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Análisis 'Prey': la reinvención de un juego de culto

Explorar los peligros de la estación espacial Talos-1 son una apuesta sobre seguro para quienes quieran vivir emociones intensas.

Victor Moyano / Elsotanoperdido
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Llegó la hora. Más de diez años han tenido que pasar para volver a ver a Prey. El original, lanzado en 2006 por Human Head Studios, dejó un muy buen sabor de boca, pues rompía con la tradición genérica que engloba la gran mayoría de producciones de género presentando un videojuego de acción en primera persona con mucha personalidad. Así nació lo que para muchos se considera como un videojuego de culto.

Tras el lanzamiento, el estudio se puso manos a la obra con su segunda parte, aunque por desgracia se anunciaba una precipitada cancelación. Sin embargo, Arkane Studios, junto con Bethesda, rescataron el concepto y optaron por trasladarlo hasta el enfoque que hoy nos ocupa, que es, nada más y nada menos, que una reconfiguración de la marca. Así, once años después del nacimiento de Prey nos llega una nueva producción que nos invita a conocer el mismo universo, aunque bajo un paradigma distinto. Se respetan ciertas características, como la ambientación espacial y ciertos elementos de la trama, pero este nuevo Prey reinventa todo lo demás, introduciendo multitud de mecánicas nuevas, una trama argumental muy elaborada y, sobre todo, mucha tensión. Amantes de la exploración y las sensaciones intensas, tenéis una cita ineludible en la estación espacial Talos-1. Que empiece el espectáculo.

De paseo por la Talos-1

En cuanto arranca el título y tras elegir el sexo del personaje, el jugador amanece en su apartamento pertrechándose para su primer día de trabajo. Un imponente helicóptero le espera en la azotea para transportarle, a lo que será a partir de ahora, su lugar de trabajo y su mantra diario. Lo primero: una revisión psicológica. Todo parece correcto hasta el momento, superando una serie de pruebas sencillas que nos aportan los conocimientos básicos para movernos y actuar con el entorno. Sin embargo, algo ocurre cuando estamos en el último bloque de preguntas y la sala en la que nos encontramos libera una suerte de gas venenoso. Contra todo pronóstico, volvemos a despertar en el apartamento, como si nada hubiera pasado.

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Comenzaremos la aventura en nuestro apartamento. | Arkane Studios

Así de inquietante arranca la trama argumental de Prey, un videojuego que juega con la psique del jugador desde el primer minuto. En realidad, el trabajo parece no existir, el helicóptero de la azotea es una farsa, y, las personas con las que nos cruzamos durante nuestra travesía ahora están muertas o desaparecidas. Nada de lo que hemos visto parece real, porque nos encontramos en una estación espacial denominada Talos-1, un proyecto conjunto entre los Estados Unidos de la era Kennedy –cuyo asesinato no se produjo– y los soviets tras la carrera espacial.

Este es el telón de fondo de la obra, que presenta las líneas de su guion con maestría, logrando que la curiosidad del jugador sea el vehículo conductor del argumento. En un formato similar a obras como BioShock o Dishonored, la trama va expandiéndose siempre y cuando el jugador sienta la necesidad de conocer más sobre este peculiar mundo. La exploración es necesaria para conocer los secretos de la estación, las intenciones del proyecto Axioma, los motivos por los cuales un familiar parece habernos traicionado y los peligrosos Typhon que habitan la estación espacial, pues Morgan Yu, protagonista (masculino o femenina) de la aventura, no tiene recuerdos de ningún tipo.

¿Solos ante el peligro?

La estación espacial es un lugar inhóspito y desconocido. Dividida entre varios pisos y salas, nuestro objetivo principal no será otro que descubrir qué ha ocurrido. Por suerte, contamos con la ayuda de January, una misteriosa figura que está al otro lado de la línea y que se comunica con el personaje para ayudarle durante esos inquietantes primeros pasos.

Así, el videojuego va abriéndose paulatinamente, a medida que el jugador va descubriendo los diferentes entornos de la Talos-1. El escenario es inmenso, y, de hecho, la gran mayoría de salas tienen un cierre de seguridad de algún tipo que habrá que sortear –o encontrar– de alguna forma. Las opciones son limitadas al inicio, pero pronto aprenderemos a movernos de forma eficiente en una estación infestada de enemigos alienígenas.

Por ejemplo, hay códigos de seguridad escondidos por todos los rincones de la gigantesca nave, que abren puertas, cajas fuertes o brindan acceso a nuevos lugares y objetos de gran valor, respectivamente; también hay contraseñas para los ordenadores repartidos por la estación, un recurso que permite descubrir más detalles sobre la trama a partir de correos electrónicos; comunicaciones entre trabajadores; revistas científicas; notas de todo tipo y un largo etcétera, que amplían considerablemente el trasfondo de la trama.

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Los alienígenas que infestan la estación pueden transformarse en cualquier objeto. | Arkane Studios

Además, a diferencia de otros títulos del género, los escenarios son amplios y rehúyen del esquema lineal. Sin llegar a ser un mundo completamente abierto y conectado, pues existen los tiempos de carga entre zonas, cada región de la Talos-1 alberga un buen puñado de escenarios, perfectamente detallados y con coherencia lógica, lo que permite ubicarse perfectamente en todo momento y así no perder de vista los objetivos, sean principales o las misiones secundarias, que se activan algunas leyendo correos electrónicos.

Lucha por la supervivencia humana

Los peligros de la Talos-1 son muchos. Sin entrar a valorar las intenciones de los humanos que construyeron el complejo espacial, la nave está asediada por enemigos alienígenas que, sorprendentemente, pueden convertirse en cualquier objeto convencional. Esto significa que igual estamos disparando a un enemigo que se nos escapa y al llegar a la siguiente sala, siguiendo sus pasos, no logramos localizarlo. Cuidado con estos momentos, ya que el enemigo puede haberse convertido en una silla (una taza, un libro, o cualquier otro elemento común) y atacar por sorpresa.

Podemos defendernos, pero el jugador que espere acción a raudales ya puede ir olvidándose de este juego, ya que Prey apuesta por la inteligencia y destreza a la hora de sortear o aniquilar enemigos. La munición escasea, aun pudiendo fabricarla con diferentes materiales, y las armas, que van desde lo clásico (escopetas, pistolas, etcétera) hasta lo más futurista, como es el Cañón Gloo, que lanza una masa que se solidifica en escasos segundos, aportando cierta ventaja para atacar.

Otra constante dentro de la aventura es la interacción con el entorno: podemos coger y lanzar casi cualquier elemento de la pantalla, siempre y cuando el jugador haya alcanzado el nivel de vigor necesario para ello. Esto es interesante, ya que plantea nuevos retos al jugador. Por ejemplo, es posible invitar a un enemigo a que nos persiga hasta la vuelta de una esquina y sorprenderle lanzándole un pesado escritorio. Por supuesto, otra manera de abordar el título es mimetizarse entre las sombras, evitar todo conflicto y esperar al momento oportuno para avanzar.

Estas mejoras están relacionadas con los neuromods, que hacen la función de árbol de habilidades. Estos dispositivos –que se encuentran desperdigados por los escenarios– reescriben las funciones del cerebro del personaje a través de un pinchazo ocular y ofrece, automáticamente, una serie de interesantes habilidades. Están divididas en tres vertientes: científico, ingeniero y seguridad, y cada una de ellas requiere de un número determinado de neuromods para desbloquearse. El vigor, la habilidad de reparación, el hackeo de terminales, la mejora del aguante y la salud o velocidad a la que se desplaza el personaje pueden incrementarse cómodamente a medida que se van empleando estos artilugios.

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No es un juego de mundo abierto, pero los escenarios son grandes y detallados. | Arkane Studios

Pero, más allá de las habilidades, y una vez llegados a un punto determinado de la aventura, podremos incorporar algunas de las características de los enemigos, como la telepatía o la transmutación. Así, el jugador puede entrar en la cabeza de los Typhon o, como hacen los mimics, convertirse en un objeto para difuminarse con el entorno. Esta última habilidad, además, puede emplearse para explorar lugares inaccesibles, por ejemplo, por un estrecho hueco tomando la forma de una taza de café. Todo está perfectamente pensado para ser superado de diferentes formas, dando protagonismo al jugador a la hora de abordar cada situación de la manera que prefiera.

Eso sí, cada vez que se opte por utilizar este tipo de poderes se perderá un poco de humanidad, hasta tal punto que las torretas de seguridad, aliadas sobre todo durante las primeras horas de juego gracias a su potencia de fuego y su portabilidad, nos catalogarán como un Typhon más. A esto se suman un buen puñado de misiones secundarias, que, sin ser excesivamente divertidas, cumplen perfectamente con su papel otorgando ciertos beneficios y aportando más información sobre la historia. Más aún, en los terminales de seguridad tenemos un listado con los profesionales que trabajan en la Talos-1, mostrándonos su ubicación y su estado (vivo o muerto), pudiendo rescatar –siempre que sea posible– a aquellos que consideremos importantes para el desarrollo de la historia. De hecho, aquí se plantean multitud de decisiones morales que cambian ligeramente el transcurso de la narrativa hacia uno u otro lado.

Una ambientación sobresaliente

A nivel técnico, Prey sorprende empleando el fantástico motor gráfico Cry Engine, que fuerza las videoconsolas de Sony y Microsoft para mostrar unos entornos y modelados más que notables. Si bien es cierto la mejor versión del título funciona en PC, ya que con la máquina adecuada, funciona a 60 cuadros por segundo. Las versiones para los sistemas domésticos cumplen perfectamente su cometido, respetando las 30 imágenes por segundo en la mayoría de situaciones. Los entornos son muy detallados, y la interacción con los objetos, así como la física presente –mención especial cuando manipulamos la gravedad o entramos en gravedad cero– es estupenda.

En el plano sonoro, Prey mantiene un hilo musical minimalista, que nos acompaña en los momentos de tensión y nos sorprende –dándonos algún que otro susto– cuando aparecen los enemigos de la nada. Los efectos de sonido también están a muy buen nivel, y el doblaje al castellano cuenta con actores lo suficientemente profesionales como para hacer que nos adentremos en este inhóspito y peligroso universo.

Conclusiones

Con un acertado cóctel de ingredientes, una metodología inspirada en los grandes videojuegos de género y una puesta en escena más que convincente, Arkane Studios vuelve a deleitarnos con una firma renovada que promete encandilar a los jugadores hastiados de tanto título sin personalidad. Pocas cosas se mantienen con respecto al Prey original, y los cambios le sientan divinamente a la franquicia.

La trama argumental, que incita al jugador a seguir adelante; su apuesta por el suspense, los puzles y la acción en su justa medida; las nuevas mecánicas, que hacen que cada encuentro sea diferente al anterior; y, como no, su apuesta por ir desbloqueando poco a poco los diferentes escenarios de los que se compone la Talos-1, hacen de este videojuego una apuesta sobre seguro para aquellos que quieran vivir emociones intensas. No es mundo abierto, pero los escenarios son bastante grandes, y debido a los objetivos y demás podremos ir varias veces por el mismo sitio descubriendo nuevas historietas. Así pues, atenúa las luces del salón y prepárate para sobrevivir en uno de los videojuegos más destacados de 2017.

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