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Narciso Ibáñez Serrador, un genio en silla de ruedas

Se cumplen cincuenta años de 'Historias para no dormir', serie emitida en TVE desde 1966. Su creador: el genial Chicho.

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Cabecera de uno de los programas | YouTube

Fue una noche, en una cena, hará diez años más o menos. Me lo encontré sentado en silla de ruedas, acompañado de una joven que no supe identificar. Nos saludamos amistosamente pero en recuerdo de tantas veces como lo entrevisté, y sorprendido, respetando su intimidad, confieso que no me atreví a preguntarle a Narciso ("Chicho") Ibáñez Serrador qué enfermedad o accidente lo había llevado a esa situación. En la que sigue. "Hay días que ni siquiera quiere levantarse de la cama, ni ver a nadie", comentaba no hace mucho Mayra Gómez Kemp, que tan bien lo conoce desde los tiempos que presentaba Un, dos, tres….

El inventor de aquel concurso televisivo, el responsable de un montón de programas de terror y de humor, ve pasar las hojas del calendario con cierta melancolía, aunque no haya cesado de trabajar en los últimos tiempos, cuando alcanza estos días la edad octogenaria.

Nació el 4 de julio de 1935 en Montevideo (Uruguay). En una ocasión que lo visité en su despacho de la productora Prointel, en tanto se fumaba el enésimo cigarro habano del día, le pedí que me contara su vida, la que extracto a continuación: "La clave es mi infancia. He sido un niño que padeció púrpura hemorrágica, pariente próxima de la hemofilia, desde los seis a los doce años. Me llevaban entre algodones, no podía jugar. En la escuela me sentaron en el último pupitre. Y yo leía, hacía volar mi imaginación. Cuando me recuperé totalmente a los dieciséis años me fui a Egipto". Una pausa en el relato, pues llegado a ese punto, "Chicho" no me contó el porqué: se había enamorado como un colegial de la hija de unos diplomáticos que vivían en El Cairo y para verla tuvo que enrolarse en un mercante turco con el que recorrió el Mediterráneo y Oriente Medio. Estuvo en los Mares del Sur, cruzó el Tibet, pisó tierras de África, "viviendo lo soñado en mis días de enfermedad", me agregó.

Para ganarse la vida recurrió a su prodigiosa imaginación, a su afán de aventura y no ceder ante ningún obstáculo: fue camarero, fotógrafo de prensa, presentador en un club nocturno en la capital egipcia, vendedor de material pornográfico en Tánger, contrabandista desde Alejandría al Pireo…

Lo que no entiendo es por qué no hizo una película autobiográfica, aunque la hubiera interpretado otro. Y ya llegamos a sus años de comediógrafo y galán de teatro porque sépase que era hijo de dos grandísimos actores: el asturiano Narciso Ibáñez Menta y la argentina de ascendencia catalana Pepita Serrador, quienes en una de sus giras uruguayas lo alumbraron en la capital.

Aunque ya había estado un tiempo en España, fue en 1963 cuando se afincó definitivamente en Madrid, comenzando sus colaboraciones en Televisión Española, de las que quedaron para la posteridad, entre otros extraordinarios programas, Historias para no dormir, Historias de la frivolidad y sobre todo el siempre recordado Un, dos, tres… responda otra vez, que emitido en diferentes etapas llegó a alcanzar los veinte millones de telespectadores hacia 1987.

Cuando, tras varias temporadas retirado de la programación volvió en 2004, no obtuvo la audiencia esperada y no le renovaron el contrato a "Chicho", que sufrió una comprensible depresión, a lo que poco después se sumó el comienzo de una enfermedad degenerativa que le obligaría a usar silla de ruedas para sus desplazamientos.

La vida sentimental de "Chicho" Ibáñez Serrador tiene ciertos componentes tiernos y curiosos. Un hombre como él, supuestamente severo, de malhumor a veces cuando dirigía sus programas, resulta que fuera del trabajo se manifestó por lo común cariñoso y afable. Me contó lo que sigue: "Las circunstancias de mi vida son dignas de novelas románticas. Yo siempre había querido ser padre. Mi primera mujer (Adriana Gardiazábal, Miss Argentina, actriz de televisión) era muy guapa, llena de salud, muy lista, con veintisiete años cuando nos casamos… pero no quería tener hijos y lo impidió en todo momento". La boda fue en 1959. Se divorciaron dos años después. Luego, él ya no quiso casarse más.

Pero mediados los años 60 se encontró con la actriz Susana Canales, una excelente actriz dramática del cine de la década de los 50, viuda del galán Julio Peña. Convivieron un tiempo y como ella no podía darle hijos aquella unión fue debilitándose poco a poco. Hasta que conoció a la venezolana descendiente de holandeses, Diana Nauta. De modo casual: el director de cine argentino León Klimowsky le hizo llegar una carta con la petición de que atendiera a una chica muy mona, que pedía una oportunidad en Un, dos, tres…. "Chicho" le hizo unas pruebas en 1973, la contrató como azafata del programa y al año siguiente comenzaron la convivencia. Tuvieron dos hijos: Josefina (Pepa) y Alejandro. La pareja duró más de quince años, hasta que "se les rompió el amor" como cantaba Rocío Jurado. Entonces, "Chicho" volvió a fijarse en otra de las azafatas de la última etapa de Un, dos, tres…, una morenita que le hizo tilín, a partir de mediados los años 90, de nombre Lorena Martínez, que había trabajado en figuración y de colaboradora en algunos "scketchs" del humorista Manolo Royo. Su última compañera, que sepamos.

Con el nuevo siglo, Narciso Ibáñez Serrador, a pesar del revés sufrido con el final de Un, dos, tres… no cejó de urdir infinidad de argumentos, ideas para nuevos programas, guiones semejantes a los de Historias para no dormir… que no vieron la luz. Con su hijo Alejandro ha mantenido en los últimos años una colaboración intensa para elaborar espacios con destino a productoras y cadenas de televisión, creemos que con pobres resultados. Nunca "Chicho" se ha amilanado ante la adversidad. Tiene una elevada inteligencia. Me confió una vez que se había sometido en Nueva York a un "test" de inteligencia, alcanzando ciento ochenta y dos puntos sobre el máximo, doscientos diez. Lee mucho, no deja ni un día de repasar concienzudamente la prensa, ve muchas películas de noche por la televisión, de vez en cuando ha salido de casa a alguna sala de cine, a algún espectáculo de la Gran Vía madrileña, como hace un par de meses, invitado por el caricato e imitador Carlos Latre. En años recientes ha recibido varios galardones, como el de la Gala 50 Años de TVE y en 2010 el Premio Nacional de Televisión. Insuficientes reconocimientos nos parecen para quien es un auténtico genio, amén de una excelente persona. Debería ser objeto de un gran homenaje.

En Chic

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