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El año en el que Anthony Blake "acertó" el Gordo de Navidad

Una pista: lo hizo con la ayuda de un enano.

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Anthony Blake | Archivo

Llegadas estas fechas pocos son los que entre nosotros no tientan la suerte con la Lotería Nacional en busca del "Gordo" navideño. La superstición influye en buen número de jugadores, que rezan a San Pancracio, procuran deslizar una papeleta por la espalda de un jorobado, hacen larguísimas colas en determinadas administraciones (en Madrid, la de Doña Manolita), o en el pueblo catalán de Sort, sueñan con un número y lo buscan por toda España (ahora más fácilmente, vía Internet)… Y la incógnita, siempre es la misma: ¿en qué número tocará este año? ¿Lo conoce alguien anticipadamente? ¡Por supuesto que no! Entonces ¿cómo pudo ocurrir que hace trece años hubiera crédulos, unos pocos, cientos, miles, tal vez, que creyeran la predicción de Anthony Blake?

José Luis Panizo González es un ovetense de cincuenta y seis años que abandonó la carrera de Medicina para dedicarse al mentalismo, a los juegos de adivinación. Utiliza el citado sobrenombre. Es brillante y original, y así lo viene demostrando en las tres décadas que lleva en la profesión, a través de sus espectáculos en directo, sus apariciones en televisión o sus libros. Tiene una presencia magnética y algunos llegan a decirle que les asusta. Claro que utiliza trucos. Como cualquier mago, prestidigitador. Sólo que él procura revestirlos con aires de novedad, cual si tuviera unos poderes extra sensoriales ajenos a cualquier humano.

Y en el año 2002 se le ocurrió el que considera su mayor reto: anunciar de antemano qué número saldría del bombo en el sorteo del 22 de diciembre. Firmó contrato con la cadena Antena 3 y ante sus cámaras, en presencia de un montón de curiosos, depositó un librito conteniendo las cifras que corresponderían a ese ansiado "Gordo" dentro de una caja , que permanecería debidamente cerrada ante el público en una de las galerías del Centro Comercial La Vaguada, en Madrid. Varios vigilantes estuvieron turnándose los días previos al sorteo a lo largo de las veinticuatro horas de cada día. Tal caja conteniendo el libro era de madera, cerrada con tres llaves, una de las cuales la guardó el propio Anthony Blake, otra la presentadora televisiva del evento, Mar Saura, en tanto la tercera quedó en poder de la empresa de seguridad que velaba para que nadie pudiera acceder a aquella urna de cristal en cuyo interior se hallaba la caja del misterio.

Manifestó el mentalista asturiano que si después de anunciar que acertaría el número, fracasaba… tendría que irse de España, avergonzado. Añadió que no hacía el experimento por dinero. Y que no jugaba participación alguna en ese número. El día del sorteo, a las siete treinta de la mañana, la urna fue trasladada desde el Centro Comercial a los estudios de Antena 3. Tres horas después dos niños del Colegio de Huérfanos de San Ildefonso cantaban el "Gordo". El número agraciado era el 8103. Mar Saura, con la llave que guardaba de la urna y las otras dos antes mencionadas procedió a abrir la urna, luego la caja, introdujo sus manos lentamente hasta extraer el libro allí guardado, buscó una página… y allí pudo leer que aparecía escrita la misma cifra del número premiado, con esos cuatro dígitos. ¡Anthony Blake había acertado el "Gordo"!

Plácemes, felicitaciones, comentarios de todos los gustos en las tertulias televisivas y radiofónicas, artículos periodísticos… ¿Era un farsante el mago? ¿Se había reído de millones de telespectadores? Recuerden que una empresa de seguridad había mantenido en vigilancia permanente la urna y su caja del interior. Supuestamente, nadie hubiera podido burlar aquellos controles. Para la imaginación popular, cientos, millares de personas que siguieron aquel juego televisado, seguro que el personaje de Anthony Blake les resultó un genio, alguien con poderes capaz de adivinar una cosa así. Pero más de uno debió pensar: y por mucho que gane este señor ¿cómo sabiendo qué número iba a salir premiado no lo buscó, adquiriendo todas las series? ¡Se habría "forrado" para toda la vida!

Pero ¿qué pasó realmente? Anthony Blake contrató a un enano, a quien introdujo debajo de la urna. ¿Cuándo? En el trayecto del traslado de la misma a los estudios de Antena 3. Todavía no había comenzado el sorteo, cierto. Cuando los niños cantaron el "Gordo" ya no hubo dificultad para que el enano, aun dentro de su cubículo, se enterara del número y lo transcribiera en el libro. Como le dijo el propio Blake a un periodista cuando le pidió explicaciones: "Bien tonto hubiera sido saber yo ese número y no jugarlo". Pero más de uno se había tragado ya el engaño.

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