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'Felipe y Letizia', o cómo ridiculizar a la Casa Real en dos ñoños episodios

El Rey, un panoli en chándal; la Reina, una Angela Channing gabacha, Letizia, una prepotente, y el Príncipe, un adolescente hormonado. El último capítulo de los Príncipes continuó la línea de su precedente: una parodia borbónica con el guión más hilarante de todos los tiempos.

LEONOR POVEDA
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Los Príncipes, en la ficción | Telecinco

Al último capítulo de Felipe y Letizia: una historia real, emitido por Telecinco, sólo le faltaron las risas enlatadas de la sitcom más cutre. Si su primera parte resultó una serie de despropósitos narrativos, ñoñeces enlatadas y guiones hilarantes, su desenlace no defraudó.

Miles de espectadores se congregaron de nuevo en torno a Twitter para revivir la juerga del pasado lunes, con morbosa curiosidad por saber si el Rey optaría por un chándal más fashion que el de la primera entrega, o si la Reina finalmente se subiría a su escoba para echar a volar. Lo cual no habría descacharrado la ilógica narrativa de la serie. "Viendo el guión transcrito en twitter, no distingo la realidad de las bromas. Preocupante" se planteaba un usuario. #felipeyletizia fue una divertidísima escalera de vecinos.

La parodia (es indefendible catalogarla de otra manera) arrancaba con la oposición de los monarcas a que Felipe contrajera matrimonio con una divorciada. Marisa Paredes, en una de sus más olvidables interpretaciones, desplegaba toda su maléfica artillería, para convencer a su obnubilado vástago. Y sin saber muy bien cómo, tras varias pataletas adolescentes de Felipe, mágicamente, cambian las tornas: la Reina se hace amiga de la muerte de Letizia, a la que agasaja con frases insólitas: "Me chifla el gusto que tienes para la ropa", le suelta. Y todo, sazonado con un acento francés que aparecía a su antojo dependiendo de la escena: "Lo de la Geina no tiene nombge. Es como el Poncio Pilatos de La vida de Brian!", emulaba otro tuitero.

Gracias (¿?) a Telecinco, descubrimos cómo Sofía asume la "educación" de su sucesora. En una escena, el rey, haciéndose la manicura, le dice a su mujer: "Quiero que Letizia sea un proyecto tuyo". ¿Y qué contesta la Reina?: "Dile a Cristóbal que te corte las patillas". Una relación, que, como apuntaban en twitter, tenía perversas similitudes a la de Pepa y Avelino en Escenas de Matrimonio, especialmente el momento que comparten en el coche. Suena el himno nacional, y Juan Carlos pregunta "Qué pasa?" La Reina lo aclara: "Hemos llegado...".

A pesar de todo, cuando Juanjo Puigcorbé se queda a solas con su hijo, se muestra más fanfarrón: "Tu madre es una blanda, se le meten goles enseguida". Además le apoya en su ardua tarea sucesoria: "Si se te da mal lo de reinar, puedes dedicarte al póker", consuela a Felipe, campechano. "Que bien imita Puigcorbé a Carlos Latre imitando al rey" indicaban los tuiteros.

Fue misión imposible contemplar los momentos "tortolitos" de los príncipes sin pasar de la arcada a la carcajada. En esa España que retrata la serie no hay rastro de lógica. El Príncipe pasa desapercibido en todo lugar público que pisa: anoche pudimos ver cómo aparece en un restaurante donde Letizia cena con unas amigas, y le planta un beso hollywoodiense que no mueve un pelo al resto de personas del local, que permanecen impertérritas degustando su cena. Lo normal, vamos. La Princesa de Asturias saca carácter, y se enfada por el arranque de su enamorado: "No puedes hacer las cosas sin consultarme", le reprochó. La respuesta del Príncipe, canela fina: "Lo siento, pero me puede el instinto militar". Iracunda y ofendida, Letizia contesta: "Yo no soy ningún soldado. Tú estás hecho para mandar y yo no estoy hecha para obedecer". No hay palabras que definan los diálogos. Bueno sí: lisérgicos.

O si no, ¿cómo calificar los ánimos que le da el padre de Letizia a la niña? Después de confesarse republicano, argumenta: "Tienes derecho a sentir lo que sientes porque eres una ciudadana libre". Olé por los guionistas. En otro encomiable esfuerzo por la ficción paródica, la madre de la Princesa recibe la noticia confesando que nunca "había creído en los cuentos de princesas", y Letizia incide en ello con una sorprendente revelación sobre Paloma Rocasolano: "De hecho, de pequeñas no nos dejabas ver los cuentos de princesas, ni la Cenicienta ni nada, las teníamos que ver a escondidas". Telecinco viraba así hacia el drama social, oiga.

Gazapos, errores y "cutreces": Urdaci, un fantoche

Pero, al margen de la hilaridad de los guiones, lo que más ha molestado a la audiencia y a algunos de sus protagonistas, es el cutrerío de las recreaciones de personajes. "¿Por qué a los británicos les sale The Queen y a nosotros Felipe y Letizia?". lamentaban desde twitter.

Si alguien juzgara la serie por la calidad de sus decorados, mandaría un donativo por vía urgente a Telecinco. Cada vez que los protagonistas se subían a un coche, el croma que aparecía en el fondo móvil daba ganas de llorar: "Avatar, muerete d envidiaaa!!" resaltaban en twitter, mofándose de los efectos no-especiales.

Uno de los peor parados en la sangría de recreaciones fue sin duda Alfredo Urdaci. El que fuera compañero de informativos de la Princesa es retratado como un monigote con pervertidas intenciones; que parece que en cualquier momento va a abalanzarse sobre Letizia. La intención de Telecinco de defenestrar al periodista quedó clara: decidió recrear el momento en el que Urdaci anuncia la sanción a TVE por su cobertura de la huelga general, y añade una discusión con Letizia sacada de la manga. Ella, íntegra y profesional se erige en defensora de la verdad y quiere impedirle al director de informativos nombrar a Comisiones Obreras por sus siglas. Pero gana el malo Urdaci, a pesar de Letizia trató de que hiciera lo correcto.

El Urdaci real se ha enfadado, y con razón. También a través de su twitter ha dado su veredicto: "De la serie sobre los príncipes: incurre en errores de documentación y caricaturiza los personajes. No es creíble" y además, señala alguno de ellos: "Letizia nunca estuvo en Bagdad, sino en Um Qasar. Nunca pidió traslado", como se aseguraba en la serie.

A pocos ha sentado bien que la cadena también recrease el 11-M. Especialmente, porque lo hizo para vanagloriar las lágrimas de la Familia Real ante el terrible atentado. Pero decidieron optar por la vía de la sobreactuación, y así pasó lo que pasó: la Reina da un fuerte golpe en la mesa y dice, cual Escarlata O'Hara zarzuelil: "¡¡¡No soporto la violencia. No tolero la maldad!!!". Incongruente también, la reacción de la heredera, que se echa a llorar en mitad de la cena con autoridades, a moco tendido, compungida: "Sácalo todo, cariño", le anima el Príncipe. Después, sería Sofía quien alabase –de nuevo– lo hecho por Letizia ese 11 de marzo: "Te has portado como una reina".

Imposible quedarse con un minuto de oro a la comicidad en esta entrega: el Príncipe bañándose en la piscina con su inseparable polo o llamando 'Helen" a su hermana, la Reina coqueteando con su secretario, el Príncipe disfrazado de Paquirrín para pasar desapercibido en el barrio de Letizia, la Princesa escogiendo vestido 10 días antes de la boda, un Pertegaz con 50 años menos... Lo único imperdonable es el olvido de Telecino: no incluyó a su inicio el aviso clave: "Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia".

La audiencia, de nuevo, ha escapado de esta parodia borbónica por la mínima: Hispania, de Antena 3 fue seguida por 5.116.000 espectadores y un 24,7% del share, mientras que las andanzas principescas engancharon a 5.052.000 personas y un 24,6% de cuota de pantalla.

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