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Aída Nízar pagó muy caro su extraño regalo marrón; Aylén Milla se queda en ‘Gran Hermano VIP’

Aída Nízar ha decidido morir matando. Ella, y la primera hora sin cámaras de la edición, fueron el centro de la gala del jueves.

J. G
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Aída vs Aylén | Mediaset

La gala del jueves tuvo dos protagonistas destacadas: la inevitable Aída Nízar y su creciente enemistad con la jovial italiana Elettra Lamborghini. El odio entre ambas se cortaba con un cuchillo pese a que la segunda pudo huir temporalmente de las garras de la Nízar en la casa de GH Brasil. Recordemos que ambas estaban nominadas, como también Aylén Milla, que ingresó en la casa de Guadalix hace apenas dos semanas.

Pero no vayamos tan rápido, porque la del jueves era noche de intercambio en Gran Hermano VIP. Elettra, la Yola Berrocal italiana, se fue a Brasil y allí no se le ocurrió otra cosa que entrar enseñando reggaetón. Ya sabíamos que no era una muchacha muy tímida, pero naturalmente no sentó particularmente bien entre los brasileños. ¿Y qué logramos nosotros a cambio? A dos atléticos gemelos, Antonio y Manoel Rafaski, ambos afectados de jet-lag y completamente atónitos ante el portugués exhibido por Jordi González.

El lío en el canal Globo fue mayúsculo, con el presentador brasileño pidiendo perdón públicamente por el trato del resto de concursantes a Elettra que, por su parte, se llevó muy pronto la buena noticia de la noche: ella fue la menos votada de las tres opciones, por lo que la eliminación quedaba entre Aída y Aylén.

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Elettra pasándoselo bomba en Brasil | Mediaset

¿Rompería el público el romance entre Aylén y Marco, recién consumado esta semana, o el de Aída consigo misma sacándola fuera de la casa? Finalmente la expulsión fue para Aída, dando un inesperado vuelco a las predicciones previas. Se quedó la sensual recién llegada al programa: su única aportación era liarse de nuevo con Marco, cosa que ocurrió, pero lo que ocurrió con Aída en el baño fue simplemente demasiado. La Nízar tuvo que volver a coger sus cuchillos y marcharse por segunda vez, dejando la vía libre en la casa a los demás concursantes, los mismos que ella llamaba enemigos.

Pero hagamos una pausa, porque mientras todo esto se cocía, los gemelos brasileños iban a los suyo. La extraña pareja llegó a Madrid con una misión, la de intentar hacerse pasar por uno solo. Y no nos referimos a la suma de sus inteligencias, sino a físicamente. De modo que Manoel se quedó en el confesionario, esperando su turno para salir y deleitar a las damas con su presencia en chándal. Y así siempre, con uno de los gemelos en modo incógnito y escondido. Un clásico de Gran Hermano, porque esta edición no está destacando precisamente por su originalidad.

"Aylén huele a tristeza", opinó esta semana Elettra sobre Aylén Milla, que pasará a la historia por doblegar de manera inesperada a Aída. La argentina pasó la primera hora sin cámaras con Marco Ferri a espaldas de Allyson, que ni siquiera con sus numerosos problemas de vestuario –traducidos todos ellos en un pecho o dos al aire– ha logrado conseguir su objetivo. La americana trató de desempeñar el papel de paloma herida frente a Aylén sin tampoco llamar demasiado la atención de nadie, sintiéndose "fucking atrapada". Lo de retransmitirle los gemidos de la habitación oscura fue, de todas formas, una tortura para todos y no solo para ella. .

Entremedias, Aída Nízar. Mucha Aída Nízar. Más Aída Nízar. Con la que no es particularmente convivir, lo adivinan bien, y si no que se lo pregunten a Aylén, que tuvo que aguantar una hora a solas con la mujer dándole la brasa, antes de la expulsión. Ambas nominadas, la Nízar se ha dedicado a socavar la voluntad de su contrincante, a sacar de quicio a toda la casa, aún cuando todo estaba perdido para una de las dos. Lo que su autoestima no le permitía predecir era la mera posibilidad de salir de la casa. Cosa que finalmente ocurrió.

La audiencia castigaba a la concursante por lo que ocurrió esta semana en el baño. Sí, ya saben, el asunto de su "venganza marrón". Aquí tenemos que detenernos y hacer flashback, porque cansada de vivir entre desperdicios de sus compañeras y de la broma pesada de Aylén y Elettra –que mancharon unas bragas de cacao para fingir excremento– lo cierto es que entre todos provocaron la airada reacción de Aída. Y ya saben que cuando Aída juega, juega de verdad: vestida con su sudadera de "adoro mi vida", Aída, en efecto, defecó en el suelo y se ocupó de que el regalo quedase a la vista y el olfato de todos.

Finalmente fue Daniela Blume, la única que apreció la broma partiéndose de risa gracias a su irresistible vena psicópata, quien limpió el extraño presente marrón. Porque el resto, asustados por la falta de límites de Aída, se dedicaron a rastrear toda la casa y guardar sus pertenencias, por si acaso se le ocurría hacer algo con ellas. El incidente selló la eterna enemistad de la española con Elettra, al fin y al cabo también nominada para la expulsión esta semana. "Adoro mi caca", gritaba la italiana por la casa, burlándose de una enfurecida Aída Nízar.

La madre de ésta defendió en plató a su hija: "Aída tenía ganas de defecar, y lo hizo". ¿Existe la remota posibilidad de que tenga envidia de Elettra por ir a Brasil? "Es imposible", remataba la reina madre. Quizá Jordi González había dado en el clavo…

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