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Carmen Domingo: "Si Gala fuera un señor nos maravillaría que se liara con jovencitos"

La novela Gala-Dalí narra la vida de la mujer que fue capaz de sacar lo mejor de los geniales artistas con los que se emparejó.

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Gala y Dalí, en una exposición de 1951 | Cordon Press

Edie Sedgwick, Alice Prin o Lee Miller fueron la inspiración de un gran artista -Andy Warhol, Cocteau, Picasso respectivamente-. Quedaron en la historia como aquellas que cautivaron a escritores, fotógrafos y pintores, aquellas que ascendieron al nivel de deidad como las que habitan en el Parnaso. Fueron musas.

Todo buen pintor que aspire a crear auténticas obras de arte, antes de nada debe casarse con mi esposa. Cualquier hombre puede tener una esposa, pero solamente es Gala la que cura su espíritu, la que vive continuamente como una esposa... la que hace algo cuando no hace nada.

Salvador Dalí dependía tanto de Gala que llegó a unir sus nombres en su firma. "Firmando mis obras como Gala-Dalí no hago más que dar nombre a una verdad existencial, porque no existiría sin mi gemela Gala", dijo el artista. Fue su modelo, su guía y su equilibrio: "Gala me ha dado, en el verdadero sentido de la palabra, la estructura que faltaba en mi vida. Amo a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, más que a Picasso y más, incluso, que al dinero".

Dalí la pintó una y otra vez, pero detrás de esos retratos, había una mujer "brillante", "muy inteligente" y que intentó por todos los medios "ser feliz". Así la describe Carmen Domingo (Barcelona, 1970), autora de Dalí-Gala (Espasa), un libro que trata de descubrir el lado menos conocido de Elena Ivanovna Diakonova, o lo que es lo mismo, Gala Éluard Dalí, más allá de su función de esposa de uno de los genios más brillantes del arte universal. La novela, que utiliza los veintidós arcanos mayores del tarot a modo de índice, narra la vida de Gala desde su juventud hasta su muerte y, por supuesto, desvela su papel "fundamental" en la proyección de Dalí.

"Dalí sin Gala hubiera sido la mitad de la mitad. Desde luego como trabajador, no tendríamos ni la mitad de cuadros. No hubiera hecho marketing ni publicidad ni entrevistas. Hubiera desaparecido mucho antes", cuenta Domingo a Libertad Digital. "Dalí era un niño pequeño que necesitaba que le llevaran de la mano. Era muy creativo pero no sabía hacer nada solo".

La novela pone en valor el término musa desde otra óptica. "Por musa, me imagino a una mujer renacentista que se estiraba en un diván y que con su belleza y su encanto inspiraban al artista. Mi concepto de musa, asociada a este tipo de mujeres que son más brillantes que los señores a los que acompañan, es el de aquella que sabe sacar partido de la persona que tiene al lado. No es tanto una inspiradora como sí una instigadora", dice la escritora catalana.

Gala se implicaba en el mundo de Dalí. "Corregía sus cuadros, le decía lo que tenía que hacer, le aconsejaba que hiciese entrevistas en un sitio u otro, lo dirige más que inspira", añade. Sin embargo, no terminó de encajar en su mundo. "¿Por qué? Porque era una mujer. Antes como ahora, si eres una mujer brillante en un mundo de hombres, cuesta".

Mientras que Salvador seguía entretenido consigo mismo, sin prestar atención a nada más que a su propio cuerpo, disfrutando del contacto con sus manos, del placer obtenido por sus propias caricias, Paul la hubiera devorado a besos y realizado con ella todo tipo de prácticas sexuales, juntando sus cuerpos hasta fundirse como si fueran solo uno. (Gala-Dalí)

Gala "era una adelantada a su tiempo y al nuestro", dice Carmen Domingo. "Hoy en día, aún chocarían decisiones que ella ha tomado". Tuvo un concepto desinhibido de relación. Siempre tuvo hombres a su disposición -de forma simultánea, amantes consentidos, de todas las edades y de distintas clases sociales-. "Si Gala fuera un señor, nos estaría maravillando que se liara con jovencitos cincuenta años más jóvenes. Como es una señora, dudamos de si está bien o no está bien. Incluso en el caso de Dalí, que contrataba a gente para que hicieran el amor delante de él y otros shows sexuales, nos hace hasta gracia. En cambio, Gala se acuesta con chicos y nos sorprende más".

Cuando el artista español y la rusa se conocieron, no hubo flechazo: "No fue tanto la persona como lo que esa persona podía llegar a ser lo que le abrió el corazón a Gala". Y el sexo nunca fue una forma de unión entre ambos. "La sensación que a mí me desprende es que a Dalí no le interesaba sexualmente nadie más que él mismo", considera Domingo.

Gala estuvo en la retaguardia porque "su aspiración no era estar en primera línea". "No sé si hoy en día sabría sobrevivir. Tengo la sensación de que –dice Carmen Domingo- es difícil encontrar a alguien tan brillante como Salvador Dalí o Paul Éluard -su primer esposo-, pero si lo encontrase, sería la que lo dirigiría. Seguiría a la sombra y sería quién le llevase de la mano a un plató de televisión".

Escribir Dalí-Gala le ha supuesto a Carmen Domingo cuatro años de lecturas de ensayos sobre Gala, Dalí, Lorca, los surrealistas y la época. Además, con ella hace una firme reivindicación de las mujeres del siglo XX que quedaron a la sombra de su pareja. "En la sociedad en la que vivimos, se mitifica siempre a una mujer muy valiosa que está detrás de un hombre y, en lugar de prestarle atención a ella, se la prestamos al señor. Me interesa la vida de las mujeres contemporáneas que nos han ayudado a que esta sociedad sea distinta. Desde luego, Gala es una de ella".

Carmen Domingo. Gala-Dalí. Espasa. 360 páginas. ISBN: 978-84-670-4723-3. 19,90 euros.

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