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Noticia publicada el 12-05-2008
LD (M. Llamas) La crisis inmobiliaria amenaza con convertirse en una auténtica pesadilla, no sólo para los promotores, sino también para aquellas personas que se han hipotecado en los últimos años para adquirir una vivienda. Y es que, el “sano reajuste”, tal y como lo califica el Gobierno, implicará una significativa depreciación de los inmuebles. Así, empiezan a surgir los primeros casos paradigmáticos: Una familia madrileña, cuya propiedad estaba valorada en 1 millón de euros en enero, vuelve a tasar su casa en abril y descubre que su precio objetivo baja más de un 50 por ciento tres meses después.
El estallido de la burbuja del ladrillo empieza a cobrarse sus primeras víctimas. No sólo entre los promotores e inmobiliarias, que han visto cómo sus grandes beneficios de años pasados se han esfumado en apenas meses, llevando a la quiebra a múltiples compañías del sector, sino también entre un creciente número de hipotecados.
Algunos optan por poner a la venta sus propiedades a un precio, incluso, inferior al valor de compra, con tal de deshacerse de la hipoteca, tal y como avanzó Libertad Digital. Las continuas subidas de los tipos de interés, junto al sustancial incremento del desempleo a lo largo de los últimos meses, pone en aprietos a las economías de un creciente número de familias. No obstante, la tasa de morosidad sube con rapidez, si bien, de momento, se sitúa en niveles muy bajos en comparación con periodos pasados.
Pero, más allá de las dificultades para afrontar los pagos, existe un riesgo añadido: La depreciación de los activos inmobiliarios. Es decir, el haber abonado por una propiedad más dinero del que cuesta hoy en día dicha vivienda o de lo que costará en un futuro próximo. Algunos informes estiman que la sobrevaloración de los pisos oscila entre un 20 y un 40 por ciento del precio pagado por el inmueble. De hecho, el precio real de los pisos ya ha bajado, según los datos del Gobierno.
Además, los inmuebles que salen a subasta pública aplican rebajas de hasta un 30 por ciento. Casi el doble que antes de la crisis. Algunos promotores, incluso, han decidido vender sus pisos a precio de coste, con descuentos de entre el 20 y el 40 por ciento, para desprenderse de su stock y gozar de cierta liquidez para afrontar sus abultadas deudas financieras.
Una rebaja inesperada
Al tiempo que la crisis se extiende surgen nuevos casos que, hasta hace apenas un año, eran impensables. Así, Ana María Carazo, residente en Madrid, compró hace siete meses una casa a las afueras de la ciudad mediante una hipoteca de 750.000 euros a 35 años. El pasado 17 de enero realizó una tasación para incluir una reforma en la propiedad que ascendió a 222.000 euros, según figura en la documentación, a la que ha tenido acceso LD. El resultado de la nueva valoración fue de 1.002.900 euros.
Poco después la propietaria solicita un nuevo préstamo para construir dentro de su parcela un segundo chalet, cuyo coste de obra asciende a 741.000 euros, según el informe realizado por el arquitecto. Como parte de la tramitación del citado crédito, la entidad ordena, como es lógico, una nueva tasación que concluye el pasado mes de abril.
“Cuál será nuestra sorpresa al observar que el informe de tasación estima un valor de 909.700 euros, cuando en enero, esa misma propiedad (incluyendo parcela, vivienda existente e importe de la segunda casa proyectada) debería ascender a 1,75 millones de euros”, afirma Carazo.
Es decir, apenas 71 días después de la primera tasación, el valor objetivo de su vivienda se reducía a 425.000 euros (casi un 52 por ciento menos), según figura en la última tasación. Ante esto, la entidad denegó el crédito.
Y eso que, en teoría, se trata de un inmueble que puede ser considerado de lujo, dado su elevado precio de compra. “Lo único que sacamos en claro de esta gestión fue una llamada del director gerente de la tasadora, en la cual nos dijo que las cosas estaban así, y que todavía iban a ponerse peor”, lamenta la propietaria. Lo peor del asunto, según señala Carazo a LD es que ha de afrontar una hipoteca de “750.000 euros a 35 años, por una propiedad que sólo siete meses después de su compra ya sólo vale 425.000”.
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