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Santamania, la ginebra premium made in Madrid

Con una producción limitada, pueden utilizar productos naturales en vez de las esencias químicas de las multinacionales.

Libertad Digital
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Uno de los cofre premium que ofrece la marca madrileña. | Santamanía

Lejos de las campiñas inglesas o los campos de tulipanes holandeses, los lugares donde cualquier consumidor de gintonic puede imaginar a la perfección que se elaboran las ginebras más exquisitas que se pueden degustar, un grupo de amigos ha decidido plantar batalla y reivindicar la capacidad española para elaborar un producto de tal calidad que convierta a nuestro país en una referencia en la elaboración de ginebra premium.

Su base está situada en un polígono industrial Europolis de Las Rozas, a apenas una veintena de kilómetros de Madrid capital. Allí se encuentra la joya de su corona: Vera. Un alambique de última generación construido en cobre por una empresa especializada en Alemania y cuyo diseño personalizaron los tres socios que decidieron convertir su pasión en su propio futuro y han puesto en marcha Santamanía, la marca que quieren convertir en referencia internacional de calidad.

El primer elemento diferenciador es la materia prima que es el alcohol de uva. No optan por el cereal o la patata, tradicionales en este proceso, sino en algo mucho más español: la uva. Controlando el origen de la uva, siempre de gran calidad, Vera se encarga en "redondear y afinar" ese alcohol en un proceso de destilación que dura unas cuatro o cinco horas. El resultado, reposado durante un día en vasija, es mezclado en la proporción correcta con agua traida desde Tenerife, lo que permite obtener un vodka de altísima calidad

Una parte de ese vodka premium se almacena durante un mes para su posterior puesta a la venta, pero la mayor parte de él se utiliza como base para la elaboración del producto estrella, la ginebra. Se pone a macerar con enebro, canela, cilantro o hasta una decena más de productos, todos ellos naturales y de la máxima calidad. Nada de esencias químicas como acostumbran en las grandes multinacionales.

Cada uno de esos ingredientes, cuidadosamente escogidos, necesita su propio tiempo de maceración. Concluida la espera, el líquido vuelve de nuevo a Vera, que lo destila en un proceso en el que se incluyen citricos naturales que aportan sus esencias. El producto final, ahora sí, se convierte en la ginebra premium que Santamanía está exportando en este su primer año de vida a mercados tan exigentes como Reino Unido, Italia, Bélgica, Portugal o Chile.

"Vera tiene una capacidad de destilación de hasta 330 botellas, pero normalmente las tiradas que hacemos son de 250-260 botellas. Elaboramos como mucho unas 300 botellas al día frente a las grandes multinacionales que pueden hacer 3.000 botellas al minuto. Utilizamos productos 100 por 100 naturales y tenemos tiempo para cortar las limas o tostar el pistacho, en vez de utilizar productos químicos", explica Víctor Fraile, uno de los tres socios de Santamanía.

"Queremos un producto de altísima calidad. Los limones y las limas vienen de diferentes productores españoles, el pistacho de Gerona, el enebro de Macedonia, el cardamomo de Guatemala... Prestamos mucha atención al detalle, ponemos pasión en lo que hacemos y huímos del pelotazo. Esas son las claves de nuestro trabajo. Preferimos hacer poco pero que sea de calidad, luego ya tendrá el precio que tenga que tener", continúa.

El mimo con el tratan el producto es tal que hasta el diseño y el motivo de las botellas varía en función de los lotes. Cada uno con el suyo propio, basado en personajes históricos o hechos relevantes, entre otras opciones, que luego es explicado en la página web de Santamanía, donde el cliente final puede conocer la fecha de envasado de la botella de su lote (cada botella está numerada), el motivo del mismo y su historia asociada.

"La comercialización del producto es compleja porque compites con grandes multinacionales que generan millares de impactos de publicidad. Están en carteles, en la radio del coche... Lo que mejor nos está funcionando es el boca a boca. Necesitamos que la gente nos pruebe. Ser pequeño no implica no tener vocación de crecer. Crecer pero haciendo las cosas bien y manteniendo los estándares de calidad", concluye Víctor Fraile.

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