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CRISIS DE DEUDA

Diez claves para entender el colapso irlandés

Irlanda ha entrado en una espiral de deuda. Su Gobierno lleva dos años tratando de mantener con vida sectores quebrados mediante deuda contraída en el exterior. La hora de la verdad está cerca. O se aprieta el cinturón o quiebra. 

FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA

Cuando los negros nubarrones parecían definitivamente alejados tras el rescate de Grecia, Irlanda nos ha demostrado que la crisis de deuda está muy lejos de acabar. Aunque protagonista hace dos años, el caso irlandés se había olvidado y ahora, con su vuelta a las primeras planas, muchos no aciertan a entender qué ha pasado en aquel país y por qué se encuentra al borde del colapso.

La crisis irlandesa tiene causas y nombres propios. Los que la definen son los siguientes:

1.- Burbuja inmobiliaria

El espectacular crecimiento económico de Irlanda –apodado Tigre Celta por los economistas– durante la última década tenía uno de sus pies hecho de barro. Mientras grandes multinacionales acudían al país y efectuaban en él masivas inversiones al abrigo de una benigna fiscalidad y buen ambiente empresarial, los bancos irlandeses encontraron que el mejor negocio era construir casas y más casas.

En los últimos años se ha construido mucho más de lo que el mercado necesitaba. Como en España, la gente adquiría estas viviendas como instrumento de inversión. Para ello se endeudaban con el banco, y el banco, a su vez, con otros bancos. Se produjo la espiral siniestra de endeudamiento a corto e inversión a largo. El resultado fue el colapso del mercado inmobiliario irlandés a finales de 2007.

2.- Proyectos faraónicos

Animados por las buenas finanzas públicas y privadas, el Estado y las empresas se lanzaron a iniciar grandes proyectos, impensables solo unos años antes. Se empezaron a construir y ampliar autopistas, puentes y aeropuertos. Se trazaron grandes proyectos urbanísticos como la construcción de los primeros rascacielos de la isla. Así, en estos años vieron la luz torres como la Elysian de Cork, o la Riverpoint de Limerick, terminadas ambas en 2008. Otras se han quedado en el tintero.

La más faraónica de todas era la Torre U2, un rascacielos estilo Dubai en el centro de Dublín a orillas del río Liffey diseñado por Norman Foster. La torre, anunciada en 2007, no se ha llegado a levantar. Su coste, estimado en unos 200 millones de euros, lo impide. Entre los muchos proyectos que se han quedado en la sala de ingenieros está el de la red de Metro de Dublín, anunciada en 2005 y compuesta por dos líneas que deberían haberse inaugurado este año. No ha podido ser. El Gobierno irlandés no puede permitirse ese lujo y los dublineses tendrán que seguir moviéndose en autobús y en los trenes de cercanías del antiguo DART.

3.- National Asset Management Agency

Cuando estalló la crisis y se descubrió el pastel en forma de balances insostenibles, el Gobierno, pensando en que sería algo pasajero, recapitalizó la banca nacional. La National Asset Management Agency lleva dos años inyectando dinero en la banca mediante el procedimiento de comprar sus activos tóxicos, que son muchos más de los que se pensaban en un principio.

4.- Anglo-Irish Bank

El Anglo-Irish, uno de los principales bancos del país, se metió de lleno en el negocio hipotecario y terminó quebrando. El Estado impidió que eso sucediese en la práctica nacionalizando la entidad hace ahora casi dos años. La nacionalización tuvo que hacerse por ley, así el banco, totalmente arruinado, pasó en enero de 2009 de las manos de sus accionistas a las del ministerio de Finanzas.

Pero el problema persiste. A día de hoy el Anglo-Irish le ha hecho gastar al gobierno irlandés cerca de 13.000 millones de euros y nada indica que esa entidad pueda salvarse.

5.- Bank of Ireland

El Bank of Ireland (no confundir con el Central Bank of Ireland, que es central y estatal) es uno de los bancos más antiguos de Europa. Fue fundado en el siglo XVIII y su historia corre pareja a la de la República de Irlanda. Muy comprometido con el negocio hipotecario, fue penalizado severamente por el mercado tras estallar la burbuja. Entre 2007 y 2009 se hundió su cotización en Bolsa. La acción de Bank of Ireland pasó de los 18,6 euros en febrero de 2007 a sólo 12 céntimos dos años después, en marzo del año pasado. Para colmo de males, una sucursal del Bank of Ireland fue víctima de un espectacular atraco en 2009 en el que los ladrones se llevaron 7,6 millones de euros en efectivo.

A pesar de que el mercado descontaba su quiebra, el Estado ha seguido inyectando grandes cantidades en la entidad para salvarla. El Gobierno ha comprado acciones del banco por valor de 2.000 millones de euros. Las previsiones son que el apoyo gubernamental se mantenga, como mínimo, durante el presente lustro.

6.- Allied Irish Banks

El Allied o AIB se metió en negocios hipotecarios, pero no sólo en Irlanda. Durante los primeros compases de la crisis crediticia salió de compras al extranjero y se hizo con dos bancos especializados en hipotecas en el este de Europa. El primero, el AmCredit, opera en mercados hundidos como los de Estonia, Lituania y Letonia; el segundo, Bulgarian American Credit Bank AD, opera, como su nombre indica, en Bulgaria.

Entre los riesgos propios y los que habían adquirido otros, el AIB se encontraba en 2008 al borde de la bancarrota. Se despeñó en Bolsa y se le empezaron a ver las vergüenzas. Sus activos estaban sobrevalorados y nadie, a excepción del Gobierno, se interesó en salvarle de una quiebra segura. A principios de 2009 el Consejo de Ministros aprobó un multimillonario paquete de rescate para la entidad: 3.500 millones de euros de dinero público que han conseguido evitar la bancarrota pero no los problemas del banco, que sigue en la cuerda floja.

7.- El hundimiento

A finales de 2007 el Gobierno irlandés, presidido entonces por Bertie Ahern, asumió que el país se encontraba ante un complicado panorama económico. En los primeros meses de 2008 la economía se enfrió, a finales de ese año entró oficialmente en recesión. 2009 fue un año negro, el PIB se desplomó cerca de un 10% y el desempleo ascendió tres puntos de golpe hasta situarse por encima del 11%.

Aunque los indicadores parecen haber tocado fondo, la crisis está muy lejos de superarse. La inversión no se reactiva, mientras el Estado dilapida recursos en mantener con vida a la banca.

8.- Casas arrasadas

Para estabilizar la oferta de viviendas, la National Asset Management Agency, adquirió urbanizaciones enteras de casas vacías o sin acabar y pasó el buldózer por encima de ellas. Una decisión drástica dirigida a evitar que el precio de la vivienda se autoajustase a la oferta y descendiesen los precios. Una ayuda extra (y muy expeditiva) a los contaminados balances de la banca. 

9.- Plan de Austeridad

Puesto ante la cruda realidad el gabinete de Brian Cowen tuvo que coger la tijera y, armándose de valor, anunciar un generoso plan de austeridad. Rebajó los salarios de los empleados públicos y redujo los numerosos dispendios públicos del llamado estado del bienestar. Entre unas cosas y las otras metió un recorte de gastos de un 8% en el presupuesto nacional. Luego, con el tiempo y las sucesivas manifestaciones callejeras, se echó para atrás.

En el plan iba incluida una subida de impuestos, entre ellos el IVA que, en lugar de contribuir a la recuperación, aletargaron aún más la economía.

10.- La quiebra soberana

El origen de la crisis irlandesa está, como ya hemos visto, en pésimas inversiones costeadas sobre crédito y dinero creado de la nada por el sistema bancario. Cuando el embrujo se rompió, el Estado, en lugar de dejar caer a quien lo hizo mal en tiempos de bonanza se empeñó en rescatarlo todo con dinero de los contribuyentes. Pero Irlanda es un país pequeño de 4,5 millones de habitantes al que le corresponde una economía y un músculo fiscal de tamaño modesto.

A falta de poder sacar todo ese dinero de los sufridos trabajadores irlandeses, que es lo que está haciendo, sin ir más lejos, el Gobierno español, los políticos locales salieron fuera a pedirlo. Llevan dos años tapando agujeros con dinero prestado y devolviendo ese dinero prestado con nuevas deudas contraídas en el exterior.

El problema, en definitiva, lejos de arreglarse se ha complicado y hoy, en lugar de quebrar los bancos, puede irse a la ruina el país entero arrastrando consigo a la moneda única y quizá algo más. Pero eso ya es harina de otro costal.

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