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El hijo de Manzanita, tras las huellas de su padre

José, apodado Yelow en su infancia, heredó el arte de Manzanita y ahora presenta su tercer disco. 

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Manzanita | Facebook

Muy probablemente una mayoría de nuestros lectores recuerden a Manzanita, aquel cantaor flamenco que hiciera unas originales, excelentes versiones de dos éxitos de los años 70, "Un ramito de violetas", creación maravillosa de Cecilia, y "La quiero a morir", balada del galo Francis Cabrel. La vida de aquel José Manuel Ortega Heredia, sobrino de Manolo Caracol, se extinguió en 2004, cuando sólo contaba cuarenta y ocho años, consecuencia de un infarto de miocardio. Tenía notorio sobrepeso, lo que probablemente contribuyó a su temprana muerte: pesaba nada menos que ciento veintiséis kilos.

Lo curioso en la biografía artística de Manzanita, a quien apodaban así desde niño porque era muy tímido y se ponía colorado con frecuencia, es que comenzó siendo guitarrista y llegó a acompañar a leyendas del cante, como el granadino Enrique Morente. Un día dejó aquel instrumento y se puso a cantar con un grupo de calés como él, quienes vivían en un barrio obrero de Madrid, Caño Roto, que tomaron como nombre, según ocurrencia de la discográfica CBS, para identificar el peculiar sonido de sus voces y guitarras. Cantaban rumbas con un aire diferente, más pop y se hicieron conocidos con el apelativo de Los Chorbos. A partir de 1978 Manzanita resolvió independizarse y fue cuando popularizó "Verde", según el poema de García Lorca y las canciones mencionadas al principio. Fue un renovador del nuevo flamenco. Se retiró una prolongada temporada, dedicándose sólo al culto de la Iglesia Evangélica (como también había hecho Peret), y se ganaba la vida en un pueblo malagueño vendiendo telas en mercadillos.

Uno de sus hijos, José, al que de pequeño llamaban Yelow, heredó su arte como cantaor y llegó a acompañarlo en algunas actuaciones, para interpretar duetos y otras veces servirle con su voz en los coros. Ahora acaba de aparecer el tercero de sus discos, primero en el que interpreta sus propias composiciones, producido por Manuel Ruiz (Queco), que es un constante descubridor de nuevos talentos. En las dos anteriores grabaciones, este nuevo Manzanita se dedicaba a homenajear a su progenitor, sirviéndose del repertorio de éste. Mas había que dar un paso hacia adelante para mostrar su propia personalidad, y eso es lo que ha hecho con "Sombras y sueños", donde con una voz más aguda que la de su padre (que era más rota, más grave) nos lleva a escucharle baladas y rumbas con su aire personal. Es un buen cantaor, aunque de momento sólo podamos juzgarlo como baladista aflamencado, desde luego con más enjundia que muchos de los que hoy se creen copleros y flamencos, sin ser ni lo uno, cancioneros, ni lo otro, que es infinitamente más difícil. Así es que vaya para este segundo Manzanita, que continúa la dinastía y las huellas paternas, nuestro aliento y felicitación. Suele llevar cabellera frondosa, bigote y barba recortada. Tampoco anda mal de kilos, sin llegar al exceso del autor de sus días. Si su padre era madrileño, este José Ortega vino al mundo en Málaga. No le gusta contemplar vídeos de aquel, por mucho que no lo haya olvidado y siga homenajeándolo en público cuando versiona sus canciones, porque se pone nervioso y le brotan las lágrimas en seguida. En el fondo, sentimentales los dos.

No olvida el Manzanita actual que en su familia hubo artistas de tronío, en el cante y en los toros, como el legendario Joselito. Empezó muy pronto a actuar en público: a los doce años. Siempre tuvo la certeza de que se ganaría los garbanzos con su voz. Aunque su irrupción como solista ha sido algo tardía, pues sus primeras composiciones las cedió a otros intérpretes. De las canciones de su mentado tercer disco, "Sombras y sueños" señala él mismo que la titulada "La luna baila" es la que más posibilidades y calidad tiene para divulgarse más. En su familia son siete hermanos, y todos se dedican a la música flamenca. En su biografía consta que antes de decidirse a triunfar por sí mismo, como solista se entiende, estuvo algunas temporadas, muy jovencito, cantando en los grupos que acompañaban a Rocío Jurado y a Isabel Pantoja. Alternó algunas veces con Camarón de la Isla, al que identifica como un fenómeno, que casi lo hipnotizaba al escucharlo cantar. Los gustos de Manzanita, un tanto ecléctico y a tono con su juventud van desde Michael Jackson a Michael Bolton, pero ninguno de esos ídolos podría arrebatarle la admiración que siempre sintió hacia su padre, como cantaor, y a Paco de Lucía como el gran maestro de la guitarra. En el futuro, Manzanita aspira a grabar un disco que se acerque más al flamenco puro. Quiere dejar en buen sitio el apodo que lleva y la herencia de la dinastía histórica a la que pertenece.

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