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Mariano Esteban, vicerrector de Salamanca: "La Universidad tiene que albergar estudios inútiles"

La Universidad de Salamanca, por cuyas aulas pasaron Calderón de la Barca, Hernán Cortés o Góngora, cumple 800 años.

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Mariano Esteban, Vicerrector para la Conmemoración del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca. | David Alonso Rincón

El repiqueteo del empedrado de las calles de Salamanca se funde por cada esquina con el murmullo de los estudiantes. Carteles de alquiler de habitaciones decoran cualquier farola y se baten en originalidad con las ofertas en "tapa más bebida" de cualquier bar. El paisaje de la ciudad funde sin ambages mochilas de formas y colores estrafalarios con la sobriedad de los edificios de piedra. Eso es Salamanca, es ambiente universitario y lo es desde hace 800 años. Su Universidad fue la primera institución educativa europea en obtener el título propiamente. En 1218, el rey Alfonso IX de León fundó el Estudio General. Sus privilegios fueron confirmados y aumentados por reyes posteriores.

Por sus aulas pasaron Calderón de la Barca, Hernán Cortés, San Juan de la Cruz o Luis de Góngora y presume de un prodigio de biblioteca con casi 500 incunables que se inserta en el recorrido turístico de la ciudad. Salamanca tiene una importante presencia en los orígenes de la ilustración y el liberalismo, es una Universidad con lustre e historia, que, sin embargo, no aparece en losranking mundiales. De este asunto y de titulaciones minoritarias, de los problemas "domésticos" del español, de la gobernanza o de las injerencias locales hablamos con Mariano Esteban, nombrado vicerrector para la Conmemoración del Centenario.

PREGUNTA. De aquella institución creada en 1218 por Alfonso IX a la Universidad de hoy, ¿qué sigue igual?

RESPUESTA. El nombre, pero tiene poco más que ver. Entonces eran centros muy ligados al saber de las catedrales, a los estudios teológicos, al ámbito del derecho canónigo. Hay un nexo común, como la producción de trasmisión de conocimiento, pero la idea de qué supone el conocimiento ha cambiado mucho en estos ocho siglos.

P. ¿Se podría entender Salamanca sin su Universidad?

R. De ninguna manera. Cuando la Universidad comienza a desarrollarse, sobre todo en el siglo XV y XVI, hay una gran trasformación del paisaje urbano. El gremio de los libreros no habría tenido la importancia que tuvo si no hubiera sido por la Universidad. Salamanca es una ciudad con 150.000 habitantes y la Universidad tiene 30.000 habitantes. Tiene un peso cuantitativo esencial, es un binomio que no se puede separar.

P. Fray Luis de León, Miguel de Unamuno, Fernando de Rojas, Lucía de Medrano, San Juan de la Cruz, Calderón de la Barca, Luis de Góngora, Azorín... ¿con qué ilustre estudiante nos quedamos?

R. Con todos, pero si hay que quedarse con alguien diría, porque es más desconocido, Diego Muñoz-Torrero. Fue rector de Salamanca y a su vez presidente de las Cortes de Cádiz. Procede de un círculo ilustrado salamantino que contribuyó a dar fundamento doctrinal e ideológico a una época importante de la historia de España.

Pero también esta Universidad tuvo una importante presencia en los orígenes de la ilustración y el liberalismo español a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Por supuesto, no podemos olvidar a Unamuno, que marca toda una época, desde 1891 a 1936.

P. La Universidad de Salamanca, por ser la primera de España, ha sido un referente. ¿Debe serlo ahora? ¿Debe encabezar las reformas que necesita la educación universitaria en España?

R. Creo que sí. Lo que celebramos es el octavo centenario de la Universidad de Salamanca y por tanto, de la Universidad española. El objetivo es que se planteen mejoras que se pongan en marcha primero en Salamanca y que puedan resultar exportables al conjunto de la universidad española. Becas de excelencia que permitan incorporar alumnos extranjeros de alto nivel o nuevas formas de docencia, como la virtual.

P. ¿Hay demasiadas titulaciones?

R. Puede ser que sí, es discutible. Las universidades son presas de decisiones que no toman ellas. Salamanca tiene centros en la ciudad y en otros lugares como Zamora, Ávila o Béjar. Muchas veces el mantenimiento de titulaciones con pocos estudiantes es una necesidad de los propios poderes locales. Se plantea la supresión de una titulación con uno o dos alumnos y el alcalde del lugar se niega. Debemos ser más serios en este asunto.

Luego, además, hay titulaciones que deben tener muy pocos estudiantes. Salamanca tiene un Grado en Hebreo, pues obviamente, no va a haber masas. Hay titulaciones que son minoritarias por definición. En otras cabe el reajuste para evitar duplicidades, pero, generalmente, las universidades no son autónomas, otras instancias externas condicionan todas esas decisiones.

P. ¿Se les pide demasiado?

R. Sí. Se le pide, por ejemplo, que elabore una gran programación cultural, que traiga compañías costosas. Eso, ¿por qué? Tendrá que promover la actividad cultural en la Universidad, pero no lo otro. También se le pide que fije población en lugares con problemas de despoblamiento, es demasiado.

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Mariano Esteban, vicerrector para la Conmemoración del VIII Centenario de la U. Salamanca | D.Alonso

P. Los rankings sobre las mejores universidades no incluyen ninguna española. En Salamanca, con una tradición universitaria que se remonta 800 años, ¿cómo se reciben estas noticias?

R. Es imposible que puedan aparecer. El más importante es el ranking de Shangai, que mide la productividad investigadora. Salen en primer lugar universidades con muy pocos estudiantes y muchos recursos para la investigación. No tiene nada que ver con el modelo de las universidades públicas españolas, que están orientadas principalmente a la docencia con un contenido social y unas tasas que no cubren ni de lejos los costes de la enseñanza. En cuanto a presupuesto, es como comparar un equipo de Champions – Harvard, Oxford , Priston, Cambridge- con uno de Segunda B. Eso no significa que no haya margen para la mejora, claro.

P. ¿Cuál es ese margen?

R. Tenemos demasiadas universidades y cada una, a su vez, tiene muchos centros. Por la presión externa, todas tienden a parecerse, quieren tener de todo. Las buenas universidades del mundo son especializadas, no tienen de todo. Cincuenta facultades de Derecho, cuarenta y cinco de Medicina, pero ¿dónde vamos?

P. ¿Ha adaptado Salamanca sus programas académicos al mercado laboral?

R. La universidad no es un centro de formación profesional, tiene que albergar estudios inútiles. ¿Para qué sirve la Historia del Arte? Reivindico la utilidad de lo inútil. Tiene que desarrollar valores, conocimiento general, más allá de las presiones del mercado de trabajo.

P. ¿Y nos olvidamos de la empleabilidad?

R. ¿Hay que pensar en la empleabilidad directa de los estudiantes de Filosofía? No, hay que enseñar Filosofía, saber pensar. Las universidades deben apostar por el gusto estético más allá de la empleabilidad. Esto no significa que no haya que estar atento a las necesidades del mercado.

P. Si tuviera que recomendar una carrera a un joven que duda, ¿cuál sería?

R. Deben estudiar lo que quieran, pero con la mayor responsabilidad posible. Hay que desarrollar la vocación, pero hacerlo bien, particularmente en el grado. Luego, que entren en un terreno de la especialidad con máster o títulos propios.

P. Y en cuanto al centenario, ¿cuál es el acto estrella?

R. Nos interesa más 2019 que 2018, el legado de la conmemoración. Buscamos reforzar aspectos en los que ya somos buenos, como el español, o nuestra proyección internacional en iberoamericana y Europa. Introducir mejoras en el funcionamiento, en cuanto a docencia investigación, promoción... No buscamos un programa brillante con actos inolvidables, sino aprovechar la ocasión para ser mejores.

P. Para 2018, Salamanca albergará un centro internacional de referencia del español. ¿Qué papel ha jugado esta ciudad en la consolidación del idioma?

R. Un papel fundamental. En Salamanca se publica la primera gramática castellana con Antonio de Nebrija. También hay una serie de autores y escritores fundamentales del Siglo de Oro español relacionados con Salamanca y, si miramos más recientemente, desde 1929 es pionera en la organización de cursos de español para alumnos extranjeros.

P. En Cataluña hay centros educativos en los que no hay posibilidad de estudiar en español. ¿De qué salud goza nuestro idioma?

R. Tiene muy buena salud a nivel internacional, es una de las grandes lenguas del mundo. Recibimos cientos de miles de estudiantes que quieren aprender español. Esto es más allá de problemas internos ligados al poco peso de las Humanidades en el sistema educativo o al cuestionamiento del castellano como lengua común en ciertas comunidades autónomas. Eso son problemas domésticos españoles que no se aprecian a nivel internacional.

P. Mirando al futuro, ¿cuál es la medida más urgente que debería tomar la universidad española en general?

R. Necesita un cambio en el modelo de gobernanza que haga compatible la participación con la eficiencia. En el Consejo de Gobierno, presidido por el rector, hay decanos, directores de investigación, representantes de profesores, sindicatos… Son órganos muy poco ejecutivos. Las decisiones se toman de una forma casi asamblearia por gente que no ha sido elegida para el gobierno de la Universidad y, sin embargo, tienen un peso importante. Hay que agilizar las estructuras internas.

Hay algo que está asfixiando a las universidades: la tasa de reposición. Hay una ausencia casi absoluta de autonomía en la gestión de sus recursos. No puede ser que en universidades como la nuestra, que tiene un problema muy grave de envejecimiento del profesorado, la ley te impida que cuando se jubile un profesor puedas contratar a otro. Luego además, te piden ser mejor y competir. No hablo de tener más recursos, sino con los recursos insuficientes que ahora se tienen, que haya un grado de autonomía, que en cuestiones básicas como la plantilla de profesorado, las universidades puedan tomar sus decisiones.

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