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La reina blanca de la velocidad lo vuelve a hacer: Dafne Schippers reedita título en el 200

La atleta holandesa reedita su título del 200 tras un apasionante final en el que se impuso a la costamarfileña Ta Lou.

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Schippers, en el centro, se impone en los metros finales | EFE

Instantes antes del inicio de la prueba de los 200 metros femeninos, las ocho contendientes en la misma son presentadas entre el jolgorio del público presente en el Estadio Olímpico de Londres para la última prueba de la antepenúltima jornada de los Mundiales de Atletismo 2017. Una tras otra, desfilan hacia sus marcas de salida la costamarfileña Marie-Josée Ta Lou, la canadiense Crystal Emmanuel, las estadounidenses Deajah Stevens y Kimberlyn Duncan, y las bahameñas Tynia Gaither y Shaunae Miller-Uibo. Los decibelios aumentan con la representante británica, Dina Asher-Smith. Acompañando a tan selecto grupo de atletas, la gran favorita, que defiende el título logrado en Pekín dos años antes, es Dafne Schippers, nacida en Utrecht (Holanda), hace 25 años. El matiz que la representa no pasa desapercibido al espectador: entre locomotoras de raza negra, la rubia neerlandesa es la única caucásica. Casi una rara avis en una prueba que, como cualquiera de la velocidad moderna, parece reservada a la genética de los deportistas negros. En ella, la irreductible de Utrecht es como la aldea gala que hace temblar a las que indica la lógica que debieran ser las favoritas.

Pero es que desde su sorprendente irrupción en la velocidad, Schippers ha dejado con la boca abierta a medio mundo. Meses antes del Mundial de Pekín, la por entonces vigente medallista de bronce en heptathlón, honor obtenido en el Mundial de 2013 en Moscú, decidía dedicarse plenamente a las pruebas de máxima intensidad. Sus progresos en la velocidad y los problemas que le generaban en las rodillas los saltos fueron el detonante. Con 21 años, abandonaba la prueba combinada, que premia a la atleta más completa del planeta, por las que más focos reciben. Las que se deciden en un instante. La apuesta, de altísimo riesgo, sin duda le ha salido bien a la holandesa. Lo primero que hizo, en la capital china, fue colgarse el oro, con un fantástico tiempo de 21,63 segundos, sólo por detrás en el balance histórico de las marcas obtenidas por Florence Griffith-Joyner en 1988 y Marion Jones en 1998.

Schippers, desde entonces, colecciona preseas: la última, el oro logrado en los 200 de Londres, donde voló desde la salida, dominó con holgura en la curva, y supo sufrir lo indecible ante el asedio de Ta Lou y Miller-Unibo para reeditar el título mundial, en un final agónico. Con un tiempo de 22.05 segundos lograba su corona mundial de 200 metros, a añadir a la otra del mismo color en Pekín y una plata en los Juegos de Río en la misma prueba, además de otra plata (2015) y un bronce (2017) en los 100 metros. Tras su paso total al tartán, sólo se ha bajado del cajón global una vez: fue quinta en los 100 metros de Río.

Son cifras imponentes, habida cuenta que desde el oro de la rusa Anastasiya Kapachinskaya en 2003, ninguna otra atleta blanca había triunfado en el 200. Antes, las representantes de la polémica República Democrática Alemana, Marita Koch y Silke Gladisch, batieron a todas en el doble hectómetro a principios de los 80, en esos triunfos eternamente bajo sospecha de la sorprendente Alemania oriental. Ahora, con apenas 25 años, el atletismo mundial disfruta de su nuevo icono femenino: la reina de la velocidad es blanca y se llama Dafne Schippers.

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