ESTRENO: 25 DE DICIEMBRE

Bienvenidos a Zombieland: Inteligente gamberrada de risas y sangre

Comedia gamberra, auténticamente friki y finalmente sentimental, que no comete el error de querer convertirse en un film de terror. Guiándose por parámetros de pura comedia, el film se basa en la química de su cuarteto protagonista para componer un fresco y salvaje entretenimiento.

JUANMA GONZÁLEZ

Del género de terror zombi Zombieland convoca la crueldad festiva y el gusto por el mancillamiento del cuerpo humano, hecho con amoral sorna y alegre gusto sanguinolento. Pero también toma de ellas la excusa sociopolítica y la metáfora de un país en crisis moral perpetua (véase el constante sentimiento de pérdida de sus protagonistas), dada la conveniente vuelta para presentar una parodia pura y dura del estereotipo del palurdo de remolque de la América profunda.

El film podría también considerarse también el reverso tenebroso de la comedia boba del hiperpopular Judd Apatow, basada en la exposición de las miserias humanas (y particularmente, las masculinas) a través del modelo dado por comedia sentimental y gamberra. Bienvenidos a Zombieland funciona en este nivel gracias a la inusitada química entre un Woody Harrelson que hace suyo el personaje (y presenta la que probablemente es la mejor interpretación de su carrera) y un joven Jesse Eisenberg que es un comediante nato. Juntos logran que el trasfondo terrorífico de la película sea eso, un trasfondo, y que Bienvenidos a Zombieland nunca deje de ser una comedia gamberra e irreverente, sin necesitar irse por otros derroteros en ningún momento.

Fundamentándose en la química puramente cómica de ambos, Fleischer explota el contraste de caracteres de forma adecuada y basa casi todo el atractivo del breve film en sus reacciones a los diferentes acontecimientos. Los 82 ajustadísimos minutos de Bienvenidos a Zombieland (que comienza fortísimo: ver la exposición tronchantes reglas de supervivencia del protagonista) funcionan bien engrasados y con la naturalidad de quien tiene unos buenos personajes mejor interpretados. El film se guía en su esencia por parámetros de pura comedia, limpia además de subtramas innecesarias.

En definitiva, el film funciona como la versión americana de ese inolvidable film británico retitulado en España por algún gracioso como Zombies Party, y que es de visión obligada a los fans del género. De él toma el salvajismo de su trama terrorífica para revestirla de comedia ácida y gamberra, pero también sentimentalismo, traído aquí por su efectiva subtrama sentimental y su acertada disgresión sobre las familias disfuncionales, al final eje central del conjunto. Pero no se pierdan, por favor, el mejor cameo de la historia, ése que tiene lugar durante el asalto de los protagonistas a la mansión de una gran estrella de Hollywood, maquillada para la ocasión como zombie.

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