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Jeosm: "Hay polémica sólo por el hecho de trabajar con mujeres, es material sensible"

En Mujer (Autoeditado), el fotógrafo retrata a mujeres de su generación y de su entorno, "quienes posaron con la única premisa de ser ellas mismas".

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El ojo de Jeosm

Como Oscar Wilde, el fotógrafo Jeosm –o sea, José J. Clemente, Talavera de la Reina, 1982- aprendió a no quemarse de tanto jugar con fuego. Forjó su mirada en un ecosistema antipático, peligroso y auténtico. Sus imágenes reflejan lo que hay, sin más. Reniega del adorno artificial y del Photoshop obsceno. Se centra en temas que, según él, son "polémicos": que si los raperos, que si los luchadores de artes marciales mixtas, que si los grafiteros –en este sentido, publicó, con textos de Arturo Pérez-Reverte, el libro Guerreros urbanos (Alfaguara)-, que si las mujeres. Con la que le puede caer. En su último proyecto, el fotolibro Mujer (Autoeditado), retrata a mujeres de su generación y de su entorno, "quienes posaron con la única premisa de ser ellas mismas". Peluqueras, dependientas, maquilladoras o camareras representadas como venus, diciendo "aquí estoy yo", con carácter y personalidad, tatuajes, arrugas y patas de gallo. Sin plásticos ni analgésicos. Hablamos sobre la obra:

P: El otro día, Sergio Ramos, en la previa del Atlético de Madrid – Real Madrid, dijo para defender a los suyos: "Aquí parece que todos nos hemos criado en Beverly Hills". ¿Qué ha aportado Villaverde Bajo a tu óptica?

R: La honestidad, la dureza con la que miro y la experiencia de criarme en la calle. Villaverde, en los noventa, era un barrio con drogadicción y delincuencia. Claro, me he criado, en cierto modo, en un mundo con cierta hostilidad. También me ha dado ese afán de lucha y superación por los ejemplos que tenía al lado: veía cómo iban las cosas, cómo podía acabar la gente, y yo no quería eso para mí. Así, me ha dado una mirada dura, sincera y, sobre todo, real. Huyo de lo impostado.

P: En tu caso, el espray fue anterior a la lente.

R: Gracias al espray llegué a la lente. Cuando hacía grafitis, yo tenía que fotografiar mis pintadas. Llegó un punto en que iba a revelar las fotografías y me salían negras, o con un flashazo que me la jodía toda. Entonces, descubro que hay carretes de 400 y 800 asa y las distancias focales y las ópticas. Yo tenía una cámara de comunión, digamos. Venía de serie con un 50 milímetros. Eso es como tu ojo. Entonces, me dijeron: oye, que hay un 35 milímetros, que abre más; hay un 28, un 24, un 20… Así, con una óptica más abierta, con un carrete con una sensibilidad adecuada y un flash para hacer fotos por la noche y un flash un poco lateral, lo solucioné. Luego conseguí una cámara compacta, una Olympus Mju II, que era una maravilla, cargaba muy rápido el flash. Recuerdo que iba a fotografiar mis pintadas y los momentos en que íbamos a pintar, saltábamos los trenes, dormíamos en los portales… Sin quererlo, trabajé la parte documental y, un día, pensé: "hostia, ¿por qué no hago esto bien?". Compré una cámara Reflex, me apunté a un cursito en una escuela de barrio, y hasta hoy: aprendiendo y evolucionando.

P: ¿Quiénes son tus referentes estéticos? ¿A quién has estudiado?

R: Para mí, el más grande es Avedon. También me gustan mucho Elliot Erwitt, la potencia de Mapplethorpe, cómo trabajaba el espacio y los retratos Arnold Newman, o Estevan Oriol, que es un fotógrafo de Los Ángeles que hace un trabajo muy urbano. En España: Castro Prieto, Miguel Trillo, Luis Bailón, Chema Madoz, Cristina García Rodero, Isabel Muñoz. La mayoría de los que te he comentado trabajan el blanco y negro y el retrato. Al final, sigo siendo un fotógrafo muy clásico. Al margen de la fotografía, El Greco, para mí, es un grande. Goya, Velázquez, Picasso, Miró, Basquiat… Ese tipo de arte más moderno me vino para soltarme la melena, dar rienda suelta a la creatividad y ver qué se puede hacer. Luego, lo que más me llamó la atención, que tiene que ver mucho con el grafiti, es la lucha por el estilo propio. En el mundo del grafiti, lo más importante es que alguien vea la pintada y sepa que es tuya. Quiero eso en la fotografía. Cuesta, es una carrera muy de fondo, pero estamos en la lucha por ello.

P: Lo mismo fotografías al futbolista Marcelo que a un grafitero saltando por las vías de un tren. ¿El fotógrafo debe ser omnívoro?

R: Totalmente. No ya un fotógrafo, cualquier persona. Puedo ser muy purista en ciertas cosas, como en el tema de la fotografía clásica o el grafiti, pero creo que hay que ser todoterreno y camaleónico. Debes saber moverte, adaptarte a situaciones y tener independencia. Es más, me veo mucho más carnívoro. Las verduras son el complemento (Risas). Por ejemplo: en una foto, te retrato a ti con tus libros en tu casa. Los libros son el complemento, pero el cacho de carne eres tú.

P: ¿La fotografía debe tener límites?

R: Claro que no. Los límites están para saltárselos. Creo en la evolución constante y la siento así. La fotografía evoluciona mucho. No sé si de aquí a veinte años voy a tener trabajo. Lo mismo sacan el iPhone no sé cuántos y ya no hace falta hacer cosas. Hay ciertos límites que se deben romper. En el tema de la fotografía de mujer: las fotos de moda se hacen con teleobjetivos para estilizar la figura; yo las he hecho con un gran angular. He cogido un 20 milímetros, que es uno de los objetivos que más deforman y más aberran técnicamente hablando, y he retratado a mujeres con pies grandes, caderas grandes, manos grandes, rodillas grandes y dando cierta estética.

P: Centrémonos en tu última obra, Mujer. ¿Cuál es el motivo del reconocimiento, del homenaje?

R: Son varios. Dedico el libro a mi madre. Siempre ha sido una mujer luchadora, independiente, cariñosa y con un afán de sacrifico brutal. Y muy valiente. Creía que, de alguna manera, tenía que devolverle a mi madre todo lo que ella me ha dado. Sé que es imposible, pero quería hacerle un homenaje. Por otro lado, está el tema social. Para mí, la mujer es el sexo fuerte: de ahí que haya reflejado ese carácter, actitud, esos gestos…

P: Verás cuando las que se dicen feministas se enteren de que Pérez-Reverte presenta tu libro.

R: (Risas) Bueno, pues forma parte de esto. Me molesta mucho que una mujer cobre menos por hacer el mismo trabajo, que tenga que tener, socialmente, más responsabilidad sobre los hijos, y me molesta también mucho esa responsabilidad que tienen por estar siempre perfectas. Que si las cremas, el maquillaje, etcétera. Es una elección, me parece perfecto. Pero no la veo en los hombres. Y, finalmente, a nivel fotográfico, a la mujer siempre se la aborda con un papel ligado al Photoshop, que tenga poco gesto, inexpresiva…

P: Muy cariátide.

R: Justo. Entonces, ¿dónde está el carácter? ¿Por qué quitar las estrías o las patas de gallo? Son cosas que suman, no restan. Me parece un ejercicio de realidad y de franqueza sacar a las mujeres tal y como son.

P: ¡Polémica a la vista!

R: Siempre he trabajado con un personal de cierta polémica. Por ejemplo, los luchadores de MMA. Es un mundo hostil y con cierta polémica por la violencia que hay. Y son caballeros. Hay un honor y un respeto por el contrincante que no he visto en un partido de fútbol nunca. La gente habla de este deporte como si fuera muy violento, muy hostil… Bueno, son dos tíos que pactan partirse la cara. En Canarias, he visto a niños yendo a combates con sus padres. Con el tema de la mujer, igual. Estamos acostumbrados a vivir en un mundo con mucho analgésico. La verdad, cuando duele, no está bien que la expreses. Las injusticias se maquillan. En el mundo hay dolor, frustraciones. Entonces, me parece increíble que por parte de marcas o revistas, sobre todo, cojas a una mujer y le quites arrugas y chichas para agradar.

P: Las mujeres del libro tienen unas características bastante concretas. Aquí no cabe, qué sé yo, Alba Carrillo.

R: Pues no, no está. Podría estar, perfectamente, pero saldría como es, no como está acostumbrada a que la vean. Aquí, las chicas salen como quieren, pero tal y como son. A ver, las chicas vienen maquilladas para salir monas, como cuando tú quedas con tus amiguetes. Pero no hay mentira ni manipulación. ¿Las características principales? Son de un entorno cercano a mí y tienen más o menos mi edad. Sería una parte de una mujer que existe, no es una cosa general.

P: Algunas chicas, a posteriori, te dijeron: "No quiero salir aquí porque no me deja mi nuevo novio".

R: Es una cuestión de estadística. Hice unas 110 fotos, más o menos. Con tanta gente, siempre hay algo que va a fallar. Si tú escribes cien artículos, habrá mejores y peores; si vas a cien bares, habrá algunos que sirvan mejor vino que otros. Pero me llama la atención por lo que acarrea. Hostia, tía, que tú has firmado un papel de derechos de imagen. No voy a utilizar tu imagen por ética, que podría hacerlo. Me parece sorprendente que una tía joven permita que una pareja con la que lleva más o menos tiempo le cohíba de esa manera en una decisión así.

P: Escucha, vamos a ponernos cursis. Rubén Darío dijo que "sin la mujer, la vida es pura prosa". ¿Ocurre algo similar en la fotografía?

R: Claro. La mujer lo aporta todo. El 90% de las musas son mujeres. Para fotógrafos, pintores, cineastas, poetas… Por otro lado, a nivel humano: ostras, ¡es que son más necesarias que nosotros! ¡Es que dan la vida! ¡Con que haya un tío y diez tías, la especie sale adelante! En caso contrario, mal vamos (Risas). No son el sexo débil. Son el sexo sometido.

P: Mujer, además, está cargado de definiciones de la palabra aportadas por, entre otras, Lara Siscar, Espido Freire o Marta Robles.

R: Tenía claro que necesitaba apoyar las fotos con textos. No tanto por justificación sino por entendimiento. Mi idea era la de hacer el prólogo yo, y que las mujeres escribieran a lo largo del libro. Así, puse la definición de la RAE y contacté con varias periodistas, escritoras, historiadoras del arte… y ellas nos mandaron su propia definición de mujer. Da más voz todavía a la mujer, complementa y cierra muy bien el libro y, lo mejor, es que da varios puntos de vista: ninguna definición es igual. Yo entiendo la diferencia como valor, en todo.

P: Es triste, pero eso, ahora, no se puede decir sin que te apedreen.

R: El otro día hablaba con un colega, en el estudio, sobre el libro. "Las hostias que te van a dar", "En la que te vas a meter", etcétera. Bueno, estoy acostumbrado: me he criado en Villaverde, conozco el mundo del grafiti, soy fotógrafo freelance. Hay una polémica que se crea sólo por el hecho de trabajar con mujeres. Es material sensible trabajar con el perfil de la mujer. Tú mañana escribes un relato sobre las mujeres, y ya puede ser todo lo feminista que sea, que te van a caer hostias. Por circunstancias de la vida, no somos ni homosexuales, ni negros, ni gitanos, ni machistas, ni refugiados… Entonces, como no soy de una minoría, me van a caer hostias. Joder, ¿sabes algo de mi vida? ¡A lo mejor he sufrido más que tú! "Claro, como eres fotógrafo, te aprovechas de la mujer y eres machista". Bueno, perdona.

P: Y esos dedos acusadores, en su mayoría, no han sufrido.

R: Yo no he tenido una vida fácil. He vivido situaciones muy complicadas y muy duras y he convivido con gente con mucha problemática social. ¡Un respeto por estas cosas!

P: Jeosm, ¿cómo se presenta tu futuro?

R: Tengo varios entre manos. Dos sobre el mundo del grafiti: uno, sobre el grafitero y su firma, y otro sobre la mujer en este entorno, como guerrillera. Esto me llevará su tiempo. Luego, evidentemente, sigo haciendo trabajos comerciales, asuntos propios… Me gustaría darle una vuelta al retrato, centrarme en el primer plano, clásico, con expresión con gesto. Pero mira, esto es una carrera de fondo y no tengo prisa. Sólo tengo prisa por currar y pagar mi casa.

P: Finalmente, ¿crees que, algún día, la tropa dejará de hacerse, como canta Sabina, "selfies al ombligo"?

R: No, nunca. Yo diría que el autorretrato cuenta algo; el selfie es sólo ego.

P: Un ego barato.

R: Y banal. A las tres horas no te acuerdas de esa foto que subiste a Instagram. Yo me he hecho algún que otro autorretrato, incluso obviando mi cara: mi cara no me parece interesante. Lo que me interesa es el relato, lo que quiero contar. Un autorretrato puede ser una foto a mi zapato, a mi biblioteca… Entonces, el selfie acaba siendo una cosa de ego: qué guapo soy, cómo molo, qué bien esquío, etcétera. Antes hablábamos del mundo con analgésicos. La cultura del selfie no es la de mostrar cómo eres, sino la de cómo quieres que te vean. La parte real de eso es que, ¡hostias!, aquí no hay perdedores nunca. La gente no es tan perfecta como en Instagram. La vida no es así de perfecta. ¿Por qué tengo que ser un tío guay? No me parece ni cultural, ni social ni personalmente interesante. En redes sociales, yo me limito a hacer mi trabajo. Con quien cené anoche no le interesa a nadie, y si le interesa, tiene un problema.

PD: Jeosm presentará Mujer el 19 de mayo, a las 20:00, en la librería Swinton & Grant (C/Miguel Servet 21, Madrid, M/Embajadores) junto a Arturo Pérez-Reverte y Marta Fernández.

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