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Los calentólogos británicos cuestionan la forma de medir el cambio climático

El sistema que emplea el IPCC para medir la temperatura del planeta acaba de recibir la puntilla. El Servicio meteorológico del reino Unido (MET Office) pone en duda el método de medición empleado hasta ahora y aconseja auditorías externas y transparencia en los datos.

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El edificio del calentamiento dobla construido sobre los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC) se acaba de derrumbar por completo. El MET Office británico acaba de dar la puntilla definitiva a todo el entramado científico e institucional construido en torno al temido aumento de temperaturas.

Tras una reunión con sus empleados, el Servicio Meteorológico del Reino Unido, uno de los templos de referencia de los calentólogos, ha publicado un informe que cuestiona el método empleado hasta el momento para la medición de temperaturas, base sobre la que se sustentan los informes del IPCC sobre proyecciones climáticas.

El resumen ejecutivo del estudio, de apenas 4 folios, deja en evidencia la teoría del cambio climático. Y es que, la entidad señala que “para comprender los riesgos del cambio climático y adaptarse al calentamiento global es necesario un conjunto de datos sólido y transparente de las temperaturas, con una fidelidad mejor que la de los productos actuales”.

De este modo, está cuestionando los datos recopilados hasta el momento en los que se basa toda la teoría del cambio climático. Los calentólogos británicos reconocen que el sistema ha ignorado los datos recopilados por múltiples estaciones de medición a lo largo del planeta, con las evidentes distorsiones que tal “olvido” han podido producir. Como resultado, la entidad concluye que el registro de datos debe adaptarse a los “estándares modernos de cara a las necesidades del siglo XXI”.

Según el documento, “aún estamos a tiempo de revisar los datos de temperatura terrestre en colaboración con la Organización Meteorológica Mundial (WMO, en sus siglas en inglés), que tiene la responsabilidad de la observación global y la motorización de sistemas para el medio ambiente y el clima”.

Asimismo, reconoce que los distintos templos científicos de referencia para los calentólogos -el MET Office y el CRU bitánicos, así como el Goddard Institute (GISS) y la NASA y el NOAA en EEUU- emplean métodos distintos para medir temperaturas.

Por ello, señala la necesidad de reformular las técnicas empleadas mediante la aplicación de las siguientes recomendaciones:

  1. Que los datos sean verificables y de acceso libre, sin restricciones de ningún tipo. Es decir, el establecimiento de un "código abierto" para la climatología.
  2. Que los métodos empleados estén documentados y abiertos a la realización de auditorías externas e independientes
  3. Un tratamiento sólido y verificable de las mediciones registradas.
  4. Homogeniezar los métodos empleados por los distintos organismos científicos dedicados a la investigación del calentamiento global, así como la creación de una base de datos internacional abierta a todo el mundo.

El castillo de naipes del cambio climático comenzó a desmoronarse hace escasos meses, tras el estallido del denominado Watergate Climático (Climategate, en inglés). Este escándalo, destapado en la red por un hacker de indentidad desconocida, arrojó a la luz pública todo un conjunto de documentos y correos internos de la Unidad de Investigación del Clima (CRU) de la Universidad de East Anglia en Reino Unido, que puso de manifiesto la manipulación de datos y la destrucción de pruebas sobre la medición de temperaturas llevada a cabo por algunos de los científicos climáticos más reconocidos del planeta.

Desde entonces, se han acelerado los acontecimientos. Primero se produjo la dimisión de altos cargos, tanto en el seno del CRU como en la cúspide climática de la ONU, hasta el punto de que el propio presidente del IPCC ha tenido que defenderse de duras acusaciones y críticas al respecto. Ahora, algunos de los centros más importantes en la materia cuestionan la forma de medir los datos, instando a empezar de cero para evitar los graves errores cometidos en el pasado.

En la actualidad, los denominados “escépticos” ya no son los únicos que ponen en la teoría del calentamiento global. Los hechos han acabado por darles la razón, hasta el punto de que ahora son los propios calentólogos los que apuestan por aplicar cambios profundos en su metodología para ofrecer resultados científicos más cercanos a la realidad.

De hecho, tal y como se propone en el blog desdeelexilio, "ahora que sabemos que el informe del IPCC 2007, el trabajo por el que Al Gore y los autores del informe recibieron su Premio Nobel de la Paz, contiene falsa información sobre el riesgo de desaparición de glaciares, la extinción de especies, aumento del nivel del mar y la frecuencia de los desastres naturales con el único fin de atemorizar a la opinión pública y motivarla desde el miedo a apoyar una determinada agenda política, lo más adecuado sería que empezasen por devolver el Premio ganado fraudulentamente".

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