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'Fast & Furious 5': Miradas viriles y acción choni

Poco podía imaginar la Universal que con un filme de acción menor como The Fast and the Furious, con cuyo exitoso estreno en 2001 saltaron al estrellato Vin Diesel y Paul Walker, estaban dando con toda una franquicia capaz de movilizar a cada vez más público en las salas. Lo que fue inicialmente un éxito sorpresa dirigido a ciertos colectivos ha acabado cuajando de una manera sin igual en la taquilla: los primeros datos indican que el próximo lunes la película dirigida por el taiwanés Justin Lin llevará amasados nada menos que 500 millones de dólares en todo el mundo, superando incluso las previsiones más optimistas.

Y aunque a la serie de películas de acción macarra y tuning se le puede acusar de mil cosas, desde luego no de la de ir a peor. Sus productores han logrado reunir de nuevo al reparto al completo de las anteriores, han sumado un nuevo decorado exótico (las calles de Puerto Rico, simulando ser Río de Janeiro) y han incorporado al espectacular Dwayne Johnson para interpretar a un duro policía encargado de dar caza a los protagonistas, reconvertidos ya en ladrones de alto standing (aunque siempre macarras). Un espectáculo con muchos más medios que ha logrado con relativo éxito saltar de una oda al tuning a un musculoso policiaco de acción que parece sacado de la mente del productor Jerry Bruckheimer en sus mejores tiempos, aquellos en los que facturaba uno tras otro éxitos como La Roca o Con Air.

Utilizando un punto de partida de neo western en el que no falta, incluso, el atraco a un tren, la película de Justin Lin deriva pronto hacia la descripción de un robo en la tradición de heist-movies o películas de robos. La creciente hipertrofia de medios permite disfrutar momentos delirantes, en los que Lin demuestra talento a la hora de gestionar unas escenas de acción llevadas de forma hilarante hacia el límite de lo posible. Secuencias como la que tiene lugar en un puente; o el desenlace en forma de una enorme persecución en la que se ve envuelto la totalidad del parque automovilístico brasileño (atención al uso de una caja fuerte que hacen los protagonistas durante la misma) llevan esta Fast 5 hasta, casi casi, el territorio de los dibujos animados.

Lo mejor del filme es el sudoroso enfrentamiento entre Dwayne Johnson –actor dotado para una vena paródica sin igual- y Vin Diesel, que otorga al filme de un inesperado y divertidísimo tono homo erótico que ríanse ustedes de Top Gun. Su cruce de miradas intensas, sus frases reconvertidas en gruñidos monosilábicos, no tiene desperdicio y deja muy poco espacio a que la pobre Elsa Pataky despliegue sus dotes de seducción. Y en el negativo, su duración, igual de hinchada y palpitante que los músculos de los protagonistas: 135 minutos son muchos minutos, y cada vez que toca insistir en el tema de la familia disfuncional el ritmo se resiente, porque ya lo habíamos visto mejor inserto en el primer filme de la saga. Si lo que quieren es divertirse un rato y no tienen prejuicios, Fast & Furious 5 es su película.

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