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El cantaor Miguel Poveda con tangos de Gardel

Poveda continúa atravesando un dulce momento en su carrera. Sin abandonar el cante jondo ahora se atreve con el tango.

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Miguel Poveda | Archivo

El cantaor flamenco nacido en Cataluña de familia murciana de Lorca, Miguel Poveda, continúa atravesando un dulce momento en su carrera. Sin abandonar nunca su repertorio del más puro cante jondo sabe también acercarse a otros géneros, como ya hizo con la copla, que le ha deparado una gran popularidad. Al igual que ha cantado fados junto a la portuguesa Maritza, rancheras mano a mano con Chavela Vargas, jazz con el saxofonista Perico Sambeat y boleros con arreglos de Joan Albert Amargós. Y no olvidamos aquella versión suya del celebérrimo "Imagine", de John Lennon. Ahora también podemos escucharlo interpretar con acierto una selección de tangos argentinos en su reciente disco "Diálogos. De Buenos Aires a Granada", donde recoge títulos memorables que hace ya alrededor de nueve décadas estrenara el gran ídolo Carlos Gardel: "Sus ojos se cerraron", "Caminito", "Milonga sentimental", "Cuesta abajo", "Volver", "Alma en pena"… Invito a nuestros más jóvenes lectores a que se acerquen al tango, como ya han hecho en distintas ocasiones, en discos, algunos notables intérpretes del pop.

Esta selección tanguera corresponde a dos conciertos que Miguel Poveda ofreció, uno en el teatro Colón de Buenos Aires, año 2006, y el segundo en el Palacio de Carlos V, en la Alhambra granadina, cuatro años más tarde. El maestro del cante fue acompañado, amén de por la guitarra flamenca de Juan Gómez (Chicuelo) por una sensacional orquesta típica de tantos argentinos, a las órdenes de Rodolfo Mederos, quien goza en su país de un merecido reconocimiento, sobresaliendo como es natural las notas de un bandoneón, imprescindible cuando se trata de interpretar esta música. Que el trabajo discográfico mencionado aparezca ahora y no en las fechas citadas pensamos obedece a una mera estrategia comercial, sin más. Lo importante es su contenido que, insistimos, encontramos muy digno, de gran interés, cuando se hermanan esas piezas del folclore tradicional argentino con la voz de un grande del cante flamenco; la guitarra española, y el bandoneón.

No fueron esas las únicas experiencias de Poveda con el tango. Conocemos la existencia de un Cd anterior, "Fuimos", tema de Homero Manzi, también acompañado por la orquesta de Mederos. Y unas actuaciones con el quinteto porteño de Marcelo Mercadante, bandoneonista al que conoció en Barcelona como asimismo al guitarrista Gustavo Battaglia. De niño, Miguel confiesa que escuchaba a través de la radio y en el tocadiscos muchos tangos gardelianos, que encantaban a doña Felicia, su madre. Y así, en 2003 incluyó "Cuesta abajo", tango de Lepera y Gardel, en el álbum "Territorio flamenco", de diversos artistas. Recordaremos que en los últimos tiempos Estrella Morente y Diego El Cigala, por citar sólo a dos figuras sobradamente conocidas, han incluido tangos en sus actuaciones y discos y aquélla hasta en una película de Almodóvar, el tango "Volver". Por supuesto que en pretéritos tiempos ya hubo muchos experimentos de flamencos con el tango rioplatense.

Sin embargo, lo que conviene remarcar es que Miguel Poveda no hace fusiones y abarca el tango sintiéndose como nacido en el barrio bonaerense de la Boca. Evidentemente el eco de su voz nos recuerda su procedencia flamenca. Pero "no aflamenca" todos los tangos, queremos decir. Es el encuentro de un cantaor con la música más popular de los argentinos. Y así, el tango se enriquece, sin perder su esencia, su genuino sentimiento, con la cultura de nuestro flamenco. Es evidente que tango y flamenco poseen música distinta, mas tienen raíces comunes, como las letras, que responden a una poesía popular.

Miguel Poveda ha dejado el recuerdo de su presencia en Buenos Aires, donde es respetado y querido. Él recuerda la primera vez que pisó aquella gran capital y pidió que lo llevaran al cementerio de la Chacarita, donde cumplió con el rito de dejar unas flores junto a donde descansa Gardel y encender un cigarrillo para llevarlo a las comisuras de los labios de la escultura que preside tan visitado lugar.

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