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¿Tuitear El Quijote?

La cuenta de Twitter @elquijote1605 terminará su labor el 22 de abril de 2016, cuando se cumplan 400 años de la muerte de Cervantes.

Una de las maravillosas láminas creadas por Doré para El Quijote.
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Diego Buendia

El 23 de agosto de 2014, en el curso del tercer dí­a de una febrada horrible, me distraí­a en Twitter publicando tuits deprimentes cuando de pronto me sorprendí a mí­ mismo con este tuit nostálgico:

¡Guau! ¡Twitter en los tiempos de Ví­ctor Hugo! Me fascinan esas ucroní­as: el papa Urbano segundo publicando en su Facebook la convocatoria para la Primera Cruzada. Dostoyevsky blogeando El jugador cada noche desde Baden-Baden. Y Cervantes persiguiendo la fama en Twitter, desesperado por superar en seguidores a Lope de Vega... Enseguida, siguiendo con la broma, escribí­ los dos últimos tuits de esa hipotética edición tuitera:

Tengo ya la edad de El Quijote, pero conservo el hábito de hacer estimaciones que adquirí­ de joven, así­ que durante un rato calculé lo que se tardarí­a en tuitear El Quijote:

Esto último era una baladronada. Todavía no tení­a el troceador de textos, pero sabía cómo hacerlo. Dejé el tema ya de madrugada, pero estoy seguro de que durante el sueño estuve dándole vueltas a este último tuit:

A pesar del tono burlón, en el fondo es una tesis seria: debe haber alguna forma de acercar la gran cultura a las personas que viven en el mundo virtual. El problema es no saber cómo hacerlo.

El por qué

La razón primera es hacer algo que nadie ha hecho antes, y que en primera instancia parece un sinsentido. Visto así­, lo que me gusta es la propia naturaleza de locura quijotesca que tiene la idea.

Luego ya se van encontrando razones plausibles:

  • La efeméride próxima del 400 aniversario de la muerte de Cervantes.
  • La curiosidad por ver la respuesta de Internet ante la propuesta.
  • El desafío técnico de programarlo todo.

Me gusta pensar que cada cual encontrará la forma de dejarse acompañar por El Quijote durante este tiempo. Algunos aceptarán la lentitud de la propuesta, y saborearán las palabras encontrando bellezas que quizás les pasaron desapercibidas.

Otros se acercarán al libro para sortear su impaciencia, y al día siguiente reconocerán lo leí­do como se reconoce a un viejo amigo. Y otros más intertextualizarán, al estilo de internet, comentando palabras, buscando en Google o en la Wikipedia el sentido de algunas cosas.

Y seguro que hay maneras de usar esta propuesta que yo no llego a imaginar. En todo caso, mi obra también pertenece ahora al mundo, y es un alivio dejarla marchar y que se someta por sí­ misma al juicio de la gente.

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