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La esencia de Burgos, el Cid y su catedral, en 24 horas

Un recorrido exprés por la que fue capital del Reino de Castilla, cuna del Cid y sobre la que se asienta su colosal catedral.

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La esencia de Burgos, en un 24 horas

Sin duda uno de los rincones que mejor dan la bienvenida al viajero recién llegado a Burgos y ávido de historia y cultura es el famoso arco de Santa María. Uno de los monumentos más reconocibles y emblemáticos de la ciudad castellana. En su origen, una de las doce puertas de la muralla medieval que rodeaba la ciudad. En él se encuentran personajes importantes de la historia de la Burgos y de Castilla: los Jueces de Castilla (Nuño Rasura y Laín Calvo); los condes Diego Rodríguez Porcelos, fundador de la ciudad, y Fernán González; el Cid; y el emperador Carlos I, a quien dedicó la ciudad el Arco para congraciarse con él tras las revueltas comuneras.

Frente al puente de Santa María, que permite atravesar el río Arlanzón, se levanta el centenario arco que, tras atravesarlo, nos llevará directamente a la Plaza del Rey San Fernando, un espacio abierto donde se eleva la catedral de Burgos, verdadera protagonista de la ciudad, junto al Cid, claro está. Es común, sobre todo en días soleados ver a muchos pintores y fotógrafos congregarse en las cercanías de la catedral gótica más famosa de España.

Burgos también es una parada destacada del Camino de Santiago. Los peregrinos realizan un pequeño alto en el camino durante algunas horas para poder disfrutar de la ciudad, su casco antiguo y su gastronomía (es muy recomendable su morcilla). Por lo que cruzarse por las cercanías de la catedral o del casco histórico con un grupo de caminantes es algo de lo más normal.

El interior y exterior de la catedral, o para se exactos la Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de Santa María, de la que ya se detalló con gran maestría en este periódico, es necesario admirarlo con la mayor apertura de ojos posible. Como curiosidad, aprovechar unos minutos para buscar la pequeña figura del Papamoscas, situado en lo alto de la nave mayor, que a las horas en punto abre la boca, al tiempo que mueve su brazo derecho para accionar el badajo de una campana. Es una figura de medio cuerpo que se asoma sobre la esfera de un reloj.

La plaza del mercado menor, comúnmente conocida como la Plaza Mayor es el siguiente punto en el itinerario. Es una construcción en forma de polígono irregular, situada colindante al Paseo del Espolón, en pleno casco viejo y muy cerca de la catedral de Burgos, de hecho parte es visible desde la plaza. Destaca la estatua de Carlos III, que preside la plaza Mayor de Burgos desde el año 1784 y parece vigilar el discurrir de los ciudadanos burgaleses y los viajeros en general, además de la fachada de la Casa Constorial, actual ayuntamiento de Burgos.

En otro punto del centro histórico de Burgos se eleva la estatua ecuestre en bronce del Cid. Inaugurada en 1955 como homenaje a Rodrigo Díaz de Vivar. El Cid Campeador subido a lomos de Babieca y blandiendo Tizona, su inseparable espada, parece dirigir su mirada hacia el otro lado del río, camino de Valencia. Una estatua de gran belleza, que por momentos, parece que va a despegarse de su base y comenzar a cabalgar sin que nada se interponga en su camino. Y no es para menos, tratándose de uno de los héroes castellanos más legendarios de la historia de España.

Pocos metros más adelante se puede caminar al lado de la estatua de Diego Rodríguez sobre el puente de San Pablo, único hijo varón del Cid y de su amada Doña Jimena, también sobre el puente.

Continuando el paseo desde la estatua del Cid, se abre en una discreta plaza el palacio de los Condestables de Castilla, conocido como casa del Cordón, palacio originario del siglo XV, que está situado en la plaza de La Libertad y Santo Domingo de Guzmán.

Siempre presente, el Arlanzón, afluente del río Arlanza, es el río que ha dado vida a Burgos a lo largo de los siglos. Atraviesa el norte de Castilla partiendo Burgos en dos a su paso por la ciudad. Según cuenta el Poema, el Cid y su ejército, la primera noche de su destierro acampó en la Glera del Arlanzón, cerca de la puerta de Santa María. Un monolito que reproduce los versos del Cantar recuerda dicho acontecimiento.

Caminar por el centro histórico de Burgos, seguir los pasos de Rodrigo Díaz, traspasar la puerta de la soberbia catedral y alzar la mirada o comer y beber como un burgalés, son algunos de los recuerdos que llevarse consigo con pocas horas de estancia en la ciudad.

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