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El Bosco y la literatura española: un año después de la gran exposición

Pintor preferido de los primeros Austrias, sigue fascinando a los observadores del siglo XXI a pesar de haber muerto hace más de 500 años.

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El tríptico del Ecce Homo' del Bosco. | David Alonso Rincón

El 9 de agosto se cumplirán 501 años de la muerte de El Bosco, fecha certificada en los archivos de la Cofradía de Nuestra Señora de su ciudad natal, la modesta ciudad de Den Bosch, conocida también como ‘s-Hertogenbosch e incluso como Bolduque, que fue donde nació Jerónimo El Bosco, Hiernonimus van Aken, (a veces Jeròme oJeroen Anthoniszoon) en 1450. En su plaza principal, sembrada de comercios y puestos con las famosas galletas de caramelo, ropas, quesos y pescados frescos, se alza la estatua, modesta y oscura, de uno de los pintores más sugerentes de todos los tiempos.

Hay tres razones suficientes para recordarlo. Una, la surrealista exhumación del cadáver de uno de sus más grandes discípulos, Salvador Dalí, que siempre le consideró un maestro. Otra, que también este año se cumplen los cien años del estreno de la primera obra confesadamente surrealista, la pieza dramática Las tetas de Tiresias, de Guillaume Apollinaire.

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Catálogo de la exposición | Museo del Prado

La última razón es que se echó de menos en el catálogo de la exposición que terminó el año pasado una pincelada sobre El Bosco y la literatura española que actualizara la relación de un pintor en alza con los escritores de antes y de ahora. Sirvan estas líneas como invitación a la concatenación ordenada de estampas de la presencia, casi guadianesca, del artista en nuestra literatura. Otro misterio para la colección de impresiones del más anticipado "surrealista" holandés hasta Escher.

Pintor preferido de los primeros Austrias españoles y ya muy apreciado por Isabel la Católica que obtuvo varios cuadros suyos, sigue fascinando a los observadores del siglo XXI a pesar de haber transcurrido más de 500 años de su muerte. Su enigmática pintura, impregnada esencialmente por la fantasía deformadora de sus "grillos"– truculenta la apellidó Vargas Llosa -, ha sido interpretada de diferentes maneras a veces contrapuestas, pero ha logrado entusiasmar al público que logró que la imponente exposición de 2016 en el Museo del Prado cosechara un éxito colosal.

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Hay un texto específico que se refiere a la presencia de El Bosco en la literatura española. Se trata del discurso de ingreso de Xavier de Salas en la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona en 1943. Lleva por título El Bosco en la literatura española. Desde luego, eran otros tiempos. En la Biblioteca Nacional, no hemos encontrado ninguna otra referencia a un estudio de similar ambición. Por tanto, parece obligado tomarlo como guía inicial si bien no aclara por qué el enigmático pintor está presente, desigualmente y de forma extraña, en la literatura española.

Cuatro interpretaciones de la obra de El Bosco

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'Arte de la pintura', de Pacheco

En ese estudio, se definen cuatro interpretaciones de la obra de El Bosco. La primera de ellas, inspirada en Felipe de Guevara, destaca en él el seguir fielmente con su dibujo la imitación de la naturaleza sin derivación trascendental alguna, ni siquiera en los momentos de la más delirante fantasía. La segunda interpretación de El Bosco nace en su segunda casa, El Escorial, de la mano del padre Sigüenza que le hace campeón de la ortodoxia vertida en símbolos y en oscuras alegorías.

La tercera de las interpretaciones, originada en el Arte de la Pintura de Francisco Pacheco, descansa en la supuesta posición ateísta de un Bosco descreído, torturado por encubrir bajo sus burlas y deformaciones su incredulidad y su alejamiento de la fe cristiana. Esta fue la preferida por Quevedo, Góngora y otros y ha persistido hasta nuestros días. La más cercana y última, le hace inspirador de imágenes y símbolos, de pintura y dibujo, sin referencia, positiva o negativa, a la religiosidad.

Los primeros pasos del esperpento

Por aportar otros jirones interpretativos, sus cuadros han sido situados entre los primeros pasos del esperpento, muy anteriores a la formalización de Valle Inclán. De hecho, muchos consideran que Quevedo fue el Bosco de la literatura española, especialmente en los Sueños. Julio Caro Baroja, que se disgustó con sus representaciones de brujas, lo vio más que nada como un censor moral anclado en el mundo medieval. Lo sentenció en Las brujas y su mundo: "El Bosco pintó para censurar". Salvador Dalí, en su artículo "Realidad y sobrerrealidad" (1928), citado por Ernesto Giménez Caballero (Retratos españoles, bastante parecidos), reconoce expresamente la influencia de El Bosco en su pintura surrealista. Incluso José Bergamín, en su libro de memorias, lo considera una cima de la pura creación imaginativa relacionada con el disparate, con Quevedo y con Goya. Umbral relacionaba a El Bosco con drogas y alucinaciones.

Una huella perfectamente clara en la literatura

Como se ha dicho, en El Bosco cabe casi todo y tal vez su enorme prestigio actual se deba a la creencia en que existe un misterio oculto e indescifrable tras sus obras. Tal vez, asimismo, por sus ficciones anticipatorias de visiones más contemporáneas. Tan excepcional pintor y su incógnita habría tenido que dejar una huella perfectamente clara en la literatura española e hispanoamericana, pero su presencia no es tan abrumadora como podía esperarse entre nuestros escritores.

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Tríptico de las 'Tentaciones de san Antonio'. | David Alonso

En muchas obras, El Bosco aparece como cita o referencia, un lujo cultural. Pero en pocas puede encontrarse un más detenido examen. Sirvan estas estampas es escritas como invitación a una investigación más extensa que no podría caber en un artículo.

El primer libro español que menciona a El Bosco fue escrito por uno de los coleccionistas más importantes de su obra, Felipe de Guevara. Lo vio así en sus Comentarios a la pintura:

Y pues Hyerónimo Bosco se nos ha puesto delante, razón será desengañar al vulgo y, a otros más que vulgo, de un error que de sus pinturas tienen concebido, y es, que cualquier monstruosidad, y fuera de orden de naturaleza que ven, luego la atribuyen a Hyerónimo Bosco, haciéndole inventor de monstruos y quimeras. No niego que no pintase extrañas efigies de cosas, pero esto tal solamente a un propósito, que fue tratando del infierno, en la cual materia, queriendo figurar diablos, imaginó composiciones de cosas admirables. Esto que Hyeronimo Bosco hizo con prudencia y decoro, han hecho y hacen otros sin discreción y juicio ninguno…Una cosa oso afirmar de Bosco, que nunca pintó cosa fuera del natural en su vida, sino fuese en materia de infierno o purgatorio, como dicho tengo.

El mismo Felipe II en la correspondencia con sus hijas se refiere a su pintor preferido:

Lisboa, 3 de septiembre de 1582:

...la de ayer [la procesión] cierto fue muy buena: ha parecido aun mejor de lo que todos pensábamos: y cierto me ha pesado mucho de que no la visedes, ni vuestro hermano, aunque hubo unos diablos que parecían a las pinturas de Hieronimo Box de que creo que tuviera miedo.


En otra carta del 17 de septiembre del mismo año, dice:

Muy bien es que vuestro hermano [luego Felipe III) no tenga miedo, como decís vos la menor, y no creo que le tuviera de los diablos de la procesión, porque venían buenos y vianse de lejos y más parecían cosas de Hieromo Boces que no diablos. Y cierto que eran buenos, pues no eran verdaderos.


Fray José de Sigüenza menciona al pintor en su Historia de la Orden de san Jerónimo de 1599. Lo hace así:

Entre las pinturas destos Alemanes y Flamencos, que como digo son muchas, están repartidas por toda la casa muchas de un Gerónimo Bosco, de que quiero hablar un poco más largo por algunas razones: porque lo merece su grande ingenio, porque comúnmente las llaman los disparates de Gerónimo Bosque gente que repara poco en lo que mira, y porque pienso que sin razón le tienen infamado de hereje…(El Bosco) hizo un camino nuevo, con que los demás fuesen tras él y él no tras ninguno, y volviese los ojos de todos a sí; una pintura como de burla y macarrónica, poniendo en medio de aquellas burlas muchos primores y extrañezas, así en la invención como en la ejecución y pintura, descubriendo algunas veces cuánto valía en aquel arte…

Resulta más que curioso que Juan de Butrón en sus Discursos apologéticos en que se defiende la ingenuidad del arte de la pintura, Madrid, 1626, llamara "caprichos" a las pinturas de El Bosco:

Y Gerónimo Bosco pintó caprichos que le dieron mucha opinión y cuando fuesen lascivos no se la quitarían.

De Fray Francisco de los Santos, jerónimo y cronista del El Escorial, destacamos su impresión sobre el tríptico de "El carro de heno":

…así pinta en el uno un carro de heno, y sobre el heno los deleites de la Carne, la Fama y la ostentación de su gloria, y alteza, figurando en unas mujercillas, tañendo y cantando, y la Fama de Demonios, con alas y trompeta, que publica su grandeza y regalos. Tiran este carro siete Bestias fieras, símbolos de los vicios capitales, y alrededor van siguiéndole los hombres, donde hay de todos estados, solicitando alcanzar esa gloria, unos con escaleras, otros con garabatos, otros trepan, otros saltan, y buscan cuantos medios pueden para llegar a arriba… Yo confieso que se lee más en esta Tabla, en un instante para la enseñanza y desengaño que en otros libros en muchos días.

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Tríptico de El Bosco 'El carro de heno'

Hubo quien lo quiso, erróneamente, nacido en Toledo, como Jusepe Martínez, que en sus Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura, escribe:

En esta misma ciudad de Toledo hubo un pintor, hijo de ella, que dicen estudió mucho tiempo en Flandes, y volviendo a su patria, viendo muchos pintores que le aventajaban en hacer historia y figuras con más estudio que él, dio por un rumbo y cosas tan raras y nunca vistas que solían decir: el disparate de Gerónimo Bosco, que así se llamaba, no porque debajo de ellas no hubiese cosas de grande consideración y moralidad.

No pensó así Francisco Pacheco, en su estudio sobre la pintura, que descalificó la pintura de El Bosco, que no atendía a figuras, cosa mayores y dificultosas, sino a "aquellas licenciosas fantasías" a que no convidamos los pintores.

Lope de Vega se refirió varias veces al pintor. Muy interesante es la referencia que hace en la Introducción a las Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos donde asemeja los versos "a la traza que el Bosco encubría con figuras ridículas e imperfectas las moralidades filosóficas de sus celebradas pinturas". En otra ocasión le considera pintor excelentísimo e inimitable. Quevedo, no muy extenso en lo referente a la pintura, llamó a Góngora "Bosco de la poesía".

Bosco de los poetas,
todo diablos y culos y braguetas,
que con tus decimillas
adjetivas demonios y capillas.


También lo mencionó en El alguacil endemoniado:

… os quiero decir que estamos muy sentidos -habla un diablo -- de los potajes que hacéis de nosotros, pintándonos con garras sin ser avechuchos; con colas, habiendo diablos rabones; con cuernos, no siendo casados; y mal barbados siempre, habiendo diablos de nosotros que podemos ser ermitaños y corregidores. Remediad esto, que poco ha que fue Jerónimo Bosco allá y preguntándole porque había hecho tantos guisados de nosotros en sus sueños, dijo que porque no había creído nunca que había demonios de veras.


Lo tuvo presente también en su Buscón ("No pintó tan extrañas posturas Bosco como yo vi"), y, en general, se creyó que sus "Sueños" se inspiraban en el pintor flamenco. Baltasar Gracián lo alaba en El Criticón:

Oh! ¡qué bien pintaba el Bosco! Ahora entiendo su capricho. Cosas veréis increíbles. Advertid que los que habían de ser cabezas por su prudencia y saber, esos andan por el suelo, despreciados, olvidados y abatidos, al contrario ...

También se ha considerado que estuvo presente en la obra de Diego de Torres y Villarroel. Moreto lo trae a colación en algunas de sus obras:

El Bosco en sus embelecos
no pensó transformaciones
tan extrañas como ha hecho
en cuatro días mi ama.

Podría seguirse por los caminos de Argote de Molina, Sebastián de Covarrubias, que lo cita en su Tesoro de la lengua castellana, Estébanez Calderón, Gregorio Mayans… Pero en bastantes autores de relieve, El Bosco no está presente. Pondré un ejemplo: No lo está en Espronceda, aun cuando su Desesperación podría haber estado perfectamente inspirada por algunos de los cuadros del flamenco. Ni una vez lo cita Juan Valera, que conocía El Escorial. Tampoco Gustavo Adolfo Bécquer. Ni Francisco Giner de los Ríos. Hay quien cree que en las pesadillas de la María Egipcíaca de Galdós revoloteaban los diablos de El Bosco. Como dice el Catálogo Oficial de la Exposición del Prado, parece que el Bosco dejó de formar parte del "gusto" nacional predominante en importantes períodos, sobre todo desde el siglo XVIII a principios del siglo XX.

Baroja tituló una de sus obras La nave de los locos y menciona a El Bosco como referente de cierto humorismo. No lo consideró Ortega y Gasset, que leyó al padre Sigüenza y se detuvo en Leonardo, en Velázquez, en Rubens…pero no en nuestro pintor flamenco. Ni Unamuno, también velazquino, como adjetivaba Ortega. Sin embargo, D´Ors, con sólo tres horas en el Museo del Prado, vio con claridad el "descoco" de sus diablerías. Juan Eduardo Cirlot lo consideró un hito esporádico en la recuperación del simbolismo. Umberto Eco lo encaja en los autores de lugares imaginarios. Fernando Savater invitaba a preguntarse sobre su pintura.

Tampoco Federico García Lorca, cosa rara porque era muy sensible a la pintura, lo trae a colación. No está presente en la obra de José María Hinojosa, introductor del surrealismo en España, a pesar de que André Bretón sí se refiere a él en sus obras, como Dalí, que lo reconoce como inspirador. Cuando Borges y Bioy Casares, el dúo fantástico, se refieren a un Bosco, lo hacen al cura Don Bosco. Inexplicable. No he encontrado referencia alguna en García Márquez. En una edición de la Rayuela, de Julio Cortázar aparece en una nota editorial ajena al autor de la obra.

Sin embargo, Manuel Mújica Laínez, en su Un novelista en el Museo del Prado se refiere más detenidamente a El Bosco:

En lo alto del Carro de Heno, como sus únicos y mecidos gobernantes, distinguen los curiosos, cuando lo permite el vaivén, a cuatro figuras: una joven pareja, un ángel de alas rosadas y un como diablejo azul que toca el clarinete. Nadie más ha quedado, de la multitud que cercaba y escoltaba las ruedas, aparte, por supuesto, de los que, mitad hombres y mitad monstruos, reducen su función a la de mudas bestias de tiro.

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Camilo José Cela lo homenajeó y tituló dos farsas teatrales El carro de heno o la invención de la guillotina y Extracción de la piedra de la locura o la invención del garrote. Lo citan otrosmuchos, entre ellos Martín Santos, Delibes, Alejo Carpentier, Vargas Llosa, Castillo Puche, Marsillach (para tratarlo cómicamente), Umbral, Torrente Ballester, Muñoz Molina, Zoe Valdés…Incluso nuestro Antonio Burgos tiene en cuenta a ese gato de El Bosco que "va muy señorón y feliz con su ratón en la boca".

Por lo menos, mientras se hace un estudio riguroso sobre El Bosco en nuestra literatura española, siempre nos asombrará Alberti y su impresión verbal de las imágenes infernales de El Bosco en El Jardín de las Delicias:

El Diablo hocicudo,
ojipelambrudo,
cornicapricudo,
perniculimbrudo
y rabudo,
zorrea, pajarea, mosquiconejea,
humea, ventea, peditrompetea
por un embudo…
Pintor en desvelo:
tu paleta vuela al cielo,
y en un cuerno,
tu pincel baja al infierno.

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