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David Ruiz, de La M.O.D.A.: "Nadie puede decir que es libre del todo"

El cantante de La Maravillosa Orquesta del Alcohol conversa con LD sobre su último álbum, Salvavida (de las balas perdidas) y su reciente gira.

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David Ruiz y José Maravillas, de La M.O.D.A. | David Alonso Rincón.

La Maravillosa Orquesta del Alcohol –La M.O.D.A.– es una bendita excepción generacional en el ecosistema musical patrio –o, al menos, el que copa los medios, como ellos dicen, "mayoritarios"–. Sus siete integrantes tienen veintimuchos/treintaypocos, apuestan por el folk-rock con numerosos barnices y matices y por la palabra bien escrita... ¡y están triunfando! Su último álbum, Salvavida (de las balas perdidas), es un trabajo que se centra en las emociones humanas, intra y extramuros, que supura rabia, esperanza, compromiso y liberación. Lo están presentando, con gran éxito, por salas: en Madrid, hacen doblete con sold out este fin de semana, y rematan su faena con un tercer concierto, en la misma sala, el próximo jueves. Aprovechando que rondan por el Foro, LD conversa con David Ruiz, su cantante. También nos acompaña el acordeonista José Maravillas –sus intervenciones están marcadas con una "J"–.

P: La primera pregunta me la brinda usted mismo: "¿Quién es suficientemente joven y valiente / para soportar el peso de empezar?".

R: ¿Qué quieres que te conteste? Eso está escrito en la letra de una canción. Las letras de las canciones son un territorio en el que todo vale y en el que hay que dejar espacio para la imaginación. Realmente, yo lo que quería con esa pregunta era justamente todo lo contrario a dar una respuesta. Queremos que el oyente se plantee esa respuesta. Supongo que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido que ser, si no jóvenes, valientes para volver a empezar en muchos aspectos.

P: En "Héroes del sábado", repite el verso "no te olvides de dónde vienes". ¿Cuánto de frágil es la memoria de los músicos?

R: Igual que la del resto de las personas. Al fin y al cabo, nosotros no somos diferentes a un ebanista, a un camarero, a un médico o a un juez. Simplemente (piensa), tengo la sensación de que uno enseguida se acostumbra a lo bueno y tiende a olvidar, a veces, ciertos momentos o ciertos inicios en los que todo no era tan benévolo ni tan maravilloso, y se acostumbra rápidamente a momentos de bienestar que luego echa de menos cuando desaparecen. Esto es extrapolable al oficio, a una relación personal, a la amistad…

P: ¿Y la del grupo?

J: Somos conscientes de dónde venimos, tenemos los pies en el suelo. Sabemos que estas tres Rivieras nos han costado muchos conciertos y mucho trabajo.

P: ¿Ha sido alguna vez ese niño que creció y entendió –o entiende– lo que su padre ignora?

R: En ciertos aspectos, yo creo que sí; en otros aspectos, puede que nunca lleguemos a comprender la dificultad de ciertas cosas, de ciertos momentos de la vida. Creo que todos hemos tenido esa sensación, y es algo que se repite de generación en generación y hace que una sociedad evolucione y crezca. Lo que para las personas que vivían hace veinte o treinta años eran estándares, para la gente de ahora no tiene sentido.

P: ¿Es La M.O.D.A. una banda libre?

R: Creo que ninguno somos libres del todo: ninguna banda, ningún periodista, ningún médico...

P: Libres "como el aire comprado de un ventilador".

R: Sí, libre si coges de la hélice hasta allá. Igual que esa canción que habla de dos personas que pueden haber emprendido una huida, dejando muchísimas cosas atrás, y que pueden sentir esa ilusión de que, en ciertos momentos, son libres de verdad, pero creo que en esta sociedad, en este momento, y no sólo en nuestro país, sino en el mundo occidental, que es el que conocemos, nadie puede decir que es libre del todo. Quizá algún afortunado, con una mente preclara y que ha tenido la experiencia y luego la capacidad de abstraerse y de dejar todo de lado, y que vive en una montaña a su bola, puede ser libre totalmente. No lo sé. Pero creo que ninguno somos libres del todo y creo que, como grupo, nosotros tenemos nuestras propias contradicciones. Somos conscientes de que hay algunos aros por los que todos pasamos.

P: Dice que la música no es un juguete. ¿Qué es, para usted, la música?

J: Lo más importante.

R: Claro. Es algo que te acompaña en tu día a día, toda tu vida. Es algo que pone sonido a sentimientos, a emociones. Te ayuda a encontrarte en el mundo. En nuestro caso, nos permite expresarnos y sacar nuestros miedos y nuestras esperanzas. Nos lleva acompañando desde que éramos pequeños, y da mucha forma y sentido a nuestra vida.

P: Cuando uno pone la radio y escucha buena parte de lo que se hace ahora, no es que piense ya que la música es un juguete, sino un mojón.

R: (Risas) Realmente, en parte hay mucha música que uno siente que está hecha no sé con qué, pero no con el corazón. Las propuestas son siempre muy mayoritarias, muy orientadas a gustar. Cada vez hay más espacio para la estética, la imagen, es más importante el videoclip, y menos la canción. Los discos duran menos, se consumen antes. Pero también hay mucha música hecha desde el corazón, en nuestro país. Y a los jóvenes no se les da oportunidad, parece que no existen. ¿Quiénes suenan en la radio? ¿Cómo funciona la industria? Es todo un círculo vicioso en el que esto funciona más como un negocio que como algo espontáneo. Al mismo tiempo, si uno aparta las hojas, puede encontrar muchas propuestas minoritarias que existen y que hay que apoyar.

P: "Si no moliese cada hueso –canta en "Océano"– para echárselo a los versos que me dejo". ¿Componer es un placer o una tortura?

R: Un poco de las dos. Es una tortura placentera. Es difícil y lo pasamos mal. Se pasa mal haciendo un disco: lo que decía Jose, es muy importante para nosotros. No es echar unas cervezas, sino abrirnos en canal y poner en la bandeja de un montón de desconocidos nuestro corazón y nuestro cerebro. La música y las canciones que hacemos van a quedar para siempre, ya las escuchen tres personas o tres mil. Es lo más importante que estamos haciendo como personas. Y es una tortura muchas veces: cuando uno intenta hacer algo sincero, no repetirse, ir más allá, luego, la satisfacción es muy grande. Pero el proceso creativo puede ser bastante tortuoso.

P: Seguro que me equivoco pero, escuchando Salvavida (De las balas perdidas), amén de las influencias que se le atribuyen, noté algo, en las letras, de Battiato (en "La inmensidad") y de cantaores como El Cabrero (en "Los locos son ellos").

R: En "Los locos son ellos", el tema del flamenco, desde que abre la canción Manuel Molina, está claro que, de alguna forma, ha planeado por ahí. No nos atreveríamos a decir que tenemos influencia flamenca. Eso se nos queda muy grande, sabemos el arte que hay detrás. Pero sí nos pueden inspirar. El flamenco nos parece, como mucha música popular, como la francesa, que también se cuela en el álbum, que nos abre muchas ventanas. Tienen una similitud: personas anónimas, a las que nosotros cantamos, compartiendo lo bueno y lo malo de la vida a través de canciones que pasan de generación en generación, creando un vínculo muy fuerte, que no crea ni una relación sentimental, ni de amistad, ni de trabajo. La música popular tiene una capacidad de unión y de purgar las penas y de celebrar los buenos momentos que nos atrae muchísimo.

P: También en "Héroes del sábado" canta que es "imposible ser neutral sobre un tren en movimiento". ¿Hasta qué punto La M.O.D.A. es una banda política –ojo: digo política, no partidista–?

R: No nos gusta la etiqueta de "banda política". Está muy manida ya. Nos gusta pensar que hemos hecho un disco humano, y la política es una de las partes que conforman el ser humano. Claro que la sociedad y lo que pasa a nuestro alrededor nos influye. Pero no tenemos ninguna motivación de influir; sí de hacer reflexionar, reflexionar nosotros mismos y hacer pensar. Eso sí nos parece atractivo como grupo.

P: En "Campo amarillo" hay un quejío por Castilla.

R: Eso es. Nos ha dolido en el alma ver lo que pasa un poco con lo que somos nosotros en el fondo, porque todos venimos de ahí. Y a nivel nacional: todos venimos del mundo rural. Hoy parece que es en las ciudades donde todo pasa. Ese fenómeno tan destructivo y tan triste, que es la despoblación… Nos duele porque los pueblos nos recuerdan nuestra infancia, nuestros abuelos, lo que hemos sido. Me ha gustado mucho lo de "quejío" que has dicho, porque hay pena en esa canción. Y hay dolor.

P: ¿Dónde están esos jóvenes que vuelven a estar donde tienen que estar?

R: Esa es la parte de una letra. Por un lado, la escribimos pensando que sí hay gente que está donde tiene que estar; por otra, es una llamada, una frase que nos gustaría que provocase una reflexión en la gente más joven que nos escucha. Lo mismo hay gente que, a raíz de esa frase, toma un poco más de conciencia en su papel como joven. Históricamente, la gente de menos edad, normalmente, es la que tiene la fuerza y la energía para cambiar ciertas cosas y para hacer que evolucione y crezca una sociedad. También hay un punto ambiguo: puede ser tomado de un punto de vista no sólo literal, sino todo lo contrario. Como si a alguien que está cometiendo continuamente el mismo error le dices "qué bien lo estás haciendo".

P: Finalmente, en "Himno nacional" canta: "Vuelven a sonar las voces de la gente". ¿Quién es la gente?

R: Cada uno tiene su imagen. Cuando hablo en una canción del océano, es mi océano. Por eso es interesante la música y el arte: porque expresa la visión única del artista. A eso aspiramos. Para nosotros, la gente son los nadie de Eduardo Galeano, los desfavorecidos, los que no tienen las mismas oportunidades que ese tanto por ciento pequeño que dirige el mundo, los que salen a currar con mejor o peor suerte, los que no saldrán nunca en un periódico o en un telediario, pero que construyen la base de lo que somos.

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