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PREDICCIONES EQUIVOCADAS

"La Tierra se está enfriando": 120 años de catastrofismo climático

"La Tierra parece estar enfriándose". Esta frase fue titular en Newsweek hace 35 años. En el último siglo, las predicciones sobre el clima se han sucedido sin éxito. Ahora, nos dicen que va en serio, que no hay errores. Los consumidores británicos, entre otros, dudan de esta fiabilidad.

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Los profetas del calentamiento global, reunidos estos días en Cancún, defienden ante los medios que la Tierra se está calentando, que es una evidencia científica, que no hay dudas sobre la materia, que seguirá calentándose en el próximo siglo y que hay que tomar medidas drásticas, incluso si esto ralentiza el crecimiento económico, para evitarlo. Los medios mayoritarios han comprado este discurso y repiten los argumentos de los defensores del calentamiento global.

Sin embargo, existe un problema y es que argumentos parecidos se han estado utilizando en los últimos 120 años sin que, a posteriori, haya podido demostrarse su exactitud. Ahora, se asegura que no hay error, que la ciencia ha mejorado, que el calentamiento es evidente y que de no hacer nada el mundo se encamina a la catástrofe. Pero, ¿por qué creer a los mismos que llevan más de un siglo equivocándose?

Art Horn publicaba la pasada semana un artículo en Pajamas Media, una de las webs más conocidas de EEUU, en el que recopila artículos sobre el clima aparecidos en los principales medios de comunicación de su país desde 1895. Según su relato, recogido en España por el blog barcepundit, la temperatura global ha estado subiendo y bajando de forma cíclica en este período de tiempo, lo que ha provocado que se sucediesen las predicciones catastrofistas en uno y otro sentido.

Así, ya en 1895 The New York Times titulaba: "Los geólogos piensan que el mundo podría estar enfriándose". Éste fue una idea que se mantuvo hasta la mitad de los años veinte y que fue habitual, según Horn, en las páginas del NYT o en las de Los Angeles Times, que poco después de la catástrofe del Titanic aseguraba que "la quinta edad del hielo está en camino".

Sin embargo, a comienzos de los años veinte la temperatura global comenzó a ascender, algo que se mantuvo hasta mediados de los años cuarenta. Por eso, desde finales de la década de los 20 (con varios años de retraso), los periódicos comenzaron a cambiar sus predicciones y alertaron sobre el preocupante calentamiento global.

De nuevo, el clima volvió a cambiar de tendencia en torno a 1945 y la Tierra comenzó a enfriarse (algo que Horn atribuye a la bajada de la temperatura de los grandes océanos, especialmente el Pacífico). Los medios y los científicos no parecieron darse cuenta hasta comienzos de los años 50, pero cuando se percataron, fueron constantes en su denuncia de los peligros asociados. El 15 de noviembre de 1969, en Science News, el famoso experto Murray Mitchel declaraba: "Cuánto tiempo durará el actual enfriamiento es uno de los más importantes problemas de nuestra civilización". Evidentemente, una afirmación de este calibre no podía pasar desapercibida para los grandes medios: en la década de los 70, The Washington Post, Newsweek o Time hablaron con cierta frecuencia de la "nueva edad de hielo" a la que se enfrentaba la humanidad.

De nuevo, a comienzos de los años 80, la Tierra comenzó a calentarse. Y desde mediados de los 90, éste ha sido un tema constante en los medios de comunicación. Los científicos, los periodistas y los políticos que defienden la postura más catastrofista aseguran que en este caso no hay dudas, que la ciencia ha mejorado mucho y que si no se hace nada, el calentamiento será nefasto para la humanidad.

Pero estos mismos argumentos se utilizaron en las últimas décadas y se demostraron equivocados, ¿por qué ahora será diferente? Incluso, aceptando que el calentamiento sea un problema de esa magnitud, cabe preguntarse si sólo las medidas de restricción de las emisiones que defiende la ONU y los ecologistas serán efectivas. La demostración de lo ocurrido hasta ahora puede defenderse científicamente, pero lo que ocurrirá en el futuro es imposible de conocer.

¿Cómo evolucionará la técnica en los próximos cien años? ¿Qué energía utilizará la humanidad en 2100? ¿Cómo será la vida de nuestros nietos? Responder a estas preguntas es imposible, o al menos lo ha sido a lo largo de la historia de la humanidad. Si a un habitante de la Tierra en 1900 le hubieran explicado Internet, los móviles o los GPS, por poner tres ejemplos, no se lo hubiera creído. ¿Cómo pueden hacer sus predicciones para el año 2100 con tanta seguridad y, además, descalificar a los que no creen que haya que poner en peligro el crecimiento económico actual por un futuro desconocido?

El sano escepticismo

Los valedores de la versión políticamente correcta del calentamiento global descalifican a los que no opinan como ellos como "escépticos". Eso sí, no explican por qué les parece mal que un científico, periodista o político sea "escéptico", es decir, se pregunte cosas más allá del conocimiento comúnmente admitido. De hecho, debería ser una buena cualidad de estos profesionales.

Barcepundit se hace eco de dos pequeñas historias que demuestran lo saludable de este distanciamiento. En primer lugar, cita el artículo de Daniel Lacalle en Cotizalia acerca de la caída en los depósitos de gas en el Reino Unido. Al parecer, el Ministerio de Energía de aquel país creyó las previsiones de un grupo de científicos que le asesoran y que aseguraban que este invierno sería uno de los más secos y cálidos del siglo. Pues bien, este año el frío se ha adelantado en las islas británicas y ahora el Ejecutivo inglés tendrá que comprar el gas a un precio un 41% superior al que marcaba en mayo, cuando se planteó la cuestión de rellenar los depósitos. Los científicos se equivocaron en un 170% respecto a sus previsiones a cuatro meses vista. Los mismos científicos que aseguran poder predecir la temperatura de los próximos cien años.

Y como muestra de lo fácil que es engañar a alguien con términos científicos rebuscados y supuestamente irrefutables, nada mejor que este vídeo, en el que se ve a numerosos asistentes a la Conferencia de Cancún sobre el Cambio Climático firmando una petición para prohibir el "monóxido de dihidrógeno". Este peligroso componente químico se encuentra en nuestros mares, en el aire, en lo que comemos e incluso en nuestros cuerpos. Se trata del H2O: el agua corriente. Personas preparadas y que nos cuentan cómo de peligroso es el cambio climático y la cantidad de evidencias científicas que lo demuestran cayeron en la broma de este grupo norteamericano y pidieron prohibir el agua.

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