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'La verdad sobre el caso Segarra': el descuartizador español de Bangkok no actuó solo

Conversamos con Joaquín Campos, quien ha investigado el asesinato del consultor David Bernat y detecta un cómplice: el narcotraficante David Donoso.

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Joaquín Campos, autor de 'La verdad sobre el caso Segarra'. | David Alonso Rincón

Como los linces, el periodismo de investigación es una especie que se halla al borde de la extinción. Los estudiantes de las facultades de Ciencias de la Información ya no quieren descubrir un nuevo Watergate, sino formar parte de alguna mesa de tertulianos –Umbral prefería llamarlos "contertulios"- para que, entre ladridos, su opinión prevalezca. Joaquín Campos (Málaga, 1974) es escritor y cocinero. Afincado en Phnom Penh, LD le entrevista en una tasca del madrileño Callejón del Gato, donde los espejos deformadores de Valle-Inclán, para hablar de su último libro: La verdad sobre el caso Segarra (FronteraD). En la obra, Campos ha hecho lo que ningún otro periodista español afincado en el sudeste asiático: investigar el asesinato del consultor David Bernat; hablar con el presunto asesino, Artur Segarra Príncep, y detectar presuntos cómplices –entre quienes sobresale un nombre: el de David Donoso Gutiérrez. El autor, casi orgulloso, reitera que no es periodista, pero La verdad… transpira reporterismo de primera, información, intensidad y estilo. Lo que no se enseña en las universidades.

P: El día que no escriba estará muerto.

R: No quiero ser tan dramático, pero sólo me dedico a escribir desde hace muchos años. Yo escribo para publicar. Es el ejercicio más importante de mi vida. Tengo más proyectos ahora: más poemas, un libro de relatos cortos, otro sobre Nueva York…, y a lo mejor hay una continuación de esto. En el caso Segarra, hay todavía muchos cabos sueltos. Pero sí, la literatura es lo más importante de mi vida. Espero que no me maten para dejar de escribir.

P: Reside en Asia –primero en China; ahora, en Camboya- desde hace casi una década. ¿Qué le motivó instalarse allí: las letras, los fogones, un estímulo al estilo del protagonista de El camino del corazón, de Sánchez Dragó…?

R: Yo tenía un puesto de trabajo único y no había crisis en España. También una novia, un gato y un piso. Y me fui corriendo. Siempre he sido muy crítico con España. Me preguntan: ¿por qué en China no aprendiste chino o en Camboya jemer? Por lo que me fui de España: me molesta escuchar a la gente hablar gilipolleces. Al final, me concentro en lo mío: la escritura. Esa fue la excusa. Nunca como periodista. Entonces salió el libro sobre China, los poemas… sin ganar un duro. Tengo que cocinar en mi restaurante si no quiero acabar publicando un tomo sobre la mendicidad.

P: "La locura nunca tuvo maestro", cantaban Héroes del Silencio. Usted escribe en La verdad sobre el caso Segarra que "nadie, absolutamente nadie, se viene a vivir al sudeste asiático a vivir sin poseer un alto interés por el sexo y la fiesta extrema".

R: Es cierto. En el primer libro sobre China, digo que nadie debería vivir en Asia si no ha follado más de cien veces y diez mujeres le han dicho "te quiero". Hay mucha gente que se divorcia a las primeras de cambio o gente que se casa con la primera que llega. Y luego hay desfalcos. Bangkok es una ciudad horripilante en su tráfico, muy buena en su comida, sin playa, con altos niveles de contaminación… ¿A qué va la gente a Bangkok? Claro que van a trabajar, pero, en la mayoría de los casos, la gente se agarra al sexo. Pagando y no pagando. Las tailandesas son colaboracionistas, no son problemáticas, son juguetonas.

P: Incluidos los diplomáticos.

R: No digo que los diplomáticos se acuesten con tailandesas, pero se pelean más por estar en Bangkok que en Abu Dhabi o Kabul. El embajador de España en Pekín, Manuel Valencia, se echó una amante china. Cuando le dejó, ésta se plantó con una tienda de campaña delante de la Embajada. Es un despiporre sexual. Nos ven como sacos de dinero. Se acabó.

P: ¿Qué es lo más coherente que se puede hacer en un ecosistema social como el que pinta en el libro?

R: La mayoría de la gente trabaja; luego actúan por la noche porque es muy bonito eyacular. Yo estoy en Camboya, estrictamente, porque puedo mantenerme con mi restaurante y porque escribo todos los días. Phnom Penh es una ciudad detestable; Camboya, un gran país. Es el Tercer Mundo, un país muy pobre. Evidentemente, a mí me encanta follar. Si me dan a elegir entre Phnom Penh y Kabul… (Risas)

P: Un buen día, Artur Segarra acudió al restaurante que regenta –Quitapenas, en Phnom Penh-, y se abrió "como lo hacen los pulmones de los tenores en los momentos álgidos de sus interpretaciones".

R: Descubro que Segarra es, probablemente, el machaca de este macabro asesinato. El que hace el trabajo sucio a cambio de un porcentaje mayor de dinero. Viene a mi restaurante y es un vanidoso. En ese momento, no lo detecto. Me baso en mí, porque yo también tengo mi ego. El tipo sabía que yo escribía. Estaba como los palomos, hinchado. Me iba contando sus cosas, enseñándome sus enlaces en la prensa: "Mira lo que hemos hecho, mira lo que no". Sin embargo, Donoso, que yo digo que debería hablar, ha sido mucho más meticuloso. Nunca habló con nadie. Ni siquiera de su pasado como narcotraficante o la posesión de armas.

P: Segarra se le presentó como una especie de Robin Hood, pero...

R: Era mentira. Todos los vanidosos mienten. Que sepas que he recibido, desde que empecé a investigar este caso, más de treinta correos de gente diciendo "Artur Segarra es la mejor persona que he conocido". Fíjate qué curioso: todas las personas que me han dicho eso son mujeres. Era un comercial nato: por eso estafó a los abuelos con las casas, etcétera. Tiene un don de gentes muy superior al de Donoso, que es un egocéntrico que sólo se mezclaba con millonarios, consultores y gente pudiente. Él hablaba con ellos de inversiones y tal, y a los demás los veía como basura. Ocultó su identidad, mientras que Segarra nunca tuvo escrúpulos en contar todo. A Bernat se lo contaron. Bernat iba diciendo, según numerosos testigos, "mis amigos los malotes". Es un tipo que ganaba muchísimo dinero. La familia no está contenta con la investigación. Imagino que, cuando pase el tiempo, si Donoso es capturado, me lo tendrá que agradecer. Bernat fue un pardillo. Yo también fui amigo de Artur entre comillas. Sabía que era un delincuente. ¿Cómo le voy a decir a un delincuente que tengo un millón de dólares (que no lo tengo)? Bernat vacilaba de que le iba muy bien; los otros, de que eran delincuentes, y se enamoraron.

P: Cuando usted se entera de que Segarra ha sido acusado de asesinar a David Bernat, ¿cómo recibe la noticia?

R: Estaba en una boda en Bangkok, con un periodista que colabora en El Confidencial, Luis Garrido-Julve. Como diez días antes de la masacre, Segarra me dice: "Oye, Joaquín, tráeme tus libros, que los quiero leer". Tengo ahí los correos. Cuando llego, dos días antes de la boda, le mando un correo electrónico y no me contesta. No le dí importancia. Tras esa boda, me fui a Japón a pasar unos días. Cuando estaba en Tokio, Garrido-Julve me dijo: "Has perdido un lector, pero has ganado una historia". Al ver el enlace, dije automáticamente: "No puede ser". Nadie sabía dónde estaba Artur. Cuando vuelvo a Camboya, me doy cuenta de que su cara está en todos los medios como que se ha escapado. Lo detienen al cruzar la frontera. Estaba asustado porque quería venir a verme. No a descuartizarme, sino a buscar ayuda.

P: ¿Ha vuelto a tener noticias de David Donoso Gutiérrez?

R: Nada. Y las dudas han ido creciendo, y los comentarios de gente. Exnovias de Segarra, vendedores de droga y expatriados españoles me han presentado más pruebas que no le dejan en ningún buen lugar. Yo no digo que Donoso sea culpable, pero es absolutamente incomprensible que no lo sea si no me contesta a unas preguntas o da la cara. Yo no digo que haya participado en un delito de sangre, pero debía saber algo. Era más amigo de Bernat que Artur. Artur era un tío tatuado con la camiseta del Barça; Donoso vestía mejor, tenía conocimientos de economía, etcétera. ¿Tú te crees que David Bernat le dijo a Artur Segarra que tenía un millón de dólares? No me cuadra.

El escritor Joaquín Campos durante la entrevista. | D.A.

P: Los hechos expuestos en el libro demuestran que, presuntamente, Segarra no actuó sólo.

R: ¿Por qué Donoso en público decía que no conocía a Artur, cuando eran amigos íntimos? De prestar dinero, hacer orgías, drogarse juntos…

P: ¿Cómo definiría la reacción diplomática española en este caso?

R: No ha habido reacción, sino silencio, omisión. El cónsul no está metido en esto, no es un asesino ni presunto asesino, pero es una auténtica vergüenza que la única persona que esté investigando esto, por encima de la policía tailandesa, sin medios y jugándome la vida, y que estoy abriendo puertas, no reciba la más mínima ayuda de la Embajada de España. En Tailandia, está conminada con la policía para

David Donoso | Imagen facilitada por Joaquín Campos / Thairath

que no se levante más la liebre. Conozco el sudeste asiático: la policía es corrupta y vaga a la vez: han pillado al pez gordo y no quieren más lío. No tienen ganas ni tampoco saben dónde está Donoso. Pero que después de mi libro, las noticias que han aparecido en medios nacionales, que se está generando un medio tsunami informativo de "coño, aquí hay otro metido", que la embajada no esté intercediendo demuestra la poca categoría no sólo del cónsul y la embajadora, sino de nuestra diplomatura internacional. Es un caso muy grave: si ese señor es culpable o ha tenido algo que ver, lo va a volver a hacer. Porque le ha salido gratis. Yo sólo pido que, basándose en el libro, le llamen a declarar. Que alguien mire los teléfonos móviles de esta gente. Yo me dedico a escribir, lo más importante en mi vida es la literatura, pero ya me he transformado en una especie de justiciero: necesito que esa persona declare. La Interpol sí funciona; nadie habla con la Interpol. Sólo pueden hacerlo la embajadora y el cónsul. Además, estamos hablando de un narcotraficante prófugo de la justicia española, no de un lateral derecho del Mollerusa. ¿Van a esperar a que delinca otra vez? ¿A qué nivel? ¿Va a degollar a otro? El juicio contra Segarra va a ser en mayo. Está a la vuelta de la esquina. Los juicios en Tailandia son sumarísimos o parecidos, no creo que dure muchos días. Dirán que es culpable, cerrarán el caso y Donoso se habrá ido de rositas. Y luego tendré que esconderme yo para que no me maten.

P: ¿Y la de la prensa? En el libro cuenta que ayudó a informar a algunos compañeros, y que éstos le menospreciaron.

R: Los medios españoles no han estado a la altura. Yo no soy periodista. Les meto mucha caña a los periodistas y, sobre todo, a los corresponsales en Pekín: viven de puta madre y el Partido Comunista se pasa por los cojones los Derechos Humanos continuamente: cierra internet, detiene disidentes… y ahí están todos a la sopa boba. Fusilando noticias de Reuters y la BBC. Lo que ha ocurrido en Bangkok: los medios no se meten o se meten genéricamente y no investigan… no sé, ¿por miedo? Alguien tituló: "Un español y un italiano matan a un catalán". Es acojonante.

P: Asegura que si le hubieran dado "dos meses más y a tres inspectores en condiciones", hubiera desentrañado el entuerto.

R: Bastante he conseguido sin medios, sólo y sin dinero. Esto cuesta dinero. A veces he tenido que pagar a confidentes. Yo quiero llegar al fondo del asunto. Algunas eran putas o vendedoras de droga, y si no les das algo a cambio, no hablan. Por eso no quiero que haya juicio el mes que viene. El problema de Artur Segarra es que no va a hablar porque me dijo: "Me van a matar". Él me presentó a Donoso en una discoteca como "mi socio David". Luego, me decía: "Yo no tengo ningún socio". Y yo: "Pues que sepas que ha declarado voluntariamente y que está en Ko Tao". Y él: "¿Está bien?", y luego: "Pero no le conozco...". Es de chiste. Un último confidente me confirmó al 100% que Segarra y Donoso se conocieron en Bangkok, hicieron muy buenas migas y que preparaban un plan. Se lo ofrecieron a esta persona, y esta tercera persona dijo: "Yo ya no hago nada". Tenía un pasado turbio y ha decidido cambiar de vida. Hay un montón de evidencias. Cuando estaban descuartizando a Bernat, se puso una foto en Facebook en Ko Tao. "Hola, vivo en Ko Tao". Y todo el mundo dijo: "Qué extraño". Cuando se supo el cadáver, la gente empezó: "¡Pero bueno, es de vergüenza!". Y eliminó la foto.

P: La historia de Segarra sigue viva. ¿Continuará con el caso?

R: Cuando le sentencien, que no será a muerte, iré a visitarlo. Imagino que no querrá hablar conmigo, pero aún pienso que, si le sentencian a cadena perpetua y le dicen "te bajamos a treinta años o a veinticinco si nos dicen quién estaba contigo", habrá un halo de esperanza. Es importante que el cónsul Nuño Santos y la embajadora presionen a Artur Segarra y citen a David Donoso y que, basándose en mi libro, siento ser egocéntrico, les hagan las preguntas. Y que las responda todas.

P: "Este libro quiere servir de advertencia a todos aquellos hombres de bien que se dejan la vida en una amistad".

R: La gente tiene que andarse con mucho ojo en estos países. No todo es sol, alcohol, verbena, drogas y follar. En Bangkok, en China, en Taiwán… en torno a una mesa, se acaban los nacionalismos y las religión y eso. "Mi colega de Barcelona, mi colega de Sevilla...". No hay muchas preguntas. Y el más listo es el que se mueve como el pez en el agua. Todos contaban cuánto ganaban, quiénes eran sus novias… salvo Donoso.

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