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‘Audiencia Abierta’, una gélida 'promo' del Rey

El programa semanal diseñado para explicar la agenda real a los españoles es más bien una promo de primera para el Rey en detrimento del heredero.

Una imagen del día de la Hispanidad | Casa Real

Este sábado ha comenzado en La 1 Audiencia Abierta, un programa semanal de treinta minutos dirigido por Miguel Ángel Sacaluga y diseñado para lavar la imagen de la institución monárquica en el peor momento imaginable, tanto para un país asolado por la crisis económica como para la propia institución, devastada por escándalos económicos y de imagen que han minado su autoridad.

El programa, presentado por Ángela Bravo y diseñado a priori para acercar la monarquía a los ciudadanos, ha destacado sin embargo por la la notable ausencia de palabras directas del monarca -salvo por imágenes de archivo y recicladas-, cuya imagen precisamente se intenta lavar a toda costa. Ya sea ofreciendo una imagen de actividad constante, como reivindicando su figura a través de algunos reportajes divulgativos de dudosa utilidad, el Rey aparece como pieza necesaria e imprescindible en la construcción nacional, un monarca entregado a sus funciones y capaz de "reprobar" a los ministros díscolos y frenar las "aspiraciones soberanistas". 

Un programa, dijo Bravo, "concebido como servicio público cumpliendo" y que trató de investir de autoridad señalando el respaldo de "un mandato parlamentario", y pensado para "informar, nada más", de una forma austera y sencilla, "acorde con los tiempos". Ya saben: excusatio non petita accusatio manifesta.

Ya desde la primera edición, Audiencia Abierta se ha caracterizado por una presencia constante del Rey, con la figura del Príncipe relegada a acontecimientos menores como la apertura del curso escolar de Formación Profesional en Valladolid, y la ausencia casi total de la Reina Sofía y la Princesa de Asturias. 

El programa, eso sí, se ha esforzado en subrayar hasta la saciedad la ausencia de Iñaki Urdangarín en el desfile de la Fiesta de la Hispanidad del Viernes, así como en la "escenificación" de los cambios de protocolo del evento, que empiezan en su austeridad (aspecto que ocupó la mayor parte del tiempo) y en el que sorprendió la marginación de la infanta Elena en la tribuna de autoridades, muy lejos e su familia en la tribuna real. Un cambio que, según el narrador, no es tal cosa sino una "evolución" y que, según un comentario atribuido a la propia infanta -cuyo tono en forma de lamento sigue siendo tremendamente expresivo-, "es un momento que tenía que llegar".

Don Felipe, secundario de lujo

La presencia de Felipe de Borbón resultó, por tanto, entre anecdótica y secundaria, como mucho la de una figura amable relegada a eventos secundarios como la apertura por parte de los Príncipes del curso de FP en Valladolid... y no el que le corresponde, es decir, el de la autoridad moral destinada a pilotar y sacar del hoyo a una institución que atraviesa sus peores momentos. Su papel de futuro líder de Don Felipe se adivina poco o nada en los fragmentos elegidos, y entre los elegidos -sus palabras para exculpar las exigencias nacionalistas- le hacen un flaco favor a la monarquía.

La única ocasión en que Audiencia Abierta muestra al Príncipe ejerciendo el turno de palabra fue con su aportación sobre el flagrante paro juvenil, una maniobra, la de relegarle a asuntos coyunturales -en definitiva, y sin intención de menospreciar el problema- destinada a hacer retroceder al ya maduro heredero a los tiempos en los que todavía era apenas un discípulo del padre, y no la mente detrás de los movimientos de Zarzuela a la hora de distanciarse de los duques de Lugo y la corrupción del caso Nóos que hasta ahora le suponemos. 

Muchos más minutos consumieron tres reportajes promocionales -léase "divulgativos"-, primero sobre las funciones del Jefe de Estado, luego un repaso histórico desde aquel 22 de noviembre en el que Don Juan Carlos fue coronado Rey, y finalmente una serie de lecciones sobre la transición con imágenes de archivo de hace casi una década, y en la que se incluye a Carrillo, Bono o Felipe González. 

La primera de las secciones consistía en un montaje de declaraciones de niños pequeños cruzadas con las palabras de Raúl Canosa, catedrático de derecho constitucional bastante más mayor, y al que le tocó recitar frases como "el rey ejerce sobre los demás una influencia moral" y señalar la necesidad de reforzar "símbolos que aglutinen". Para los niños, que finalmente aportaron el toque simpático y cercano del programa promocional, el rey "es el que firma los billetes", y la verdad es que de esa manera nos queda todo más claro.

La lección de esta semana finalizó con Ángela Bravo recordándonos el ejemplo de Reino Unido, "paradigma monarquía parlamentaria" con Isabel II, que goza de "autoridad y respeto" y que además, -atención- es "la más cara" de las europeas. Su coste real, dicen, podría alcanzar los "200 millones de euros" y la reina tiene, a diferencia de la institución española, "propiedades personales". Y es que...¿cómo nos habíamos atrevido a dudar?

"Nos vamos como empezamos", dice Bravo para poner el broche final. Y tanto...

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