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La ascensión al cielo de Lorca e Hinojosa

Lorca subió a los cielos del reconocimiento y la fama, merecidamente, pero Hinojosa permanece en el purgatorio de la censura y el abandono.

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A Federico García Lorca lo conocen casi todos los estudiantes españoles y muchos ciudadanos del mundo. Es bueno que así sea porque es uno de los más grandes poetas y dramaturgos que ha dado la nación española. A José María Hinojosa apenas lo conocen algunos estudiosos aunque es considerado como el introductor del surrealismo en España, tendencia de la que el propio Lorca, Dalí y todo la generación del 27 y más allá, se nutrieron líricamente. Es malo que así sea porque fue un miembro de aquella generación, amigo de la mayoría de sus componentes y un importante poeta y escritor mientras decidió serlo.

Además de amigos y andaluces, Lorca, granadino, e Hinojosa, malagueño, estuvieron unidos por la, al parecer, incurable herida de España que es la Guerra Civil. Lorca fue asesinado por el bando franquista el 19 de agosto de 1936 en Granada. Hinojosa fue asesinado por el bando republicano en Málaga tres días más tarde, el 22 de agosto de 1936. Ambos eran amigos y de familias acomodadas aunque, como cuentan las crónicas, el que pagaba casi siempre las copas y las viandas de los festejos era el bueno de Hinojosa, rico como la mayoría de ellos. Aunque inicialmente inclinado a la revolución - viajó a la Rusia soviética como Ángel Pestaña y Fernando de los Ríos a los que tampoco gustó lo que vieron -, adoptó luego posiciones conservadoras. Lorca subió a los cielos del reconocimiento y la fama, merecidamente, pero Hinojosa permanece en el purgatorio de la censura y el abandono.

Viene esta breve explicación a cuenta de una obra de teatro que probablemente, de continuar el sectarismo cultural en la política española, nunca será estrenada en el gran Madrid de las tablas libres y amplias ni en ninguna otra sala de España. Se trata de El buzo y la aviadora, un hermoso y denso texto de Alfonso Sánchez Rodríguez, poeta, dramaturgo e investigador, también andaluz, que ha dedicado muchas horas de su vida a reivindicar la figura del poeta, "de derechas", José María Hinojosa. Una vez pensé en cómo presentarla a los críticos de Madrid e incluso dispuse de una protagonista femenina para el papel de aviadora en la figura de la gran actriz sevillana, Belén Larios, a la que regalé un ejemplar. Luego se abalanzaron sobre el proyecto malsanas circunstancias pero hoy retomo la idea fundamentado en la creencia de que la representación de esta obra es un deber moral ahora que se cumplen 80 años del fusilamiento de ambos poetas.

Una bibliografía que crece

En una documentada y espléndida introducción a esta obra de teatro, José Antonio Mesa Toré recuerda que Alfonso Sánchez ya en 1987 publi­có un primer estudio acerca del poeta malagueño, José María Hinojosa: 1925-1936. Apuntes sobre la trayectoria de un surrealista, en el número que, con el título El Ojo Soluble, dedicó la revista Litoral al Surrealismo. Durante casi 30 años, "Alfonso Sánchez ha contribuido como nadie, y no es este un elogio exagera­do, a que la bibliografía sobre José María Hinojosa creciera de manera sorprendente, consiguiendo, junto a la labor de otros investigadores, que su poesía y su figura dejaran de vagar por el limbo literario como sombras fantasmales que solo unos cuantos reconocieran".

Alfonso Sánchez ha editado una Antología poética (1990) de HInojosa, un Epistolario (1997, en colaboración con Julio Neira), la Obra completa (1998) o el libro La flor de Californía (2004); además, ha escrito un Ensayo bibliográfico (1994), un estudio sobre la recep­ción de la obra de Hinojosa, titulado Remolino de voces (1996) y un volumen de entrevistas a familiares, amigos y contemporáneos del poeta, Este film inacabado (2002). Además, se ha extendido en artículos y en­sayos que han visto la luz en diarios y revistas de cultura o en conferencias que ha pronunciado en España y en el extranjero.

Sobre Hinojosa, quien mejor puede y debe escribir es, sin duda y por todo lo dicho, Alfonso Sánchez. Sólo diré que se ha preguntado, como es natural, si las ideologías y sus sicarios han influido en el diferente destino de uno y otro autor. Entre las izquierdas, sólo Luis Cernuda se acordó expresamente, en mi opinión en forma demasiado breve y tímida, del maltrato inferido a José María Hinojosa, "otro poeta malagueño cuya muerte terrible no se ha mencionado entre nosotros". Ni siquiera se atrevió a llamar asesinato a lo que fue un asesinato de los milicianos republicanos. Pero tampoco crean que entre las derechas, liberales o conservadoras, Hinojosa ha tenido un tratamiento más deferente. Precisamente, fue el historiador Antonio Nadal, de origen socialista, quien denunció los asesinatos masivos de Málaga en el verano de 1936 y es Alfonso Sánchez, asimismo de inicial compromiso juvenil con la izquierda española, el que ha rescatado la figura de Hinojosa del olvido literario. Digamos que, al menos la Fundación Málaga, que dirigía entonces Pedro Martín-Almendros, y el Centro Cultural Generación del 27, que depende de la Diputación Provincial de Málaga, le dieron un impulso a la obra de Hinojosa.

'El buzo y la aviadora'

En estos días que conmemoramos la "muerte terrible" de ambos poetas y amigos, quiero referirme a una de las escenas de esta obra de teatro, El buzo y la aviadora, en la que se escenifican los últimos encuentros entre José María Hinojosa, el buceador nocturno de pechera impecable de 32 años, y su pretendida novia, Anna Freüller, rubia, fumadora, deportista e incluso aviadora, antes de su fusilamiento.

En ella un ascensor sube por entre las alturas de los montes andaluces. En su interior se elevan José María Hinojosa, "en el ojal de su solapa, luce una amapola de California, la flor del sueño". Con él van Salvador y Francisco Hinojosa, su padre y su hermano. También está Luis Altolaguirre, su amigo. Suena un timbre, se abren las puertas y entra Federico García Lorca con sombrero y pajarita, acompañado de Ma­nuel Fernández-Montesinos y Salvador Vila Her­nández, su cuñado y su amigo* José María y Federico se funden en un abrazo.

Tras una breve conversación, quedan para cenar con la madre de Charlot, Fernando Villalón y Marcel Proust, para hablar de toros de ojos verdes y fiestas galantes de París. En un momento, el Ángel Funcionario, tras un tim­bre de llamada, dice: "José María Hinojosa Lasarte: su turno, por favor". Lorca le dice a Hinojosa: "Una última cosa: ¿te has traído tus sueños?". Responde el malagueño: "Sí, claro: vienen con la escafandra". "Perfecto", dice Federico. "Aquí no se debe prescindir de los sueños. Quienes siguen abajo necesitan que soñemos con ellos cada día. Yo se lo prometí a mi prima Aurelia. ¿Y tú?" José María Hinojosa le responde: "A Ana. Poco antes de que a ella la detuvieran también". (Sonaba Debussy)

He de confesar que me emocionó la escena por lo que tenía de reconciliadora belleza sin mentiras ni hipocresías. Por ello, me propuse, tal vez ingenuamente, que la obra fuese representada en algún teatro español. Estamos en 2016, 80 años después de aquella tragedia colectiva y habíamos hecho promesas de paz, piedad y perdón. Como es costumbre y es menester, la figura de Federico García Lorca es profusamente recordada y su muerte alevosa condenada. Como es costumbre, la figura de José María Hinojosa será olvidada y su muerte, igualmente alevosa, apenas será mencionada. Rafael Alberti, tan señorito como amigo de Hinojosa por lo que aparece en esta obra, se preguntaba qué cantaban los poetas andaluces de ahora. ¿Qué se representa en los escenarios españoles de 2016? ¿Por qué no tiene cabida en sus tablas El buzo y la aviadora?

El propio Hinojosa, en su Flor de Californía, se respondía, tal vez, de este modo:

¡Oh! Si la gran negación se transformase en este pez que llevo en la mano, quizás se escurriría de entre mis dedos y caería al mar para dar la vuelta al mundo a través de las aguas, pero la negación está firmemente entrelazada a mis dedos y tendría que sumergirlos en azufre para dejarlos en libertad.

¡Tomad y comed! ¡Tomad y bebed! Que el dedo del corazón entrará a rosca en la cúspide de la pirámide Cheops y quedará mi cuerpo flotando en el aire en espera de la resurrección de la carne y de la apertura de las primaveras, y para ello no necesitaré la partida de nacimiento ni la bendición de Su Santidad.

Entonces, corintios, haciendo de mi cuerpo un arco y de mi alma una flecha me dispararé en las cuatro direcciones de los puntos cardinales y caerá sobre todo el globo terrestre una capa de ceniza roja hecha con la cremación de mi carne."


* Todos ellos fusilados en 1936

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