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Javier Sierra: "No hago concesiones al público, escribo de lo que realmente me inquieta"

El escritor turolense ha ganado el Premio Planeta con El fuego invisible, una novela que busca el origen de las grandes ideas.

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Javier Sierra, escritor y ganador del Premio Planeta 2017. | David Alonso Rincón

Lleva diez años "perdiendo" el Premio Planeta, bromea, puesto que desde hace una década está en las quinielas a pesar de no haberse presentado nunca. Hasta ahora. Y justo ha dado en la diana. Javier Sierra (Teruel, 1971) , escritor que desentraña los misterios españoles, se define como "un contador de historias heredero de los antiguos trovadores". Ha ganado el Planeta con El fuego invisible, "la mejor novela" que ha escrito hasta el momento y "la mejor que podía ofrecer al certamen", asegura a Libertad Digital.

No se considera un autor bestseller aunque "técnicamente lo sea". La cena secreta, La dama azul, El ángel perdido, El maestro del Prado o La pirámide inmortal se han publicado en más de cuarenta países y es uno de los pocos escritores españoles que han visto sus obras en lo más alto de las listas de libros más vendidos en Estados Unidos. Esta vez el misterio que le atañe es el más intangible hasta el momento. Sierra se ocupa del origen de las grandes ideas.

David Salas, un prometedor lingüista del Trinity College de Dublín, se encuentra con una vieja amiga de sus abuelos y con su joven ayudante, una misteriosa historiadora del arte. Con el mito del Grial y su vinculación con España de por medio, este libro recorre remotas iglesias románicas de los Pirineos, colecciones de arte en Barcelona, libros antiguos y extraños códigos en piedra en una trama llena de intriga que busca conocer el origen de toda inspiración.

PREGUNTA. El libro termina con una dedicatoria al lector muy motivadora. ¿Es El fuego invisible más que un libro? ¿Es una guía?

RESPUESTA. Es una provocación. El propósito supremo del libro es provocar al lector, empujarlo hacia la búsqueda de la chispa creativa que tiene dentro. Si hay algo que nos distingue del resto de las especies es nuestra capacidad de inventar cosas. Se produjo en la noche de los tiempos, hubo una mutación, un antes y un después, fue la explosión creativa del Paleolítico y que a mí me fascina. Qué es lo que ocurrió y por qué somos cómo somos. De eso va el libro.

P. ¿Cuándo encontró su fuego invisible?

R. Cuando era muy niño. Nací en la capital de provincia más pequeña de España, en Teruel, y con dificultad llegaban las grandes cosas que pasaban en las grandes ciudades y desde muy pequeño sentí la necesidad de salir a por ellas. Esas ganas me llevaron a contar historias en la radio, con 12 años tenía mi propio programa de la radio, y a partir de ahí me convertí en un indomable contador de cosas. Mis hijos me definen como "un papá cuenta cosas".

P. A lo largo de la historia hemos buscado el Santo Grial o el secreto de la eterna juventud, pero esta novela quiere encontrar el origen de las grandes ideas. ¿Es esta búsqueda más ambiciosa y más terrenal?

R. Es más ambicioso, pero menos tangible. En mis libros anteriores me había dedicado a misterios tangibles: a las pirámides, a las obras de arte, a los secretos de grandes personajes de la historia. Pero aquí, cuando me atreví a contestar la gran pregunta por la que empieza la novela ‘de dónde vienen las grandes ideas’, me encontré con que la mayoría de los grandes creadores mantuvieron secreto sobre ello o respondieron cosas muy sorprendentes. Beethoven decía que sus obras mayores le habían sido susurradas. Víctor Hugo, cuando pasó tiempo desterrado en la isla de Jersey, hizo sesiones de espiritismo con las mesas parlantes y lo que recibió de esos supuestos espíritus fueron muchas ideas que aparecerían después en sus novelas. Valle Inclán en La lámpara maravillosa apostaba por la quietud para conectarse con lo sagrado, con la chispa creativa... Para mí, ha sido más difícil porque no tenía nada a lo que aferrarme.

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Javier Sierra, escritor y ganador del Premio Planeta 2017. | David Alonso Rincón

P. ¿Y en su caso? ¿De dónde viene la inspiración?

R. Es muy dificil. Para mí son las musas que me susurran, soy más clásico. Soy más como Parménides que se metía en una cueva y esperaba a que le susurrasen. El escritor hoy hace eso, busca aislarse del ruido, cortar amarras, apagar el wifi y pasa por un proceso duro de hastío y soledad. Cuando ya no puede más lo vence con su creatividad.

P. De nuevo aparece el misterio del Grial en esta novela.

R. El Grial está concebido como una trampa, es un misterio que atrapa a los protagonistas y al lector. Inmediatamente te das cuenta de que está en juego algo más y que tiene que ver con algo que tienes dentro. Ese Grial que es descrito por primera vez en 1180 como un contenedor que irradia una luz capaz de acabar con las demás es una metáfora perfecta de las grandes ideas. Cuando tocas con algo potente, todo lo demás se mitiga.

P. ¿Podemos decir que es un mito?

R. Sí, pero como todo mito tiene un poso de verdad, un detonante. Su intencionalidad es propagandística. Los trovadores estaban al servicio de los grandes señores feudales. Felipe de Flandes es un cruzado y quiere un cuento épico. Nadie en mil años se acordó del Grial.

P. ¿Por qué gusta tanto?

R. Creo que el Grial es interesante porque es un punto de intersección entre lo divino y lo humano, es una reliquia, un anhelo que está entre lo sobrenatural y lo natural. Si tú encuentras ese punto de intersección, ese ónfalo, has encontrado un tesoro. Por eso nos fascina. Ahora que somos más humanos que nunca buscamos nuestro punto más divino.

P. ¿La creatividad está sujeta a lo que demanda el público?

R. En mi caso no, vivo en este universo desde muy niño y no hago concesiones al público. Escribo de lo que realmente me inquieta y me afecta, pero tengo la enorme fortuna de que eso también interesa a mucha gente. Creo que hay un gran vacío existencial, nos hemos volcado tanto hacia lo externo, hacia el último Iphone al debate político de turno, a los resultados deportivos, que hay un momento en el que piensas 'qué tengo yo dentro'. Y ahí es donde entra la literatura primero y mis libros después. La literatura es uno de esos escasos momentos que, como civilización, nos permitimos de quietud.

P. En la novela aparece la figura del frustrador. ¿Estamos rodeados de frustradores?

R. Lo peor de todo es que nosotros actuamos como frustradores. Es una energía que llevamos dentro. La energía creativa comparte universo interno con la energía destructiva, todo en el cosmos es así, es un juego de equilibrios. El Big Bang es a la vez creador y destructor.

P. ¿Y cómo podemos frenar esa energía?

R. Es imposible frenarla, hay que decidir si tomar el camino de la luz o el de las sombras. Cuando yo escribo una novela, me hago la pregunta de si quiero que dé un mensaje negativo o positivo, y hasta el momento siempre he optado por el positivo porque creo que la misión de los libros que llegan a mucha gente es dar esperanza.

P. Hay una frase en el libro que dice: "La literatura es una sustancia que debe manejarse con extremo cuidado". ¿Usted lo hace?

R. Me encanta esa frase y la suscribo totalmente. La literatura está construida de auténticas bombas de relojería que son las palabras. Vivimos en una época en la que malversamos las palabras, las utilizamos en todo momento pero no conocemos su significado. Cuando lo hacemos, nos deslumbran. Hay palabras que son muy evocadoras, la novela está llena de ellas. Una palabra mal colocada puede hacer mucho daño y, al contrario, una palabra bien situada puede ser un bálsamo para una civilización entera.

P. ¿Por eso puede un escritor ganarse enemigos peligrosos?

R. Sí, sin duda. Ha ocurrido siempre. Los escritores, si aprecian su trabajo, luchan por su libertad, por poder expresar sus ideas ajenas a intereses de los públicos, de las iglesias o los poderes dominantes. Si consigue ser libre, y la libertad paradójicamente te la dan los lectores, puedes llegar a ser peligroso. Muchos de los grandes movimientos contestatarios de la historia los han iniciado escritores porque eran libres. Ese poder no lo tiene casi nadie.

P. ¿Puede salvar un escritor a la humanidad?

R. Y meterle en grandes problemas también. Ya lo ha hecho. Hay novelas que han cambiado la historia de la civilización, como La Biblia o La epopeya de Gilgamesh. Son historias que a veces pasan por mutaciones y terminan por convertirse en textos sagrados. Toca algo que ha decidido ser utilizado por la sociedad como elemento generacional. Nuestra cultura, por ejemplo, utiliza a partir del s.XIX El Quijote, antes no. Antes solo era una novela. Se dice que es el ADN de los españoles. Hemos construido nuestra visión de la literatura sobre El Quijote, y podíamos haberlo hecho sobre una obra de Lope de Vega o el Mio Cid. Tiene su gracia.

P. Otra frase de su libro: "La verdad no conviene a la mayoría". ¿Comparte esta opinión?

R. En los tiempos que hoy vivimos sí. La verdad es muy difícil de alcanzar, sería una especie de Grial.

P. Qué piensa de los libros que son solo puro entretenimiento...

R. Cumplen una función. Tenemos en nuestra sociedad un horror vacui, no queremos que nuestra mente esté nunca vacía y hay libros que cumplen esa función. Me parece esperanzador porque si alguien se lee un libro de entretenimiento en algún momento querrá leer uno que le lleve un poco más lejos. Es como el sexo, alguna vez lo encontrará con amor y será sublime y otras no, y se dará cuenta de la diferencia. El lector termina descubriendo lo que merece la pena o no.

P. ¿Y de la palabra bestseller?

R. Creo que tenemos un problema en España con esa palabra. Parece que es sinónimo de fast food. Yo creo que es un prejuicio y no me considero un fabricante de bestseller, no hago un libro cada año que no va a ninguna parte, pero soy un bestseller técnicamente. Espero con mis libros convencer de que no debe tener esa connotación.

Javier Sierra. El fuego invisible. Editorial Planeta, 2017. ISBN: 9788408178941. 21,95 euros. 500 páginas.

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