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Kick Ass: Superhéroe amateur estúpido busca problemas. Razón aquí.

Podría pensarse que tras la revisión de los mitos del superhéroe de Kick Ass hay una parodia cínica y desencantada, o una deconstrucción grave y pomposa. Nada más lejos de la realidad: Kick Ass patea el trasero, en su propio territorio, a cintas de superhéroes mucho más caras como Iron Man 2, sin ir más lejos.

JUANMA GONZÁLEZ
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Póster de Kick Ass

El tono de comedia grotesca y sarcástica y la violencia estilizada que adopta el film de Matthew Vaughn (Layer Cake, Stardust) acercan Kick Ass tanto a la referencialidad del Kill Bill de Tarantino como a la épica cotidiana el primer Spider-man de Sam Raimi. Esta vez, el salto mortal del film se encuentra en el tratamiento de una desaforada violencia no apta para todos, con colegiales que se enfrentan a mafiosos despiadados para vencerles con sus propias armas. Como la película de Tarantino, Kick Ass es un film poco realista, de espíritu gamberro y provocador, pero que en el fondo se revela deliciosamente tradicional a la hora de definir a sus personajes. Vaughn retrata con afecto, dulzura y descaro a sus protagonistas y trata de tutear directamente al espectador sin llegar a romper la cuarta pared, sin forzar la maquinaria. De modo que pese a todo, Kick Ass no es uno de esos films que buscan derribar mitos o acabar con el género, sino que lo renuevan con aires nuevos de frescura, destilando verdadero amor por el cómic de superhéroes, al que respeta y ama con ardor inusitado.

Por lo demás, Kick Ass es una colorista revisión del mismo desde un prisma sarcástico e irónico, deliciosamente freak, pero con más peso como película del que sus detractores declaran. Y todo esto lo logra respetando los tópicos y lugares comunes de aquello que toma como excusa. En Kick Ass encontramos desde el paria social convertido en justiciero enmascarado, a amores imposibles con la vecina de al lado, o la Némesis maligna del improvisado héroe. Y si el espectador acepta las reglas del film y no se escandaliza con alguno de sus exabruptos, Kick Ass puede ofrecerle un par de horas de deliciosa incorrección.

Hay que destacar a Chloe Moretz, la niña protagonista, que se revela como un enorme descubrimiento que destila verdadera química humorística con Nicolas Cage, cobrando inusitada importancia en los pasajes finales del film y en la mejor escena de la película, aquella en la que irrumpe a oscuras en el almacén donde dos de los protagonistas están siendo torturados (momento que destila tragedia, humor, violencia y espectáculo a partes iguales). Por no hablar de Mark Strong, visto en Robin Hood y uno de los actores más capacitados para ejercer de villano de los últimos años. Vaughn, pese a que no llega a definir del todo bien a los personajes e implicarnos en sus sentimientos, hace esfuerzos en el buen camino y crea situaciones emotivas y simpáticas que justifican la violencia irónica y el contenido geek del show.

Pero las virtudes de la película tampoco llegan a ocultar que Kick Ass tiene un desarrollo algo errático, que se viene abajo en algún momento debido a una deficiente y confusa peripecia, quizá porque que Vaughn comete el error de revelarnos demasiado pronto las intenciones de uno de sus personajes principales. La película pierde el empuje del comienzo y cae en alguna grave arritmia, pero se vuelve a recuperar una vez Vaughn afronta los fuegos artificiales finales. No obstante, creo que Kick Ass destaca por su tono de comedia irónica y que merece ser vista una y dos veces, si es necesario.

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