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La solitaria vida de Isabel Perón en Madrid

La expresidenta argentina hace vida muy solitaria en Madrid desde 1981. Es asidua, eso sí, al rastrillo Nuevo Futuro.

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Isabel Perón | Cordon Press

Se ha inaugurado estos días en Madrid, en la Casa de Campo, el tradicional Rastrillo Nuevo Futuro, de carácter benéfico, para conseguir fondos con destino a niños sin hogar. Desde el primer año de su creación prestan su generosa asistencia personajes de la vida social española, entre los que se hallan conocidos aristócratas, que acuden a la llamada de la Presidenta de esta entidad solidaria, doña Pilar de Borbón, tía del rey Felipe VI.

Fue hace pocos años cuando en uno de los puestos del Rastrillo, en un rincón, solitaria, advertí a una dama octogenaria, de buena presencia, piel tersa, muy bien peinada. La identifiqué inmediatamente y desde otro cercano puesto mantuve mi mirada hacia ella durante un cuarto de hora. Nadie se acercó a ella, ni tampoco ésta se comunicó con otras colaboradoras del puesto. El suyo consistía meramente de una caja de libros de segunda mano, que al acercarme y con su permiso palparlos para elegir alguno, colegí que no superaría el medio centenar. La misión de esta señora era, por tanto, "dar salida" a tan menguada mercancía. Pregunté el precio de un volumen, me lo quedé, tras depositar una moneda de euro en las manos de la silenciosa vendedora ocasional a la que nadie parecía prestarle atención alguna. Era, sin la menor duda, Isabel Perón, la expresidenta argentina. ¿Cómo hubiera reaccionado algún compatriota suyo de haber tenido la oportunidad que yo tuve? Comprendí que no era el momento de importunarla, sabedor por otro lado de que nunca concedió una entrevista desde su exilio en España; me limité a estrechar su mano, recibiendo una breve sonrisa. Volví la cabeza cuando me alejaba de aquel puesto comprobando que seguía solitaria, de pie, ante su caja de libros usados.

He sabido que desde 1981, cuando las autoridades militares de su país la dejaron en libertad y se asentó en Madrid, ha seguido una vida austera, con el mínimo personal de servicio en su chalé de Villanueva del Castillo, a medio centenar de kilómetros de Madrid; vivienda de tres plantas y una extensión de doscientos cincuenta metros cuadrados. Últimamente apenas se desplaza de su residencia, salvo regularmente para ir a Misa. No hace vida social.Quizás este año ni siquiera acuda al Rastrillo. ¿Para estar sola al frente de un pequeño lote de libros a un euro? Dejó traslucir a uno de sus pocos íntimos que había recibido injustas acusaciones y se encontraba ya sin fuerzas ni más argumentos para quienes aún la siguen considerando en Argentina responsable de graves delitos de lesa humanidad. En 2007 tuvo que acudir a la Audiencia Nacional de Madrid, que la reclamó por una orden de extradición procedente de la justicia argentina. Pero quedó libre de cargos.

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Juan e Isabel Perón | Cordon Press

¿Qué fue del pasado de Isabel Perón? Nacida en La Rioja argentina el 4 de febrero de 1931, hija de un modesto empleado de banca, cursó estudios primarios y luego de danza. Como bailarina entró a formar parte del ballet de un cubano llamado Joe Herald, donde todos la conocían por su sobrenombre artístico: Isabelita Gómez. En realidad se llama María Estela Martínez Cartas. Después de una gira por Estados Unidos e Hispanoamérica aquel ballet debutó en una sala caraqueña, Pasapoga (curiosamente llamada como otro cabaré madrileño de los años 50). Quiso la casualidad que una noche acudiera al local el derrocado presidente de la República Argentina, Juan Domingo Perón. Estaba aún casi reciente su viudedad, y no se había repuesto de la muerte de Evita Duarte, su segunda esposa. Tampoco de su situación de exiliado. Se fijó en aquella muchacha rubia, delgada, de mediana estatura y, por momentos, creyó que Evita aún estaba viva. Lo cierto es que se prendó de Isabelita y en poco tiempo ésta accedió a compartir con él su vida. Se cuenta que se ofreció como secretaria, o en su defecto, camarera. No hizo falta que se rebajara mucho más porque aunque la diferencia de edad era mucha (ella con veinticuatro años, él con sesenta y dos), el amor que desde un principio surgió en la pareja hizo innecesario pensar en otra cosa que no fuera compartir un hogar, en principio inestable. Desde Venezuela se fueron a Panamá, donde vivieron una temporada para después anclarse en la República Dominicana, donde el dictador Trujillo les ayudó con una suma importante de dinero.

Hasta ese momento, los Perón habían ido "tirando" en condiciones muy precarias. Juan Domingo, el fundador del Partido Justicialista, el líder del peronismo, trató siempre de recobrar el poder perdido y no paró hasta sentarse de nuevo en el sillón presidencial de la Casa Rosada. Mas tuvieron que pasar cerca de veinte años. Durante los cuales tuvo en Chabela, o Chabelita, como llamaba a su amante, a una mujer dócil, que hasta se prestó en los primeros años 60 a viajar a Buenos Aires para activar el movimiento peronista. Lo cierto es que hasta 1972 Perón no logró el sueño de su vuelta triunfal al poder. Entre tanto, en 1961 decidieron venirse a España. Burlaron de algún modo a las autoridades franquistas, instalándose primeramente de forma temporal en el hotel Pez Espada, de Torremolinos. Cada seis meses tenían que renovar su pasaporte de turistas. Mucho tardaron hasta que Franco consintió en autorizar su presencia en Madrid, siempre que no realizaran ninguna maniobra política. Para congraciarse con él, y habida cuenta que Perón vivía en concubinato con Isabelita, decidieron casarse, no fuera que ello les trajera más problemas con el régimen español. La boda se celebró en el domicilio del doctor Francisco Flórez Tascón, parece ser que el 2 de enero de 1961, aunque de aceptar esa fecha hacemos constar que ocultaron el acontecimiento, dándolo a la publicidad el 15 de noviembre del mismo año. De alquilar un chalé de El Plantío, a las afueras de Madrid, pasaron a ocupar otro en la capital, avenida del doctor Arce, donde tuvieron como vecinos a Luis Miguel Dominguín en plena etapa apasionada con Ava Gardner; teniendo que soportar las juergas de madrugada que organizaba la alcoholizada actriz norteamericana. Finalmente, Perón pudo encontrar suficiente apoyo de sus fieles peronistas o tal vez gracias a algunas cuentas "extraviadas" durante su mandato, para adquirir unos terrenos donde se construyó en la calle de Navalmanzano 6, zona residencial de Puerta de Hierro, la Quinta 17 de octubre, fecha histórica asociada a su país, adonde acudían cientos de peronistas para rendirle pleitesía.

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Isabel Perón, presidenta | Cordon Press

Cuando Juan Domingo Perón alcanzó otra vez la Presidencia de la República Argentina en 1973 nombró vicepresidenta a Isabelita. Al fallecer en 1974, su viuda llegó a la Presidencia el 1 de julio de tal año. La primera mujer del mundo elegida jefe de Estado, con el título de presidenta. Estaba claro que el importantísimo cargo "le venía más que grande". No poseía ni formación política, ni conocimientos suficientes para como estadista hacer frente a cuantos problemas, sobre todo de índole económica, asolaron a su país; por no complicarnos en referir una serie de sucesos de los que sería tras su derrocamiento acusada, envuelta en muertes y desapariciones. Tiempos difíciles cuando la Triple A, grupo terrorista, asolaba a la ciudadanía. Tenía como ministro de Bienestar Social a un antiguo secretario peronista, José López Rega, al que sus múltiples enemigos motejaban como el Brujo. Al parecer, tenía fama en cuestiones esotéricas y la presidenta le consultaba, como en otras ocasiones hacía con videntes y adivinadores del porvenir.

Que sería muy negro para ella cuando el 24 de marzo de 1976 fue sacada de la Casa Rosada, detenida y confinada en un par de residencias a lo largo de cinco años, hasta que recobró la libertad y volvió a España. Era el año 1981 y después de ese periodo de soledad, privada de todos sus derechos y privilegios anteriores, se convirtió en Madrid en una especie de sombra triste y melancólica, al principio apoyada por ciertas amistades y últimamente olvidada. El sino de una mujer que jamás pudo imaginar que con su somera educación pudiera alcanzar la primera autoridad en su país. El amor de Perón y el destino hicieron posible ese sueño. Hoy, viviendo de todos esos recuerdos, unos felices, otros amargos y dramáticos, Isabel Martínez de Perón reza todos los días con devoción piadosa. Pero no ha podido regresar a la Argentina estos últimos años. Tal vez la justicia, aunque se diga que han prescrito los supuestos delitos por los que la acusan, pudiera reclamarla para que testificara. En cualquier caso este último tramo de su vida no deja de ser un triste capítulo para quien fue, un breve tiempo, la mujer más poderosa de un importante país como Argentina.

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