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Crítica: 'Su mejor historia', con Gemma Arterton y Bill Nighy

Su mejor historia es el epítome de sólida película inglesa. Sólida, sí, aunque también convencional y de consenso.

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Su mejor historia es el epítome de sólida película inglesa. Perfectas interpretaciones, ritmo medido, una mezcla de géneros igual de estable pese a su tono relativamente ligero. Su naturaleza de película de época se da la mano con la relevancia actual sin que la película de Lone Scherfig (An Education) anteponga el discurso (en este caso, el femenino) a la historia. Adaptada de la novela de Lissa Evans Their Finest Hour and a Half, Su mejor historia ubica su acción en 1946, en plenos bombardeos de la aviación nazi sobre Londres. En medio del caos, un equipo cinematográfico recibe un encargo del ministerio de Información británico: realizar una película patriótica que levante la moral de las tropas y todo el país.

Tomando como punto de partida el necesario juego entre realidad y ficción de todo filme ambientado entre bambalinas (aunque sea las de los guionistas), Scherfig sostiene la acción con fuerza para evitar que el asunto se deslice hacia el romance, cosa que tampoco puede evitar ni falta que hace. Batalla de sexos, inserción laboral de la mujer, la necesidad de nuevas voces para narrar la historia... temas todos ellos contemporáneos pero tratados con acento exquisito. Le ayudan en todo momento a transmitir el asunto un grupo de intérpretes excelentes, desde una Gemma Arterton que hace ya tiempo trascendió el estereotipo de chica Bond hasta un Bill Nighy simplemente excelso: ya conocíamos el extravagante "timing" cómico del actor de Love Actually, y también su veta dramática. Pero en Su mejor historia aparece de nuevo combinadas en una aleación tan sólida como la propia película.

Que es, hay que decirlo, poco sorprendente y un tanto hipócrita. Todo en ella resulta tan hábil a la hora de introducir notas serias en medio de un tono ligero (no sea que nos olvidemos que hay una batalla de por medio) y está tan bien pautado (la primera hora dedicada a la confección del guión y la segunda al rodaje) que el artificio cinematográfico que Scherfig trata con tanta clase al final queda al descubierto. Su mejor historia es una película sobre la realización de una película, pero ella misma es la perfecta película británica, por equilibrada, estructurada, de consenso a la hora de contentar al público adulto "inteligente". También, por eso mismo, una un tanto manipuladora y poco arriesgada.

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