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Los hombres que amaron a Grace Kelly

Con un borrascoso pasado, Grace Kelly fue engañada por Raniero y llegó a sentirse poco querida en Palacio.

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Grace Kelly con Clark Gable en Mogambo | Cordon Press

El pasado 13 de septiembre se cumplieron cuarenta años del trágico accidente mortal de la princesa Grace de Mónaco. Una mujer admirada en el mundo entero, por su belleza en el cine y por su romántica boda después, que la convirtió en primera dama de un pequeño país, casi de opereta. Mas en la vida de Grace Kelly, que es como se dio a conocer en la pantalla, existe un ayer borrascoso del que siempre quiso olvidarse cuando se asentó en el Principado. Difícil borrarlo. Lo contradictorio y curioso es que prácticamente todos los que veían sus películas o leían reportajes acerca de su personalidad la tenían siempre idolatrada. Primero por su condición católica, luego por su elegancia, el atractivo que causaba sin recurrir a recursos eróticos en el cine ni en la calle; en una palabra, tenida siempre por una dama que nunca protagonizaba ningún escándalo, que pertenecía a una de las más ricas y aristocráticas familias de Filadelfia. Se la consideró refinada, ausente de vulgaridad, incapaz de liarse con sus guapos compañeros, galanes de sus películas. Pero la verdad, era otra.

Sin restarle virtudes , con sus íntimas convicciones religiosas, ni dudar de sus encantos en sociedad manteniéndose poco menos que como un ejemplo significativo de pureza, su relación con algunos hombres importantes del cine no pasó inadvertida para quienes la conocían muy bien durante sus andanzas en Hollywood, que imaginamos prolongaba en Nueva York y allá donde se encontrara con sus amantes. Tanto dio que hablar que su padre, Jack Kelly, un adinerado magnate de estatura descomunal y contextura atlética se presentó un día en la redacción de Confidential, que pasaba por ser una publicación del corazón, pero de alto voltaje. En realidad, un libelo en el que aparecían fotos y textos sobre famosos de la pantalla, dejando al aire sus encantos físicos o sus miserias. El señor Kelly preguntó por el responsable del periodicucho, salió a verle su director, un depravado Robert Harrison, quien recibió del visitante las caricias de sus bien apretados puños. Y es que Confidential había insertado una serie de chismes que ponían en duda la honorabilidad de la futura princesa. Lo chusco del señor Kelly es que tenía una nutrida lista de queridas. Pero la moral que él pretendía para su hija no era la misma que él practicaba.

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Grace y su padre, en la boda | Cordon Press

Al margen del gusto soez, Confidential, con una tirada de cuatro millones de ejemplares, se venía haciendo eco de los amores de aquella mujer que había estudiado en los mejores colegios de Filadelfia, la que con su aire un poco puritano resultaba luego ser una robacorazones: se enamoraba pronto de sus "partenaires". Por ejemplo, Gary Cooper. Era el año 1952 y el protagonista de tantos "westerns" se disponía a rodar Sólo ante el peligro, en principio filme sin muchas pretensiones, cuya producción estuvo llena de problemas todo el tiempo. Para colmo, Cooper se preguntaba cómo habían contratado a aquella jovencita rubia, Grace Kelly, que únicamente tenía en su historial una breve aparición en cierta cinta de Harry Hathaway. Era inexpresiva, no sabía moverse ante las cámaras, y al final, fue el responsable del montaje quien eliminó muchas de las tomas en las que aparecía ella. Gary fue aplacándose, era hombre poco proclive a enfadarse y acabó enamorándose de su compañera con recíproco sentimiento. Contaba veintiocho años mayor que la debutante. Sólo ante el peligro resultó al final un filme clásico, toda una joya que periódicamente programan las televisiones, con esa canción musicada por Dimitri Tiomkin, escrita por Ned Washinton e interpretada por Tex Ritter.

Al año siguiente Grace Kelly viajó al continente africano donde se reunió con Ava Gardner y Clark Gable para la película Mogambo. En España fue considerada prohibida por el adulterio del argumento, y en el doblaje acabó por ser aun más escandalosa, al fingir ser un incesto en la trama. Resulta que el personaje de Grace se presentaba del brazo de su marido, un antropólogo, al que terminaba poniéndole los cuernos. Y la censura española prefirió con el estúpido doblaje que apareciera como hermana de quien era su esposo. Un lío que acabó provocando aquí la risa. Pero, lejos de las cámaras, Clark Gable se encaprichó de Grace, quien llevaba veintiséis años de delantera, y ella no le hizo ascos. Pero antes le había prevenido así Ava Gardner: "Clark suele tener siempre historias con sus compañeras de rodaje, pero al final las deja para irse con su mujer".

El gran "crooner" y asimismo notable actor Bing Crosby acabó luego llevándose al huerto a aquella dulce e impetuosa mujer. Fue protagonizando en 1954 La angustia de vivir donde por cierto a Grace Kelly le dieron un Óscar por su espléndida interpretación. En pocos años se había convertido en toda una estrella de la pantalla. No le importó que Crosby fuera veintiséis años mayor. Parece que buscara en los hombres siempre la protección, si miramos hacia atrás con sus anteriores citados amantes. El caso es que las melodías que dulcemente le susurraba al oído de Grace surtieron efecto y Crosby estuvo varias temporadas enamoriscado de la joven de Filadelfia, hasta que su familia lo llamó al orden y tuvo que prescindir de sus encuentros con aquella belleza. Claro que entre tanto, no sabemos si simultáneamente o poco después de que Bing "le diera puerta", Grace Kelly se sintió asimismo fascinada por la galanura del otro protagonista de La angustia de vivir, William Holden, quien mucho más tarde optó por quitarse de en medio de este mundo. No parecía muy equilibrada por entonces la futura princesa, sin encontrar a un hombre con el que casarse y tener hijos, deseo que como ferviente católica, ya dijimos, albergaba hacía tiempo. Y se consoló inmediatamente después con un divertido Tony Curtis, que estaba todavía casado con una maravillosa mujer llamada Janet Leigh, a la que conocimos en Madrid junto a sus dos hijas. Pero lo de Tony duró un suspiro. Tampoco mucho su idilio con un aristócrata, hijo de una condesa rusa, Oleg Cassini, que se había divorciado de Gene Tierney. Parece ser que se quedó embarazada y propuso a su amado celebrar la boda. No sé si fue él o ella, pero el caso es que no hubo tal enlace y se asegura que Grace perdió el bebé que esperaba. ¿Un aborto consentido?

Y en esto que la contrataron para rodar en la Costa Azul Atrapa un ladrón que, a la postre iba a ser su despedida del cine, junto a su buen amigo Cary Grant. Y por entonces la invitaron al Festival de Cannes. Acontecimiento que la revista París Match aprovechó para sugerirle qué tal le parecería visitar el cercano Principado de Mónaco y realizar en sus salones un espectacular reportaje. A Grace Kelly le pareció de perlas la invitación, atraída por conocer al príncipe Raniero. (Y escribo así el nombre y no Rainiero porque de ambas maneras lo he visto publicado hace mucho tiempo). La acompañaba esos días primaverales en Cannes el actor Jean Pierre Aumont. Cuando Raniero vio llegar a su Palacio a aquella encantadora mujer, quedó prendado en seguida de su seductora belleza. Y como estaba soltero y la pequeña corte monegasca le urgía casarse para tener un heredero, no lo dudó mucho y el 18 de abril de 1956 se celebraba su unión bendecida por la Iglesia. La propia princesa, años más tarde, supo que antes que ella Raniero había estado a punto de comprometerse con Marilyn Monroe, candidata que rechazaron en Mónaco al comprobarse que era de religión protestante.

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Kelly y Rainiero de Mónaco | Cordon Press

Pasaron los años. Llegaron tres hijos al hogar principesco de los Grimaldi, la familia monegasca. Raniero viajaba a menudo sin la princesa. Y la engañaba con cierta frecuencia. Grace lo sabía. Y se lo contó una tarde a Ava Gardner en la casa londinense de ésta. La confidencia me la hizo llegar en su día Jorge Fiestas, un conocido cronista de cine, amigo de Ava, que escuchó tales comentarios en un rincón. Luego, no hace mucho, leí el ameno libro de Marcos Ordóñez sobre Ava, "Beberse la vida", donde cuenta aquella visita; sólo que no dice que Fiestas estuviera escondido, sino que recogiendo la versión de otro amigo de éste, refiere que ambos fueron invitados a cenar con la Gardner, donde sí, estaba presente la princesa Grace amén de los actores Albert Finney y Anouk Aimée. El testimonio de ese amigo –lo era también mío, Julio Torija- viene a resumir que entre todos cogieron una "moña" de campeonato, a lo que tanto era aficionada Ava Gardner. Grace no bebía mucho alcohol pero en aquella velada se saltó la norma. Y lo que escucharon mis amigos de boca de la princesa fue que su marido le ponía los cuernos al tres por dos y que la familia de Raniero, en el fondo, nunca la habían aceptado. ¡Toma, castañas!

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