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Fernando VII, el Borbón más cruel y el más astuto

Desde adolescente mostró la vileza de su carácter. Conspiró contra su padre y cuando fue descubierto traicionó a todos los implicados.

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Retrato de Fernando VII, retratado por Francisco de Goya | Museo de Arte Moderno de Santander

El más astuto y listo de los Borbones fue también el más cruel, despiadado y vengativo. Sobrevivió a Napoleón, que se extinguió en Santa Elena envenenado por los ingleses, y murió idolatrado por más de media España, cuando su hija sería expulsada del trono.

Desde adolescente mostró la vileza de su carácter. Conspiró contra su padre y cuando fue descubierto traicionó a todos los implicados. Así lo escribió en una patética carta a Carlos IV:

He delatado a los culpables y pido a Vuestra Majestad me perdone por haberle mentido la otra noche, permitiendo besar sus Reales pies a su reconocido hijo.

En 1808 montó otra conspiración y ésta triunfó. Aceptó reunirse con Napoleón en Bayona y devolver la corona a su padre, quien se la cedió al emperador. En los seis años siguientes, vivió en un palacio desde el que mandaba felicitaciones a Napoleón por sus victorias sobre los españoles.

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Vista del puerto de Bayona desde el paseo de Boufflers, Claude Joseph Vernet (1755). | Museo nacional de la Marina, París.

Liberado en 1814, entró en España por Cataluña, donde el pueblo le recibió entusiasmado. Era el Deseado. Esa popularidad le decidió a enfrentarse a la Regencia.

Su reinado tiene tres fases: el Sexenio Absolutista, de 1814 a 1829; el Trienio Liberal, de 1820 a 1823; y la Década Ominosa, de 1823 a 1833. Se empeñó en ser un monarca absoluto y restaurar la sociedad estamental, para lo que destruyó la obra de las Cortes de Cádiz. Una duradera crisis económica, de ámbito europeo, que se extendió entre 1810 y 1830, y las guerras de independencia en los reinos americanos agravaron la vida de los españoles y vaciaron los fondos de Hacienda.

Su programa de gobierno se puede resumir con sus palabras, sacadas de un decreto de 1826:

...que desaparezca para siempre del suelo español hasta la más remota idea de que la soberanía resida en otro que en mi real persona.

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Con el hábito de la Orden del Toisón de Oro (1831)

Y este plan de Fernando lo apoyó la gran mayoría del pueblo español, que todavía sentía devoción por la Monarquía y aversión por las ideas y la conducta de los liberales.

Tan celoso era Fernando de su poder que se negó a aceptar la independencia de las provincias americanas y trató de recuperarlas. Quebrantó las tradiciones españolas sobre la Monarquía: pretendió ser soberano por voluntad divina, como el zar Alejandro I, y no por las leyes del reino. Dejó que se desmoronasen los Consejos de la corona y los sustituyó por juntas y secretarías de despacho, que no se pueden considerar antecedente de un consejo de ministros. Los departamentos directores de la política y la Administración acabaron siendo el Ministerio de Gobernación y el Consejo de Estado.

En julio de 1814, Fernando suprimió a los jueces la facultad de aplicar tormento. Otras novedades de su reinado no fueron tan benignas. Surgieron el pronunciamiento militar y la orden secreta como elementos de agitación política que se extendieron hasta el siglo XX. Los liberales, con la frecuente colaboración del Gobierno inglés, empleaban las logias masónicas y los cuarteles para conspirar. Por su parte, Fernando estableció comités de depuración de funcionarios, militares y sacerdotes.

Como los militares habían jurado la Constitución en el Trienio Liberal, prescindió del Ejército. Lo sustituyó con guarniciones francesas y con los Voluntarios Realistas, que superaron los 120.000. Sin embargo, para poner orden en el país en la Década Ominosa contó con antiguos afrancesados, como Javier de Burgos, y técnicos, como Luis López Ballesteros, que abrió la Bolsa de Madrid y aprobó el Código de Comercio.

Dos hijas

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María Cristina de Borbón-Dos Sicilias

Sólo tuvo dos hijas, con la última de sus cuatro esposas, su sobrina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, con la que se casó en 1829.

En 1832, al encontrarse casi incapacitado, cedió el gobierno a su mujer. Ésta dictó una amplia amnistía, que permitió regresar a muchos liberales. El siguiente paso de la reina fue despedir de los puestos que ocupaban en la Administración a los más obcecados absolutistas, porque podían ponerse del lado de su cuñado, el infante Carlos María Isidro.

Cuatro días después del fallecimiento de Fernando, se alzó la primera partida carlista en Talavera de la Reina. Los demonios que había alimentado durante su reinado quedaron entonces libres.

Cuando Fernando nació (1784), España disputaba a Gran Bretaña la primacía internacional en varios campos (poderío naval, extensión del imperio…); medio siglo más tarde el país, exhausto y empobrecido, era un potencia de segunda fila.

A Fernando VII no le atraían ni la música ni el canto; despreció a Luigi Boccherini. Tampoco, y esto es más sorprendente en un Borbón, practicaba la caza. Sus gustos eran los de un burgués discreto: prefería permanecer en casa y conversar con su familia y su camarilla. Era austero y también inculto, y presumía de campechano. Sin embargo, a él le debemos el Museo del Prado, que fundó en 1819.

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