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Triana, el grupo que creó hace 40 años el rock andaluz

La película Todo es de color recuerda a aquel trío sevillano.

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Triana, grupo de música | EFE

Se estrena Todo es de color, película dirigida por Gonzalo García-Pelayo, productor de los tres primeros álbumes del grupo sevillano Triana, con la intervención de su hermano Javier, que en calidad de primer mánager del trío sirve de introductor de los recuerdos que evocan la historia y anecdotario del que, con toda certeza, se considera el conjunto creador del llamado rock-andaluz.

Han transcurrido exactamente cuarenta y un años de la aparición de Triana y Todo es de color se argumenta con un viaje desde el cementerio de la localidad madrileña de Villaviciosa de Odón (donde están enterrados dos de los componentes del grupo, Jesús de la Rosa y Tele) hasta Caños de Meca, provincia de Cádiz, donde reside el superviviente del terceto, Eduardo Rodríguez, retirado de la música, que no suele comparecer en actos públicos y nada quiere ya saber de los periodistas que le demandan de vez en cuando un encuentro.

Triana nació en 1974, un año antes de su debut, cuando en el mundo entero triunfaban los Pink Floyd y otros grupos de rock progresivo, integrado por Jesús de la Rosa Luque, voz y teclados; Eduardo Rodríguez Rodway, guitarra y cantante, junto a Juan José Palacios Tele, al frente de la batería y percusión. En los ambientes sevillanos donde se movían, sus paisanos amigos los motejaron, respectivamente, como El Grande, El Canijo y El enano. Fue Eduardo, que había pertenecido a un grupo rumbero pop, Los Payos, quien los reunió en su vivienda madrileña situada en las inmediaciones de la calle de Arturo Soria.

Jesús sería el compositor del grupo, cuyas letras contenían elementos poéticos, y a Tele lo llamaron tras su paso por los grupos Gong, Gazpacho, y también Los Payos, considerado un buen percusionista. Hubo un intento de incluir también a Lole y Manuel, pareja que acabaría formando un conocido dúo dentro del nuevo flamenco. En esos escarceos se dio la circunstancia que Tele improvisó una letra que musicó Manuel Molina, Todo es de color, que luego Triana incluyó en su primer disco y sirvió también para que Lole y Manuel alcanzaran uno de sus primeros éxitos, y que ahora, como quedó dicho al principio, sirve de título para esta película-homenaje.

En la búsqueda para encontrar casa de discos, Triana tuvo la ayuda inicial de Teddy Bautista, líder de Los Canarios, que no sólo les facilitó su "mellotrón", sino que los llevó a los estudios Kirios, a las afueras de Madrid, modernos estudios donde grabaron su primera maqueta; ofertada a un par de multinacionales, que nada quisieron saber de ella, hasta que llegó a manos de Gonzalo García-Pelayo, polifacético personaje entonces creador de un sello discográfico de música progresiva, Gong, quien los acogió en la firma donde preparaba sus nuevos lanzamientos. Fueron los principios del nacimiento del rock andaluz que, con Triana, aglutinó un movimiento musical en el que se integraron, entre otros nombres, Smash (¿Recuerdan su versión rockera de El garrotín?), Guadalquivir, Imán, Cai, Alameda, Medina-Azahara, el solista Gualberto

Los 70, la explosión del flamenco rock

En el periodo comprendido entre mitad de los años 70 y el decenio siguiente emergió en tierras andaluzas un potencial de conjuntos que ensamblaban notas procedentes del flamenco tradicional con el más avanzado rock del momento. A los puristas del cante jondo claro es que aquello les sonó a broma, o a experimento que nada tenía que ver con ellos, pero a los jóvenes que seguían la evolución del rock el invento les supuso un sensacional descubrimiento.

Pero, puntualicemos: cierto es que tales ritmos tenían que ver con una cultura andaluza. Y real también que todo parte de Triana, aunque desde que apareciera su primera grabación en 1975 hubieron de transcurrir dos años hasta que el rock andaluz comenzó a ser reconocido. Porque de El patio (así se conoce su álbum bautismal, aunque en la portada figurara sólo el nombre del trío), se vendieron escasas copias y tuvo breve trayectoria, sin promoción, sin apoyo de las emisoras de radio.

Allí, repetimos, estaba Todo es de color, pieza que pasó entonces inadvertida como las demás, entre ellas Recuerdos de una noche y Bulerías 5 x 8. Con su segundo elepé, Hijos del agobio, cambió el panorama a su favor, porque tras sus actuaciones fueron sus primeros seguidores los que fueron encumbrándolos, ya que Triana continuaba sin el apoyo de El Gran Musical y Los 40 Principales, por poner un ejemplo. El sonido del grupo ya empezaba a cotizarse. En las letras de Jesús de la Rosa subyacía alguna que otra alusión metafórico-política, pues en aquel 1977 la efervescencia de los partidos democráticos nos iba a alumbrar la llamada Transición.

No obstante la significación de Triana en ese aspecto fue meramente anecdótica puesto que sus componentes nunca se implicaron en nada parecido a la canción-protesta de años anteriores. Gonzalo García-Pelayo sería también productor del tercer álbum de sus paisanos de Sevilla, Sombra y luz, fechado en 1979. Para entonces ya Triana obtenía discos de oro por sus ventas discográficas, aumentaban el número de sus actuaciones y por fin se les hacía justicia en los medios de comunicación. Como no eran tontos, conscientes de su popularidad, se convirtieron en empresarios de sus galas, alquilando plazas de toros y recintos deportivos para complacer a sus miles de fans.

Lo que era aún difícil para ellos era ese número 1 de las listas, como una liebre inalcanzable en una carrera de galgos, aunque para conseguirlo más de una casa de discos tuviera que "pasar por caja" en los despachos administrativos de más de una cadena de radio, lo que al final se hizo ya en algo aceptado en la industria. Fue en el año 1980 cuando con su cuarto L.P., titulado Encuentro, se aupaban a esa cúspide soñada, al colocar en el primer puesto del hit parade nacional la que está considerada una de sus mejores creaciones: Tu frialdad.

Es en esos momentos cuando Triana llega a lo más alto de su carrera, pero también cuando se advierte en su repertorio menos intensidad en sus letras y en su música. Acaso el cansancio, la monotonía, la falta de inspiración, les pasaba el inevitable peaje, en un mundillo donde siempre la clientela exige algo nuevo, diferente, La novedad es algo constante en la música ligera, comercial. Y en esos primeros latidos de la década ochentera iba a nacer "la movida madrileña". Y sus seguidores ya se decantaron por otros gustos, otro estilo, otros ritmos. Alaska y Los Pegamoides, La Orquesta Mondragón, Los Secretos…, tantos y tantos nuevos nombres que fueron barriendo la estela de los que temporadas atrás se "forraban".

Triana acusó ya claramente su caída en 1981, con un álbum sin título, sólo el del nombre del grupo. Para entonces ya las cadenas radiofónicas apenas les prestaban interés, lo que resultó evidente con el sexto y último disco, Llegó el día, de 1983. Y si existía alguna posibilidad para que dieran la vuelta a la tortilla a su inmediato futuro quedó desvanecida por un inesperado giro del destino: Jesús de la Rosa, el poeta, el alma de Triana como autor del repertorio del grupo, se mataba en un accidente de automóvil, en las cercanías de Burgos, al chocar el coche que conducía con una furgoneta.

Era el 13 de octubre de aquel 1983, dándose la circunstancia de que regresaba de San Sebastián tras actuar en un festival en el velódromo de Anoeta a beneficio de los damnificados por unas recientes riadas. Tenía tan sólo treinta y cinco años. Entonces, Eduardo y Tele apenados al tiempo que sin esperanzas para relanzar el grupo optaron por su disolución. El primero de los citados se dedicó más adelante a cantar en solitario, grabando un par de discos entre 1986 y 1987, en tanto Tele acabó en 1994 por agrupar a unos cuantos instrumentistas amigos suyos, aunque en vez de actuar con un nuevo nombre optó, desafortunadamente creemos, en utilizar el de Triana.

Y ni los críticos ni el público les brindaron atención alguna. Natural del Puerto de Santa María (sus antiguos compañeros eran de Sevilla), Tele falleció el 7 de julio, a los cincuenta y siete años, víctima de un infarto de miocardio después de actuar con su grupo. Nada pudieron hacer por su vida cuando lo hospitalizaron. Su viuda es quien se quedó con los derechos para utilizar el nombre de Triana, cediéndoselo a algunos compañeros de su marido, que han seguido en los últimos tiempos actuando con ese reclamo. Lo que al superviviente del mítico trío, Eduardo Rodríguez, le parece algo fuera de toda ética y justificación. "Unos falsos Triana" los llama en esa película de la que les escribíamos al inicio del artículo. Porque los auténticos, los que crearon el grupo, consiguieron que miles de españoles bailaran al son de su original rock andaluz.

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