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Carmelo Gómez: la ascensión y retirada del cine de un gran actor

El gran actor leonés acaba de cumplir 55 años ausente de las pantallas de cine, decisión que ha adoptado irrevocablemente.

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Carmelo Gómez, recogiendo un Goya | Cordon Press

Cumplió cincuenta y cinco años el 2 de enero de 2017 el gran actor leonés Carmelo Gómez, por desgracia ausente de las pantallas de cine, decisión que ha adoptado irrevocablemente. Aunque no haya dejado su pasión por el teatro y siga representando sus funciones. Pero ello, naturalmente, lo circunscribe a unos espacios reducidos, y en consecuencia alejado de los grandes públicos. Pero así se considera feliz, porque ha dicho: "Dejé el cine, me producía pesadillas, no estaba cómodo, dormía mal… Y no era depresión lo que tenía, sino tristeza".

Eran años atrás, cuando ya apenas era llamado por los productores y directores. Así es que, cortó por lo sano, se desvinculó de los pocos contactos que mantenía con las gentes del cine y se refugió en su compañía teatral: "Porque del escenario no me retiro. El teatro lo llevo en la sangre".

Triste es constatar esta renuncia de un actor de las cualidades de Carmelo Gómez, quien ha intervenido en una serie de películas en pasadas décadas que ya son lo mejor de la historia del cine español, a saber entre otras: Vacas, Después de un sueño, La ardilla roja, Días contados, El detective y la muerte, Tierra, Tu nombre envenena mis sueños, El perro del hortelano, Territorio comanche

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Carmelo Gómez Cebada vino al mundo en el pueblo de Sahagún, hijo de padre agricultor, hermano camionero; se desenvolvió durante su adolescencia y primera juventud trabajando en un medio rural, labrando la tierra, atendiendo el ganado… Se fue a vivir a Salamanca donde pudo dar rienda suelta a su afición teatral formando parte de grupos noveles, en tanto se iba ganando la vida en diversas y diferentes ocupaciones. En épocas difíciles me contaron que llegó a disfrazarse de ciego recitando por las calles viejos romances a cambio de algunas monedas que le entregaban los transeúntes con los que se cruzaba.

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'Tiempo sin aire'

Llegó a Madrid, ingresó en la Escuela de Arte Dramático y ayudado por el renombrado director Miguel Narros pisó el teatro Español, representando La malquerida, El concierto de San Ovidio, A puerta cerrada… Una de las especiales condiciones como actor de Carmelo Gómez es su perfecta dicción castellana, cosa poco frecuente en sus colegas de última generación. Con una apostura propia de los galanes, aunque él no se manifieste nunca frívolamente como tal. Su verdadero ascenso popular fue a partir de 1994, ya con sus primeras películas, dirigido sobre todo por Imanol Uribe y Julio Medem, los que más creyeron en él.

Al año siguiente recibió el premio Nacional de Cinematografía, dotado con cinco millones de pesetas. Fue en aquel 1995 cuando se disparó su notoriedad al emitirse en televisión "La Regenta", una de las pocas series en las que ha tomado parte, pues detesta ese medio, y se reafirma todavía en que no le interesa. Desempeñó entonces superiormente el personaje del Magistral de la Catedral de Oviedo, aquella imaginada Vetusta de Leopoldo Alas Clarín, formando una magnífica pareja con la protagonista de la escandalosa historia, Aitana Sánchez-Gijón. Sucesivos trabajos en la pantalla y en la escena lo fueron convirtiendo en un actor de prestigio, que aportaba una gran seguridad y talento. Su afán perfeccionista lo llevó ya finalizando el pasado siglo a recibir clases de canto, aprovechando así su estupenda voz de barítono. Un tipo racial, sincero y honrado en su quehacer, al que admiran y quieren en su pueblo leonés, donde un centro cultural lleva su nombre. Buen homenaje a quien como él ama la cultura, el teatro, el cine…

Ha llevado siempre discretamente su vida personal. Estuvo casado con la bailaora Esperanza de la Vega, con la que tuvo una hija, Laura, hoy con veintidós años, que ha seguido la profesión paterna. Desde hace algún tiempo convive con una actriz, cuyo nombre desconocemos.

Profesor de interpretación

Las últimas apariciones teatrales de Carmelo Gómez, después de sus últimos largometrajes de 2014, La punta del iceberg y La playa de los ahogados, fueron Elling, acerca de un discapacitado mental, y El Alcalde de Zalamea, que le han deparado excelentes críticas. Tiene el propósito de convertirse en profesor de interpretación, para dar a conocer a jóvenes alumnos sus múltiples experiencias a lo largo de más de un cuarto de siglo de carrera.

Los vaivenes de su vida artística, tan comunes por otra parte en su inestable profesión, han dejado huella en su sensible espíritu. Se trata de un triunfador, de alguien que gozaba de la popularidad, la atención de los más exigentes críticos, el reconocimiento de sus compañeros, el reclamo de empresarios y productores… para vivir un día el desdén y finalmente el olvido de muchos. Es lo que lo llevó a decir: "Tuve una subida excepcional y una caída estrepitosa".

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