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Christine augura nuevos tiempos para el fantástico en Madrid

25 años después vuelve Imagfic, el Festival de Cine Imaginario de Madrid. Y lo hace con el sonido del motor de Christine

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Christine | Columbia Pictures

Un Festival acogiendo otro. Pero así ocurrió, todo en beneficio de la nostalgia ochentera y el panorama cultural -un tanto desangelado en lo que a estos géneros- de la capital de España en cuanto a estos eventos se refiere. Al grano: el Fescinal (Festival de cine al aire libre del Parque de la Bombilla) acogió la presentación del regreso de Imagfic, una jugada sorpresa por parte de sus responsables y sin duda una bicoca para fans del cine fantástico -o, siguiendo la denominación del festival, imaginario-.

Luis M. Rosales, director del festival que reabrirá sus puertas en mayo de 2018, atendió a la prensa y dio paso a la proyección de Christine, un clásico de culto de plena actualidad ahora que las adaptaciones de Stephen King se vuelven a llevar en Hollywood.

Y sí, decimos reabrirá, porque Imagfic es una marca registrada bien conocida por los aficionados al fantástico que peinan canas.

Rita Sonlleva, promotora original de IMAGFiC, y su hijo David Lluesma, explicaron la iniciativa de recuperar un festival clausurado en su hace ahora exactamente 25 años tras catorce ediciones en las que consiguió erigirse en una referencia nacional e internacional en su género. Pero que la primavera que viene volverá con una nueva programación, invitados, proyecciones y sorpresas.

¿Concesión a la nostalgia u oportunidad de arrojar una nueva luz al asunto? Tanto da, si para la presentación sirve para recuperar en pantalla grande (y al aire libre) filmes como la propia Christine, de John Carpenter; La máscara de la muerte roja, de Roger Corman (exhibida simultáneamente en la segunda pantalla del complejo), Cristal Oscuro, de Jim Henson; El Fantasma del Paraíso, de Brian de Palma; El secreto de la pirámide, de Barry Levinson; y Encuentros en la Tercera Fase, de Steven Spielberg, que ahora celebra su aniversario con una nueva remesa de homenajes y nuevas ediciones en alta definición.

Nuevas generaciones que nunca las vieron, y no tan nuevas dispuestas a revisionarlas, podrán darse cita en Príncipe Pío para este baño de nostalgia cinematográfica (esperemos) bien entendida. Pero eso será el año que viene, cuando Imagfic reabra sus puertas...

Pero, ¿qué tal Christine, 25 años después de su estreno? Hay que recordar que el título de John Carpenter, uno de los primeros para un gran estudio del director de Halloween, fue considerado poco menos que una decepción en su momento, con críticas frías y una recaudación poco lustrosa. Mucho se esperaba de la dupla Carpenter-King, el primero saliendo de una obra maestra como La Cosa (que tampoco fue recibida con laureles, precisamente), La Niebla y 1997: Rescate en Nueva York, y King en el mejor momento de ventas y prestigio, con Carrie y El Resplandor recién adaptadas al cine por, respectivamente, De Palma y Kubrick.

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La del precioso e infernal Plymouth Fury del 58 y el joven Arnie Cunningham no es más que, en el fondo, una historia de amor. Una perturbadora y violenta, eso sí, que haría las delicias de cine español de denuncia si el protagonista no fuera un coche y su dueño adolescente. ¿Es el de Christine un caso de posesión diabólica o de poderes paranormales como Carrie? El filme de Carpenter se muestra claro, pero a la vez deja lugar a cierta ambigüedad a la hora de explicar lo sobrenatural.

Con una notable carga de humor negro y una claridad y limpieza estética y narrativa sin igual (si algo quedó claro durante la proyección es la necesidad de apreciar los filmes de Carpenter en una pantalla grande) Christine es un filme de terror comercial que, sin embargo, no siente la urgencia de asustar todo el tiempo. Lo importante es una historia que no ofrece al espectador un asidero ni héroe claramente definido, lo que en cierto modo resta algo de impacto... aunque solo si no sabemos leer entre líneas: ni el pobre Arnie, que sucumbre voluntariamente a los encantos de Christine, es un tipo tan desamparado, ni su entorno (interpretado por actores como Robert Prosky, Harry Dean Stanton o Roberts Blossom) se muestra particularmente simpático o comprensivo con el "nerd".

La América de King y la América de Carpenter, divertidamente bordes, corren paralelas en un filme imperfecto y que en ocasiones avanza a zancadas, pero donde Carpenter (por muy paradójico que pueda parecer) demuestra su cualidad para narrar y encuadrar con clasicismo épico imágenes icónicas, cortesía de un formidable formato panorámico y unos efectos visuales prácticos nada exuberantes pero brillantes. Christine saliendo de la fábrica a ritmo de "Bad to the bone"; Christine persiguiendo a Moochie por un polígono desolado o librándose de otra de sus víctimas con el capó prendido fuego... Imágenes perversas que convierten a Christine en algo más que en un filme de "coche asesino", y que se construyen alrededor del principal símbolo del antiguo brío ideológico y económico estadounidense y el elemento más destacado de esa iconografía de progreso optimista: un automóvil clásico con personalidad propia, con toda la carga política que de ello se puede deducir, pero sin que ni una brizna de ella se imponga sobre la capacidad de ambientar y espeluznar. Chapeau.

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