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Carmen Sevilla cumple 86 años vencida por el mal de Alzhéimer

La veterana actriz cumple ochenta y seis, y no ochenta y siete, como suelen citar todos los medios en este aniversario.

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Carmen Sevilla | Cordon Press

Preocupantes han sido los últimos días para Carmen Sevilla, que cumple este lunes, 16 de octubre, ochenta y seis años, recluida en una residencia, a las afueras de Madrid, donde permanece desde 2015. Su salud se ha deteriorado en los últimos meses, al tiempo de que surgieran noticias alarmantes sobre su estado. Enferma del mal de Alzhéimer, con la memoria perdida, no se acuerda de nada, ni de quién fue ni quiénes son sus familiares y amigos, en especial de su hijo Augusto, que fue quien determinó internarla cuando ya era imposible dejarla en el piso en el que residía en los últimos años, sito en el madrileño paseo de Rosales, frente al templo de Debod. Quiénes la trataron en los últimos tiempos comentan que a pesar de no reconocer a nadie, se mostraba cariñosa bien con las enfermeras o con alguna amistad, de las escasas que tenían paso franco hasta su habitación. Sonriente, apenas musitaba ya palabras inteligibles. Viviendo en una especie de limbo, ajena absolutamente a su fabuloso pasado de gran estrella de nuestro cine y la canción.

Los años que cumple este 16 de octubre de 2017 son ochenta y seis, y no ochenta y siete como suelen en este aniversario citar prácticamente todos los medios, por ejemplo, el último, Pronto. Y no es que tenga importancia ese año de menos. Simplemente que, ateniéndonos al rigor, no olvidamos que ella misma nos sacó de dudas en una de las múltiples entrevistas que le hicimos a lo largo de su carrera, aunque ya al final de ella. La explicación que nos dio fue ésta: "En las enciclopedias, en cualquier texto biográfico sobre mí, consta como nacida en Sevilla en 1930. ¿Y sabes por qué? Pues porque cuando yo empecé de jovencilla, amadrinada por Estrellita Castro, era menor de edad y para ser profesional tenía que sacarme obligatoriamente el carné del Sindicato Nacional del Espectáculo donde, no teniendo la edad mínima exigible para que me lo facilitaran tuve que "ponerme" un año más. Y claro, la cosa siguió, fue rodando y ya no me fue posible rectificar. Pero te lo digo bien clarito, que yo vine al mundo ¡en 1931!". Luego, insistimos, cumple este otoño, lunes día 16 del presente, ochenta y seis años.

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En una de las últimas entrevistas que le hice, ya retirada, me dijo muy segura de sí que ya no volvería más ni a cantar ni desde luego a rodar películas. Se refugió en la televisión, primero con aquello del cupón de ciegos de Telecinco, que le ofreció Valerio Lazarov con un más que generoso sueldo, y después como presentadora de Cine de barrio. Si con el espacio de los ciegos se hacía un lío cuando hablaba por teléfono con los concursantes, en el programa cinematográfico de los sábados en la 1 de TVE era incapaz ya de aprenderse un texto de un par de líneas, componiéndoselas para farfullar los mismos adjetivos de siempre, como "mis queridísimos amigos" y cosas por el estilo. Pero Carmen Sevilla impuso siempre su simpatía, su fotogenia (en los últimos casos, telegenia) y podían perdonársele sus habituales fallos memorísticos. Ignorando los telespectadores, posiblemente, que ya se daban en ella, los primeros síntomas de la enfermedad que la ha retenido en la ahora conocida como residencia de ancianos Orpea, sita en el término de Aravaca, a la salida de Madrid por la carretera de La Coruña. Su madre, a la que también tuvieron en su día que ingresar en un centro geriátrico, padecía asimismo el mal de Alzhéimer que, por lo sabido, puede ser hereditaria. Falleció en 2004, cuando contaba noventa y nueve años.

De una de esas conversaciones que recordamos haber mantenido con Carmen Sevilla, traigo a colación la siguiente, de cuando le pregunté por qué decía adiós definitivo al cine: "Por amor a un hombre, Vicente Patuel, mi segundo marido, con quien me casé en 1985 y soy muy feliz. Y como él quería vivir en el campo y ocuparse del ganado y de cuanto sembramos, me adapté a esa vida, por muy dura que fuera al principio. Porque yo me olvidé de mi popularidad, de mis estrenos, de mis fiestas, de mis amigos, de mis contactos con vosotros, los periodistas… Por el amor, sí, dejé todo eso". Y luego, acariciando y contando ovejitas en aquellas tierras de la finca de Badajoz, donde "enterró" muchos de sus ahorros, porque Patuel a veces precisaba de "cash" para maquinaria y otras inversiones. Y una tarde, Vicente Patuel, víctima de un infarto, se murió en los brazos de Carmen Sevilla.

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Tal vez aquel dolor fue acelerando sus males. Todo eso ya es ayer. Un pasado que ella ni siente ni padece. Y sonríe beatíficamente mientras deambula por los pasillos y jardines de su residencia. Le llevarán este lunes una tarta para que apague las velitas. Y aunque tal vez se emocione, puede que ni siquiera la pruebe, o simplemente se lleve los dedos endulzados hasta sus labios, con lo golosa que siempre fue y tenía que moderarse para no aumentar las redondeces de su cintura y "pandero". "En verano me voy a Incosol y me pongo a dieta", nos decía, pícaramente. Ahora ya, ni eso. Porque apenas come y su físico, lógicamente, se ha deteriorado mucho en estas últimas semanas. ¡Qué pena, Carmen de España!

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