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Noticia publicada el 16-09-2007
L D (EFE) La selección comenzó soñando y jugando de ensueño. Liberados de la tensión y de los nervios de semifinales, los jugadores españoles saltaron a la pista con una clara intención, jugar, apurar sus opciones y "ver qué pasa". En teoría los rusos además de superiores físicamente tenían el factor campo a favor, pero también el peso de la responsabilidad por jugar en casa, ante su público y ser netos favoritos. España, además, tenía una cuenta pendiente del pasado Europeo, cuando cayó ante Rusia, que muchos jugadores tenían la intención de cobrarse a poco que pudieran.
Buenos saques, mejores bloqueos, grandes defensas y efectivos ataques, España lo estaba bordando, mientras que los jugadores rusos eran, prácticamente, meros espectadores del gran partido que estaba realizando España. Rusia nos hizo despertar de repente con un 0-4 de inicio en la segunda manga, que se transformó en un 5-10. Los anfitriones apretaron el acelerador y España se dispuso aguantar el chaparrón. Pero en vez de eso se puso el mono de trabajo y volvió a sus orígenes.
El trabajo, el tesón, la paciencia dieron sus frutos y ante el asombro de los diez mil aficionados rusos, la selección no sólo consiguió empatar a once, sino adelantarse en el marcador (16-14). El pabellón Olímpico de Moscú pareció una tumba, hasta que los árbitros decidieron echar una mano al organizador y no ver fuera un par de balones que salieron al menos treinta centímetros. Estas acciones acabaron de descentrar a España, que acabó perdiendo por 20-25.
En el inicio del tercer set Rusia ya había utilizado a diez jugadores en las rotaciones sin que su entrenador, Vladimir Alekno, encontrara el sexteto adecuado para reconducir la situación hacia sus intereses. España con su equipo base prácticamente inamovible, siguió a lo suyo, al bloqueo-defensa al límite y, en ataque, a buscar la lentitud de los altísimos centrales. Guillermo Falasca, especialmente acertado en ataque, fue la mano ejecutora de España y una auténtica pesadilla para Rusia. Con 11-9, los árbitros volvieron a tirar de la 'ayudita' local. Las protestas de los españoles de nada sirvieron, salvo para descentrase.
El empate a 20 dejó las espadas en todo lo alto. España bajó primero la suya (24-21), pero Rusia, apoyada en sus auténticos misiles en el servicio, pudo hacer cinco puntos seguidos, llevarse el set y poner a la selección al borde del abismo. Con casi todo en contra, incluido un 2-6 en el marcador en el inicio del cuarto set, Andrea Anastasi, seleccionador español, pidió tiempo muerto para pedir un último arreón a sus jugadores y que no se dejaran arrastrar por el abismo. Los chicos de España volvieron a dar muestras de su trabajo, profesionalidad y 'testiculina' y consiguieron empatar a 8. El Olímpico era una caldera a presión y cada punto local era un éxtasis colectivo.
Con el 13-16, cualquier selección habría tirado la toalla, pero España no y volvió a ponerse por delante en el marcador, 18-17. Y aunque Rusia y los colegiados no perdonaron una, la selección consiguió la igualada a dos, con 30-28 de parcial y Rafa Pascual en pista por lesión de Kike De la Fuente. Con 5-2 favorable a España en el desempate, la tensión se podía cortar. Con 7-3 y 8-4, rozábamos el oro. Con 10-5 el corazón quería salirse del pecho. Lo mismo que con el 14 iguales. España, lejos de amilanarse, se creció hasta el infinito y cerró el partido en 16-14. ¡Campeones de Europa!
Ficha técnica del partido
España, 3: García-Torres, Guillermo Falasca, De la Fuente, Moltó, Miguel Ángel Falasca, Israel Rodríguez, Lobato (líbero) -equipo inicial-, Hernán y Pascual
Rusia, 2: Poltavskiy, Kosarev, Tetyukhin, Khamuttskikh, Volkov, Kuleshov, Verbov (líbero) -equipo inicial-, Berezhko, Ostapenko, Abramov, Kruglov
Parciales: 25-18 (23 m.), 20-25 (25 m.), 24-26 (26 m.), 30-28 (28 m, y (16-14 (18 m.)
Árbitros: Peter Konchik (Eslovenia) y Frans Loderus (Holanda)
Incidencias: Partido correspondiente a la final del Campeonato de Europa de voleibol disputado en el pabellón Olympiyskiy de Moscú ante unos diez mil aficionados
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