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'X-Men: Primera Generación': Bryan Singer estaría orgulloso

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X-Men: Primera Generación no es una segunda parte, ni siquiera una tercera. Por mucho que cronológicamente la nueva aventura nos sitúe muchos años antes de lo que habíamos visto, se trata de la quinta película que los estudios Fox abordan sobre los personajes creados en los sesenta por Stan Lee y Jack Kirby para la editorial Marvel. El propio estudio se permitió el lujo de arruinar la franquicia levantada por Bryan Singer con dos mediocridades como X-Men 3 y el spin-off Lobezno, ninguna de ellas firmada por el director de Sospechosos habituales.

Quizá eso es lo que convierte los resultados de X-Men: Primera Generación en doblemente sorprendentes dentro de un panorama dominado en exceso por adaptaciones de historietas y secuelas. Y es que la franquicia de la Patrulla X renace de sus cenizas de forma inesperada con un filme simplemente excelente. El británico Matthew Vaughn (Layer Cake, Kick Ass) ha resultado ser el mejor director posible para una epopeya inteligente, repleta de sugerencias y sofisticada, todo ello sin resultar innecesariamente complicada.

Si el mejor filme de la franquicia, y uno de los más logrados de superhéroes, X-Men 2, fue montada por Singer como un demoledor crescendo de suspense, Primera Generación aparece dominada por un toque James Bond que está presente a lo largo de todo el metraje.

No por casualidad, Vaughn es británico, al igual que los filmes protagonizados por 007, verdadero patrimonio del cine de ese país. Como los primeros filmes de la serie, (tanto los protagonizados por Sean Connery e incluso algunos de los de Roger Moore, como la estupenda La espía que me amó, a la que recuerda enormemente en su clímax final), Primera Generación ubica a los personajes en una trama de espionaje en la época más cruda de la Guerra Fría, y utiliza eventos históricos como la crisis de los misiles cubanos para aportar textura a la historia.

El resultado es una aventura con una dinámica bastante novedosa en su género, en la que el director se maneja a las mil maravillas con el extenso reparto y la multitud de sugerencias argumentales que le ofrecen los personajes. Vaughn tampoco se deja llevar por lo vintage o lo kitsch, ni siquiera por los efectos especiales. X-Men: Primera Generación reivindica su condición de película, no de juguete u objeto para fans.

Nos encontramos ante uno de esos filmes a los que se les puede poner muy pocas pegas de relevancia. Vaughn opta por una aproximación novedosa al mundo de X-Men sin convertir la cinta en algo hortera y obteniendo buenas interpretaciones de todo su plantel. De hecho, alguna de ellas es simplemente excelente, como la de Michael Fassbender, actor que demuestra aquí ser la estrella de este lustro componiendo un personaje complejo hasta la naúsea. Su encuentro con unos nazis en un bar de Argentina es de una violencia y suspense inesperados, y carece casi por completo de efectos visuales, algo que da la medida del mérito de la cinta.

X-Men: Primera Generación es el ejemplo perfecto de cómo rejuvenecer una franquicia muerta artísticamente, y de como enriquecer la mecánica de un relato convencional de aventuras con multitud de sugerencias morales, sociales e incluso políticas. Pero lo más importante de todo: es pura diversión.

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