
A pesar de su inspiración orwelliana, estas sentencias no describen un paisaje apocalíptico ni un destino futuro. Son la realidad cotidiana de miles de venezolanos que sobreviven subyugados por las restricciones económicas del régimen totalitario de Hugo Chávez.
Culminado su asalto al derecho de la propiedad privada, y anulado cualquier posibilidad de réplica desde los medios de comunicación, Chávez decretó un estricto control sobre los ahorros privados de sus gobernados. Para ello, creó en 2003 la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI), adscrito al Ministerio del Poder Popular para las Finanzas, y cuyo objetivo era evitar la fuga del capital venezolano mediante la restricción sistemática de exportación de divisas fuera del país, tal y como recoge la Gaceta Oficial de Venezuela.
Las directrices que este órgano ha implantado están diseñadas para limitar el control que los venezolanos tienen de su dinero, y va incluso mucho más allá. Tanto es así, que el CADIVI debe aprobar previamente los viajes que quieran realizar al extranjero, y en función de criterios jamás desvelados, asignará al ciudadano la cantidad de dinero en efectivo que el órgano estime necesario, como informa El Universal.
El cupo máximo suele rondar los 2.500 dólares anuales, pero esta premisa es igual de arbitraria que el resto del proceso, porque en palabras de su presidente "lo que se quiere evitar son las perversiones y desviaciones que en el pasado se han dado", informa Globovisión.
Además, las tarjetas de crédito son poco más que plástico fuera de Venezuela o para las compras por internet. De nuevo, el motivo de la compra tiene que ser permitido inicialmente por el CADIVI que, posteriormente, autorizará al banco, y nunca podrá suponer un importe mayor a los 300 dólares, sea cual sea la duración de viaje o el servicio que se desee comprar. De hecho, si el viaje es a países como Colombia el margen se reduce aún mas.
¿Qué argumentos les quedan a los que insisten en defender a Venezuela como una democracia? Las propiedades que los venezolanos poseen les pueden ser arrebatadas sin explicaciones, y no son dueños en absoluto de su dinero, ya que hasta su último movimiento económico debe ser aprobado por el régimen.
El caso de Martha Colmenares
Pero tal y como ha contado la bloguera y opositora Martha Colmenares a Libertad Digital, esta situación bien puede variar en función del grado de implicación con la revolución bolivariana socialista de Hugo Chávez. Los afectos al chavismo gozan de privilegios especiales: "Se les permite más consumos en el exterior o compras por internet. El CADIVI siempre les otorgó las divisas a tiempo", asegura.
Además del innegable control político del ciudadano que ejercen estas medidas, las restricciones son empleadas por Chávez para imponer la censura absoluta a la oposición de su país. Ningún caso mejor que el de Martha Colmenares para retratarlo, por todo lo que ha tenido que sobrellevar en sus años de firme oposición al régimen dictatorial.
Con unos medios de comunicación controlados y perseguidos por el poder, la única vía de denuncia de este atentado continuo a los derechos fundamentales era un blog. El primero, se lo cerraron. El segundo fue hackeado. Y el tercero, para el que adquirió el dominio propio, ha sido varias veces silenciado por las restricciones del CADIVI.
Martha es la cabeza más visible de la oposición al chavismo, y su influencia no pasa inadvertida. Se vio obligada a comprar este hosting en el extranjero, dado que las restricciones en internet en el país también son apabullantes. El régimen dictatorial del Socialismo del Siglo XXI sólo tuvo un modo de acallar su voz, y fue gracias a los abusos del CADIVI. Este organismo no permitió que Martha efectuase el pago del dominio en el extranjero, logrando así que dejase de documentar las tropelías bolivarianas durante algunos días.
Pese a ello, consiguió que, desde fuera de Venezuela, un amigo realizase el pago por ella, reanudando así su labor opositora. Martha considera que "es muy grave, gravísimo lo que ocurrió con mi blog. Mis familiares me dicen que más grave habría sido que finalmente no lo hubieras podido comprar. ¡Pero esa no es la cuestión! La cuestión es que es mi dinero y no puedo disponer de él. Fue mi blog, fue un viaje, lo que sea. Es mi dinero, y mi dinero se respeta", reclama.
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