PGE

Presupuestos de paz

De "presupuestos de guerra" calificó el Ministro de Exteriores la asignación presupuestaria a su departamento en estos Presupuestos Generales del Estado 2012. No es para menos: las cuentas presentadas el martes constituyen un autentico zafarrancho nacional contra el déficit, que afecta a Exteriores en una cuantía alta, principalmente en ese saco sin fondo que es la ayuda al desarrollo.

En las mismas cuentas anuales, junto a los porcentajes de recorte a otros departamentos, el de Defensa es moderado. Y engaña, precisamente por la crítica situación de partida de este departamento: el gobierno ha limitado prudentemente el recorte a la defensa a un 8,8 por ciento.

La realidad presupuestaria del Ministerio de Defensa es aún más paupérrima cuando se va más allá de ese -8,8 por ciento, y se comprueba que las obligadas reducciones actuales se suman a un descenso continuo desde el año 2008, que sencillamente hacía ya imposible no ya el pago de la enorme deuda de los grandes programas de material, sino la simple renovación y mantenimiento a medio plazo de cualquier material militar. Y es que el recorte en Defensa es importante, pero lo peor es que llueve sobre mojado. De haberse mantenido la inversión en Defensa en unos límites tolerables en los últimos años, hablaríamos en la situación actual de bastante más que de los 6.261,3 millones de euros.

Y hay otro problema, más allá de la situación de emergencia de 2012 y de los vertiginosos descensos presupuestarios de la legislatura anterior: la estructura del Ministerio de Defensa y de los Cuarteles Generales resulta cara e ineficiente. Arrastra problemas de organización históricos: de la duplicación o triplicación de funciones, o de la existencia de estructuras paralelas o superpuestas redundantes no tienen la culpa ni el exceso de déficit ni los recortes socialistas. Pero constituye un problema quizá mayor, por la tolerancia hacia él y la falta de medidas tomadas hasta ahora.

Ése es el gran problema. Los responsables del Departamento han buscado parar el golpe de unos Presupuestos Generales del Estado 2012 marcados a fuego por la reducción del déficit. Y más allá de eso habrá que esperar a la Directiva de Defensa Nacional y a la puesta en marcha de la nueva política de Defensa para que se concreten los cambios estructurales en la organización del Ministerio y las Fuerzas Armadas. Mientras tanto, los presupuestos para nuestra seguridad y defensa se quedan en una cuantía para tiempo de paz, en un momento en el que ésta no parece que esté precisamente garantizada a nuestro alrededor.

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