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Las manos de Joan Didion

La escritora americana está en la órbita de otras literatas adoradas y descubiertas por algunos hace dos días, sólo que ella tiene el plus de la celebridad, del icono.

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Joan Didion | Cordon Press

Más que la propia Joan Didion, me fascina el embeleso que hay por Joan Didion. La escritora americana de 82 años está en la órbita de otras literatas adoradas y descubiertas por algunos hace dos días, sólo que ella tiene el plus de la celebridad, del icono. En realidad todas son iconos. O iCoños. Así, Renata Adler (1937), Elizabeth Hardwick (1927-2007), Paula Fox (1923-2017), Janet Malcolm (1934), Vivian Gornick (1935) o Lucía Berlin (1936-2004). No sé si será verdad que la gente no lee a mujeres. Lo que no se puede decir es que los periódicos, las revistas o los suplementos literarios no hablen de mujeres. Podría citar diez escritoras más. Estadounidenses, imprescindibles, guays y seguramente, muertas.

Hablo de Didion porque Netflix acaba de estrenar el documental que Griffin Dunne ha hecho sobre su tía. El actor es hijo del escritor Dominick Dunne, hermano de John Gregory Dunne, también escritor y marido de Joan Didion. ‘The Center Will Not Holdes su título, tomado del artículo ‘Arrastrarse hacia Belén’, que Didion publicó en 1967 sobre San Francisco. Sobre drogas y colgados. "Nos contamos historias para vivir", escribe Joan Didion en ‘The White Album’. Muchos años más tarde, publicaría ‘El año del pensamiento mágico’, sobre el duelo. Sobre su marido y su hija, muertos el mismo año. Muerto él de pronto en su casa sobre la mesa cuando su hija estaba ingresada en el hospital. "La vida cambia rápido. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar, y la vida que conoces, se acaba". Una vez recomendé a un amigo ‘El año del pensamiento mágico’. Me lo recuerda cada vez que me ve. Y no me da con él en la cabeza porque es muy fino. Del libro y de lo que cuenta en el libro habla en el documental. Pero también de John Wayne (‘John Wayne: canción de amor’ es un artículo de 1965). O de Charles Manson.

En literatura de duelo, me quedo con ‘Una pena en observación’, de C.S. Lewis. Al principio del documental, Joan Didion dice: "No sé lo que significa enamorarse. Eso no es parte de mi mundo". Por eso me gusta más la pena de C.S. Lewis, porque él sí lo sabía. En documentales de escritoras, me quedo con ‘Public Speaking’ (2010), de Martin Scorsese, sobre Fran Lebowitz. Aunque prácticamente ágrafa (ha publicado dos colecciones de artículos y un libro para niños), es la perfecta figura de una escritora. Una que no parece sufrir (y eso se agradece). Que no bebe. Que no parece estar nunca en casa. Alguien a quien le preocupa escribir porque no va a ser Alexis de Tocqueville. También me quedo con ‘Todo es copia’ (2016), de Jacob Berstein, sobre Nora Ephron, su madre.

Pero claro que es interesante ‘The Center Will Not Hold’. Sobre todo para fans. Aunque al principio quiera matar a Joan Didion. O atarle las manos. Imagínenla en el sofá hablando con su sobrino y con los brazos en alto como si estuviera haciendo hechizos. Hasta que me imagino que se ha convertido en una gitana de Jerez. En Alicia Alonso. En Liza Minnelli (un movimiento suyo de brazos, aunque los haga sentada, enardece a las masas). Creo que lo más interesante del documental son sus manos. A veces parecen las de ‘Mama’, la película de miedo dirigida por Andrés Muschietti. Cuando habla y cuando hace unos sándwiches. Qué escena. Porque tampoco están contándonos muchas historias que no supiéramos. Joan Didion podría decir, como Saul Bellow a un biógrafo: "¿Qué es lo que puedes revelar sobre mí que yo no haya revelado ya". Ha publicado libros contando su vida, incluido el dolor tras la pérdida de su marido y la culpabilidad tras la muerte de su hija. Pero hay alguna cosa. Por ejemplo, cuando Dunne le pregunta por algo del artículo ‘Arrastrarse hacia Belén’. La única parte en que se aparta de la hagiografía.

Copio el extracto (el libro, bajo el título de ‘Los que sueñan el sueño dorado’, está publicado por Literatura Mondadori): "Cuando por fin encuentro a Otto, me dice: ‘Tengo algo en mi casa que te va a dejar flipada’. Y cuando llegamos allí veo en el suelo de la sala de estar a una niña, vestida con un abrigo corto y leyendo un tebeo. No para de relamerse con gesto concentrado y lo único raro que le veo es que lleva pintalabios blanco. ‘Tiene cinco años -dice Otto- y va de ácido’. La niña de cinco años se llama Susan y me cuenta que va a la guardería para mayores. Vive con su madre y con otra gente, acaba de pasar el sarampión, quiere una bicicleta para Navidad y le gustan sobre todo la Coca-Cola, el helado, Marty de los Jefferson Airplane, Bob de los Grateful Dead y la playa. Recuerda que fue a la playa una vez hace mucho tiempo y dice que ojalá se hubiera llevado un cubo. Ahora hace un año que su madre la da ácido y peyote. Susan lo describe como colocarse". Dunne le pregunta por esa niña con ácido en los labios porque la propia Didion tenía entonces una hija de dos años. Didion explica el asunto: "Bueno, fue [pausa] terrible. Quería llamar a una ambulancia. Quería llamar a la policía. Quería ayudar… Quería mandarlo todo el diablo e irme a casa con mi hija de dos años. Y protegerla del presente y el futuro". Hace otra pausa y con una sonrisa maligna dice a su sobrino: "Mira, era oro". Pues claro. Joan Didion como una gran perra es lo mejor del documental.

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