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Impostura literaria

No queda otra salida que la crítica de la 'crítica'. La denuncia con mayúscula.

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Leo un comentario de un profesor de literatura, Jordi Gracia, sobre un libro de Javier Cercas, titulado El impostor, y creo que no acierta a expresar con inteligencia la importancia del pasado para vivir en el presente. La revisión del pasado apenas tiene sentido sin un mínimo proyecto de futuro. Quizá por eso, por esa absoluta dejación moral sobre el poder de la literatura para construir un futuro mejor entre todos los españoles, los libros de Cercas y su apologista Gracia están vacíos. Literatura de cartón piedra. Nada. Ortega y Gasset nos enseñó a no perder el tiempo con falsas resurrecciones de pasados traumáticos para presentes mortecinos y futuros ciegos. Sin un proyecto histórico de Nación es imposible recrear tradiciones y leer críticamente supuestos pasados traumáticos. He ahí la principal falla de los libros de Cercas y los comentarios de su apologista Gracia. No traen nada. Todo es sabido. Todo es manido. Todo es resentimiento histórico. Es peor que baldía, un erial, toda memoria sin previo y genuino olvido, Nietzsche dixit.

No queda otra salida que la crítica de la crítica. La denuncia con mayúscula. O denunciamos la impostura sobre la literatura del impostor o esa nueva impostura seguirá poblando de palabrería y huecos avisos el poco espacio público que queda para la discusión. Digámoslo sin rodeos: grandes novelas se han escrito en España sobre nuestro pasado reciente, pero ahí no pueden reordenarse las de Cercas, sencillamente, porque están escritas sin perspectiva de futuro. No han aportado nada sobre ese pasado que no quiere pasar, que no quiere incorporarse al presente, porque están llenas de purulentos tópicos, ideas vacías y creencias ciegas. Nada.

Algún detallito nuevo se contaba sobre la evolución de la familia de Sánchez-Mazas, en Soldados de Salamina, de la que casi sabíamos todo porque lo habían contado la esposa, los hijos y otros escritores; nada relevante aparece en Anatomía de un instante, nada nuevo, en efecto, que no hubiera escrito el historiador Jesús Palacios en sus libros sobre el 23-F; y tampoco habrá nada del otro mundo histórico, del pasado de España, en el nuevo libro sobre un impostor de pacotilla que casi nadie conoce, y que no tiene el más mínimo interés histórico ni literario, en un país atiborrado de impostores. Espero que más pronto que tarde el novelista y su apologista consideren en serio a los grandes impostores de nuestro país, y les pasen, como diría Walter Benjamin, el cepillo a contrapelo.

¿Quieren una sugerencia, o mejor, un nombre para comprender las perversidades del pasado que persisten en el presente y condenan nuestro futuro? Está muy cercano a Cercas y Gracia. Es la mano que les da de comer, cuando ellos escriben para el Grupo Prisa. Escriba el novelista una novela sobre Juan Luis Cebrián y su padre. Escriba un ensayito el ensayista sobre cómo el padre de Cebrián convirtió el diario El Sol en el periódico Arriba, y quizá entonces, y solo entonces, nos creeremos algo sobre sus respectivas literaturas de la impostura y la memoria histórica. Mientras tanto, por favor, guarden silencio y estudien. O mejor, digan dónde están situados política y literariamente en el proceso de independencia de Cataluña. O lean, por favor, el libro del maestro César Alonso de los Ríos sobre Enrique Tierno Galván, he ahí el paradigma de la impostura en la España contemporánea.

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