuevo, ¿cuál era la versión correcta de la Biblia si, según él, todo dependía del libre examen y la fe subjetiva de cada cual?

 

   Hay más: los conflictos y guerras civiles promovidos por los protestantes se solventaron, si así puede decirse,  sobre la base cuius regio eius religio, es decir, que allí donde habían vencido los príncipes luteranos tenían derecho a imponer su religión al pueblo, y ciertamente lo hicieron, mediante mil violencias. ¿Qué ley primaba entonces? 

 

    El propio Lutero llamó repetidamente a la rebeldía contra la Iglesia católica, que era la asentada y legitimada desde muchos siglos atrás y excitó a atacarla con la máxima saña, a lavarse las manos en su sangre, inspirándose en una interpretación del Evangelio (“no he venido a traer la paz, sino la espada”), con frases, nuevamente, de verdadero salvajismo. ¿Primacía de la ley?

 

   Podemos recordar asimismo cómo se impuso el anglicanismo, a base de innumerables crímenes y violencias, muchas más que las de la Inquisición y precisamente por un problema, digamos de bragueta, del rey, revelador de gran respeto a la ley.  A su vez, los señores sostenedores del anglicanismo ampliaron sus posesiones expoliando los bienes eclesiásticos y las tierras comunales, reduciendo a los campesinos a la más absoluta miseria. ¿Era aquello imperio de la ley o pura y simple tiranía?  Esta conducta fue seguida en muchas ocasiones en los siglos siguientes, y no digamos nada de su aplicación a Irlanda o Escocia hasta épocas próximas, dando lugar a hambrunas que pueden considerarse auténticos genocidios. U otras más recientes todavía, como la de Bengala. ¿La ley, de nuevo?  Nada de esto ocurrió nunca en España, si bien la desamortización de Mendizábal tuvo algunos rasgos de lo mismo. La persecución y privación de derechos a los católicos en esos países se mantuvo hasta tiempos recientes, a veces con crueldad espeluznante.

 

   Cabe decir, por otra parte, que el liberalismo surgió en parte como reacción a los excesos protestantes.  La Carta sobre la tolerancia, de Locke, trata precisamente, de limitar las persecuciones, con frecuencia brutales, entre los distintos grupos protestantes; y no extiende la tolerancia a los católicos, para quienes exige la lás dura intransigencia, por motivos, digamos “patrióticos”, ya que obedecían a un poder extranjero.  

 

   Por no hablar de la política de exterminio de los indios norteamericanos o de otras poblaciones aborígenes en Australia; o de las guerras del opio. O de las peleas entre la calvinista Holanda y la anglicana y en parte puritana Inglaterra por controlar el tráfico de esclavos. O la piratería, en la que la reina de Inglaterra tomaba desvergonzadamente su parte. Una vez más, ¿primacía de la ley? 

 

   Y todas estas cosas no son ninguna leyenda negra inventada a partir de las disparatadas invenciones de un fraile chiflado.

 

   Ahora mismo tenemos aquí el problema de Gibraltar, única colonia en un país europeo, donde la agresividad británica ha infringido sistemáticamente todos los tratados y leyes, y continúa haciéndolo. ¿Primacía de la ley?

 

  El hecho real que queda es que el protestantismo nació como un movimiento de rebeldía en extremo sanguinario, según justificaba el mismo Lutero, y que su concepción de “pueblo elegido”, “pueblo de los justos”, “la ciudad sobre la colina”, etc., ha sido el foco de políticas racistas y de exterminio. Podría reflexionar el señor Vidal sobre el hecho de que fue en la Alemania protestante donde más cundieron movimientos totalitarios como el marxismo o el nazismo, por ejemplo.

 

   Esto no es más que un breve resumen que podría ampliarse  y detallarse muchísimo más.

No quiero dar la impresión, como el señor Vidal pretende del catolicismo, de que estos masivos crímenes, se amparasen o no en leyes ad hoc, definen al protestantismo o lo caracterizan en exclusiva. En la historia de todos los pueblos y religiones hay episodios atroces, pero también hay cosas mucho mejores. Si recuerdo estos datos es porque el señor Vidal, en su afán de condenar a España por su catolicismo histórico, cae en un constante unilateralismo, y sería muy lamentable que muchas personas, llevadas de la ignorancia corriente sobre la historia, le creyeran  o sacaran conclusiones poco acordes con la realidad. Y me gustaría que el señor Vidal encontrase algunas razones para vacilar en sus dogmáticas interpretaciones, que tanto me recuerdan a mis tiempos de marxista-leninista. Vuelvo al principio:  es lástima, porque don César no se prestigia a sí mismo con semejantes tiradas. 

Suicidio demográfico / Europesetas / Debate (VII) César Vidal parece despreciar la historia

28 de Noviembre de 2011 - 13:47:04 - Pío Moa - 258 comentarios

  

****Ha publicado Alejandro Macarrón Larumbe un libro importante: El suicidio demográfico de España, que merece atenta lectura. Lo comentaremos más ampliamente.

 

 

****Europesetas: una propuesta original y discutible: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html

 

 

 

Cuando yo era comunista, tenía respuesta para todo. Sabía que la historia era una sucesión de conflictos, injusticias y crímenes, en suma, de explotación y opresión con algunos chispazos de genio “progresista”. Pero ese "relato de ruido y de furia” tenía un sentido, contra lo que pensaba Macbeth: se explicaba por la lucha de clases, que finalmente había derivado al enfrentamiento decisivo entre una burguesía necesariamente explotadora y un proletariado que, al derrocar al capital y emanciparse, emanciparía a la humanidad de sus males ancestrales. Así lo demostraban los países socialistas donde estaba abolida la explotación del hombre por el hombre, existía una básica igualdad de hombres y mujeres, todos con trabajo asegurado y acceso a la instrucción, donde  la ciencia había sustituido a la superstición religiosa y el pueblo se regía por una moral superior. Ante este esquema fracasaban todas las objeciones. ¿Que en los países socialistas habría “problemas”, incluso crímenes? Nada más natural, pues se trataba de una experiencia nueva y sin paralelo en la historia, y no podía salir todo a la perfección desde el principio; aparte del continuo sabotaje y agresión del imperialismo burgués. En cuanto a los aparentes éxitos del capitalismo, continuaban basados en la explotación y la superstición, la anarquía del mercado producía desastrosas crisis cíclicas, y  bajo una superficie brillante bullían tremendas desigualdades y miserias; y la sociedad se regía por una moral ínfima y engañosa, en la que el triunfo material lo era todo, a pesar de ser accesible, por su propia naturaleza,  solo a una pequeña minoría. Los hechos que discordaban del esquema eran descartados como irrelevantes o propaganda burguesa.

 

    A veces tengo la impresión de que don César Vidal sigue un esquema y enfoque análogos, inasequibles a los hechos históricos y con la dudosa metodología correspondiente. Para él, todo está en la Biblia, ya que esta es la palabra de Dios. Es decir, en una determinada interpretación, ya menos divina y más humana, de la Biblia. Así, las Escrituras habrían sido traicionadas y paganizadas por el catolicismo, para ser recuperadas en su pureza por los protestantes, y de ahí un sinfín de bendiciones que don César no se cansa de ponderar, en contraste con las miserias católicas que afligen a España.

 

   El señor Vidal interpreta la Biblia al estilo judeo-protestante (a pesar de las maldiciones y execraciones, a veces con tintes exterminadores, de los líderes protestantes hacia los judíos); cree que en la Biblia se  encuentra el espíritu y la bendición del trabajo (a pesar de que también encontramos en ella su consideración como un castigo y los esfuerzos humanos como pura vanidad); que allí  nace el pensamiento científico (a pesar de que este nace en Grecia y “renace” en la católica Italia, y que los judíos no destacaron en ciencias hasta tiempos recientes, y siempre adoptando un espíritu exterior, ajeno –aunque no opuesto-- a la Biblia); que las finanzas encuentran también el mismo origen (a pesar de que históricamente toman impulso en países católicos); que la alfabetización procede también de los judíos y los protestantes (olvidando hechos tan decisivos como la labor de los monasterios, de las escuelas catedralicias, o las universidades, todo ello creaciones católicas; o la expansión de la alfabetización no solo en los países católicos, sino también en otras religiones o ideologías, sin relación alguna con la Biblia). Y ahora encuentra la “primacía de la ley” como otra característica protestante en contraste con los países católicos y muy especialmente con España.

 

   Si uno hubiera de creer a don César, España habría sido de siempre un país de vagos, parásitos e ignorantes voluntarios y sumido, por tanto, en la mayor pobreza y en una ilegalidad rampante. Ya he explicado que solo hay una época, el siglo XIX, en la que España queda significativamente atrasada en el plano económico no solo por relación a algunos –no todos—  los países protestantes y a otros católicos, como Francia o Bélgica. El resto del tiempo ha estado entre los más ricos, y el bache del siglo XIX –debido en gran medida a efectos de la invasión napoleónica-- fue superado bajo el franquismo, cuando España vuelve a ingresar en el club de los países opulentos, cosa que parece llenar de pesar a algunos. En mi blog, el señor Lead  ha aportado algunas estimaciones generalmente desconocidas, que rompen uno de los mitos más difundidos, sobre todos desde la crisis moral del 98:

 

En efecto, la generación de riqueza se mide por el PIB (Producto Interior Bruto, suma de los VABs-Valores Añadidos Brutos de todos los sectores productivos). Y el PIB español ha sido, desde hace más de 2.000 años, uno de los 10 mayores del mundo (a veces de los 5 mayores), según las famosas series de PIB/GDP (Gross Domestic Product) retrospectivas del famoso economista (fallecido el año pasado) de la OCDE Angus Maddison:

http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_regions_by_pa...(PPP)


http://en.wikipedia.org/wiki/Angus_Maddison


Decir, así a pelo, que España "genera, relativamente, poca riqueza" sin dar un criterio cuantitativo suena frívolo. Y si el "relativamente" se refiere al PIB per cápita, veamos la otra tabla de Maddison (en dólares de 1990):

= En el año 1 dC, 498, el 3º del mundo, tras Italia y Asia Occidental.

= En el año 1.000, 450, el 2º del mundo (empatado con Italia) tras Asia Occidental.

= En el año 1.600, 853, el 5º del mundo, tras Holanda, Italia, Bélgica y Dinamarca.

= Desde el año 1.700 la renta per capita española se estabiliza en aproximadamente el 83% de la renta de la Europa a 12, cota que pierde después de 1.820 (año en que nos alcanza EE.UU.) y que recupera hacia 2003.

 

   Bueno, en realidad el 80%  lo recuperó en los años 60 del siglo XX con una CEE de 9 miembros.  Naturalmente, se trata de estimaciones, a veces toscas, pero ciertamente mucho más serias que los gruesos brochazos  del señor Vidal, y que bastan para echar por tierra las lucubraciones de este. ¿Cómo explica el señor Vidal tales datos, o cómo los rebate, si no está de acuerdo con ellos?   Tengo la  impresión de que ni se le pasa por la cabeza explicarlos o rebatirlos. Simplemente los desdeña, ya que no entran en sus esquemas previos, tal como yo, cuando era comunista, descartaba todo lo que podía hacer vacilar unas convicciones que imaginaba científicas.

  

Y por no alargarme, dejo para la próxima entrega del blog un pequeño análisis sobre la “primacía de la ley” que nuevamente, me temo, no es exactamente como nos la cuenta don César.  

 

 

****Escribe César Vidal:  Como en otras áreas, España había perdido siglos precisamente cuando más necesitaba por su condición de potencia no quedarse rezagada. Cuando, siglos después, intentó remontar esa situación lo hizo además en no pocas ocasiones con la mancha del sectarismo que no veía la educación como algo bueno per se sino como un instrumento de adoctrinamiento. ¿Cómo pudo ser España una potencia si el catolicismo, según él, la invalidaba en todos los terrenos? ¿Y cómo, siendo católica, recuperó su atraso del siglo XIX? ¿Y acaso los protestantes no utilizaban la Biblia, precisamente, como un instrumento de adoctrinamiento? La enseñanza en España y en casi todos los países, se impulsó antigua y modernamente al margen de la Biblia, precisamente como instrumento para adquirir muy diversos saberes.

 

  Veo que algunos niegan interés al debate planteado (quizá involutariamente) por César Vidal. Pero compruebo que  sí despierta un interés considerable, y debe ser por algo. Naturalmente, autorizo (y animo) a mis lectores a difundir estos artículos sin más requisito que citar su origen en este blog de LD.

 

 

 

Corrupción de menores / Regeneraciones necesarias / Culpas y crisis / Belicista Lutero

24 de Noviembre de 2011 - 21:19:09 - Pío Moa - 268 comentarios

   http://www.youtube.com/watch?v=qnMjanfWOzk&feature=related

                                                        ***

Otra miseria del mamarracho que se va: http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=35357

 

 

     Rajoy habla, justamente, de regeneración económica, aunque no explica bien cómo la conseguirá. Pero hay pendiente una regeneración democrática y nacional no menos, sino más importante. Todos deseamos que las aborde, pero, hablando con mucha gente, veo que su argumento se reduce al penseo (pensar según el deseo, wishful thinking). No analizan la experiencia ni las propias palabras de Rajoy, ni la clase de personal de que se ha rodeado. Por mi parte,  aun deseando lo mismo, soy de entrada muy escéptico. Ojalá los hechos me desmientan.

 

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Los poderosos, que incumplieron cuando quisieron los acuerdos de Maastricht, quieren ahora dictar la moral económica a los países deudores. Pero, debe insistirse, la crisis y sus resultados provienen tanto de los deudores como de los acreedores, por lo que todos deben pagar por ella.  Ahora Alemania propone un recorte mayor en la soberanía de los países europeos, pero sin eurobonos, que serían una forma de compartir los malos resultados de una pésima política económica aplicada por todos. El euro ha sido, en definitiva, el resultado de la obsesión de las oligarquías burocráticas por acelerar una unidad política bajo el santo y seña del becerro de oro, al que se sacrifican la historia y culturas de Europa. La obsesión europeísta por una Europa antieuropea.

 

  Fueron poquísimos los que vieron a tiempo la trampa cuando surgió el euro, uno de ellos el señor Rodríguez Calaza: “es muy bueno para Alemania y malo para España" porque, entre otras cosas, nos sujeta a decisiones ajenas y nos deja sin margen de maniobra frente a ellas. Leo ahora en el libro de  Mario Conde De aquí se sale (no es que yo esté muy de acuerdo con el autor, pero en un tiempo de incertidumbre como este conviene tantear por aquí y por allá): “Recuerdo aquel anuncio que me crispó. Se emitió, me parece recordar, en plena campaña electoral del 2000. Se veía a un par de personas mayores, hombre y mujer, jubilados, y el hombre le decía a la mujer algo así como esto: Con el euro ya no tenemos que preocuparnos por nuestras pensiones porque ya estarán para siempre grarantizadas”.  La verdad es que, a la vista de la experiencia, el anuncio dice mucho sobre la calidad de nuestros políticos y sobre otras cuestiones. El mensaje subyacente, tipo Esaú, es que los españoles somos indignos de confianza, que más nos vale vender nuestros derechos, nuestra soberanía, por el proverbial plato de lentejas,  porque otros defenderán mejor nuestros propios intereses.  Y aunque nos quedemos luego sin las lentejas, los esaús de turno, que son muchísimos, siguen incapaces de sacar conclusiones de la experiencia. A más de un amigo he oído decir: “¿Tú imaginas lo que sería un Zapatero a cargo de la máquina de hacer billetes? Mejor que la cosa quede en manos de Alemania”. Aunque, en manos en Alemania, hayamos llegado a lo que hemos llegado. Da igual. El desprecio hacia España, pues en el fondo se trata de eso, origina tales “conclusiones”, ajenas a la sensatez y a la experiencia histórica.

 

   Ahora The Economist saca un abusivo estudio comparando a los países del centro-norte de Europa con los del sur –abusivo, entre otras cosas, porque estos son bastante diferentes entre sí--, para sugerir la misma lección: los del sur “no valen” y lo más sensato es que dejen las riendas en los del norte, que marcan el camino, y se esfuercen en imitarlos.  La cosa no es tan sencilla, porque también los países del norte afrontan muy serias dificultades, una de las cuales, pero no la única, la dificultad de cobrar unas deudas que ellos mismos han fomentado. Sin duda es un pecado endeudarse alocadamente, pero no lo es menos prestar de modo alocado (entre otras cosas, para facilitar la exportación de sus productos). Por otra parte, ¿qué decía The Economist cuando España creaba tanto empleo como el resto de Europa junta y solo se hablaba de “círculos virtuosos”?  Todos sabemos analizar muy bien las situaciones después de que se produzcan… y arrimar el ascua a nuestra sardina.

  

   En otra discusión ponía yo en duda que hubiera sido un acierto entrar en la CEE (lo he argumentado también en La Transición de cristal).  Mi opositor meneaba la cabeza: ¡cómo se podía sugerir tal herejía! España no tenía más remedio que entrar en la CEE, porque nuestro comercio con ella era mayoritario, de otro modo quedaríamos aislados y males por el estilo. Le contesté que siempre nuestro comercio había sido mayoritariamente con Europa occidental, no era ninguna novedad, y que sin estar en la CEE, luego UE, España, lejos de verse aislada, había crecido durante catorce o quince años más rápido que ningún otro país del continente. La necesidad supuesta no nacía de ninguna exigencia económica, política ni histórica, solo de una  “necesidad” psicológica un tanto neurótica: el autodesprecio y desconfianza en nosotros mismos. Durante aquellos años crecimos,  además, con una economía sana, mucho más sana desde el punto de vista liberal, ya que lo hicimos con estado pequeño y bastante eficaz. La entrada en la CEE-UE ha venido acompañada de una expansión elefantiásica del  estado y una dependencia mucho mayor del exterior, una pérdida de soberanía que complace a nuestro numerosísimos esaús, pero no debería hacerlo a cualquier persona sensata y consciente de la propia cultura e historia. Y nos hablan del tremendo coste de salir ahora del euro. Sin duda sería tremendo --como consecuencia de la neurosis “europeísta”--, pero ¿no lo está siendo la permanencia en él? Me recuerda la postura que teníamos los marxistas: la realidad no contaba ante la seguridad de la teoría y las especulaciones sobre el futuro.

 

   En la historia se han producido muchas crisis y ninguna tenía una salida predeterminada (si fuera así, ni siquiera se habrían producido tales crisis). El caso es que hemos cometido muy graves errores y no ha sido el menor el cambio de soberanía por una lentejas que al final se han revelado ilusorias. Y debemos pagar esos errores, de un modo u otro. Pero el modo importa muchísimo, porque puede darnos más fortaleza y autoconfianza o convertirnos irremediablemente en satélites de poderes ajeno. Algo que desean fervientemente muchísimos españoles, por lo que se va comprobando. No cabe duda de que cada generación ha de hacer frente a sus desafíos y al final tiene lo que busca.

 

 

****Un falso problema. Escribe Carlos Alberto Montaner sobre el (relativo) atraso de España: “Lo cierto es que el país genera, relativamente, poca riqueza para poder costear el tipo de vida que la sociedad desea disfrutar”. Esto puede predicarse de todas las sociedades, y de todas las personas, que siempre ansían mayor riqueza de la que tienen.  Y,  aunque no explícitamente, aduce los argumentos metafísicos de César Vidal.  Si se quiere vivir como los suizos hay que producir y administrar como los suizos” No es nada seguro que los españoles querramos vivir realmente como los suizos (aunque podemos envidiar la independencia de los suizos, que no por estar fuera de la UE son menos ricos o están más aislados). Por lo demás, la impresión que deja el artículo del señor Montaner es que España es un país pobre. No lo es de ningún modo. Está entre los diez o doce países más ricos del mundo, con el aditamente de un clima que facilita la vida en general, con menos gasto.

   Si el señor Montaner se fijase en la historia, vería que España tiene una experiencia en la que apoyarse: aquellas décadas en que logró crecer a pesar de muy difíciles condiciones y de la hostilidad exterior, y aquellos quince años en los que se convirtió en una potencia industrial y superó las tasas de crecimiento europeas. Pero vemos cómo casi nadie quiere examinar la realidad histórica, ni siquiera recordarla. Bastan cuatro consignas vacuas y la descalificación del franquismo por “dictatorial” cuando si algo falta ahora en España es espíritu democrático, sustituido por demagogia.    

  

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En Nueva historia de España:

 

En la irritación de Lutero subyacía un sentimiento nacionalista alemán que aflora en frases como “¡No hay nación más despreciada que la alemana! Italia nos llama bestias, Francia e Inglaterra se burlan de nosotros; todos los demás también”; “Los italianos se creen los únicos seres humanos”; los alemanes daban a Roma 300.000 florines anuales  para alimentar a los criados del papa, a su pueblo e incluso a sus bribones y mercaderes; o, como llegaría a clamar en 1520, “Si castigamos a los ladrones con la horca, a los salteadores con la espada, a los herejes con la hoguera, ¿por qué, con mayor razón, no atacamos con las armas a estos maestros de perdición, (…) a la Sodoma romana, y nos lavamos las manos en su sangre?”. No eran palabras vanas, pues los príncipes  luteranos se dedicarían enseguida a expropiar monasterios y bienes de la Iglesia, y a torturar y matar a muchos eclesiásticos. Sin embargo la cuestión no era un simple pretexto nacionalista y al principio Lutero planteaba solamente un debate teológico.

   

No hubo debate. Muchos eclesiásticos y políticos defendieron por interés las indulgencias y amenazaron declarar hereje al agustino. El papa consultó al cardenal dominico Cayetano, que no vio herejía en las tesis de Wittenberg; pero otros dominicos le persuadieron a presionar a los agustinos para forzar a Lutero a retractarse. Lutero tenía el apoyo de varios nobles, eclesiásticos y gente común, y afirmó estar dispuesto a retractarse si se le demostraba su error mediante las Escrituras. Pero las Escrituras solían admitir más de una interpretación, y no hubo arreglo. Desde allí, las acciones y reacciones se encadenaron. El emperador Carlos V (y I de España) advirtió en 1521, en la Dieta de Worms: “Este hermano aislado yerra con seguridad al alzarse contra el pensamiento de toda la cristiandad, pues si él tuviera razón, la cristiandad habría andado errada desde hace más de mil años”. Lutero fue excomulgado y pasó a establecer una nueva teología que rompía en puntos clave con la elaborada por la Iglesia en los siglos precedentes, iniciándose una sucesión de tumultos y luchas entre ciudades y países.

  

  Así, Lutero no solo rechazó las indulgencias, sino el mismo purgatorio, atacó la autoridad del pontífice, tratándole de Anticristo,  y llevó más allá la línea conciliarista,  popular en Alemania, que concedía mayor autoridad a los concilios que al papa: ahora los concilios tampoco significaban nada, porque la relación entre Dios y el cristiano se establecía  de modo individual, a través de la libre y personal interpretación de las Escrituras y por medio de la fe, anulando el magisterio de la Iglesia. Solo la fe, don de gracia divina, salvaba al hombre. Como vimos, algunas de estas ideas estaban esbozadas por  nominalistas como  Occam o Marsilio de Padua en las disputas escolásticas. Para Lutero, el hombre es por naturaleza pecador y corrompido, no puede siquiera apreciar el valor de sus obras piadosas, pues su razón y voluntad están a su vez corrompidas y en cualquier caso no puede penetrar el designio de Dios, solo atenerse a las Escrituras.   

  

¿Cómo puede el hombre saber de su salvación? El tomismo hegemónico en la Iglesia establecía que la razón, junto con la gracia, era un potente medio de comprensión de la voluntad divina y una guía en la práctica religiosa, y que  las obras deben acompañar a la fe. Para Lutero, la razón “es la ramera del diablo, que solo calumnia y perjudica las obras de Dios (…) Debería ser pisoteada y destruida, ella y su sabiduría (…) Es y debe ser ahogada en el bautismo”;  aunque, de modo contradictorio, sus controversias son un ejercicio agónico de razonamiento. La fe salvadora se manifestaría en un sentimiento personal de unión con Dios, de ser amado por Dios. Contra  Erasmo decía: “¿Quién creerá,  preguntas,  que Dios le ama? Te respondo: ningún hombre lo creerá ni podrá creerlo [por medio de la razón]; los elegidos empero lo creerán, los demás perecerán sin creer, entre reproches y blasfemias, como tú aquí”; “Nuestra salvación está fuera de nuestras propias fuerzas e intenciones y  depende solo de la obra de Dios. ¿No sigue de ahí claramente que, cuando Dios no está en nosotros con su obra, cuanto hagamos es por fuerza  malo y sin provecho para nuestra salvación?”; “Si Dios obra en nosotros, entonces nuestra voluntad, cambiada y suavemente tocada por el hálito del Espíritu de Dios, nuevamente quiere y obra [el bien] por pura disposición, propensión, y en forma espontánea”. Las obras humanas, por tanto, no tenían utilidad para la salvación.

 

  En ese contexto cobran sentido frases como "El cristianismo consiste en un continuo ejercicio en el sentimiento de no estar en pecado, aunque peques, porque tus pecados recaen sobre Cristo”. O bien: “Peca y peca fuertemente, pero confíate a Cristo y  goza en él con mayor intensidad, porque Él vence  al pecado y  la muerte. Mientras estemos en la tierra tendremos que pecar, porque en esta vida no habita la justicia,  pero esperamos, como dice Pedro, unos cielos y una tierra nuevos donde more la justicia. Basta con reconocer al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, y de Él  nos apartará el pecado, aun si fornicamos y asesinamos miles de veces en un solo día”.

    

Esta posición destruía el libre albedrío, un punto crucial de la doctrina católica sobre todo desde santo Tomás de Aquino, como base de la ética y la responsabilidad personal. Para Lutero solo Dios tenía resuelto desde la eternidad quiénes habían de salvarse o condenarse. El individuo era libre de interpretar a su gusto las Escrituras pero, por  paradoja, estaba determinado y nada podía hacer al respecto. Ello le enfrentó a Erasmo, su antiguo amigo y en parte inspirador, que no quería romper con Roma, sino arbitrar y conciliar las dos posiciones, pero iba a encontrarse sentado entre dos sillas, tachado de incoherente desde las dos partes. Contra las tesis de Lutero escribió el tratado De libero arbitrio: si, según Lutero, el hombre  no precisa la Iglesia ni órganos intermedios entre él y Dios, y puede interpretar la Biblia como único sacerdote de sí mismo, ¿cómo se concilia esta supuesta libertad con su total incapacidad de elección moral? Para Erasmo, el hombre puede superar las consecuencias del pecado original ayudado por la gracia, la voluntad y la razón: todas ellas apuntan al mismo objetivo. La libre voluntad no queda impedida por el hecho de que los designios de Dios sean en gran parte oscuros para la mente humana. Si Jesús llora por una Jerusalén que le rechaza e invita a los judíos a seguirle, es porque reconoce el libre arbitrio; y si al hombre, según Lutero, no le es posible aceptar ni rechazar la gracia divina, ¿qué sentido tiene hablar de recompensa, castigo  y obediencia, como hacen continuamente las Escrituras?

 

 Replicó Lutero con De servo arbitrio  (“Sobre el arbitrio esclavo”): la presciencia divina no deja lugar a la contingencia: “Cuanto hacemos, cuanto sucede, aunque nos parezca ocurrir mutablemente y que podría ocurrir también de otra forma, de hecho ocurre por necesidad, sin alternativa e inmutablemente, si nos referimos a la voluntad de Dios.”. “El destino puede más que todos los esfuerzos humanos”. “Si esto se pasa por alto, no puede haber fe ni ningún culto a Dios”. “El hombre no posee un libre albedrío, sino que es un cautivo, un sometido y siervo ya sea de la voluntad de Dios, o la de Satanás”. “El libre albedrío  es nada”. Y si el hombre no es libre, no es responsable de sus obras, que nada valen ni cuentan para su salvación a los ojos de Dios. Lo que cuenta es la gracia manifiesta en el sentimiento personal de la fe. Posición contraria también a la convicción clasicista o humanista del hombre como artífice de su destino.

   

El luteranismo, catapulta del movimiento protestante, suprimió los santos, las imágenes, la Virgen como intercesora, los sacramentos menos el bautismo y la eucaristía, los monasterios (Lutero se exclaustró y se casó con una ex monja) y el celibato eclesiástico: los sacerdotes eran sustituidos por “pastores” elegidos por la comunidad y con limitado poder orientativo (…).

  

 Presentándose como reforma, era una ruptura revolucionaria con respecto a cuestiones esenciales, dogmáticas, litúrgicas y de procedimiento. Destruía la Iglesia asentada mil quinientos años antes, sustituyéndola por una probable  multitud de iglesias según prefirieran unos y otros interpretar la Biblia.  Salvo por la inspiración en Cristo y los Evangelios, podía considerarse una  nueva religión.

  

En el pasado, otras rebeliones dogmáticas habían sido disueltas o aplastadas con bastante facilidad por el poder del Papado y el de los reyes, pero en esta ocasión no fue así. Lutero fue protegido por diversos príncipes alemanes deseosos de apoderarse impunemente de los bienes eclesiásticos, y llegaría a formarse una poderosa alianza de ellos (la Liga de Esmalkalda, de 1532) para afrontar por las armas a los católicos; el emperador Carlos no pudo dedicar todo su esfuerzo a la lucha contra los protestantes, por tener que atender a las guerras con Francia y al peligro turco;  la nueva doctrina llegaba a muchas personas por  la libertad que otorgaba para interpretar la Biblia y para prescindir de las imposiciones de un clero en buena parte corrompido y escandaloso; además daba pie a un sentimiento nacional alemán opuesto al poder latino de Roma. Por su impacto espiritual y material, el protestantismo se convertiría en unos años en una realidad social expansiva por todo el norte de Europa. 

 

  Por ello Lutero fue acusado de auspiciar el motín y la disgregación de la cristiandad, como le decía Erasmo. Lo cual no le arredraba, e invocaba en su favor los Evangelios: “No he venido a traer la paz, sino la espada”; “He venido a echar fuego a la tierra”;Lee en los Hechos de los Apóstoles los efectos en el mundo de la palabra de Pablo (…), cómo él solo excita a gentiles y judíos o, decían entonces sus mismos enemigos, "trastorna el mundo entero”.El mundo y su dios no pueden ni quieren tolerar la palabra del Dios verdadero, y el Dios verdadero no quiere ni puede callar. Y si estos dos Dioses están en guerra entre sí, ¿qué puede producirse en el mundo entero sino tumulto? Querer aplacar estos tumultos significa querer  abolir la palabra de Dios e impedir su predicación”.  Con ello contrariaba el anhelo de paz entre cristianos de Erasmo, Vives y tantos otros, a quienes advertía “No ves que  estos tumultos y facciones infestan el mundo de acuerdo con el plan y  la obra de Dios, y temes que el cielo se venga abajo; en cambio yo, a Dios gracias, entiendo las cosas correctamente, porque preveo tumultos mayores en el futuro, comparados con los cuales los de ahora semejan el susurro de una ligera brisa o el quedo murmullo del agua”. El emperador Carlos había declarado: “Me arrepiento de haber tardado tanto en adoptar medidas contra él”.

 

  Esta resolución no dejó de flaquear en ocasiones, dados ciertos efectos indeseados de sus doctrinas: “Cuanto más se avanza, peor se torna el mundo (…). Bastante se ve cómo el pueblo es ahora más avaro, más cruel, más impúdico, más desvergonzado y peor de lo que era bajo el papismo”. No obstante, su determinación persistía: “¿Quién se habría puesto a predicar, si hubiéramos previsto que de ello resultarían tantos males, sediciones, escándalos, blasfemias, ingratitudes y perversidades? Pero ya que estamos en ello, hay que tener buen ánimo contra la mala fortuna”.

  

Uno de los problemas fue, en 1524-5,  la revuelta de los campesinos oprimidos por los magnates protestantes y que exigían mejoras políticas y económicas, y que encontraron un líder visionario en Thomas Münzer, pastor luterano con ideas propias (Ya señalado en este blog) (…)

 

 También consideraba la brujería como una realidad eficaz y promovía la persecución y  quema de brujas. Sus diatribas antihebraicas no eran menos radicales en su libro Contra las mentiras de los judíos (ya expuesto en este blog).

 

   Las cuestiones planteadas por  Lutero giran en torno a la salvación, expresión, a su vez, de una ansiedad propia de la psique humana desde la noche de los tiempos, expuesta de forma peculiar en el cristianismo. El mundo, lleno de placeres y de  penalidades que fácilmente se transforman  los unos en los otros,  parece arbitrario e injusto,  falto de sentido, “un laberinto de errores” como decía Pleberio, y el bien y el mal se confunden. Una posibilidad racional sería considerar el mundo radicalmente injusto, por lo que el restablecimiento de la justicia exigiría otro mundo en el cual los malvados tendrían el castigo, y los buenos  la recompensa que el mundo les negaba. Dado el conjunto de sus puntos de vista, la salvación o condena estaba predestinada y solo Dios podía saber quiénes se salvarían. Un punto de vista arduo de conciliar con la necesidad de predicar el Evangelio, y radicalmente angustioso.  Calvino, discípulo de Lutero, encontró cierta salida al señalar unos indicios que permitían al individuo creer en su pertenencia al grupo de los justos: una vida austera y piadosa, y el éxito en las empresas económicas u otras, permitirían intuir en esta vida  la salvación en la otra. El calvinismo ofrecía así un consuelo que le ganó gran popularidad y expansión por varios países europeos, en disidencia parcial con el luteranismo puro.

   

   Una dificultad de la nueva doctrina la expuso el propio Lutero con sarcasmo: de pronto resultaba que nobles, ciudadanos y campesinos “entienden el Evangelio mejor que yo o San Pablo; ahora son sabios…”. “Algunos enseñan que Cristo no es Dios, otros enseñan esto y aquellos lo otro (…) Ningún patán es tan rudo como cuando tiene sueños y fantasías, cree haber sido inspirado por el Espíritu Santo y ser un profeta”.

 

Pero, llevada la teoría  a sus consecuencias lógicas, las interpretaciones bíblicas de cualquier patán  valían tanto como las del mismo Lutero, pues bastaba que fueran sentidas con sinceridad, y ¿quién podría decidir si lo eran o no? Por eso las tendencias disgregadoras en el protestantismo fueron siempre muy potentes, y de ahí las polémicas en las que el esfuerzo de la denostada razón jugaba  el papel determinante; y de ahí los organismos e inquisiciones contra los disidentes, para evitar la disolución general.

  

Pero había más: sobre esas bases, la interpretación de las Escrituras por la Iglesia católica debía ser reconocida tan buena como cualquier otra. Y aunque podía argüirse que muchos la aceptaban  no por convicción ni con sinceridad, sino por temor a ser considerado hereje y castigado, lo cierto es que otros muchos lo hacían con plena convicción y un sentimiento de identificación con Dios no menos intenso que  el que pudieran exhibir Lutero, Calvino u otros dirigentes protestantes (…).

 

 

Franco y los judíos / Debate (VI) César Vidal, la ciencia y la Biblia / Calle de los irlandeses

22 de Noviembre de 2011 - 17:02:37 - Pío Moa - 198 comentarios

  

****Sobre Franco y los judíos (a ver si se enteran Gaditano y tantos como él): http://www.youpai.org/read.php?id=4527

 

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Afirma César Vidal que la raíz de la ciencia se halla en la Biblia y que gracias  a ella la revolución –más bien que reforma—protestante la desarrolló desde el siglo XVI. Afirma asimismo que los científicos católicos son muy escasos y debían sus saberes en gran medida a los avances de los protestantes. En suma,  Que la  Reforma (protestante) del siglo XVI fue la clave para entender la Revolución científica es una verdad histórica admitida en todas las áreas. Me temo que solo esté admitida en las áreas protestantes, y no sé si en todas.

 

 Debe reconocerse, de entrada, que relacionar protestantismo y ciencia resulta aventurado, por cuanto uno de los fundamentos de aquel es el firme rechazo a la razón y al libre albedrío; no parece fácil que la ciencia pudiera desarrollarse sobre tales supuestos, y me parece que don César, llevado de su fervor protestante, confunde aquí, como en los apartados anteriores, datos y argumentos.

 

   Don César debiera reflexionar en que, si la ciencia, el pensamiento científico, partiese de la Biblia y sus incitaciones a estudiar el universo, los judíos antiguos tendrían que haber destacado por una una ciencia poderosa. Y sin embargo no hubo nada de eso. La incorporación de los judíos a la ciencia es un fenómeno históricamente reciente. Para empezar, desde mucho antes de la Biblia los sacerdotes de las culturas de Mesopotamia, Egipto o  La India hacían interesantes observaciones astronómicas (teñidas de astrología) y naturalistas,  y algo así hubo también en China. Y  la ciencia, el pensamiento científico propiamente dicho, no aparece en Israel, sino en la Grecia clásica, esa que tan poca gracia hace al señor Vidal porque, según él,  ha contaminado al catolicismo apartándolo de la pureza del Libro y volviéndolo medio pagano.

 

    Si el origen del pensamiento científico se encuentra en Grecia, es obvio que el despliegue científico en la Europa del siglo XVI-XVII no puede deber mucho a la herencia hebraica. Y, efectivamente, no lo debe: si podemos detectar una recuperación de la ciencia debemos encontrarlo en la católica Italia del Renacimiento, con patrocinio eclesiástico y fecundada por el pensamiento griego. Esto parece mucho más lógico y acorde con la realidad histórica.

 

   Para justificar su tesis, el señor Vidal recurre al caso Galileo --a quien sí podría considerarse, sin demasiada injusticia, el padre de la ciencia moderna—y lo explica así: Galileo (1564-1642) –que basó buena parte de sus avances en las obras de científicos calvinistas holandeses– fue juzgado y condenado por la iglesia católica. Se convirtió en un claro aviso para navegantes. Este modo de exponer el caso no parece muy propio de historiadores profesionales, como admite serlo el señor Vidal, quien no solo olvida donosamente a Copérnico sino que desvirtúa la realidad histórica. Creo que lo aclara mejor Vittorio Messori, un estudioso de Galileo: “Cuando tenía casi setenta años, después de una vida honrada por la Iglesia, salvo una prudente advertencia para que no transformase simples conjeturas en certezas indiscutibles, Galileo fue condenado no por lo que decía, sino por cómo lo decía, ya que sus propias hipótesis  --y entonces no pasaban de ser eso, y las pruebas que aportó se revelaron equivocadas—eran mantenidas por muchos científicos que, a la vez, eran frailes y monjes. Copérnico, a quien Galileo se remitía, era un devoto canónigo polaco, respetado por los papas y execrado en cambio por Lutero y por otros reformadores que, por una vez, celebraron una iniciativa de la Iglesia católica y dijeron que, si hubiera caído en sus manos, Galileo se habría dejado la piel. En cambio, en manos romanas, no pasó siquiera un día en la cárcel y fue hospedado y confortado por cardenales y obispos, ni se le impidió investigar ni publicar, hasta el punto de que su obra científica más importante la editó tras la “terrible” condena consistente en la recitación diaria de algunos salmos penitenciales”.  Esto parece, nuevamente, mucho más ajustado a la realidad histórica, también a la realidad del fanatismo protestante de la época. Y que Galileo utilizara algunos inventos técnicos holandeses no quiere decir que fuera influido intelectualmente por ellos. Lo fue mucho más por Copérnico, como señala Messori, y posiblemente por alguna aportación española.

 

  La desvirtuación del caso Galileo ha sido increíblemente explotada tanto por la propaganda protestante como por la comunista y atea (algo parecido, salvando las distancias, a la explotación desenfrenada de la supuesta matanza de la plaza de toros de Badajoz  por las izquierdas). En fin, la realidad del caso Galileo es bien conocida desde hace muchos años, aunque la persistente propaganda haya creado una leyenda urbana triunfante en ámbitos populares, incluido el Eppur si muove. A don César parece gustarle más la leyenda urbana; está en su derecho, pero ello no resulta excesivamente  profesional, si me permite señalárselo. También en Nueva historia de España  lo he explicado y ahora voy entendiendo por qué a don César le ha gustado tan poco mi libro. Como no vamos a entrar en cada caso, diré que sus interpretaciones de Pascal o de Descartes adolecen del mismo fallo --la tendenciosidad-- que  la de Galileo.

 

   Señalemos de pasada que es errónea la imputación habitual de que la ciencia sufrió un eclipse durante las edades de Supervivencia y Asentamiento de Europa. La palabra correcta sería más bien retroceso. No me extenderé, por no alargar demasiado el comentario, y  puesto que tampoco lo trata don César.

 

   Dejaré aparte interpretaciones del señor Vidal como la de la “Invencible”. Podría recordar, puestos a ello, los desastres navales ingleses inmediatamente posteriores a la Invencible, o el de la Invencible inglesa que fue a conquistar mucho tiempo después Cartagena de Indias: ¿diría que las derrotas inglesas fueron causados por el protestantismo o por una inferioridad técnica o científica achacable al protestantismo? A veces don César cae en  lo pintoresco.

 

    Tampoco es aceptable su pretensión de reducir a la insignificancia el número y mérito de los científicos católicos. Su nómina hasta hoy es en verdad impresionante, no hará falta que me extienda al efecto. Pero tiene razón, en cambio, cuando recuerda que, como todo el mundo sabe, fue en algunos países protestantes (más o menos protestantes, como Inglaterra) donde la ciencia alcanzó mayor desarrollo. Como también es un hecho histórico que gran número de científicos, cada vez más a partir del siglo XVIII, cambió el protestantismo y el catolicismo por el ateísmo o el agnosticismo (¿cuántos premios Nobel científicos, que don César presenta como judíos y protestantes, son en realidad ateos o agnósticos? Aparte de que la tendencia en una época puede invertirse en otra). Sin olvidar que los musulmanes, durante algunos siglos, desarrollaron una ciencia considerable, influida, nuevamente por Grecia (y la India), o que la ortodoxa Rusia y la Unión Soviética desarrollaron en los siglos XIX y XX una ciencia notable, ajena por completo al protestantismo, como actualmente Japón o China.

 

   ¿Qué conclusión nos ofrece la historia? Pues que, contra las preferencias del señor Vidal, la ciencia tiene muy poco que ver con la Biblia (que no es un libro científico, sino de fe) o con las religiones judía o protestante. Tampoco vamos a caer en la tesis hoy tan extendida de que ciencia y religión se oponen. En Nueva historia de España he indicado que los orígenes más remotos de la ciencia podrían encontrarse probablemente en algunas actitudes y actividades sacerdotales de las civilizaciones antiguas. La historia de las relaciones entre religión y ciencia es compleja, a veces conflictiva y otras de mutuo refuerzo (como sugería Bacon). En todo caso no es en absoluto la relación que establece el señor Vidal. El hecho histórico constatable, insisto, es que la ciencia no nace en Israel, sino en Grecia,  cuyo pensamiento fecunda su renacer en Italia y a partir de ella en gran parte de Europa; y que es perfectamente asumible por muy diversas religiones e ideologías, incluso ateas.    

 

   Dicho esto, podemos abordar el atraso científico de España  con respecto no solo a algunos países protestantes, sino también católicos. El atraso es indudable y, sabiendo ya que no puede achacarse al catolicismo, habrá que buscar otras causas.

 

   En Nueva historia de España he aventurado la hipótesis de que una causa, al menos,  radica en la tradición y el carácter fuertemente romanos de la cultura española. Como es sabido, la cultura latina, al revés que la griega, fue poco dada a especular –y la especulación es una base esencial del pensamiento científico, junto con la observación y la experimentación--:  tuvo un carácter realista y técnico, no especulativo y científico. Y ese carácter se aprecia como una constante en la cultura española. Dicho de otro modo: al revés que Italia, España recibió muy poca sustancia fecundante de Grecia. Y al igual que Roma, la época dorada de España impresiona por la potencia técnica desplegada en las flotas, las ciudades, las obras públicas y las comunicaciones a lo largo y ancho de su imperio. Pero no impresiona por su poder especulativo y científico en ciencias naturales, o en ciencia en general, salvo excepciones brillantes como la Escuela de Salamanca (que don César infravalora por el hecho evidente de que fue católica).

 

   La época gloriosa de España obró después como un hechizo paralizante, creyéndose que podía mantenerse sin cambios. No hubo un desarrollo del Siglo de Oro, sino un anquilosamiento, movido por un temor extremo a las novedades. Quevedo es una buena muestra: constata y lamenta  la decadencia pero es incapaz de discernir sus causas y de proponer soluciones eficaces. En el siglo XVIII lo vemos nuevamente en Forner, que hace una crítica bastante aguda de la Ilustración, pero no percibe “las novedades”, los nuevos problemas y actitudes ante ellos, creyendo implícitamente que todo está ya descubierto y asentado. Lo notamos hoy, igualmente, en el pensamiento conservador.

  

Otras veces he señalado esa característica en la enseñanza actual, nuevamente expandida en el franquismo después de siglos de retrocesos y desatenciones: nuestra universidad ha sido y es capaz de formar buenos, incluso excelentes profesionales, pero apenas salen teóricos y científicos con ideas nuevas. Se aprende lo que otros han dicho o descubierto, pero se rehúyen los problemas y debates y no se aporta casi nada original. A veces se ha considerado esta  muy lamentable deficiencia considerándola una especie de peculiaridad étnica o genética, bien aceptándola, incluso con chulería, bien utilizándola para denigrar el conjunto de nuestra cultura. Yo creo que se trata más bien de un problema educativo, como he señalado en muchas ocasiones. Opino que fue la educación lo que hizo grande a España, el anquilosamiento y retroceso educativo el que motivó su decadencia, y un replanteamiento acertado de ella lo que podría volver a hacer de España una nación de primer orden. 

  

     Volviendo al señor Vidal, tengo la impresión de que sus apasionados prejuicios protestantes le llevan a emplear una metodología defectuosa y a caer en errores y olvidos a veces sorprendentes, un poco al estilo de nuestros historiadores izquierdistas: lo que no cabe en sus esquemas no existe o queda condenado o desvirtuado, mientras acumula hechos y datos que parecen confirmar la tesis previa. Se ha dicho que, como en la historia se encuentra de todo, cualquier tesis pueden asentarse con tales métodos. Lo hemos observado cuando abordó la cuestión del trabajo, las finanzas y la educación (que él confunde con alfabetización) y nuevamente en relación con la ciencia. También emplea aquí, de modo inapropiado, el argumento de autoridad citando  como definitivas las tesis de algunos autores y  despreciando por las buenas las discrepantes. Pero precisamente el pensamiento científico rechaza el argumento de autoridad, como proclama el lema de la Royal Society nullius in verba. No es que la ciencia prescinda de la autoridad, eso constituiría un grave error, sino que no la considera el argumento definitivo.

 

   Dado que don César admira la ciencia, y que demuestra además un fuerte patriotismo, podría aplicar más cuidadosamente sus principios, ya que con sus metodologías me temo que no saldría España del paso. Lo mismo que su admiración por Usa no significa que él comparta necesariamente las virtudes useñas. Hay un fondo en que estamos de acuerdo él y yo, y es en la defensa de la ciencia y de la cultura española. En lo que discordamos es en los criterios  al respecto.

  

 

****Calle de los Irlandeses:

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