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Mafalda de Bulgaria, una princesa que canta baladas pop

La primogénita del príncipe Kyril y de Rosario Nadal, matrimonio separado, 

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Mafalda de Bulgaria | Gtres

Hace un par de meses tuvo lugar en el madrileño Palacio de Linares, frente a la Cibeles, un desfile de Massimo Dutti, presentando su nueva temporada otoño-invierno. Ya es sabido que los modistas se anticipan unos meses en el calendario. Por cierto y, como curiosidad, este Massimo Dutti es el seudónimo que empleó el barcelonés Armando Lasanca en 1985 para crear una marca de camisas y trajes, cuando disfrazándola como italiana parecía ser más atractivo para su clientela. Hoy pertenece al grupo empresarial de Inditex, es decir de Amancio Ortega. Pero no les quiero escribir sobre moda, sino de que en el citado evento, digamos que como final de fiesta, actuó una joven de aspecto tímido y voz melancólica, bella, acariciante, que deleitó a la concurrencia con ocho canciones de su autoría. Era la primera vez que cantaba en público en España. Su nombre: Mafalda de Bulgaria. La primogénita del príncipe Kyril y de Rosario Nadal, matrimonio separado, que tiene dos hermanos, Olimpia y Tassilo.

Mafalda Cecilia Sajonia-Coburgo Nadal vino al mundo en Londres, cuando sus padres vivían allí felices, lejos del triste desenlace de su matrimonio celebrado en Palma de Mallorca, la patria chica de Rosario. Mafalda vino al mundo el año 1994 y debe su nombre, muy probablemente según hemos investigado, a la segunda hija del rey Victor Manuel III de Italia y la reina Elena, Mafalda de Saboya, cuya hermana Juana reinó en Bulgaria junto a su esposo, el rey Boris III.

La familia búlgara del rey Simeón se instaló en España en los primeros años 50. Su padre, el mentado Boris III, había muerto en 1943, tras reunirse con Adolf Hitler. Simeón tenía sólo seis años cuando fue proclamado rey. Lógicamente su país estuvo gobernado por un regente, tío del niño Soberano. La Monarquía se abolió en 1946 y la familia real búlgara hubo de exiliarse, residiendo en varios países. Simeón no abdicaría en sus derechos a la corona, pero tampoco reinó. No obstante, cuando formó en Madrid su familia, al casarse con Margarita Gómez-Acebo, hija de una acomodada familia procedente de la banca, sus cinco descendientes adquirieron el título de príncipes y, a su vez, también así son tratados familiarmente y en sus círculos amistosos los hijos de éstos, es decir, los nietos de Simeón de Bulgaria. En España, la tradición marca que sólo es príncipe el hijo heredero del Rey.

Mas para no incurrir en descortesía alguna llamaremos princesa a Mafalda de Bulgaria, una princesa cantante pop, condición que no es frecuente en las casas aristocráticas ni el universo musical. Habría princesas centro-europeas, donde tanto abundan los títulos del Gotha, que practicaran el arte lírico, pero no ahora en los tiempos del reguetón. El único caso, anterior al que nos ocupa, fue el de Estefanía de Mónaco, la princesa rebelde, caprichosa en sus amores y en sus aficiones, a la que le dio un día por grabar un disco, promovido a bombo y platillo. Naturalmente, como no tenía ni afición, ni disciplina ni condiciones, dejó de cantar al poco tiempo. Pero esta Mafalda de Bulgaria, nada tiene que ver con la benjamina de Raniero y Grace: parece más prudente. Desde jovencita mostró su afición por la música, herencia probablemente de su madre. Rosario Nadal, la que, además de ser una de las bellas mujeres de su tiempo, es una experta en arte y se dedica profesionalmente a ello. Su padre, Kyril, llamado príncipe de Preslav, lo que le inculcó a Mafalda es la pasión por el deporte náutico. No se opusieron sus progenitores, al contrario, a que estudiara piano y canto. Con una sólida preparación musical, Mafalda, siendo ya veinteañera siguió unos cursos preparatorios en el Berkle College of Music, sito en Boston, Estados Unidos, que pasa por ser el centro más prestigioso en su especialidad. Por ejemplo, en sus aulas estuvo la hoy muy reconocida Diana Krall.

Mafalda de Bulgaria era casi una desconocida en los círculos sociales españoles, por la sencilla razón de que casi toda su vida, desde que vino al mundo, la ha pasado en Londres. Allí continuó cuando sus padres se separaron en 2009. El matrimonio había residido en la capital británica porque el príncipe Kyril estaba al frente de una empresa de fondos de riesgo. Lo que no se ha perdido Mafalda son sus estancias veraniegas en Mallorca, de donde es su madre. La familia búlgara no ha roto esa tradición. En otros acontecimientos también se ha sumado Mafalda en nuestro país a los suyos, como fue la desgraciada muerte de su tío, el príncipe Kardam, víctima de un lamentable accidente de automóvil en una carretera de la sierra madrileña, casi a las puertas de la capital. Se mantuvo muchos meses en coma. Alrededor del patriarca, el rey Simeón, toda la familia, como una piña, muy atribulada, dio una lección de entereza ante esa tragedia. Siempre han tenido un contacto muy afectuoso con la Familia Real española.

A sus veintidós años, Mafalda de Bulgaria ya no tiene dudas de que su horizonte profesional está en la música. Vive últimamente en Nueva York, donde ha dado a conocer sus canciones en varios locales. Ha grabado algunas: "Run", "Giving Up", "Dont´t Let Go"… Posee estilo, buen gusto interpretativo. Pero es una promesa en agraz todavía. Escriben sobre ella adjetivándola como "princesa cool". De igual modo que utilizando otro anglicismo, aseguran que no es una "it girl". O sea, para entendernos: no desea ser modelo, aunque se lo hayan propuesto, así como su hermana Olimpia sí quiere serlo. Hay algo que me gusta de Mafalda, especialmente, amén de su atractivo físico y su elegante presencia cantando. Y es que no le apetece apoyarse en el apellido de los suyos para triunfar. Me dirán ustedes: ¿no se anuncia citando el país de sus antepasados? Sí, pero no significa que cite a éstos. ¿No existen cantantes populares que han utilizado el nombre de sus lugares de nacimiento? Carmen Sevilla, pongamos por caso. Y en ese afán por ganarse un prestigio como cantante sólo por sus valores, también ha decidido no excederse en las entrevistas periodísticas, donde por supuesto se vería obligada a lo que no quiere, a seguir contando cosas sobre sus abuelos, tíos y primos.

Y una agraciada muchacha de su edad, es de suponer tenga larga cola de pretendientes, aunque ahora no se utilice ese término. Mas, para no irnos por las ramas, sabemos que su primer amor responde al nombre de Marc Abousleiman, a quien conoció cuando estudiaba Medicina en Boston. Es londinense como ella, de familia libanesa. Pero ella es joven y tiene un largo porvenir a la vista. Entre otras cosas, afianzándose como cantante.

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