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L D (EFE) Federer cederá a Nadal su corona de número uno el próximo lunes desde el mismo lado oscuro del que no se ha movido desde que comenzó la temporada. El curso de su descomposición. La misma que delataba su ánimo cada vez que Blake le proponía un contratiempo. El neoyorquino, desde el séptimo puesto del ránking y sin éxito alguno en 2008, ya sabe también lo que es ganar al suizo. Igual que el croata Ivo Karlovic, que el francés Gilles Simon, el checo Radek Stepanek, el británico Andy Murray o los estadounidenses Andy Roddick o Mardy Fish. Raquetas distantes de las alturas por las que hasta ahora se movía el suizo y en las que sólo se manejaba el español Rafael Nadal y, ocasionalmente, el serbio Novak Djokovic.
Pero Blake cambió su particular historia en la novena cita. En los Juegos Olímpicos. Un escenario suficientemente magno como para cuestionar el gris panorama que acucia a Federer, ya fuera de la lucha por las medallas. No afectó a la predisposición del estadounidense el hecho de haber perdido todos los duelos que mantuvo antes con el suizo. Ni siquiera el escaso aliento obtenido en todos ellos. Sólo un set entre esos partidos disputados. Federer no se resigna a aceptar su evidente declive. Con la de Blake, es la duodécima caída en un curso levemente insuficientemente iluminado por los títulos de Estoril y Halle. Asuntos menores.
Hasta la compostura ha dado la espalda al hasta hace poco dominador del circuito. La inestabilidad anímica quedó patente en un rifirrafe que mantuvo con el público, al que llamó la atención por la falta de silencio. Un dato. Pero toda la leyenda de Federer no puede ocultar su mal momento. James Blake, que apenas ha destacado en torneos de enjundia, presume de palmarés con títulos como los de Washington, New Haven, Estocolmo, Sydney o Las Vegas. Nada relevante.
Tenía la lección aprendida el neoyorquino, que se encontró con el partido de cara gracias a los errores del suizo. Un saque solvente y una derecha determinante pusieron contra la pared al helvético, tan errático como últimamente. Tan inconsistente. Un 'break', en el décimo juego, le sirvió para cerrar la manga. Blake ganó en confianza y a Federer le invadió la desesperación. Tuvo arrebatos de grandeza, de los de antaño, el tenista de Ginebra, cuando superó el 3-0 que tuvo en contra en el segundo set. Pero poco le funciona al suizo.
Amarrado a la repetición oficial, donde también evidenció su falta de precisión -se equivocó en las tres peticiones-, no pudo deshacerse de Blake antes del 'tie--break', al que llegó el partido para desconsuelo de Federer. Preso de temor multiplicó los errores y se le fue el partido. También la condición de campeón olímpico.
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