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Koestler: de espía soviético a participar en congresos financiados por la CIA

El periodista Jorge Freire publica una interesante y vertiginosa biografía del escritor húngaro, autor de la magnífica El cero y el infinito.

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La vida de Arthur Koestler (Budapest, 1905 / Londres, 1983) fue una sucesión de bandazos justificados por un instinto de supervivencia esquizofrénico. Así, por ejemplo, el autor de El cero y el infinito pasó del sionismo al comunismo para, posteriormente, renegar del hombre nuevo soviético y participar, junto a Bertrand Russell, André Malraux o Raymond Aron, entre otros, en el Congreso para la Libertad Cultural de Berlín en 1950, financiado por la CIA.

El periodista Jorge Freire (Madrid, 1985) cuenta en su último libro, Arthur Koestler. Nuestro hombre en España (Alrevés, 2017), que el escritor húngaro, a lo largo de su vida, no hizo otra cosa que meterse en líos y enredarse en marañas. Nos lo ubica en plena Guerra Civil, en una Málaga que acaba de ser tomada por los nacionales y que será sometida a una carnicería impía y sangrienta –en la Desbandá murieron entre cinco y diez mil personas, según las fuentes-. Koestler vino a España como espía soviético con la sencilla tarea de "franquear la guarida de Franco, documentar el apoyo nazi a los insurgentes y salir vivo para contarlo". Con astucia vulpina, cameló al jefe de prensa rebelde, Luis Bolín, para conseguir una entrevista con Queipo de Llano para un diario inglés, el News Chronicle. El comandante de la guarnición sevillana quedó retratado "como un sádico que no sólo prometía exterminar ‘milicianos invertidos’, (…) sino que se recreaba describiendo violaciones, bestialidades y un interminable muestrario de crímenes republicanos a embarazadas y a niñas".

Bolín prometió "matarlo como si fuese un perro" y, cuando Málaga cayó en manos nacionales, pese a la ayuda brindada por Koestler y sin Peter Chalmers Mitchell a un familiar del fascista, el jefe de prensa estuvo a punto de cumplir su amenaza: el húngaro se salvó gracias a las gestiones de su mujer, Dorothee, con el Gobierno británico para solicitar –y, finalmente, ejecutar- su liberación.

Ese es el eje que vertebra el libro aunque, a través de vaivenes temporales, Freire traza un lienzo no demasiado exhaustivo –el volumen no llega a las 170 páginas- pero que sí cuenta con la aportación justa de datos, muy bien escrito y, sobre todo, con imantación y suspense, de la biografía de Koestler. El periodista aborda los orígenes familiares de Koestler, su infancia, sus traumas, los contextos en los que vivió –el fin del Imperio austrohúngaro, el gobierno de Karólyi, el régimen comunista de Béla Kun y la dictadura de Horthy-, sus viajes ideológicos y físicos, su faceta periodística, su red de contactos o su misoginia.

Además, Freire también se ocupa de lo que vino después de Málaga, de, por ejemplo, cuando Koestler se cae del caballo y, tras preguntarle la duquesa de Atholl si es comunista, éste le responde con seguridad que no; de cuando publica la antisoviética El cero y el infinito y se convierte en una superestrella literaria; de su aventura con Simone de Beauvoir, de su amistad con Camus o de cuando se lió a hostia limpia con Sartre.

En definitiva, en Arthur Koestler. Nuestro hombre en España, Jorge Freire repasa la vertiginosa vida de un tipo que no hizo otra cosa que buscar, errando, el Absoluto, y que acabó suicidándose con su tercera mujer, a quien sacaba 22 años. El lector encontrará una coctelera explosiva de lugares, personajes, ideologías, dudas perennes y certezas caducas. Y sólo un apunte más: El cero y el infinito era uno de los libros de cabecera de David Bowie. Nunca tuvo el genio inglés mal gusto a la hora de elegir sus lecturas.

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