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Manuel Machado, la profunda compenetración con el alma de su pueblo

Manuel Machado se merece el justo reconocimiento que la sombra de su hermano eclipsó.

Manuel Machado| Libertad Digital
Andrés Amorós

La extraordinaria fama de Antonio Machado ha oscurecido injustamente la de su hermano Manuel (1874-1947), un poeta extraordinario. Sevillano, como su hermano, fue siempre fiel a la raíz popular andaluza y a la influencia del modernismo. A eso se une un tono personal, muchas veces decadentista, desengañado y escéptico. Políticamente, se consideraba un liberal romántico. A diferencia de su hermano, se declaró partidario del Movimiento Nacional.

Se cuenta que, una vez, fue a oír cantar flamenco y escuchó, con asombro, que la letra de la canción era suya. Al preguntar al cantaor quién era el autor de la letra, le contestó que se trataba de una copla popular. La anécdota es significativa para mostrar su profunda compenetración con el alma de su pueblo. A la vez, es el poeta español que mejor representa la plenitud del modernismo.

Manuel Machado

En su poesía, todos elogian la ligereza, la agilidad, la gracia. Pero no hay que quedarse en lo externo. Dámaso Alonso subrayó la gravedad, la hondura de su poesía, por debajo de su aparente ligereza.

Los lectores de Valle-Inclán conocen bien a Alejandro Sawa, el modelo del patético Max Estrella de Luces de bohemia. Manuel Machado le dedicó un epitafio impresionante, de concisión clásica, que comienza así:

"Jamás hombre más nacido /para el placer, fue al dolor / más derecho. / Jamás ninguno ha caído / con facha de vencedor / tan deshecho".

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