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Mercedes Formica, una adelantada olvidada

Los y las feministas ignoran a esta gran defensora de los derechos de la mujer.

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La izquierda socialdemócrata se ha convertido en oficina de empleo de las mujeres de clase alta. En Alemania, el SPD ha obligado a la canciller Ángela Merkel a fijar cuotas femeninas en los consejos de administración, requisito que beneficiará sólo a una minúscula parte de las mujeres trabajadoras, las que hayan realizado los MBA de las más caras escuelas de negocios. En España, en 2006 María Teresa Fernández de la Vega impulsó la eliminación de otra flagrante injusticia para las mujeres: la preferencia del varón en la sucesión de los títulos nobiliarios, que no afecta ni a 2.500 personas en España. Gracias a los socialistas españolas, la primogénita de un marqués ya puede ser marquesa. ¡Qué consuelo para las funcionarias que estos años han perdido pagas extras o para las víctimas del terrorismo!

No debe, por tanto, sorprender que, ante semejantes logros por la igualdad y la equidad, las feministas progresistas no hayan celebrado el centenario de la jurista Mercedes Formica Corsi (1913-2002), reducido a Cádiz, su ciudad natal, y porque ésta no la gobierna la izquierda. A fin de cuentas, esta mujer sólo consiguió que el régimen franquista cambiase la legislación para eliminar varias discriminaciones de su sexo.

Animada por su madre preparó el ingreso en la universidad. Primero la Facultad de Derecho de Sevilla, donde era la única alumna (le acompañaba una doña a la clase), y luego, a partir de 1933, la de Madrid. En ese año, su padre se divorció de su madre para irse a vivir con otra mujer.

Otra novedad fue su afiliación a la recién nacida Falange Española. "La FUE había perdido su carisma", escribe en el primer volumen de sus memorias, Visto y oído. Su primer acto falangista fue la visita al cementerio de El Pardo para honrar al estudiante Juan Cuéllar Campos, de 17 años, asesinado en la Dehesa de la Villa por jóvenes socialistas.

El Claustro no acepta damas

Después de pasar la guerra en Málaga, amenazada de ser paseada, Formica concluyó su licenciatura en Derecho en 1948. Aunque publicó su primera novela ese mismo año, trató de ganarse la vida con el título que había obtenido y busco una oposición. Excluyó la carrera diplomática, porque le habría obligado a dejar a su marido. La mayoría de los cuerpos de la Administración (judicatura, registros, notariado, abogacía del Estado…) exigían el requisito de ser varón en sus convocatorias, por lo que quedaba excluida. Como subraya en otro volumen de sus memorias (Espejo roto. Y espejuelos),

la cláusula incorporada a cencerro tapado iba contra el Fuero de los Españoles, que tenía decretado no hacer "acepción de persona ni sexo". (…) José Antonio, cuyo nombre tanto se aireaba, nunca fue contrario a la universitaria. Mi nombramiento como Delegada Nacional de la rama femenina del SEU firmado de su mano en febrero de 1936 prueba lo que digo.

El único departamento de la Administración que no le discriminó fue el Instituto de Estudios Políticos, destinado a ser el think tank del régimen franquista, y que entonces dirigía Javier Conde. Al final, Formica se colegió como abogada en Madrid.

Más vergonzoso fue el calvario de una amiga suya, Carmen Segura, que quiso ingresar en la Escuela de Ingenieros de Caminos. Cuando se recibió su instancia, "el estupor recorrió la Escuela". Los miembros de la junta directiva, "encerrados en su Olimpo", "no se habían preocupado de incluir en la convocatoria la hipócrita exigencia de ser varón".

El director de Caminos llamó a Carmen Segura y le espetó lo siguiente:

Es criterio del Claustro no admitir damas. Sin embargo, no cometeremos con usted ninguna injusticia. Los opositores que alcancen su puntuación serán suspendidos.

Como la solicitante era "una superdotada", obtuvo unas calificaciones muy altas las dos veces que se presentó al examen. El claustro cumplió su amenaza y les suspendió a ella y a docenas de solicitantes. Éstos le suplicaron que se retirase, cosa que hizo; luego ingresó en la Escuela de Ingenieros Industriales.

Así jugaban con las vidas ajenas los docentes de la Escuela de Ingenieros de Caminos, que cobraban de los padres de los solicitantes vía Estado. La bicoca de estos ingenieros era descomunal. Ingresar en el centro y obtener el título prácticamente garantizaba un empleo en la Administración, más las posibilidades de trabajar para grandes empresas.

La 'reformica'

Al poco tiempo de estar ejerciendo como letrada, apareció en la prensa el caso de una mujer a la que su marido dio doce puñaladas. El delito inspiró a Formica una resonante tribuna en el diario ABC (7-XI-2953), que se publicó después de que la censura lo retuviese y gracias al empeño del director, Luis Calvo. En el artículo, la abogada andaluza describía la discriminación que padecían las mujeres casadas si querían separarse o abandonar a sus maridos, aunque estuviera justificado por malos tratos.

El Código Civil concedía el uso del domicilio familiar, la custodia de los hijos menores, si los había, y la posesión del ajuar o de otros bienes muebles aportados por la esposa al marido, como cabeza de familia; la mujer tenía que esperar no se sabe dónde a que meses después un juez sentenciase a su favor y fijase el destino de los hijos, el domicilio y los demás bienes. Formica proponía una reforma del Derecho de Familia, tanto del Código como de la Ley de Procedimiento Civil.

El artículo causó tal revuelo en la España de entonces (en la redacción se recibieron en las semanas siguientes más de cien cartas diarias) que Formica, gracias a su condición de camisa vieja falangista, obtuvo una audiencia del general Franco. Éste, hijo de padres separados, se interesó por la reforma y hasta la mejoró.

Al llegar al controvertido punto del consentimiento de la esposa en trance de separación para disponer de los bienes gananciales –enajenación, hipotecas–, limitado en el proyecto al inicio del proceso de separación, opinó, rotundo:

–El consentimiento debe exigirse en todo momento. Con separación y sin separación.

Franco la envió al ministro de Justicia, Antonio Iturmendi, que la recibió esa misma mañana porque el jefe del Estado le había llamado. El presidente del Tribunal Supremo, el civilista José Castán Tobeñas (autor del mejor manual de Derecho Civil jamás escrito en España, no superado por su claridad) dijo en su discurso de apertura del año judicial de 1954:

Reconocemos la profunda transformación que en la actualidad experimenta la vida social, y dentro de ella, el papel de la mujer (...) No debemos aferrarnos, con actitud retrógrada, a las formas de vida que ya pasaron.

Pese a las envidias y los intentos de boicoteo, realizados por la junta del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la reforma, apodada por Antonio Garrigues como reformica, entró en vigor en 1958.

"Como si no hubiera existido"

A Mercedes Formica le molestaba la manera en que las jóvenes universitarias comentaban la reforma del 58 a finales del siglo XX: "¡Ah, sí! Aquella que nos permitió actuar de testigo en los testamentos".

A partir de entonces, la casa del marido pasó a ser el domicilio conyugal y se permitió al juez decidir a quién otorgar la posesión del mismo. Se admitió que la infidelidad, causa de separación, fuera cometida no sólo por la esposa sino por el marido y se suprimió la pérdida de la patria potestad sobre los hijos por parte de la mujer si contraía nuevo matrimonio. A partir de entonces, las ulteriores nupcias del padre o la madre no afectan a la patria potestad.

La autora dejó constancia de la inversión de la injusticia que estamos viviendo.

Las quejas de las recientes asociaciones de maridos separados demuestran una vez más el cambio de la situación. De verdugos a víctimas.

Y Formica no llegó a conocer las leyes de ideología de género promulgadas por el PSOE de Rodríguez Zapatero, y mantenidas por el PP de Rajoy, que destruyen la igualdad de hombres y mujeres y excluyen al varón que sufre maltrato de toda protección (y subvenciones) estatal.

¿Y cómo han tratado las feministas y los feministas a Mercedes Formica? En una entrevista de 1997 declaró con dolor:

Me silenciaron. (…) Como si no hubiera existido.

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